"Se puede vivir con mil euros": el optimismo de Mario García, medio del Navalcarnero
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la felicidad de un jugador humilde

"Se puede vivir con mil euros": el optimismo de Mario García, medio del Navalcarnero

Tiene el sueldo justo, pero es rico en ilusiones porque hace lo que más le gusta. Mario García Paradas, futbolista gaditano del Navalcarnero, se gana la vida disfrutando de su pasión

placeholder Foto: Mario García Paradas, durante un partido del Navalcarnero. (@mariogarcia6_)
Mario García Paradas, durante un partido del Navalcarnero. (@mariogarcia6_)

“Se puede vivir con 1.000 euros y hacer lo que te gusta en la vida. Eso sí, hay que administrarse muy bien. Pero quien quiere, puede”. Lo dice Mario García Paradas, futbolista de 23 años del Navalcarnero que, tanto él como toda la plantilla y el club, va a vivir este jueves el partido más importante de los 60 años de historia del Club Deportivo Artístico Navalcarnero. “Es mi estilo de vida. He luchado mucho por ser futbolista y doy prioridad a poder realizar lo que más me gusta”, afirma a El Confidencial horas antes del día señalado en una localidad al sur de la Comunidad de Madrid, que no llega a más de 30.000 habitantes, y está expectante por comprobar si el Naval (como se conoce al equipo de fútbol) sigue con la hazaña de eliminar a otro equipo de la Primera división.

Mario García Paradas es hijo de Juan José García, un exfutbolista (conocido como 'Poli') que hizo carrera en Primera división en la etapa dorada del Cádiz. Junto a ‘Mágico’ González, Juan José y hasta llegar a darle el relevo en el partido del debut de Kiko Narváez. Mario, mediocentro que luce el dorsal ‘8’ en el Navalcarnero, lleva muchísimos años de esfuerzo y una gran cantidad de kilómetros para progresar en esta profesión. No es nada fácil. No todos los chicos, proyectos de buenos jugadores, consiguen llegar a lo más alto. Hace falta algo más que talento. Oportunidades, confianza, perseverancia y ese golpe de suerte. Mario, lo que desprende, es muchísimo entusiasmo por sentirse futbolista todos los días y a todas horas.

Foto: Papu Gómez en un partido con el Atalanta en la Serie A. (Efe)

Mario es un peleón. Nacido en la localidad gaditana de Chiclana de la Frontera, se podía pensar que porque su padre había sido futbolista de Primera división tendría más fácil encontrar un equipo. El camino no ha sido sencillo, ni mucho menos, ni ha estado despejado para haber seguido los pasos de su padre y hacer carrera en el Cádiz. Despuntaba desde pequeño en los campos de tierra con el equipo del colegio (La Salle), pero el trayecto hasta llegar aquí ha requerido esfuerzo y paciencia: “Entré en las categorías inferiores del Cádiz y de aquí pasé al cadete de segundo año del San Luqueño, después al juvenil del Chiclana y pude regresar al Cádiz para jugar en el ‘C’. Me tuve que buscar la vida porque no me daban la oportunidad de subir al filial. Ni un entrenamiento en el 'B' y sí, es verdad, que me he quedado con esa espina clavada de seguir subiendo categorías en el Cádiz. Decidí salir fuera”, cuenta entre la resignación y el disgusto, aunque no parece resentido. “No, no pasa nada. Si no te dan la oportunidad en un sitio, hay que buscarla en otro”.

Un viaje de 12 horas en coche

Lo que hizo fue irse a la otra punta de España. De Cádiz a Santander. Un largo viaje, en el coche con su padre, que no olvida: “Duró casi 12 horas y recuerdo que hicimos una noche en un hostal de carretera cerca de Valladolid. Un amigo me dijo que se había enterado, a través de un representante, de que el Rayo Cantabria estaba buscando chavales que quisieran darse a conocer, que buscaran progresar. Era un equipo de la Tercera división y en el Cádiz ya no era posible seguir. Me fui a Santander, jugué medio año y me sirvió para fichar por el Conil, de aquí al Toledo, los dos en Tercera división, y llegar al Navalcarnero para jugar en Segunda B”, son los recuerdos de un chico al que se le nota pasión y desparpajo cuando habla de fútbol.

“Este es el tercer año fuera de casa y no todo es color de rosa. A día de hoy, tal y como está el fútbol, hay que sacrificarse si quieres hacer lo que te gusta y ganarte la vida”, comenta de la única manera que existe para adaptarse a estos tiempos de incertidumbre y crisis económica. Lo sorprendente es que su sueldo roza los 1.000 euros y estira el dinero de tal forma que reconoce que “me da para vivir”. ¿Cómo lo consigue? “Comparto piso con un compañero y un miembro del cuerpo técnico. Por las tardes ayudó al equipo juvenil. Mientras tenga para el día a día y pueda jugar al fútbol, que es lo que más me gusta, no me puedo quejar. Yo, desde chico, tenía claro que quería ser futbolista y me ha costado muchas broncas. Ahora mismo estoy bien. Quería una oportunidad en la Segunda B y miré eso más que el sueldo”.

El Granada es el rival de esta noche en los octavos de final de la Copa del Rey. En la eliminatoria anterior, el equipo de Mario echó de la competición al Eibar y el entrenador de este equipo, Mendilibar, lo calificó como “una vergüenza”. El Navalcarnero, conjunto de la Segunda división B y un presupuesto de 600.000 euros, es otro de los equipos, como el Alcoyano y la eliminación del Real Madrid, que han sabido aprovechar el nuevo formato de la Copa del Rey a partido único. “Este sistema de competición es una oportunidad para los equipos inferiores y nosotros jugamos nuestras armas contra el Eibar. Se notaba que ellos eran un equipo de Primera, pero nuestro campo es complicado porque no es grande. Somos un equipo que juega como un bloque y todos trabajan. Nos dejamos la piel y tenemos el deseo de darnos a conocer. Lo hicimos contra el Eibar y ahora lo queremos volver a intentar contra el Granada. Nuestro entrenador, Luis Ayllón, prepara bien estos partidos y vamos a dar la cara”, afirma Mario García.

Eliminar al Granada, un rival competitivo con jugadores experimentados como Roberto Soldado (35 años) y Jorge Molina (38 años), significaría firmar otra proeza para el Naval, pero también un plus para una plantilla que espera que su presidente, Juan Alarcón Villegas, tenga la generosidad de premiarles con un dinerito. “Sí, creo que podemos tener una prima, pero todavía hay que discutir con el presidente”, comenta un ilusionado Mario García, el futbolista mileurista que hace lo que siente y vive para el fútbol. “El que quiere, puede. Y a partir de ahí, a seguir creciendo”, nos repite.

Mario es un caso más, de los muchos que hay en el fútbol modesto de nuestro país, de jugadores que persisten y anteponen la ilusión de sentirse futbolistas por encima de otros trabajos que pueden estar mejor remunerados. Un chico que está destinado a hacer un largo viaje, complejo, y que lleva un duro recorrido por diferentes equipos de la geografía española. Hace una semana, conocimos la historia de José Juan Figueiras, portero del Alcoyano, de 41 años. Un gallego que nunca ha bajado los brazos, ha peleado, trabajado y sacrificado muchas cosas para sentirse realizado con su vocación y al que le llegó la gloria a una avanzada edad en el fútbol. Mario García Paradas dejó Cádiz, su tierra, sin tener uno de esos representantes que ayudan a ganarse la vida, pero con su actitud, fuerza de voluntad y pasión, se considera el más feliz del mundo.

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