33 edición de los premios de la academia

Arde Sevilla: los Goya se ponen incendiarios contra los políticos

Desde el monólogo de apertura, los discursos de los Goya han repartido pullas para la clase política en la noche de 'El reino', la sátira de Sorogoyen sobre la corrupción en España

Foto: Pablo Echenique, Pablo Casado y Alberto Garzón, en la alfombra roja. (EFE)
Pablo Echenique, Pablo Casado y Alberto Garzón, en la alfombra roja. (EFE)

"Damos la bienvenida al señor Echenique, que nos dicen que está aquí entre nosotros, y que es un político muy cinematográfico: su vida es un 'travelling". ¡Zasca! Y con reverberación. En el patio de butacas, alguna risa nerviosa. En la sala de prensa, caras de estupefacción. El monólogo de apertura de la 33 edición de los Goya empezó fuerte: Andreu Buenafuente y Silvia Abril no se cortaron en los zascas a la clase política, que a diferencia de otras ocasiones, apenas contó con presencia de los primeros espadas de los diferentes partidos políticos. Si hace tres años Pablo Iglesias —que dio la campanada vistiendo de esmoquin—, Albert Rivera y Pedro Sánchez se pasearon por la alfombra roja de los premios de la Academia, este año las tornas han cambiado y los principales dirigentes del PP, habitualmente ausentes, han llegado en tropel al Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla.

Pablo Casado, Andrea Levy, Teodoro García Egea y Juanma Moreno se han unido a Pablo Echenique, Alberto Garzón —que desplegó el abanico feminista de CIMA—, la ministra de Educación, Isabel Celaá, y el ministro de Cultura, José Guirao, quienes acudieron a apoyar a la industria del cine español en su noche más importante.

Poco más de 24 horas antes de que diese comienzo la alfombra roja, se confirmó una de las presencias más sorprendentes, por lo inesperada. Màxim Huerta, el ministro de Cultura más breve de la historia de la democracia —siete días— hizo su gran reaparición pública seis meses después del escándalo que lo obligó a dimitir. No se sabe si Guirao y su antecesor llegaron a coincidir en algún momento, pero el exministro se paseó sonrisa en ristre entre los periodistas, e incluso se atrevió a posar con una botella de champán... y a beber un trago a morro.

Otra de las resurrecciones que se rumorearon entre los periodistas fue la de Susana Díaz, que en un principio parecía que estaría en el patio de butacas. Pero de la expresidenta de Andalucía, ni la sombra.

Por allí apareció Màxim Huerta, pero ni Susana Díaz ni Pedro Sánchez acudieron a la noche del cine español

Quién sábe cómo hubiese sido el hipotético encuentro entre Huerta y su exjefe, incluso entre Díaz y su todavía jefe; no pudo ser: Sánchez, que había asistido en varias ocasiones como jefe de la oposición, anunció que no acudiría a la ceremonia por asistir a un acto de precampaña. "Si la gala se alarga, a lo mejor le da tiempo a llegar al presidente del Gobierno español, que no ha podido venir argumentando que tenía un mitin en Zaragoza, pero digo yo que a esta hora ya el mitin... que también es para convencidos, joder. Además, tiene un avión y puede venir con su perro. Le esperamos", criticaron los presentadores.

Pero Sánchez no fue el único objeto de mofa. Buenafuente y Abril también quisieron recordar al anterior presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, el mismo que en 2017 aseguró que no había visto ninguna de las películas nominadas porque no iba al cine. "Queremos agradecer la confianza a la Academia y a Mariano Barroso. Mariano, un presidente que fue elegido en junio, ¿te acuerdas que dijimos ‘un Mariano que entra por otro que sale?'. Los Marianos son dos presidentes que han hecho muchísimo por la ficción en este país".

