La proeza de Pogacar y la actitud de Bernal: los diez triunfadores del ciclismo en 2021
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Concluye la temporada

La proeza de Pogacar y la actitud de Bernal: los diez triunfadores del ciclismo en 2021

El ciclista esloveno se convirtió en el campeón más joven en el Tour desde hace décadas, mientras que el colombiano ha bajado su rendimiento con respecto a años anteriores

Foto: Pogacar, en la presentación del Tour de 2022. (Reuters)
Pogacar, en la presentación del Tour de 2022. (Reuters)

Albricias y zapatetas. Celebraciones por todo lo alto. Alguien va a llevar bombones de los buenos a casita estas navidades. Sí, sí, aunque se los coma el cuñado, que mira que es tonto. El cuñado, dios, cómo lo odio, al cuñado. Pero es que... joder, esto hay que celebrarlo. Menudo año. Los hay que cumplen expectativas, otros suben prestaciones a lo loco y uno directamente mira a los ojos de todos los mitos que ha dado este bendito deporte. Aquí llegan, amigos, los diez triunfadores del ciclismo en este 2021.

Síganme para más gafes en 2022.

Tadej Pogacar

Un par de palabras. Merckx y Coppi. Son los tíos que han ganado el Tour y dos Monumentos en el mismo año. Joder. Hasta Pogacar, se entiende. Es el ganador más joven en Francia desde hace décadas, es el bicampeón más joven de siempre, nunca se ha bajado del pódium en las grandes, apenas conoce derrotas. El mejor corredor del mundo empieza a mirarse, desde ya, con leyendas. Corre contra la historia, si quieren. Para que Pogacar sea figura planetaria, global, solo le faltan mala hostia y declaraciones altisonantes. Vamos, ser Fignon. Por ahora es Tadej, y a Tadej nadie le puede chulear en lo suyo. Pinta a tiranía larga, y eso tan bueno como malo en un deporte que anhela ídolos pero desea emoción. Si me preguntan a mí... que dure.

placeholder Pogacar en acción. (EFE)
Pogacar en acción. (EFE)

Primož Roglič

Primož Roglič es perfecto. Sube, cronea, lanza latigazos secos como la mojama e, incluso, se mete en zafarranchos desde lejos que da gusto ponerte a ver la tele. Al menos este año, vaya, que pareció aprender cositas de La Planche. Además, parece majo, nunca tiene malas palabras y hasta sonríe con flow, el cabrón. El único problema, la única pega, de Primož Roglič se llama Tadej Pogacar. Que hace lo mismo que él, pero mejor. Y en las mismas carreras. Y es más joven. Y encima llega desde el puto pueblo de al lado, que también es mala hostia. Lástima que estos dos no se lleven a matar, porque tendríamos aquí para escribir tomos y tomos. Viejo. Niñato. Así. Pero nada, corrección. Y eso, que Roglič es un corredor enorme, inmenso, uno de esos que (casi) nunca sale a rodar, que (casi) siempre lo da todo. Incapaz con el Tour (este año por caída, circunstancias diversas en otros), ha hecho de la Vuelta particular coto de caza. Allí disfruta y hace disfrutar. Si me preguntan a mí... que dure.

placeholder Roglic, tras ganar una etapa. (EFE)
Roglic, tras ganar una etapa. (EFE)

Egan Bernal

Es curioso lo de Egan. Por sensaciones, por subjetivismos puros y duros, el tío podría estar en la clasificación de las diez decepciones del año (aunque habría que sacar a Cortina, y eso sí que no). No es su nivel, sino las expectativas que genera. Parece caminar menos que hace tres temporadas, oigan, cuando ganó nada menos que el Tour. Ahora incluso evitó la Grande Boucle, no les digo más. Pero es que su año, en visión objetiva, es un éxito. Ganador del Giro, que no es poca cosa. Fíjate, primer escarabajo en hacerlo. Pasa que dejó dudas. En Italia, más tarde por España. Viste en rosa y acaba sufriendo frente a temporeros, arrastrado cuesta arriba por un gregario que parece caminar más que él. En La Vuelta directamente anda con actitud pero sin piernas. Eso sí, siempre intenta cosas, y gracias a él Roglič tiene una muesca bien bonita en los Lagos. A día de hoy parece lejos de los auténticos capos (vamos, de los eslovenos), aunque va llenando el granero con victorias de prestigio. Curioso, dijimos. Pero que le quiten lo bailao...

