Alaphilippe calca victoria y entra en la leyenda: sobre el Mundial de Flandes 2021
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Una actuación para el recuerdo

Alaphilippe calca victoria y entra en la leyenda: sobre el Mundial de Flandes 2021

El corredor francés revalida su título con una exhibición en tierras belgas, su segundo maillot arcoíris consecutivo. Se marchó a 17 kilómetros de la meta

Foto: Alaphilippe celebra su triunfo en el Mundial. (Reuters)
Alaphilippe celebra su triunfo en el Mundial. (Reuters)

En 1996 la Eurocopa de fútbol se juega por Inglaterra. Pueden ustedes imaginarlo... un montón de gordos borrachísimos que berrean cosas así como “lo, lo, lo” y se iluminan la tripa con pintura industrial. Más o menos. En fin. A lo que íbamos, que aquello se embelleció con banda sonora (oficial y oficiosa) que era blandita y suave, muy en ese estilo brit pop que estaba tan de boga entonces. Musiquilla para malotes del Barrio de Salamanca y similares, por entendernos, porque el brit pop llega hasta donde llega. En mi pueblo directamente te echan al pilón si haces la tontería esa de “woo-hoo”. Y con razón, oigan. Pijos insustanciales...

Foto: Bernard Hinault en la Vuelta de 1983. (Archivo)

Me pierdo. Que la Eurocopa tuvo canción oficial. The Lightning Seeds, que son unos tipos con menos tirón que Martín Farfán en la París-Roubaix. La cosa, eso sí, tenía cierto ritmo, y se llamaba 'Three lions' (Football´s coming home), por lo de Ricardo Corazón de ídem y el origen británico del juego, respectivamente. Seguro que les suena en la cabeza, porque ustedes son un auténtico repositorio de cultura pop. Bueno, por eso y porque la ponen mucho en los siete mil doscientos catorce podcast sobre la Premier League que existen por ahí, para qué engañarnos.

Y eso, que si aquel entonces volvía el fútbol a casita bien podríamos decir eso del ciclismo con este Mundial. Sin cancioncilla, por favor, pero eso... Retornamos al querido añorado, oigan. Flandes, nada menos, que allí lo de las bicis es pasión, religión y nación, en este orden o en el contrario. Bergs, frio, viento y un montón de pavos con mamadas considerables garantizándose la ronquera hasta el miércoles, como poco. Ese tonito. Pero qué chulo todo, qué chulo.

placeholder Comienzo de la prueba. (Efe)
Comienzo de la prueba. (Efe)

No es la primera vez. Lo del Mundial flamenco, digo. De hecho se estrenó el asunto en 1950, allá por Moorslede, que no puede sonar más a Flandes, oigan. Ganó, oh sorpresa, Briek Schotte, que respiraba adoquines y sudaba barro. El león de la bandera, si quieren. O uno de los primeros, que luego tuvieron otros, porque siempre hay belgas cascándose por las victorias gordas. Siete años más y... Waregem. Medalla de oro para Rik van Steenbergen, que es... en fin, ya saben cómo acaba esto. Implacables, los tíos, cuando juegan de local. Ronse y Benoni Beheyt, Zolder y (ojo, cambio de tendencia) Harm Ottenbros, que fue un ganador un poco así, la verdad, y encima neerlandés. Vamos, que nada satisfactorio. No tanto como la siguiente vez en Zolder, que ganó Cipollini, y ejem, pero cosa de no recordarse mucho. Entre ambas repitió Ronse (Fondriest en mítica sesión vespertina con Criquielion y Bauer). Casi dos décadas llevaba esta gente esperando para ver lo del arcoíris y tal. Toda una vida. Produzcan más cerveza, amigos, porque se van a mamar todas.

Así que... Vuelta a Flandes. Final en Lovaina (o Leuven, o Louvain, o Löwen... y cuidado con equivocarse sobre a quién dices qué), y recorrido con un montón de subiditas, algunos muros y hasta algo de adoquines. Casi 270 kilómetros, casi 2500 metros de desnivel. Vamos, que duro, pero no tanto. Oportunidad perdida, en ese sentido. Solo que esto es el Mundial, y aquí ya sabemos cómo se corre, y además los caminos flamencos son lo que son, y hay muchos cruces, y estrechamientos, y casi nunca es rollo llano-llano, lo que se dice llano. Se hará duro, por mucho que no suban Kapelmuur. Y, qué coño, los Mundiales siempre son bonitos, así que no vamos a quejarnos mucho.

(Pero un poco sí, un poco nos podemos quejar. Por buscar la excelencia, oigan. Ah, y denunciar la barrabasada que han hecho con el Moskesstraat, que era una subida con adoquines de lo más bonita y ahora, vaya usted a saber la razón, les ha dado por rediseñar. A la cárcel con ellos).

