Qué calor, el Japón: Carapaz se consagra en los Juegos Olímpicos y España decepciona
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Qué calor, el Japón: Carapaz se consagra en los Juegos Olímpicos y España decepciona

El ecuatoriano llegó en solitario a la meta del Circuito de Fuji. Van Aert y Pogačar encabezaron el grupo perseguidor y se llevaron, respectivamente, la plata y el bronce

placeholder Foto: Van Aert (i), Carapaz (c) y Pogačar, el podio de la prueba de ruta masculina. (Reuters)
Van Aert (i), Carapaz (c) y Pogačar, el podio de la prueba de ruta masculina. (Reuters)

Un Borbón bastardo.

Tranquilos, tranquilos, anulen esa llamadita a la Audiencia, que no es necesaria. Lo digo por Fernand Sanz, a ver qué se estaban ustedes pensando. Hijo secreto (todo lo secreto que es un hijo secreto cuando, en realidad, nadie lo mantiene en secreto) de Alfonso XII y Helena Sanz, que era actriz y cantante (mocatriz de su época), guapérrima y majísima, madre de dos retoños con narizuca así, como aborbonada. Dónde vas, Alfonso XII, dónde vas triste de ti, pero luego bien que tenemos bastardillos sueltos, porque la realeza... en fin, ya se sabe. Pero nos desviamos. Que Fernand Sanz. Medalla olímpica, oiga. De plata. En ciclismo. Primera referencia que me acude a la cabeza cuando pienso en bicis y Juegos.

Luego hay otras, claro. José Beyaert, que gana en Londres, y luego va a Colombia, y se hace esmeraldero, y dicen que si hasta actúa de sicario, y hay un montón de historias ahí. O Jaime Huélamo, bronce en Múnich, más tarde sin medalla, cosas del antidopaje. Los controles, por cierto, se habían instaurado cuatro años atrás, en México... el primer premiado fue un sueco, Hans-Gunnar Liljenwall. Pentatlón moderno, por si tienen curiosidad. Llegó a los 0,81 gramos por litro de sangre... positivo por alcohol. "Me tomé un par de cervezas para templar los nervios", dijo. Parece mentira...

placeholder Es la segunda medalla de oro de la historia de Ecuador. (EFE)
Es la segunda medalla de oro de la historia de Ecuador. (EFE)

Ah, y eso... que más cosas. Serguéi Nikoláievich Sujoruchenkov (o como quieran escribirlo, que de mil formas lo vi) y su demostración en Moscú. Alexi Grewal cuatro años más tarde, retornando el honor yanqui. Y... cómo lo hiciste, Alexi. Ah, con autotransfusiones, oiga, que de aquella eran legales porque nadie sabía muy bien cómo funcionaba el tema. Luego pasó a pros, el bueno de Alexi. Y, ¿qué tal la experiencia, señor Grewal? Pensé que me moría, brother.

(Grewal tuvo su momento de gloria con los mejores en el año 1986. Camino de Superbagnères. Estaba junto a Bernard Hinault justo cuando Le Blaireau perdía la rueda del gran grupo, aquella tarde en que se creyó Eddy. "La cagaste, Bernie, vas jodido", dijo Grewal. Que aún respire a estas alturas puede considerarse un pequeño milagro).

A partir del 96, en Atlanta, los ciclistas profesionales pudieron ir a los Juegos, porque aquello del amateurismo olímpico ya no se lo creía ni Samaranch cantando el Cara al Sol. Así que... oro de Indurain en crono, que siempre luce mucho. Para la ruta primero Pascal Richard, segundo Rolf Sørensen, tercero Maximilian Sciandri. He visto pelis de Scorsese con menos robaperas, amigos. Después... Bettini, Kolobnev, Klöden, Vinokurov, Majka, Samuel Sánchez. Lo mejor de cada casa.

¿Conclusiones? Parece que el espíritu olímpico es coto de bandoleros a pedales. Nada malo. Así, al menos, tenemos cosas que contar.