placeholder Egan Bernal. (EFE)
Egan Bernal. (EFE)

Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe es la grandeur hecha ciclista. Un tipo egocéntrico, megalómano, grandilocuente, al que le gusta poner caritas raras, sacar morrucos y asustar al mismo miedo. Pero cómo no te voy a querer, Julian, cómo no te voy a querer. A mí es que los jetas con ese perfil me encantan, vayan ustedes a saber la razón. Sucede que Julian también gana. Gana mucho. Gana (casi) todo lo que está a su alcance. Cerquita en Lieja (el premio que anhela), diana en el Tour (el premio que ama), repite en los Mundiales (el premio que le amartela el mirar). Pam, pam. Otro añito con el arcoíris, por si les había parecido poco este. Puede caer mejor o peor, pero Alaphilippe es de esos que siempre lo intenta, con independencia de su estado. Y cuando camina... resulta espectacular. Sus últimos cincuenta kilómetros en Flandes son para ponérselos a los chavales y decirles: “Mira, así se gana una carrera, amiguete”.

placeholder Julian Alaphilippe. (Reuters)
Julian Alaphilippe. (Reuters)

Mathieu van der Poel

Un día que vale por toda la temporada, unas tardes que dibujan estilos y certezas. Lo primero... el Mûr de Bretagne. Tour de Francia. Van der Poel lo tiene casi imposible para ventilar el jaune a Julian Alaphilippe (al final los nombres se repiten, amigos), pero va a por todas, como hace siempre, y convierte la carrera en un reality de eliminación, como hace siempre. Pasa que esta vez... diana. De amarillo, qué contento hubiese estado el abuelo, colegas. El resto... bueno, pues lo esperado. Digamos que van der Poel marca cada prueba donde sale, porque siempre va a hacer su numerito. Unas veces funciona, otras no, pero él siempre será protagonista. Convirtió la primera semana del Tour en un espectáculo de los gordos (y tiene mérito), compitió locamente en Flandes, en Roubaix, en el Mundial. Sumen la exhibición de Siena, sumen locuras en Tirreno, sumen su sola presencia. Hay gente que tiene carisma, y a van der Poel le sobra. Si vivimos un momento tan brillante en esto de las bicis es, en parte, gracias a tipos como Mathieu...

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Mathieu van der Poel. (EFE)1

Wout van Aert

Otro factor es Wout van Aert. Que nunca desdeña una batalla, que jamás dice no. Wout es ese amigo al que un sábado llamas para hacer pesca submarina, el siguiente para lo de la Ruta del Cares y al tercero dices que, oye, tómate el último jägger, hombre, que no te va a caer mal, a estas alturas... Digamos que su problema (el de Wout, no el suyo de usted, que eso ya se lo deben decir otros) es que propone poco. Se empeña en perseguir ruedas, cerrar huecos, hacer labor de zapa sin adelantarse a movimientos no suyos. Vamos, que gana un montón, pero deja sensaciones de poder ganar aun más. Igual es solo eso, impresión, porque si Wout alzase los brazos cada vez que está disputando (pero disputando de verdad) una carrera... en fin, Sean Kelly, o así. Y eso, que gran año. Gante, Amstel, tres etapas en el Tour, top ten en tres Monumentos. Ay, cuando le dé por aprovecharse bien esas piernazas que tiene...

placeholder Wout van Aert. (EFE)
Wout van Aert. (EFE)