Entonces... favoritos. Corriendo donde corren, y con los piernas que pueden seleccionar... pues Bélgica, oigan, Bélgica. Wout van Aert, sobre todo, que es un tractor agrícola perfecto para este tipo de cosas (y para subir el Mont Ventoux, ojo, porque tiene más polivalencia que Julio Iglesias en Benidorm). Para ayudarle van estrellas como Evenepoel, Declerq, Benoot, Campenaerts, Stuyven... Vamos, que si cualquiera de ellos sale vestido de muchos colores no seré yo quien acabé extrañado. Veremos si funcionan a modo de equipo o tornan lupanar para tecnócratas del tardofranquismo, como ha sucedido a veces...

Y el resto... pues por debajo. Muy por debajo. Italia, que tiene a Colbrelli sin cadena, pero últimamente Italia no se come nada en estos asuntos. Francia, que son guerrilleros, y Alaphilippe más que ninguno, pero parece complicado meter mano a los flamencos en Flandes (ejem, ejem, no hagamos spoiler). Sagan, si resucita al tercer día. Valgren, si anduviese como en primavera. Los eslovenos, que tienen superávit por fuerzas pero déficit de experiencia en estas lides. Algún yanqui que aparezca, van der Poel y sus Países Bajos, sorpresillas. Entre ellas, para qué engañarnos, estaría el ver españoles pululando por grupos buenos, que no está la cosa como para vender motos. O, al menos, no seré yo quien lo haga...

placeholder Julian Alaphilippe posa junto a su medalla de oro. (Reuters)
Julian Alaphilippe posa junto a su medalla de oro. (Reuters)

Y eso, que la carrera. Presentan a cada selección, gritos jubilosos, fans enloquecidos, dos o tres desmayos tratados convenientemente con cazalla de la gorda. Ojo, suenan unos acordes de guitarra. Slash, amigos, no se lo pierdan. Luego toquecitos del bajo, oh yeah, Duff. La voz rasgada de Axl gimiendo así, como en plan chungo. Piensen ustedes que esta canción es antes de que Axl saliese en los videoclips con delfines y camisas de franela, que son las dos putas cosas menos de rock que uno puede imaginar. Mira, los delfines aun tienen un pase, pero lo otro... Y eso, Welcome to the jungle, y aparecen al fondo los belgas. Wout, Remco, Benoot, Campenaerts. I wanna hear you scream, ustedes me entienden. Luego llega Van der Poel, que es más Turbo Lover, de los Judas. Y Colbrelli, sonsonetes de Puzzini, porque los italianos siempre son muy así. Francia, Alaphilippe a la cabeza, y suena Cult of personality, de Living Eyes. Eslovenia, Iron Man, vocecilla aguda de Ozzy. Sagan y la Inmigrant Song de Led Zeppelin. Y, al fin, sale España, con la banda sonora de Candy, Candy acompañando. Mala señal. Al lío.

La gracia de un Mundial es... bueno, veamos, gracias los Mundiales tienen varias, oigan. Pero entre ellas siempre se cita la distancia. Y de la distancia sale otra, que es convertirse en carrera de selección. Que se van desgranando tipos al gran grupo kilómetro a kilómetro, vaya. Y aquí más. Porque va lanzada la cosa desde lejos. Un lío de circuitos, no voy a andar con paños calientes. Ahora este, luego entramos en aquel, muros por aquí, repechones por allá, cruce, cruce, curva. Con todo eso pues... agonía, porque vamos de látigo en látigo y así la gente siempre acaba por decir oye, hasta aquí, que ya es bastante tarde y yo quiero irme de vacaciones. Sumen a eso que algunos favoritos andan pensando en sus cosas (a van der Poel lo pilla un corte reflexionando sobre la obra de Rousseau en oposición a las teorías de Hobbes), que otros lanzan aventuras desde muy lejos (Evenpoel y su forma de entender las carreras tipo el Lute, a un camina o revienta... el Lute no es el Lute Anguita, aclaramos para los millenials) y que los de más allá quieren ritmillo (Bélgica controlando, Francia al descontrol) y nos va quedando un asunto tirando a exigente y espectacular...

Así que pasan cosas, porque cuando el ciclismo va más allá de los vatios y el “tira durante x tiempo a esta potencia” suelen pasar cosas. Cortes, fugas. Una, la más importante, la que mejor pinta tiene, lleva a Evenepoel como tipo más reconocible. También están Cortina, mira tú, y Bagioli, Stannard, Madouas... hasta once. Quedan noventa kilómetros a meta, pero Remco solo sabe jugar a esto del ciclismo de una forma: tirando con todo. O, en otras palabras... que pueden llegar. Sobre todo porque en el pelotón quedan cuatro gatos, y ninguna de las selecciones grandes parece en condiciones de arrastrar mucho...

placeholder Alaphilippe entra en meta. (Efe)
Alaphilippe entra en meta. (Efe)

Sucede que incluso en esa fuga hay diferenciales de fuerzas, y pronto se quedan delante cinco tíos. Evenepoel, Madouas, Bagioli, Powless y Van Baarle. Tampoco quiero hacer spoiler, pero... El resto eliminados. Treinta segundos durante muchos kilómetros. Curva, muro, cruce. Bélgica tira por detrás, aunque lleva gente por delante. También Francia. Van der Poel gasta muy poco. Alaphilippe acelera en un muro. A casi sesenta de meta. Salen tras él todos los que tienen que salir tras él (entiéndase la expresión) y cazan a los de delante. Primer movimiento del galo, a un mundo de la última línea. Muy pronto, dicen algunos. Gasta demasiado, responden los de más allá.

