la presión del cholo

El lado oscuro de Simeone en una temporada para encumbrarse o marcharse

Señalado por Gameiro tras su salida. Simeone tiene un plantillón confeccionado a golpe de talonario, como el resto de los grandes clubes, para pelear por todos los títulos

Foto: Simeone tuerce el gesto durante una rueda de prensa en el Wanda Metropolitano. (Efe)
Simeone tuerce el gesto durante una rueda de prensa en el Wanda Metropolitano. (Efe)

No se le puede negar que es el líder del equipo y de la afición. Más importante que cualquier futbolista y con mucho peso en las decisiones del club que manejan el presidente Enrique Cerezo y el consejero delegado, Miguel Ángel Gil Marín. Simeone es algo más que el entrenador del Atlético de Madrid y si mañana se pusiera su rostro en el escudo de la polémica seguro que tendría una muy buena aceptación entre la masa social rojiblanca porque se le considera el mesías. Desde que llegó al banquillo, en diciembre de 2011, ha conseguido transformar al equipo en una máquina de competir contra los clubes más poderosos, ganar títulos y llegar a finales de la Champions. El proyecto en el Atlético se llama ‘lo que diga Simeone’ y esos plenos poderes provocan que su modo de actuación también tenga un lado oscuro que afecta a los futbolistas.

Al Cholo le gusta hablar de su equipo de trabajo y la plantilla como una familia en la que van todos a una, unidos y con fuerte resistencia contra los poderosos y más ricos. En esa familia también hay grietas, como se ha podido comprobar con las salidas de Fernando Torres y Kevin Gameiro. El primero, otro de los emblemas del club, tuvo sus diferencias con el entrenador argentino por sentirse infrautilizado en el campo y afeado en la sala de prensa por decir de él que no haría todo para que continuara en el Atlético. Fernando Torres dio un paso al lado, se quitó de en medio y se marchó como un señor por la puerta grande.

Este mercado de fichajes deja la sospecha de que Simeone no se ha portado bien con otro delantero, Kevin Gameiro. El francés se ha marchado con rencor después de comprobar cómo el Cholo fue retrasando su venta al Valencia con la creencia que estiraría las negociaciones para evitar que jugara el primer partido de la Liga -lunes 20 de agosto- que enfrenta en Mestalla al Valencia y el Atlético. Se lo preguntaron a Gameiro en la presentación como nuevo futbolista del equipo de Marcelino y contestó con un “quizá porque ha sido bastante tiempo”. En Valencia se ha liberado para dejar mal a Simeone. El Cholo y Gameiro ni se han despedido y el jugador eleva su revancha para decir que el Valencia es mejor equipo que el Atlético.

Como se ve no todo es bonito en el método de trabajo y la convivencia de Diego Pablo Simeone, que como todos los entrenadores tiene su lado oscuro para quitar y poner los futbolistas que le hagan falta en su proyecto. Se podría hablar de otros casos -Yannick Carrasco, Nicolás Gaitán…- pero no es el caso seguir extendiéndose en un entrenador que, al fin y al cabo, tiene al Atlético de Madrid entre los grandes de Europa.

Simeone junto a Griezmann. (Efe)
Simeone junto a Griezmann. (Efe)

La excusa del presupuesto

Precisamente es este punto en el que conviene pararse. Dice Simeone que “no tenemos la posibilidad de gastar 150 o 200 millones de euros en un jugador” para justificar, otra vez, que no se les puede comparar con clubes como Real Madrid, Barcelona, Manchester City o Paris Saint Germain que manejan mayores presupuestos. Una coartada cada vez menos convincente por el tamaño de las operaciones que ha realizado el club este verano con la multimillonaria renovación de Griezmann y la cantidad de fichajes encabezada por Lemar -70 millones de euros-. Además de pagar los 50 millones de euros al Chelsea que faltaban por Diego Costa, más Gelson Martins, Rodrigo, Adán, Arias y el delantero croata Kalinic.

El Atlético de Madrid tiene un plantillón confeccionado a golpe de talonario, como el resto de los grandes clubes, para pelear por todos los títulos. Con amplitud de plantilla, mucho talento, un gran estadio y una fiel afición. Tiene, además, al entrenador mejor pagado de la Liga y el tercero mejor del mundo, que entre salario bruto, primas y publicidad ingresa 22 millones de euros al año. Las excusas o el victimismo de Simeone son más débiles porque se tiene que centrar y trabajar duro en ganar, sobre todo, la Champions que tiene como sede final el Metropolitano. Está ante la temporada para encumbrarse o volver a plantearse su futuro para marcharse.

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