CÓMO GESTIONAR LA RIVALIDAD INTERNA

Por qué al jefe de McLaren no le explotará una bomba como la de Ferrari

La situación de Ferrari con Vettel y Leclerc ha vuelto a poner sobre la mesa un debate hace tiempo enterrado entre los equipos punteros. ¿Cómo reaccionarían en McLaren ante algo similar?

Foto: Andreas Seidl, Lando Norris y Carlos Sainz celebrando en la sede de Woking el podio de Interlagos (McLaren)
Andreas Seidl, Lando Norris y Carlos Sainz celebrando en la sede de Woking el podio de Interlagos (McLaren)

El eterno dilema para el máximo responsable de un equipo de Fórmula 1. “Obviamente, es un desafío gestionar dos pilotos que están al mismo nivel, y cuando se trata de luchar por podios y victorias, incluso es más complicado”. La situación de Ferrari con Sebastian Vettel y Charles Leclerc ha recuperado un debate últimamente enterrado entre los equipos punteros. En estas fechas, varios ‘team managers’ se han manifestado al respecto. Como Andreas Seidl, quien recientemente se acogía al cliché habitual en estos casos. “Estoy deseando tener este lujo de problemas en algún momento en el futuro: el de dos pilotos que luchan por los podios o victorias, y luego, enfrentarte al desafío de gestionarlo como equipo”. En su propia casa, el caso sería especial, ya que Lando Norris y Carlos Sainz mantienen una singular relación deportiva y personal para tratarse de pilotos del mismo equipo.

El conflicto en Ferrari ni es nuevo, si será la última vez que se produce. Pero, como tantos otros, corre el peligro de revolverse contra el propio equipo y quien lo gestiona. Que le pregunten a Ron Dennis en 2007. Podía ser el caso de Mattia Binotto.

"¿Esa relación, duraría?"

Siempre han existido casos de amistad entre compañeros de equipo. Un ejemplo histórico fue el de Mario Andretti y Ronnie Peterson en 1978. Ambos disponían del monoplaza dominador aquella temporada, el Lotus 79. Uno de los dos sería campeón del mundo a final de año. Hubo armonía porque desde su llegada a Lotus el sueco aceptó gentilmente el liderazgo del americano por su trabajo de desarrollo ejercido en años anteriores. Aquella la excepción a la regla general para estos casos.

El de Sainz y Norris es realmente infrecuente. Por juventud, estado de su carrera deportiva y personalidad, ambos exteriorizan su relación abierta y espontáneamente. De aquí que sirvan como referencia ante una hipotética situación como la de Vettel y Leclerc. Preguntado al respecto en el Gran Premio de Brasil, Sainz dejaba entrever la potencial tensión entre la rivalidad deportiva y la magnífica relación que ambos disfrutan por el momento. “¿Si tuvierais un coche competitivo, esa relación duraría?”, le preguntaban al español: “esperemos que no mucho porque sería señal de que luchamos por campeonatos. Si pudiéramos luchar por algo más que el séptimo, la relación sería un poco más tensa. No la peor de las relaciones, pero sí un poco más tensa”.

La relación entre Vettel y Leclerc está en su peor momento. (Reuters)
La relación entre Vettel y Leclerc está en su peor momento. (Reuters)

Animales fieramente competitivos

Binotto también se expresaba esta temporada en los términos que Seidl sobre el lujo de gestionar a dos pilotos como señal de competitividad y victoria. Pero el italiano no ha sabido dar respuesta al desafío, como Interlagos confirmó nuevamente. Que interviniera el mismísimo John Elkann (“lo que ocurrió el domingo me hizo enfadar mucho”), confirma el grado de ebullición que la situación ha alcanzado en el Grupo Fiat. Tema aún en carne viva y de difícil solución. ¿Por qué?

Christian Horner acertaba con la clave estos días. “Los pilotos de carreras son animales fieramente competitivos, y frecuentemente se da el conflicto entre lo que es bueno para el equipo y lo que es bueno para el individuo”. Desde la infancia, los pilotos de élite afrontan una brutal lucha para escalar hacia la cima de la pirámide automovilística. A la Fórmula 1 llegan los mejores por talento, pero también por una patológica competitividad. Maniatar ese instinto asesino se antoja contra natura. “Los pilotos siempre serán, antes que nada, pilotos de Ferrari, y lo primordial es que el equipo gane. Esto nunca se puede olvidar” reprochaba John Elkann. ¿Y cómo ponerles ese bozal? Fue el tormentoso caso de Nelson Piquet y Nigel Mansell, de Alain Prost y Ayrton Senna, de Lewis Hamilton y Fernando Alonso. Un conflicto tan antiguo como la propia Fórmula 1. E inevitable con “animales fieramente competitivos”.

¿Acabarían algún día Norris y Sainz como Vettel y Leclerc? (EFE)
¿Acabarían algún día Norris y Sainz como Vettel y Leclerc? (EFE)

Seidl ya lo ha vivido

De aquí que, en los últimos tiempos los ‘team managers’ hayan intentado evitar este 'lujoso' conflicto en los últimos tiempos. Como Jean Todt en la época gloriosa de Ferrari, configurada en torno a Michael Schumacher. Como Mauricio Arribanene con Raikkonen y Vettel. Como Toto Wolff, evitando rivales que tensen la cuerda a Lewis Hamilton. Como Horner y un Red Bull modelado en torno a Max Verstappen. Por el contrario, Mattia Binottose ha metido en el avispero. Uno de los tres protagonistas de la historia acabará mal, o fuera de Ferrari. La historia de la Fórmula 1 también así lo confirma.

¿Podrían algún día Carlos Sainz y Lando Norris llegar a una situación semejante? Al margen de que McLaren alcance una posición ganadora a partir de 2021, de momento ambos han trabajado exquisitamente a favor del equipo, respetando órdenes cuando la estrategia así lo justificaba. Como Sainz en México o Norris en Interlagos. No siempre ha sido el caso aún sin opciones de victoria. El reciente ejemplo de 2017 en Force India de Sergio Pérez y Esteban Ocon o de Magnussen y Grosjean más recientemente confirman que no se trata de conflictos restringidos a equipos ganadores.

En el aire queda para el futuro un hipotético duelo entre Sainz y Norris. Por un lado, cabe confiar en el talante personal mostrado por ambos. Por otro, McLaren necesita situarse de nuevo en posición ganadora. Pero a diferencia de Binotto, Andreas Seidl ya ha gestionado contundentemente ese desafío en el Mundial de Resistencia con Porsche. Sus pilotos experimentaron su mano de hierro para atajar rebeliones. Que le pregunten, a André Lotterer, hoy puntal de la marca alemana en la Fórmula E. Sainz y Norris habrán tomado nota. Y, quizás también debería hacerlo Mattia Binotto.

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