El 7 la rompe con Francia de ‘10’

La evolución sigilosa de Griezmann o por qué Simeone debe llamar a Deschamps

Una veintena de partidos con Francia y un título mundial después han hecho de la estrella atlética el jugador más polifacético del fútbol. Una vuelta de tuerca que aún no ha exhibido en el Wanda

Foto: Griezmann, jugador de moda estos días. (Reuters)
Griezmann, jugador de moda estos días. (Reuters)

De San Sebastián a conquistar el planeta fútbol mediante un paulatino proceso de transformación que ha llevado a Antoine Griezmann de jugar pegado a la cal en sus tiempos de Anoeta a convertirse en pieza clave del éxito de Francia en el Mundial de Rusia ejerciendo de media punta, con una influencia capital en todo el engranaje ofensivo de ‘Les Bleus’, algo que también comienza a practicar tímidamente en el Atlético de Simeone.

Lo que el Cholo Simeone comenzó a diseñar en el verano de 2014, momento del aterrizaje del chaval de Mâcon en la ribera del Manzanares, lo ha terminado de pulir Didier Deschamps en Clairefontaine dándole un toque personal. La gran primera mitad de la estrella del Atlético de Madrid en el duelo que su selección disputó dos domingos atrás frente a Holanda evidenció el definitivo cierre del círculo en la evolución de un jugador total que, al igual que Leo Messi, ha pasado por todas las posiciones ofensivas hasta alcanzar la excelencia desempeñando un rol que le permite no sólo exprimir al máximo su amplio repertorio individual, sino también el de los compañeros que le rodean.

“Parece que, con el paso de los partidos, hemos acabado por descubrir la verdadera vocación de Griezmann: es un organizador. No sólo sabe marcar goles, sino que se ha destapado como un auténtico especialista en darlos, en generar ocasiones gracias a su excelente interpretación de la jugada. Creo que la evolución natural de esta Francia es jugar con dos puntas y Antoine por detrás, como un 10 con libertad de movimientos para crear y al mismo tiempo iniciar la presión cuando la pelota pase a manos del rival”. El análisis que Yannick Stopyra, exariete de la selección gala en los años 80, realizaba en L’Equipe luego del reciente duelo con la ‘Oranje’ viene a sintetizar a la perfección ese final de trayecto al que ha llegado el 7 rojiblanco con el combinado patrio y en el que cada día se siente más realizado.

El concienzudo trabajo a nivel físico que el Profe Ortega implementó de manera personalizada para el exextremo txuriurdin al poco de plantar éste bandera en el Vicente Calderón ha resultado a la larga determinante para el crecimiento deportivo del galo. Esa intensidad aprehendida con sesiones stajanovistas en el Cerro del Espino para poder aguantar 90 minutos sobre el verde a velocidad de vértigo sin pestañear es hoy la base sobre la que se asienta la figura de un Griezmann capaz de rozar la perfección en todas las facetas del juego en las que participa.

Dotado de una inteligencia táctica superlativa, Grizi ha ido asimilando con gran celeridad nuevos registros a sus habilidades primigenias (regate, velocidad y gol actuando como extremo) hasta el punto de transformarse en un todocampista con la lucidez necesaria para galvanizar el fútbol ofensivo de los suyos regalando pases al hueco y asistencias por doquier, sin menoscabo de seguir exhibiendo su enorme poderío goleador cuando el guión lo requiere. Y todo ello aderezado de una labor defensiva impagable a la hora de presionar al rival, de cerrarle los espacios en su salida de balón, o de replegarse a toda mecha para ayudar en la recuperación del cuero.

Cierto es que Simeone fue el primero en detectar buena parte de ese arsenal ‘oculto’ en la figura de trapito del atacante colchonero sacándole de la banda para centrar su posición en vanguardia, ya fuese como segundo punta (hoy en día junto a Diego Costa) o por detrás del hombre de referencia (otrora Jackson Martínez o Fernando Torres). De ello tomaría buena nota un Deschamps que daría una nueva vuelta de tuerca al modus operandi de su estrella (con permiso de Mbappé) durante la última Eurocopa. Frente a Islandia, en cuartos de final, decidió alterar su dibujo táctico y pasar del 4-3-3 al 4-2-3-1, colocando a Griezmann como media punta central, a la espalda de Giroud. El experimento salió a pedir de boca porque Francia aplastó a la revelación del torneo endosándole un 5-2 en el que el jugador natural de Mâcon dio un recital firmando un gol y dos asistencias.

Cuatro días después, más de lo mismo ante Alemania: dos goles y una actuación sobresaliente que sirvieron para reventar los pronósticos y dejar sin final a la gran favorita al título continental. La fórmula, bien es sabido, no resultó igual de eficaz ante Portugal el día D, pero marcó un antes y un después en el papel de Griezmann dentro del equipo nacional puesto que Deschamps tuvo claro desde ese momento que la aportación del 7 de ‘Les Bleus’ al once del gallo aumentaba exponencialmente jugando por dentro y arrancando desde segunda línea.

Deschamps ganó este verano un Mundial como seleccionador de Francia. (EFE)
Deschamps ganó este verano un Mundial como seleccionador de Francia. (EFE)

Un ’10’ que también hace de ‘8’

Aunque la ingente polivalencia de Grizi ofrece a sus técnicos la tentación de utilizarle en cualquiera de las posiciones de ataque, su creciente y atinada tendencia a participar en la elaboración del juego y esa habilidad casi quirúrgica para filtrar balones entre líneas a sus compañeros de vanguardia han marcado a sangre y fuego el devenir del atacante colchonero con Francia, con la Copa del Mundo de Rusia como punto álgido de esa evolución.

Curiosamente, Deschamps alteró inesperadamente dicha hoja de ruta en el duelo inaugural frente a Australia, en el que decidió prescindir de su hombre-boya, Giroud, para salir al campo con tres delanteros, con Griezmann como punta central y Mbappé y Dembele a sus costados. La prueba resultó ser un fiasco y los ‘Socceroos’ se quedaron a las puertas de birlarles un punto que, sin duda, merecieron.

El aviso para navegantes hizo recular al seleccionador francés y retomar el hilo conductor de lo que había sido una más que notable fase clasificatoria (7 triunfos, dos empates y una sola derrota). Con Matuidi y Giroud de vuelta al once de gala, Griezmann retrocedió una línea para dar rienda suelta a su creatividad, convirtiéndose en el eslabón clave para dar continuidad a la cadena de juego francesa. Ya en ataque posicional, con sus punzantes diagonales desde el centro hacia el sector izquierdo, como en las salidas a la contra, conduciendo el esférico a ritmo de látigo hasta el momento preciso de dar el relevo al ‘misil’ Mbappé.

Bélgica y Uruguay se toparon con un 7 que hizo de 10, pero también de 8, bajando para facilitar la salida de balón a Pogba y Kanté, esconderla y, a continuación, guiarla hacia zonas donde poder generar peligro. Sin olvidar en ningún momento su papel preponderante a la hora de cerrar espacios cada vez que sus rivales interceptaban el cuero y trataban de orquestar acciones de ataque contra los dominios de Hugo Lloris.

Dos años y 22 duelos después de aquel experimento ante Islandia y con una corona mundial en las alforjas, Griezmann puede presumir de ser el futbolista más polifacético del globo terráqueo (siempre con el permiso de Messi), aunque esa sea una particularidad que se ciña más a sus partidos con la selección, donde Deschamps le ha ido alejando progresivamente del área rival para exprimir al máximo toda la esencia de su fútbol.

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