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'Que baje Dios y lo vea': monjes jugando al fútbol y chistes de gitanos

Curro Velázquez, guionista de 'Fuga de cerebros' y 'El chiringuito de Pepe', se estrena en la dirección de largo con una comedia protagonizada por Karra Elejalde y Macarena García

Foto: Karra Elejalde y Tito Valverde en 'Que baje Dios y lo vea'. (DeAPlaneta)
Karra Elejalde y Tito Valverde en 'Que baje Dios y lo vea'. (DeAPlaneta)

Hay algo terriblemente doloroso en el humor fallido. El escozor de un chiste frustrado ante un público poco receptivo. La comedia es el género más difícil, porque del ingenio al ridículo hay una línea tan fina como el papel biblia. Y lo más socorrido acaba siendo recurrir al chiste del gangoso que, aunque apolillado, algunos se empeñan todavía en recoser al ADN del humor español, cuando Berlanga, Cuerda o Fernán Gómez demostraron que nuestra idiosincrasia podía ser otra.

Bajo la premisa de comedia cañí al estilo de 'Villaviciosa de al lado' o 'Señor, dame paciencia' —dos éxitos de taquilla inmunes a la crítica, a IMDb, Filmaffinity y a lo que les echen—, 'Que baje Dios y lo vea' parte de la idea visual, carne de chiste de entrecañas, de unos monjes jugando al fútbol. El humor está en el contraste —en la incongruencia, que dijo Schopenhauer—: lo mismo que un gato tocando el piano o que dos analistas inmobiliarios pasados de rosca. Y, efectivamente, el humor está en el contraste, sí, pero no solo en el contraste. Un oso en bicicleta no da risa, da pena.

Karra Elejalde, el Langui y Alain Hernández en 'Que baje Dios y lo vea'. (DeAPlaneta)
Karra Elejalde, el Langui y Alain Hernández en 'Que baje Dios y lo vea'. (DeAPlaneta)

Más allá de la gracia que tiene ver a un grupo de hombres torpes con cogulla tirarse al barro, 'Que baje Dios y lo vea' vuelve a caer en el típico humor de tópicos y estereotipos, picando piedra con los indefectibles chistes fáciles sobre gitanos, tullidos o ardores en la entrepierna. Y que tampoco falte el momento escatológico en el que alguno de los personajes acaba bañado en excrementos, una modalidad de la que solo ha salido victorioso Javier Ruiz Caldera en 'Tres bodas de más'. La película intenta coger empaque con una reflexión sobre la tensión entre lo viejo y lo nuevo y sobre la necesidad de cambio en las estructuras jerárquicas de la Iglesia, criticando la ambición —política y económica— en las altas instancias y la distancia de algunas de ellas —incluso de las más humildes— de los problemas reales de la sociedad contemporánea. Todo eso aderezado con, por ejemplo, una gracieta sobre las flatulencias papales.

'Que baje Dios y lo vea' vuelve a caer en el típico humor de tópicos y estereotipos

El protagonista de 'Que baje Dios y lo vea' es el padre Salvador (Alain Hernández), un religioso joven y enrollado, de lo menos ortodoxo, alejado totalmente de la curia en su labor de misionero en África, y que entiende la labor de la Iglesia de una forma totalmente práctica, más allá de tal o cual estudio teológico y de incunables enmohecidos. Como castigo a su rebeldía, el padre Salvador acaba enviado de vuelta a España, al monasterio de San Teodosio, el prototipo absoluto de todo lo que el misionero aborrece dentro de la Iglesia: inmovilismo, ranciedad e incapacidad para poner en práctica la teoría. Y es que el monasterio está dirigido por el padre Munilla (Karra Elejalde, que últimamente viste más de casulla que de camisa), un hueso duro de roer de la vieja escuela, que enseguida recela de las ideas del padre Salvador.

El Langui es Ramón, un monje optimista del convento de San Teodosio. (DeAPlaneta)
El Langui es Ramón, un monje optimista del convento de San Teodosio. (DeAPlaneta)

Hasta que el monasterio entra en quiebra y el Obispado decide vender el terreno a Paradores y así, de paso, sacarse unas perras gordas. Como solución para evitar el desahucio, el padre Salvador propone que San Teodosio participe en la Champion Clerum, un campeonato de fútbol que enfrenta a congregaciones de todo el mundo y cuya gran final se juega en el mismísimo Vaticano. Si el monasterio gana el torneo, no podrán cerrarlo. El problema: que ninguno de los monjes —salvo, obviamente, el brasileño— sabe jugar.

El monasterio decide participar en un campeonato de fútbol que enfrenta a congregaciones de todo el mundo

'Que baje Dios y lo vea' es el primer largometraje de Curro Velázquez como director, y se nota. Es un desfile de problemas de ritmo, de tiempo y de montaje, y durante todo el metraje persiste una sensación de película a medio cocinar. El guionista de la saga 'Fuga de cerebros' y de series como 'Los hombres de Paco' y 'El chiringuito de Pepe' no remata las secuencias y, en algunos momentos, el espectador tiene incluso problemas para saber dónde, cuándo y qué está ocurriendo en la pantalla.

Joel Bosqued y Macarena García en 'Que baje Dios y lo vea'. (DeAPlaneta)
Joel Bosqued y Macarena García en 'Que baje Dios y lo vea'. (DeAPlaneta)

Karra Elejalde vuelve a interpretar al viejo cascarrabias y Macarena García a la joven dulce e idealista, papeles a los que ya le tienen perfectamente tomada la medida. El Langui es, junto a Elejalde, el protagonista más carismático de un reparto cuyos personajes —quizá por la cantidad— están trazados de forma muy esquemática. Probablemente, el principal problema de la película es que toda ella está trazada de forma muy esquemática. Los partidos de fútbol, en los que en teoría reside el destino del monasterio, no tienen emoción porque están diseñados como un puro trámite para encadenar situaciones absurdas no demasiado conseguidas.

Cartel de 'Que baje Dios y lo vea'.
Cartel de 'Que baje Dios y lo vea'.

También queda a medio explotar la relación entre los personajes de Elejalde y Alain Hernández, que en ningún momento llegan a un enfrentamiento demasiado frontal y que deja sin exprimir, de nuevo, el contraste. Y tampoco funciona del todo la historia de amor, que tiene tono casi más de drama romántico que de comedia y que acaba cogiendo un peso exagerado dentro de la trama. 'Que baje Dios y lo vea' repite la fórmula triunfal de comedia fácil y actores conocidos que tan buen resultado da en taquilla, pero que tan rápido se olvida. Más Berlangas y más Cuerdas y menos chistes de gitanos que venden bragas en el mercadillo.

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