¿Efecto de un impago griego? Solo político: los bancos acreedores ya han dejado el país
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agravamiento de la crisis helena

¿Efecto de un impago griego? Solo político: los bancos acreedores ya han dejado el país

Sigue siendo Grecia. Y sigue siendo la Eurozona. Pero entre la situación actual y la de 2010 hay matices que atenúan el impacto financiero de la crisis... y acentúan el riesgo institucional y político

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Manifestantes por el 'no' en Grecia

La música es de sobra conocida. No es para menos, porque la crisis de Grecia lleva sonando desde la primavera de 2010. Ahora bien, la partitura no es la de entonces. En cinco años ha dado tiempo de sobra para introducir cambios. Y se han producido. Para empezar, porque los principales acreedores helenos ya no son privados, sino públicos. Y para continuar, porque la Eurozona se encuentra más equipada que entonces para soportar el descalabro financiero heleno. Eso sí, hay algo que permanece inalterable: lo que verdaderamente está en juego es el armazón político e institucional de esta Europa del euro.

La primera de esas distincionesarrojará hoy una evidencia para la historia. Este martes, Grecia no devolverá al Fondo Monetario Internacional (FMI) los 1.600 millones de euros que le debía desembolsar este mes. Este impago -por el momento, provisional, a la espera de que el FMI le otorgue carácter oficial pasado un mes- no desembocará en un default técnico, como sí hubiera ocurrido en 2010 si hubiera dejado de pagar la deuda con un acreedor privado.

Pero es que desde abril de 2010, que fue cuando Atenas solicitó el primer rescate, la deuda griega ha cambiado de manos. Los bancos se han batido en retirada y los acreedores son eminentemente organismos e instituciones públicos: el FMI, los países europeos y el Banco Central Europeo (BCE). "Si en vez de estar en 2015 y en vez de no pagar al FMI, nos encontráramos en 2010 y Grecia no pagara una deuda a Deutsche Bank, el terremoto en los mercados sería extraordinario", manifiesta con claridad un experto de renta fija.

Ya no es así, y esta mutación aplaca los temores. Según los datos del Banco Internacional de Pagos (BIS), en marzo de 2010, la exposición de la banca mundial a la deuda griega -en todas sus manifestaciones: pública, privada y derivados- ascendía a 223.735 millones de dólares, de los que 177.649 millones estaban en manos de las entidades europeas. Las cifras son ahora muy diferentes. La exposición bancaria global se ha reducido en un 70%, hasta los 66.679 millones que computaba el BIS a finales de 2014, de los que 50.353 millones sigue en manos europeas.

La mayor exposición sigue correspondiendo a la banca alemana, aunque ha descendido de los 44.219 millones a los 28.360 millones, con un tijeretazo del 36%. En el caso de la banca española, el descenso ha sido mucho mayor, del 71%, hasta los 377 millones de dólares. Pero es los bancos austriacos, belgas, franceses, portugueses o italianos han bajado su exposición a la deuda helena al completo o por encima de un 90%.

O lo que es lo mismo, de toda la deuda griega, y tras años liberando sus balances del riesgo heleno y tras la importante quita ejecutada en 2012 -en laque los inversores privados perdieron casi un 80%-, apenas el 12% está en manos de los acreedores privados -fundamentalmente bancos- y el resto está en el bolsillo de los acreedores públicos. Y este matiz no es nada menor."La situación es muy distinta a la de 2012 en que el impago hubiera tenido un efecto muy negativo sobre el sistema bancario europeo", subrayan desde Banca March.

Draghi, el 'dique'

El cambio de manos de los riesgos es uno de los motivos que se expone para justificar que la situación actual no es tan peligrosa como la de 2010 o 2012. Pero no es la única novedad que se expone para llegar a esa conclusión. Se menciona, en especial, el papel más activo del BCE, de su presidente, Mario Draghi, y de todo el arsenal que tiene en marcha, como el programa de compra de deuda (QE) y su programa de compras directas de deuda (OMT), así como la barra libre de financiación que mantiene abierta para la banca.

Es decir, Draghi emerge como el gran guardián de la estabilidad. Y con armas que no tiene que diseñar, sino que ya están presentadas y en activo."ElBCEya está inmerso en un programa de QE y tiene a su disposición la herramienta OMT, diseñada específicamente para este tipo de situación", valora Salman Ahmed, Estratega Global de Lombard Odier IM.

"No existen razones para el pánico. La Eurozona se encuentra en mejor situación que hace cuatro años para una crisis de esta magnitud, con una exposición relativamente bajo a los activos griegos por parte de inversores internacionales", coincide Giordano Lombardo, director de inversiones de Pioneer Investments. Y remacha: "Además, las institucionales europeas, el Banco Central Europeoante todo, suavizará en lo posible la excesiva volatilidad".

Junto a estas herramientas de corte heterodoxo, Draghi tiene en su mano otra con la que también está llego al filo de mandato: el mantenimiento del acceso de la banca griega a la Provisión Urgente de Liquidez (ELA). Es el único resquicio que les queda a las entidades helenas para financiarse y el último vínculo que queda entre la Eurozona y Grecia. Cortarlo sería, por tanto, fatal.

Por el momento, Draghi convenció el domingo al Consejo de Gobierno del BCE para mantenerlo, y todo indica que lo dejará como está al menos hasta que se celebre el referéndum. Hacerlo antes acentuaría la volatilidad en los mercados y sería interpretado como una injerencia política por parte de una entidad de corte técnico.

La irrevocabilidad del euro

Con los bancos y los inversores menos expuestos, con los riesgos concentrados en unos -pocos- acreedores públicos con los que se puede volver a negociar y con Draghi ejerciendo de escudo protector, la sensación es que, aunque los mercados pueden sufrir sacudidas como la vista este lunes, la amenaza financiera del nuevo coletazo de la crisis griega es más contenida esta vez.

Como matiza el experto financiero Juan Ignacio Crespo, no es que se esté cayendo de nuevo en el síndrome de Esta vez es diferente, sino que lo que ocurre es que "no siempre es igual". La situación actual "no es la misma que la vigente en 2010, 2011 o 2012, es mucho más controlada", sostiene.

Ahora bien, que la Eurozona se encuentra más y mejor equipada que en los inicios de la crisis periférica no equivale a que no haya riesgos. Existen, aunque sobresale uno: que la irrevocabilidad del euro, una cualidad sin la que su futuro se cuestionaría, esté en peligro. "Poner en duda la irreversibilidad del euro causaría un fuerte impacto en la confianza de los inversores a largo plazo. Es necesario transmitir a los mercados que con el euro no hay marcha atrás", subraya Pablo Guijarro, de AFI.

Esta amenaza constata que, en la actualidad, el principal riesgo derivado de la crisis griega no es financiero, sino institucional y político. Como apinta Salman Ahmed,"en esencia, la situación actual trata más sobre la credibilidad política de la zona euro que sobre las consecuencias financieras directas de un default griego".

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