Moderno, esto de las medallas en dos ruedas. Al menos entre los pros, ya vimos. A mí... qué quieren que les diga... un poco ni fu ni fa. Vamos, que si debo elegir entre presea y una París-Roubaix vaya usted poniéndome aquí el pedrolo que ya le busco yo sitio en el salón. Sin dudarlo. Pero estoy en desventaja, en minoría, y cada cuatro años ciclistas de élite intentan lograr un objetivo que podemos llamar extraordinario desde varios puntos de vista. Algo distinto. Disfrutemos.

El recorrido tiene lo suyo, además, como no podía ser de otra forma en un país que dedica todo un género pictórico a dibujos de sexo con pulpos (lo prometo). Si piensan ustedes que la referencia a estas particulares shunga está cogida por los pelos, piensen que la más famosa con tal temática se titula 'El sueño de la mujer del pescador', y es obra de Katsuhisha Hokusai. ¿Me van siguiendo? El mismo Hokusai que pintó tropecientas mil estampas del Monte Fuji (sí, la ola celebérrima también es suya, seguro que ahora la ven menos naíf). Y alrededor del Monte Fuji corren los ciclistas buscando metales, cual ronin sin honor. ¿Ven? Todo acaba rimando.

Foto: Imagen: El Confidencial Diseño.

Eslovenia y Bélgica controlan

Así que prueba durísima. Larga (234 kilómetros) y con mucho desnivel. Doushi Road, Kagosaka Pass y Fuji Sanroku para ablandar piernas. De postre, decisivo, el Mikuni Pass, que es como El Escudo (más o menos), y todos sabemos lo que duele subir El Escudo (más aun si te tiras a ello el sábado por la mañana). Mikuni Pass, por si fuera poco, tiene nombre de malo en Mazinger Z. Triple amenaza con Garada K7, Deimos F3 y Mikuni Pass. Joder, qué nombrazos. Sumen calor, sumen humedad, sumen el cambio horario, las selecciones con pocos ciclistas y la presencia de tipos que son exotismos sobre ruedas y... eso, carrera abierta. Pintoresquismos garantizados, que no es poca cosa.

Luego el asunto sale o no, pero al menos teníamos menú digno de ilusiones. Aunque no fuese una Roubaix.

De favoritos... bueno, podemos usar la presentación del Tour, oigan. Los eslovenos (esto nos vale para cualquier carrera). Wout van Aert, salaryman por plenos poderes, candidato a karōshi (déjate que no sea karōshisatsu), chico para todo, simpático y familiar. O Evenepoel, que tenía seis mesucos cuando Ekimov ganó el oro en Sídney. También andaban por ahí algunos de esos a los que el capitán Louis Renault manda a comisaría. Carapaz. Woods. Mollema. Los italianos, que tiene fama de asaltadiligencias, y ya vimos que eso se aprecia mucho en los Juegos Olímpicos.

Así que... trantrán al ritmillo de Tratnik, e Italia que coge el mando subiendo Fuji. Omakase, le dicen a Giulio Ciccone, con su pinta de escalador noventero que siempre falla en la última semana, y él se lo toma al pie de la letra. Velocidad alta, el pelotón empieza a perder paisanos. Se queda, por ejemplo, Saigo Takamari, que, como todos ustedes saben, nació en Las Lumbreras, año 1980. El calor, la humedad, que ya tengo unos años y la Villa Olímpica estaba animada de narices. No hizo seppuku, porque estas cosas ya no se llevan (menos mal), pero parece triángulo rojo...

Luego, a unos 50 kilómetros de meta, atacó Remco Evenepoel, que no suele pedir relevos (tampoco se los dan, oigan) y tiene más motor que un portaaviones. A su rueda, Edward Dunbar (gregario estándar del Ineos) y Vincenzo Nibali, que se hostió hace cinco años y quería venganza. Ah, Evenepoel parece menos fino que otras veces, así que podría funcionar lo de anticiparse a Mikuni. Solo que sí, pero no. Aviso. Todos al redil. Controlan (es un decir) los belgas (es otro decir), meten latigazos gordotes los transalpinos. ¿Españoles? Chupando cámara cuando se quedan. Todo para Mikuni. Puños fuera.