Y se hace grupo. El definitivo. De ahí salen medallas, coleguitas. Bélgica lleva tres. Stuyven, Van Aert, Evenepoel. Y este último empieza a tirar. Que es lo que hace siempre, pero ahora para un compañero. Novedoso. Muy mal se le tiene que dar a los belgas...

Solo que... Alaphilippe. Cult of personality, recuerden. Faltan cincuenta kilómetros y el galo arranca en un muro. Con esa forma que tiene de hacer cosas, con ese mover furioso la bici, con los bandazos, las caritas, las muecas. Con todo eso, sí, pero también avec panache, y eso es al final lo que debe quedarnos. Muchos se miran, nadie sale. Tampoco Wout, ojo. Fuegos de artificio, sí, primer aviso. Esto no va a ser alfombra roja para los del león (aunque lleven otro maillot)...

Calma chicha. Todos a rueda de Evenepoel, que responde a las críticas sobre su egoísmo volcándose para el equipo. Mejor hechos que palabras, la verdad, y con hechos se ha presentado el chaval en Lovaina. Ah, muchedumbres. Todas las que quieran. Increíble. Para no dejar de aplaudir.

Remco revienta con menos de treinta kilómetros hasta el final, y entonces se abren mil conjeturas. En ninguna de ellas gana un español, oigan, porque todos siguen silbando Candy, Candy, pero tampoco es plan de hacer sangre. Que cada cual pondere su temporada, sus decisiones y la forma que tiene para afrontar depende qué carreras. En fin. El resto... pues poco trabajo de equipo, porque anda el asunto totalmente quebrado, y muchos robaperas afilando cuchillos y mirando en qué córner podrían saltar para conseguir el mayor premio de sus vidas. No sé, un Stybar. O un Sénéchal...

placeholder Remco Evenepoel, a su llegada. (Reuters)
Remco Evenepoel, a su llegada. (Reuters)

Solo que éste no. Porque Francia juega a otra cosa. Penúltima vuelta, uno de los últimos muros. Madouas rompe todo, Julian Alaphilippe ataca de forma explosiva, incontestable. Repitiendo (casi calcando) lo de Imola, doce meses antes. Nadie sale, porque nadie puede salir. Ya lo dijimos... Alaphilippe nunca defrauda. Gana o pierde, te cae mejor o peor. Pero nunca defrauda. Si el ciclismo fuera un sentimiento objetivo todos seríamos fans locos de Julian...

Poco después se le unen otros. Nizzolo, Colbrelli, Stuyven. Van Aert remolonea, van der Poel pegado a su tubular. Otro latigazo en St. Antoniusberg, y Alaphilippe que se va solo. Wout no puede, un póker va tras el mozuco de la perilla. Stuyven (transformado en líder belga), Valgren, Powless, van Baarle. Diez segundos y suena campana. Última vuelta. Todos se miran. Los cuatro que persigues, el puñado que persigue a los cuatro que persiguen. Todos menos Julian. Mirada al frente, apretar sin pensárselo. Pinta chulo, hueco que se abre, dudas en todos los que no son él. Pinta chulo, decimos, lo de Alaphilippe. Valga la redundancia...

Foto: Alaphilippe, en el podio. (Reuters)

Quince kilómetros. Agonía. Rueda bien, el galo, pero agonía. Caritas, gestos, la lengua fuera, perfil d´artagnanesco recortado contra el aire. Diez segundos, quince. Todo el tiempo. Pero tiene más fuerza, más piernas. Jaque mate, que yo este juego lo he visto muchas veces. Nos empezamos a mirar, pensamos en medallas. Y el otro vuela, porque el otro solo tiene una idea en mente. Keizersberg y el ritmo enganchado, la bici moviéndose de un lado a otro, en pie sobre los pedales. Bielas que no avanzan tan fácil como antes. Agonía, le dicen, y en la agonía algunos empiezan a sobresalir. Lo escribió Fignon una vez. Alaphilippe es de esos, parece. Va a por su segundo Mundial.

Detrás, los grandes capos. Derrota. Los capos que no son Julian, digo. Van Aert, van der Poel, Pidcock. El resto. Duro golpe. En el momento preciso fueron peores. Van dos veces.

Y eso. Wijnpers al sprint, oigan, por aquello de llegar en plan épico. Imperial. Movimientos entre los que persiguen. Qué más da, los otros son los otros, y ellos juegan por plata. Él no.

Él, Julian, abre los brazos, hace cucamonas, pide ánimos del público, parece emocionarse. No necesita que le tomen varas para su nuevo maillot arcoíris, porque es el mismo que ha llevado estos últimos meses. Merecidísima victoria. Ciclista de los grandes, mirando cada vez más al gran Gotha. Van Baarle segundo, Valgren tercero, Stuyven cuarto, completando la tarde más jodida para los flamencos desde que murió Camarón. Gloria para Julian.

Cult of personality.

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