los gallegos se impusieron por 2-0

De tanto mirar al ataque al Atlético del Cholo se le descompuso la defensa

Los dos goles que dieron la victoria al Celta tuvieron una sorprendente inactividad en una zaga que hasta el momento era prácticamente intocable. Algunos jugadores no están en forma.

Foto: (Reuters)
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Como el valor en la guerra, al Atlético la defensa se le suponía. Son siete años ya de cholismo, un entrenador que no engaña a nadie, para él lo primero siempre fue el orden, la estabilidad, el pensamiento de que una portería a cero te acerca más que cualquier otra cosa al éxito. Esa siempre fue la estructura, surgida desde un conservadurismo que ni siquiera se ha tratado de disimular en el tiempo. Es más, en el argumentario se recogía que el único modo de plantar cara a los gigantes era no mirarles a los ojos, sino plantear la manera de repeler sus ataques. Por eso sorprende que, de repente, se haya convertido en un equipo frágil.

Es cierto que este verano la conversación viró a lugares antes inexplorados. Se admitió por fin que el equipo, aun sin el presupuesto del Real Madrid o el Barcelona, tiene un potencial suficiente para desafiarles. Se fue al mercado con la cartera reventona y fichó de mediocampo hacia arriba. Lemar, Gelson, Kalinic. Solo Rodrigo, un mediocentro posicional, y Arias, un lateral de proyección ofensiva, pensaban en su propia portería. Era de algún modo lógico, con más dinero la exigencia es mayor y, si se asumía que la defensa funcionaba, los remiendos se tenían que mirar en otros lugares.

Más aún si se tiene en cuenta que el verano empezaba con Griezmann pidiendo más talento, que de repente el equipo se llenó de campeones del mundo. Las bases históricas de Simeone, las del sacrificio y el esfuerzo, se convirtieron en solo una más de las líneas de la conversación. No la primera, desde luego no la única. En ese ambiente, casi eufórico, se llegó a plantear incluso si podría tener más la posesión, si el juego podría dejar de ser tan pasional para abrazar una formulación en la que se mande desde el balón.

Esa era la idea, y luego llegó la realidad. Lo primero que falló fue la defensa, en la tarde de Vigo el equipo se vio quebradizo. Lo que es peor, fuera de forma, como si no fuese esa la primera obsesión de ese cuerpo técnico. Especialmente preocupante es el caso de Diego Godín, quizá porque de todos ellos es el mejor. Tiene la mejor fama posible para un central, porque es sobrio, es honesto y ha sido durante años uno de los mejores zagueros del mundo. Todo eso le convirtió hace tiempo en una suerte de terminal de Simeone en el campo, el hombre sobre el que pivotaba la defensa del equipo -y por ende el equipo entero, pues eso siempre fue esencial-. Bien, todo eso puede volver en unas semanas, pues su calidad está ahí, pero ahora mismo anda perdido.

Cumplirá 33 años durante esta temporada, y eso no es un certificado de final, todavía no, pero sí un recuerdo de que el tiempo pasa y no se pueden descontar los kilómetros que ya se han corrido. Godín pide banquillo, tiempo para estar a la altura que requiere un equipo en el que se puede negociar el talento, pero no el físico y mucho menos la entrega. Se resbaló en el gol de Maxi, no es un fallo como tal, más bien mala suerte. Pero no es solo eso, el central se mostró algo perdido durante buena parte del encuentro, llegando tarde a las carreras y con lagunas que expusieron a Oblak mucho más de lo que está acostumbrado el portero esloveno. Y ya le pasó algo similar contra Rodrigo en el inicio de Liga.

Las soluciones de la plantilla

También notó la zaga a Filipe Luis, otro excelente futbolista, otra leyenda atlética, que no está a la altura de lo que exige el momento. Otro al que el tiempo le impide ahora estar todos los días bien, porque a medida que se cumplen años cada vez es más difícil encontrar el punto adecuado. Filipe, un lateral soberbio tanto en defensa como en ataque, se convirtió en el rival más débil, el camino que explotó el Celta para buscar las cosquillas del Atlético.

La ventaja para Simeone, sin embargo, es que las respuestas puede que estén en el propio plantel. En este tiempo la dirección deportiva del club ha conseguido ir cogiendo piezas de altísimo nivel que permiten tener alternativas que emulen la mejor versión del equipo. Lucas Hernández, que no jugó, puede ser tanto un lateral de garantías como un central de altísimo nivel. Giménez, que fue sustituido, ya tiene suficiente tiempo en la élite demostrando cosas como para dejar de pensar en él como aquel chico que, con mucha más frecuencia de la deseada, dejaba un fallo que comprometía la estabilidad defensiva del equipo.

Lo del lateral derecho será algo más complicado. Juanfran, ahora lesionado, es la versión del pasado de Filipe y Godín. Ellos dos son recuperables, lo de este caso es bastante más improbable. Su recambio teórico es Arias pero, como novato que es, de momento no aparecen en los planes de Simeone, que siempre mete a los nuevos en la incubadora. En Vigo lo volvió a demostrar, de inicio no metió a ningún fichaje en el once. No importa haber costado 70 millones o ser una de las mayores promesas del fútbol español, el puesto hay que ganárselo, parece decir el Cholo temporada tras temporada.

En el partido contra el Celta hubo un momento en el que la tensión, quizá por los errores, se fue de madre. Los dos equipos bajaron al barro y se repartieron estopa a unos niveles excesivos hasta convertir un partido aburrido, que lo fue en la primera parte, en uno bronco.

Era también un encuentro con algo de resaca de la lista de Luis Enrique. En el campo estaban dos de los represaliados por el asturiano, Iago Aspas y Koke. El de Moaña marcó el segundo de su equipo y disipó cualquier duda sobre su estado de forma, si hay un balón en el terreno de juego él estará ahí para lucharlo, con más o menos acierto, siempre tentiendo en cuento que es futbolista con olfato de gol. De Koke, sin embargo, hay pocas cosas buenas que decir. En este inicio de temporada incluso Simeone, que confía en él como en un hermano, le ha dejado en el banquillo. El físico no parece estar redondo y es él quien, por la cantidad de campo que recorre y el criterio que se le supone, debe estructurar el equipo para mantener el control del ritmo del partido. No lo hizo y eso es un problema.

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