Entramos en lo duro y... ataque de Tadej Pogačar. Les juro que no estoy copiando una crónica del Tour, ¿eh? Decían que si el calor le afecta, que si ha estado muerto desde París (pero no estaba muerto, estaba de parranda, y tampoco estaba de parranda, sino haciendo series, el tío), que no apuesten por él, oigan. Pero nah. Demarraje y se va solo... Luego le pillan Woods y McNulty. Tadej Pogačar, Michael Woods y Brandon McNulty. Suena a peli de Kitano, oigan. Añadan planos con flores, musiquilla de Joe Hisaishi, bastante crueldad y ya lo tienen. Bueno, la crueldad la pone Mikuni, porque menudos repechones, amigos... Y con carretera ancha, que pica el doble...

Decepción española

Detrás tira Van Aert, empleado del mes. Mientras persigue confirma su participación, con opciones de medalla, en gimnasia artística, halterofilia y doma. Llegan ciclistas con los primeros. Bettiol, Urán, Carapaz, Kwiatkowski. Wout no, porque no veas qué calentón, oiga, pero mira, yo pongo el limitador de velocidad y para allá que marcho. Tú a Van Aert le pides que cargue en Balaclava y el tío lo hace corriendo, sin caballo ni gaitas. Mentalidad de adamantium. Vuelve. Todas las selecciones buenas tienen a un representante en vanguardia, salvo España, que tiene a varios en el hotel. Carrera nueva. Lotería. Todos los córners abiertos, para que alguien salte por ahí.

Carapaz habla con McNulty. Oye, que yo ya gané un Giro de esa forma, sí, que esto puede molar. Y bum... Escapada. Según salen huele a buena. Por detrás, a Van Aert le vale llegar con cualquiera, pero a nadie le vale llegar con Van Aert. Mala combinación. Me caes muy bien, colega, pero es que... El oro de Wout vendrá en piragüismo, K2, mil metros. No se lo pierdan.

Y así. Ir hasta meta. Bettiol con calambres. Van Aert acelerando en un repecho al final como si fuera el mismísimo Koppenberg. Gaudu que piensa, joder, esto es súperdistinto a Bretaña. Mollema retorciéndose, porque Mollema se retuerce. Adam Yates parece recién llegado de la playa, oye, mira, una carrerita, voy a apuntarme, a ver qué tal. Rigoberto que pasa al relevo... no, no fastidies, tú estás loco. La diferencia es magra, pero es que a Van Aert no le da relevos ni la moto de prensa. Emoción.

placeholder Van Aert (d) ganó a Poga?ar el sprint por la plata. (Reuters)
Van Aert (d) ganó a Poga?ar el sprint por la plata. (Reuters)

Ya en el circuito (qué puta manía de meter corredores en los circuitos, con lo feo que es eso) Carapaz ataca y McNulty se abre de patas, pero esto qué es, qué ritmazo me pones, joder, las piernas, verás como pierdo hasta medalla. El ecuatoriano por delante, hachazos gordos por detrás. Gaudu, Woods, Van Aert con su maillot nacional de Cimmeria.

Imposible, a Carapaz ya no lo ven. Medalla de oro para Richard, colegas. El Dorado en Ecuador. Ni siete días desde que subió al pódium del Tour. Hacer historia debe ser algo muy parecido a esto. Enhorabuena para él.

Segundo es Wout, que entra preguntando si hay más vueltas, si puede apuntarse a los 20 kilómetros marcha, si a Seiya también le tocaban tanto los huevos en el manga (solo que quien molaba era Ikki, oigan). Bronce para Pogačar, que tiene el mejor sprint de un bicampeón de la Grande Boucle desde Hinault. El resto... son el resto. Diplomas olímpicos, una cosa para no sumar, porque diplomas tenemos todos, aunque sean de Aravaca. Y además ellos no ayudaron a perseguir. ¿Chupas rueda? Pues te fastidias.

Gloria a Carapaz, amigos.

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