griezmann, mbappe y el músculo se imponen

La Francia más moderna enseña con un título Mundial cómo es el fútbol del futuro

Francia ha hecho un campeonato muy eficiente, con un título final en un equipo fortísimo en el que el orden y la fuerza son claves. Croacia se peleó contra el VAR y murió por el camino

Foto: Francia ya tiene su segundo Mundial. (Reuters)
Francia ya tiene su segundo Mundial. (Reuters)

Francia logró en Moscú su segundo Mundial, tantos como tienen Argentina y Uruguay. Si uno piensa en la final del 98, que le vencieron a Brasil con Zidane; en los mundiales de Kempes y Maradona; o, más todavía, las prehistóricas victorias de los 30 y los 50 de los charrúa, con nombres que suenan a piedra como Obdulio Varela; es difícil distinguir que esto sea lo mismo de siempre. No es que el fútbol no siga siendo, en esencia, fútbol, pero son muchos los motivos que hacen de este torneo en Rusia uno que cambiará para siempre el juego que aprendimos de pequeños y con la que tanto disfrute hemos tenido. Para bien y para mal, Francia es el primer campeón de un fútbol nuevo.

Lo es porque fue el mejor equipo en este torneo, también en parte por el VAR y por una concepción del fútbol que prima el físico por encima de la técnica, que no es exactamente lo mismo que decir que desprecia la técnica, porque con mesura y pensada por debajo del sacrificio, también está muy presente en esta Francia. El equipo de Deschamps es hoy campeón por Griezmann, por Mbappe, por Lucas Hernández y por Kanté. También un poco por la tecnología.

El segundo gol galo llegó gracias a un penalti que el árbitro, Pitana, no había visto en directo. Le llamaron desde la sala de videoarbitraje y, tras un rato de dudas, consideró que la mano de Perisic era voluntaria. Griezmann lo convirtió, abrió una pequeña diferencia que, más tarde, sería definitiva. Muy bien, el VAR ofrece al árbitro más datos para hacer su labor, le da la posibilidad de revisar una realidad que es siempre frenética con un poco de calma. Por eso, aunque las dudas puedan existir, pitó esa pena máxima. El problema está un poco más allá, y es que cuando inventaron todo esto, los rectores del nuevo fútbol consideraron que este deporte es solo una cosa de áreas, de penaltis, rojas y goles. Pero no, hay otros muchos detalles que también deberían tener lupa.

La prueba está en el primer gol de Francia, que llegó de una falta botada por Griezmann y en el que pudo haber dudas por un fuera de juego de Pogba. El problema no era tanto ese, pues el VAR sí podía actuar en eso, como que el tiro libre que había provocado el delantero del Atlético era inexistente. Para esa coyuntura no está el vídeo disponible, a pesar de que pueda terminar decidiendo un partido entero. No, no solo un partido: una final de un Mundial. Le hemos dado al árbitro unas armas que antes no tenía, pero también se las hemos limitado para que sean de fogueo. El deporte es, dicen, más justo así, pero en algo tan interpretable como el fútbol difícilmente conseguiremos nunca llegar a suficientes acuerdos.

Dejarlo en eso, en la tecnología, sería dejar corto este partido, que es un 4-2 en el que hay mucho que contar. La modernidad y sus cosas fue mucho más allá de poder mirar un gol en una pantalla, porque lo que se vio en el terreno de juego también tiene mucho que ver con los vientos nuevos que corren. Francia es un equipo hecho de acero inoxidable en el que Deschamps alinea a Pogba, Kanté y Matuidi, además de dos laterales con alma de central y dos centrales de altísimo nivel. Pegarse contra eso es como pelear contra la puerta de una caja fuerte de un banco suizo. En ese viaje al pasado de antes, Maradona regateaba centrales algo pasados de peso en los 80 y Ghiggia, para certificar el Maracanazo, aprovechó que el césped era lento, los defensas eran lentos y hasta ellos mismos eran lentos.

Mbappe, Griezmann y Modric

No como Mbappe, que todo lo que hace es al tope de la máquina. El chico, en el himno, sonreía mientras todos los demás presentaban una cara de miedo que se reconoce como lógica cuando lo que te viene encima es una final de un Mundial. No parece importarle demasiado, él está cómodo jugando al fútbol y haciéndolo así, a toda mecha. Le dio incluso para marcar un gol en la final, algo que solo ha hecho otro ser humano en la historia con menos de 20 años: Pelé. Casi nada.

Kylian, en todo caso, no es la estrella de esta Francia, que convive con un jugador genial como es Antoine Griezmann. No es que hiciese un partido memorable, de esos que duran desde el minuto uno hasta el 90 sin parar, pero estuvo lo suficientemente presente para formar parte de tres de los cuatro goles de su equipo. Tiene el de Macon un talento innegable y se aprovecha muy bien del fútbol pleno de fuerza. También en el Atlético, un equipo excepcionalmente ordenado, ocupa ese papel de revolucionario, de convertir la potencia en elegancia hasta dar con el gol en la otra portería. Griezmann, que podría se un jugador de otra época, también es tremendamente moderno en sus celebraciones. Verle llorar al final, como un ser humano sentido, fue un alivio después de que celebrase su gol con su ''performance' de un videojuego, algo que haría sonrojar a Obdulio Varela, el capitán de esa mítica Uruguay de los 50.

Él podría haber jugado en cualquier tiempo, porque lo del talento es una constante histórica en este deporte. El otro gran jugador en el campo era Luka Modric. Hay otros buenos, muy buenos, pero estos dos son las estrellas mundiales, los que quedarán en el recuerdo. Ese duelo entre Modric y Griezmann fue muy desequilibrado, porque esta vez Luka apareció más bien poco. Croacia mereció más de lo que tuvo, hubo ratos en los que incluso dominó el partido, pero el madridista no ejerció de estrella como otras veces. Ha llegado al Mundial físicamente fortísimo, pero en esta final naufragó. Demasiado grandes, demasiado fuertes y él, que siempre parece a punto de ser transportado por los aires si el viento es fuerte, no encontró su lugar.

Otros, como Perisic o Mandzukic dieron algo más de nivel. Croacia es una historia de éxito, un país pequeñísimo capaz de generar futbolistas suficientes para luchar por un mundial de fútbol. El anhelo de tantos países, mucho de ellos bastante más poblados y adelantados, no es capaz de equilibrar la mentalidad y el sacrificio de los ajedrezados, que han pasado por el cuadro con muchos accidentes para, al final, naufragar en la orilla. Tuvieron ratos en los que atacaron con maestría a Francia, aunque es lógico pensar que también los de Deschamps dejaron que eso ocurriera. No necesitan tener el balón para hacer daño.

Así termina el Mundial, con un cambio de guardia. Esta Francia es un equipo notable y durísimo, pero también uno que se parece muy poco a los dos últimos campeones, Alemania y España. Griezmann reina en el fútbol y sueña con un Balón de Oro, Mbappe recuerda al universo que el futuro es suyo, porque el talento destaca por encima del esfuerzo que es, al fin y al cabo, la seña de identidad de este equipo. Orden, fuerza y equilibrio.

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