Mourinho, otra vez al borde del despido por la inercia perdedora del Tottenham
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el portugués no levanta cabeza

Mourinho, otra vez al borde del despido por la inercia perdedora del Tottenham

Fichar a Mourinho era sinónimo de éxito seguro para cualquier club que quisiera aspirar a los mejores títulos y construir un proyecto con un líder en el banquillo. El técnico pierde crédito

placeholder Foto: José Mourinho, sentado en el banquillo del Tottenham. (EFE)
José Mourinho, sentado en el banquillo del Tottenham. (EFE)

El entrenador de fútbol más mediático, personaje de perfil alto y personalidad arrolladora no levanta cabeza. Es el tercer técnico mejor pagado del mundo (17 millones de euros netos al año) y está perdiendo el crédito. También tiene preocupados a sus seguidores, que se preguntan qué le sucede a José Mourinho para haber empezado fuerte la temporada y sufrir un giro. Si no fuera porque hay que pagarle más de 35 millones de euros de finiquito, 'The Special One' probablemente habría sido despedido de inmediato tras la última derrota contra el Manchester United. No es un tropiezo más. Significa el décimo varapalo de la temporada en la Premier League y tiene al equipo londinense fuera de los puestos que dan acceso a disputar cualquier competición europea.

Mourinho, dicho de forma coloquial, se la está pegando en su segunda temporada en el Tottenham. Hay un dato que habla de la inercia perdedora del técnico portugués. Nunca antes había perdido 10 partidos en un campeonato de la regularidad. El planteamiento que surge es si su metodología de trabajo está anticuada y no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos de la alta competición.

Foto: Eden Hazard durante un partido con el Real Madrid. (EFE)

Daniel Levy, el propietario del Tottenham, está obligado a mantenerle en el puesto por si se produce un milagro y es capaz de clasificar al equipo para la Champions. Este era el objetivo mínimo marcado por el club, pero el equipo se encuentra sexto, a tres puntos del Liverpool (en posiciones de Europa League) y seis puntos del West Ham, cuarto en la tabla que jugaría la próxima Champions. Hace falta una gran remontada. A corto plazo, tiene que disputar la final de la Carabao Cup, el 25 de abril, contra el Manchester City de Pep Guardiola, y este título, aunque no sea el de más caché, influye también en que no se haya precipitado el despido de Mourinho.

Falta de liderazgo

Su temporada va de mal en peor. Los resultados son negativos, las sensaciones malas y la falta de liderazgo desde el banquillo agrava la crisis. A su mala trayectoria en la Premier League se une la eliminación en la FA Cup contra el Everton y el batacazo frente al Dinamo de Zagreb en la Europa League. Desperdició un 2-0 en el partido de ida y perdió 3-0 en la vuelta. La imagen de Mourinho entrando en el vestuario del equipo rival para aplaudir a los jugadores provocó tensiones entre el portugués y la plantilla.

El Tottenham no ha mejorado en nada desde el fichaje de Mourinho en noviembre de 2019. Llegó para sustituir a Mauricio Pochettino, técnico que logró ser subcampeón de Europa, y darle un plus competitivo a un proyecto ambicioso. No lo está consiguiendo. La temporada pasada sufrió el primer bochorno con la eliminación de la FA Cup contra el Norwich, el colista de la Premier. Después fue noqueado en la Champions, en octavos de final, por el Leipzig. La temporada la acabó en sexto lugar y se tuvo que conformar con entrar en la Europa League y no jugar la Champions.

placeholder Mourinho y Bale no se cruzan la mirada en un cambio. (EFE)
Mourinho y Bale no se cruzan la mirada en un cambio. (EFE)

La mala trayectoria tiene más consecuencias, porque el futbolista estrella, el goleador Harry Keane, ha insinuado que si no vuelve a jugar la Champions se plantea marcharse. A ello se suma que Mourinho ha tirado la toalla con Gareth Bale, al que solo hizo jugar los últimos ocho minutos del partido de este domingo contra el Manchester United. La relación de Mourinho y Bale parece rota después de que el portugués le haya señalado por su bajo rendimiento y el galés haya anunciado públicamente que quiere regresar al Real Madrid a cumplir su último año de contrato.