Richard Carapaz

Una paradoja bien grande, la temporada de Richard Carapaz. Al tío lo fichan como líder en el Giro, solo que no va al Giro, sino que acaba por Francia, y allí tiene dos, tres o diecisiete paisanos encima de él en la jerarquía de Ineos, pero se los va cepillando a todos, y demuestra ser más duro que las putas rocas, y termina tercero, y es el único que intenta seguir a Tadej el día de todos los días, porque Carapaz le echa narices a la vida, amigos. Luego llegó a La Vuelta casi de rebote, y allí lo usan de peón, y no hace nada, porque los peones pues dan para lo que dan (por mucho que diga Iván Redondo en sus metáforas improvisadas y sutilísimas) y acabó fuera de carrera, y con cierta sensación de que, mira, para andar perdiendo el tiempo mejor me voy. Visto así pues bien, pero sin volvernos fans. Pasa que entre medias fueron los Juegos Olímpicos, y los Juegos Olímpicos en ciclismo son lo que son, pero para el deporte pues interesan bastante, y allí Richard se llevó el oro, y luego repartió hostias de las buenas a su federación, y aquí siempre aplaudimos la calentura verbal, y, oye, pues año más que correcto. A ver qué le depara el futuro compitiendo por la capitanía de la escuadra con Egan.

placeholder Richard Carapaz. (EFE)
Richard Carapaz. (EFE)

Sonny Colbrelli

El protagonista más inesperado en el momento más inverosímil. Digamos que Sonny llevaba un año... en fin, buscando límites. Sube como nunca, esprinta como nunca, chupa rueda como siempre, porque ahí no tenemos que enseñarle nada. Pero el resto... bum, subidón de nivel. Subidón grande. Gana el Europeo, destacando en el Tour, etapas aquí y allá, campeón de Italia, con lo que mola ese maillot. Ustedes saben. Pero es que lo de fin de temporada... Roubaix. Nada menos. Roubaix. ¿Se hacen cargo de la importancia? París-Roubaix, el adoquín, todo un Monumento, la Gran Reina de la pequeña reina. Y con barro, que luce más. Locurón. Si mantiene este golpe de pedal pues sale favorito en casi todos los sitios donde compita en 2022...

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Sonny Colbrelli. (EFE)

Bahrein-Victorious

Entre otras cosas porque está en Bahrein Victorious. Colbrelli, digo. Nunca un nombre estuvo tan justificado, colega. Menudo año. Dos pódiums con dos tíos bastante... bueno, inesperados. Por decirlo suave. Inesperados. Damiano Caruso en el Giro, Jack Haig en La Vuelta. Padun arrasando montañas allá por Dauphiné. Matej Mohorič hace algo similar en el Tour y encima manda callar, porque ya puestos... Ah, encima gana el premio a mejor esloveno fuera de los dos carcharodon carcharias. Casi nada. Tampoco vamos a decir que arrasasen allí donde corrieron, pero... si ponderamos rendimiento en relación a lo esperado son, sin duda, el mejor equipo de la temporada...

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Bahrein-Victorious. (EFE)

Alpecin-Fenix

Seguidos muy de cerca por Alpecin-Fenix, ojo. Durante muchas temporadas se ha criticado a Mathieu van der Poel por correr solo, en equipo que más parece banda de amiguetes que conjunto al mayor nivel. Y, bueno... era cierto, pero solo de forma parcial. Digamos que Alpecin lleva algunos años fichando joven y cuco, y ahora han eclosionado todos a la vez, o casi. En perfiles muy determinados (no busquen un Alpecin cuando se sube más allá de los 2000 metros) pero aun así... Acaba el año como séptimo equipo del mundo en puntos UCI, catorce puestos por encima de 2020. Y la sensación de que tipos como Merlier, Philipsen o, claro, van der Poel, garantizan victorias venideras a borbotones...

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Alpecin-Fenix. (EFE)

Tour de Francia
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