Silvia Abril y Andreu Buenafuente fueron los presentadores de la gala. (EFE)
Silvia Abril y Andreu Buenafuente fueron los presentadores de la gala. (EFE)

El rapapolvo de los presentadores —más bien de los guionistas de la gala— no acabó aquí: "Ojalá se hicieran más películas así de comprometidas. Porque el cine puede y debe hacerlo. ¿Tú te imaginas, por ejemplo, una peli sobre la homosexualidad en el fútbol? ¿O el fútbol femenino? ¿O sobre el heteropatriarcado? ¿O sobre los claroscuros de la Iglesia? ¿O sobre el rescate bancario? ¿O sobre el auge de la ultraderecha? ¿O sobre los golpes de Estado? Pero los buenos, ¿eh? ¿Cataluña? ¿Venezuela?". La palma de la mano debía de doler ya.

En el año de 'El reino', la crítica satírica de Rodrigo Sorogoyen a la corrupción española que al final se quedó sin el premio a mejor película, cabía esperar que la escopeta cargada apuntase a la clase política, una costumbre que no puede calificarse de ajena a los Goya. En el repaso de las películas nominadas, los maestros de ceremonia tampoco dejaron títere con cabeza. Por aquí ‘El reino’, "o como llaman muchos en Soto del Real: mi ‘biopic"; por allá 'Todos lo saben', que es "como un montón de gente encerrada pensando que el malo es el otro. Es como un congreso de Podemos, ¿no?", apuntó Buenafuente. "Entre dos aguas’ va sobre dos hermanos cuyas vidas son muy diferentes: uno ha tenido éxito y el otro no ha conseguido reinsertarse en la sociedad. Yo lo veo un poquito como Albert Rivera y Pablo Casado, aunque no te sabría decir quién es quién".

Arantxa Echevarría, tras recibir el premio a mejor dirección novel. (EFE)
Arantxa Echevarría, tras recibir el premio a mejor dirección novel. (EFE)

Si la ceremonia empezó con dinamita, a medida que avanzó la gala el espíritu crítico se fue diluyendo. Unos de los más reivindicativos fueron Carles Bover y Julio Pérez del Campo, los directores de 'Gaza', ganadora del Goya a mejor corto documental. "A pesar de todos los intentos de censura que hemos recibido estamos aquí, gracias a las académicas y los académicos que con su voto han roto el silencio en defensa de los derechos humanos. Este premio va dedicado a todas y todos los que han mantenido viva la lucha del pueblo palestino, para los que están y los que no están, para los que nos ha arrebatado el terrorismo sionista. Yo creo que desde el mundo de la cultura podemos hacer muchas cosas, pero la primera es no legitimar países que vulneran sistemáticamente los derechos humanos. Y, para eso, no debemos ser cómplices del 'apartheid' israelí. Viva la lucha del pueblo palestino". Quizá lo que más desentonó en el discurso de los documentalistas fue la siguiente petición: "Israel en Eurovisión, no".

Con una película como 'Carmen y Lola', sobre adolescentes gitanas y lesbianas, como ópera prima, era previsible que el discurso de Arantxa Echevarría, en el caso de subir a por el Goya a dirección novel, fuera marcadamente político. Y subió. "Creo que la madurez de una sociedad se mide por el lugar que ocupa la mujer en ella. Creo que tenemos que pensar mucho si España es un país maduro. Querría dedicar esta película, de todo corazón, a aquellos que no permiten amar diferente, a aquellos que no son capaces de ponerse en la piel o en los zapatos de la minoría, del distinto, a aquellos que no creen que sea necesaria una Ley de Violencia de Género. A aquellos que creen que no se necesita apoyo a los colectivos LGTB y a aquellos que piensan que no son parte de la sanidad pública el aborto ni el cambio de sexo". Antonio de la Torre, al recoger su Goya a mejor actor protagonista, también abogó por el aperturismo y la solidaridad del pueblo andaluz, en clara alusión a los resultados de las pasadas elecciones andaluzas.

Y después de tanta pulla y tanto dardo, Buenafuente volvió a tomar la palabra para pedir una última cosa, ya no solo a los políticos sino también a los ciudadanos: "Por favor, dejen el humor en paz".

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