bartomeu tiene varios frentes

El grupo de WhatsApp en el Barcelona de "los tres sudacas"

Pese a que la temporada del Barcelona haya sido aceptable, las críticas al final de la misma han aparecido atacando a vacas sagradas como Luis Suárez, el entrenador o el presidente

Foto: Josep Maria Bartomeu y Ernesto Valverde, en una imagen de la presentación del segundo como entrenador del FC Barcelona en junio de 2017. (Reuters)
Josep Maria Bartomeu y Ernesto Valverde, en una imagen de la presentación del segundo como entrenador del FC Barcelona en junio de 2017. (Reuters)

El presidente Josep Maria Bartomeu, el director deportivo Pep Segura, el entrenador Ernesto Valverde y hasta los jugadores, vacas sagradas como Luis Suárez y Busquets, están en entredicho. Y eso que el Barça ha ganado la Liga, una Liga que, por lo visto, no sirve absolutamente de nada. Excepto Messi y pocos más —Ter Stegen, Piqué—, nadie está a salvo de las críticas en una temporada que, aunque los analistas y el club se empeñen en calificar como buena después de lograr el campeonato nacional, ha dejado un reguero de heridos que solo con el tiempo veremos cómo de graves están y hasta cuándo sobreviven.

Bartomeu tiene un problema grave de credibilidad. De otra manera no se explica que a pesar de haber renovado a Valverde en febrero, ratificarlo después del batacazo en Liverpool y decir en televisión nada más perder la Copa que "la culpa de la derrota no es del entrenador", señalando así a los jugadores, nadie le creyera. También tiene al enemigo en casa y por eso hace una semana, primero RAC1 y más tarde diversos medios dieran por seguro que al técnico le quedaban días, u horas, para dejar de ser el entrenador del Barça. Aquí no hay invenciones, sino filtraciones por parte de directivos o ejecutivos azulgranas que obligaron al presidente, ante la gigantesca bola que rodaba ya imparable, a volver a ratificar a Valverde hace una semana.

Excepto Messi y pocos más, nadie está a salvo de las críticas en el Barcelona. (EFE)
Excepto Messi y pocos más, nadie está a salvo de las críticas en el Barcelona. (EFE)

Habló con la SER y con RAC1 y no quiso que le grabaran, pero autorizó a que se dijera que había existido la comunicación y que él como presidente nunca se había planteado despedir al técnico. El jueves comió con sus directivos en un encuentro que ya estaba planificado desde hacía semanas y en el que nadie habló ni antes ni después. Hasta la próxima reunión de la junta en dos semanas, no está prevista ninguna declaración y Bartomeu, al más puro estilo Rajoy, es partidario del inmovilismo y de dejar pasar el tiempo hasta que las cosas se coloquen por pura inercia, y no por su intervención, en su sitio. Es decir, que los aficionados se marcharán de vacaciones, se hablará de fichajes y salidas, que si Neymar, que si Griezmann, y a otra cosa, mariposa.

Llegados a este punto, no hay que olvidar que fue Bartomeu el que hace un año se fue de la lengua en una conversación con periodistas. Después del desastre ante la Roma y antes de la final de la Copa del Rey, deslizó que Valverde no tenía el puesto asegurado. Ante el jaleo y el enfado cuando el diario 'Mundo Deportivo' lo publicó, y el repaso del Barça al Sevilla con un 0-5 en la final, todo quedó en nada. Bartomeu aprendió entonces a tener el pico cerrado y esta temporada quiso compensarlo expresando su confianza pública en el entrenador después de la debacle en Champions. Su palabra estaba comprometida y no podía de repente echarse atrás después de tanta ratificación, pero a estas alturas se sigue poniendo en duda si de verdad confía en el Txingurri o está dejando pasar la tormenta. Sea como sea, continúa sin inspirar la confianza y fortaleza que se presuponen a un presidente de un club como el Barcelona.

Valverde sigue por ahora, pero entre los batacazos en Champions, la última derrota en la final de Copa frente al Valencia y un Bartomeu que le sostiene con pinzas, su continuidad no genera ilusión y a las primeras de cambio volverá a estar en el cadalso. Ya sea porque su equipo no gane o porque el juego no guste a los guardianes del sacrosanto estilo. Además, tendrá que hacer frente a una renovación en el equipo cuando él ya ha tejido relaciones con la plantilla y ha demostrado que es reacio a dar oportunidades a los jugadores del filial, que se fía de la vieja guardia y que las revoluciones no van con su personalidad tranquila. Y mientras, no hay que olvidar sus desencuentros con Pep Segura y sus declaraciones de "es un jugador que el club considera que nos puede ayudar" cuando se refirió, por ejemplo, al fichaje de Malcom en verano, dejando claro que no era cosa suya.

Pep Segura (d), mánager deportivo del Barcelona, está en la diana. (EFE)
Pep Segura (d), mánager deportivo del Barcelona, está en la diana. (EFE)

El mánager deportivo también está en la diana y no es descartable que sea el que pague el pato después de que se haya demostrado que la plantilla cojeaba, que los fichajes de Murillo y Boateng en el mercado de invierno no sirvieron para nada y que lo mismo se ficha al joven De Jong como sigue sonando la cantinela de una posible vuelta de Neymar. No parece haber una coherencia en la idea de qué quiere ser el Barça y hacia dónde desea dirigirse.

La novedad es que esta vez, en medio de la zozobra, los jugadores no se han podido agarrar a ninguna tabla salvadora. Por primera vez se les mira con suspicacia y se cuestiona su poder. El "no opino" de Messi cuando le preguntaron por Griezmann se ha descodificado como un disgusto del astro, que el pasado verano sí que le abrió las puertas al francés. Habría sido muy fácil por su parte despachar el asunto con una respuesta estándar y no quiso hacerlo, mientras que recién llegado a la concentración de la selección argentina para disputar la Copa América ya ha concedido una entrevista a Fox Sport en la que ha dicho: "Neymar es un fenómeno, seguimos hablando e incluso tenemos un grupo de WhatsApp Luis, él y yo. Se llama algo de sudamericanos... Los tres sudacas, o algo así". La cuestión es que por muy bueno que sea Messi, que lo es, aumentan las voces en el célebre entorno azulgrana que desean que los jefes, es decir, el presidente, el director deportivo y el entrenador, tomen las decisiones independientemente de sus opiniones. Que demuestren que hay una idea, un plan, una hoja de ruta, más allá de que la estrella haga sus diabluras dentro de la cancha y tenga sus amistades fuera de ella. Porque, por mucho que digan, la Liga y los 19 puntos al Real Madrid no han servido para nada.

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