Foto: Gareth Bale durante el partido entre el Tottenham y el Dinamo de Zagreb. (Efe)

José Mourinho ha dejado de ser el entrenador infalible que era capaz de ganar los mejores partidos, hacer frente a cualquier circunstancia adversa. ¿Dónde está el origen de esta inercia perdedora de un entrenador que garantizaba títulos? Desde que salió del Real Madrid, en 2013, volvió a ganar la Premier League con el Chelsea, en 2015, y fue contratado por el Manchester United para sustituir a Louis Van Gaal. A Mourinho le dieron plenos poderes para reconstruir un equipo y hacer un proyecto ganador. No lo consiguió. Su última conquista, caza menor como lo definía él, fue la Europa League en 2017. El entrenador que tiene 25 títulos en su palmarés, que ha ganado la Liga en cuatro países diferentes y tiene dos Champions no ha evolucionado. Está estancado.

Ha dejado de ser especial

Fichar a Mourinho era sinónimo de éxito seguro para cualquier club que quisiera aspirar a los mejores títulos y construir un proyecto con un líder en el banquillo. En sus mejores años, le vimos ganar una Copa de Europa con el Oporto, en plan matagigantes, la famosa celebración en el Campo Nou con el Inter de Milán desafiando a todos, saliendo en el coche de Florentino Pérez tras ganar la Champions con el Inter en el Bernabéu, manteado por los jugadores del Real Madrid por ganar una Liga de récord y una ansiada Copa del Rey. Frenó el ciclo dominador del Barcelona y así fueron los días de gloria que ya no han vuelto.

El interrogante es si su libro táctico está caducado o su personalidad ya ha dejado de ser especial y estamos ante un tipo corriente, sin nada interesante que ofrecer a sus jugadores, con ese discurso potente que transformaba equipos indefinidos en máquinas de competir ante situaciones extremas. El estilo de Mourinho era reconocible y admirado por unos y criticado por otros, pero en ningún caso podía dejarte indiferente porque, parafraseando a Guardiola, era el ‘puto amo’.

Foto: Erling Haaland durante el partido entre el Manchester City y el Borussia Dortmund. (Efe)

Cuando los partidos se jugaban a lo que quería y proponía Mourinho, te podías dar por derrotado. Era agotador en lo físico y lo anímico. El fogoso Mourinho no aparece, ni su Tottenham, otra vez lejos de clasificarse para los puestos de la Champions, es capaz de mostrarse como el rodillo de los buenos equipos del técnico portugués. Sería el segundo año consecutivo sin jugar la Champions si no lo remedia una reacción extraordinaria. Pero este Mourinho ha perdido efectividad con el paso de los años. De Mou se decía que era un técnico para tres temporadas, por lo que apretaba a sus jugadores y cómo los llevaba hasta el límite. Ese periodo había que aprovecharlo para ganar títulos y en el Tottenham no hay atisbos de un ciclo ganador. El día 25 se juega un título, pero ya se habla del despido de Mourinho al final de la temporada.

Casi 60 millones en finiquitos

Hambre, solidez del bloque, mentalidad de acero, espíritu indestructible, garra, carácter eran algunas señas de sus equipos. ¿Qué provoca esta crisis de identidad? Los golpes en la mesa, su gestión de la plantilla, ya no tienen el efecto de antes. Puede que Mourinho sea uno de los técnicos que más echan de menos el ambiente, y la energía llega de la grada. Sin público, es menos Mourinho. Aunque no debería ser así si comparamos su perfil, en cuanto a carácter y estilo futbolístico, con los de Simeone y Antonio Conte. El argentino y el italiano tienen al Atleti y al Inter de Milán líderes de sus campeonatos y no han perdido la efervescencia y el impacto en sus equipos, como sí sucede con el que para sus fans en don José Mourinho.

José Mourino fue despedido del Real Madrid por traspasar los “límites de lo no razonable”, según la versión de Florentino Pérez. Fue una salida sin indemnización. A lo largo de su carrera, ha tenido que ser indemnizado por el Chelsea, en dos ocasiones, y el Manchester United, y la suma de sus despidos ha llegado hasta los 57 millones de euros. Al Real Madrid llegó procedente del Inter de Milán y para marcharse había que pagar una cláusula de rescisión de 16 millones de euros, que se quedaron en la mitad según versiones del club madridista.

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