vuelve la guerra cultural a madrid

Carrozas travestis, Paracuellos y otras profanaciones para trolear la Navidad

Batalla campal simbólica por la cabalgata de Reyes de Vallecas en estas fechas tan entrañables

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Como todos los años por estas fechas, especialmente desde la llegada de Ahora Madrid al ayuntamiento, vivimos una intensa guerra cultural sobre los rituales navideños. La izquierda ve la cabalgata de Reyes como una oportunidad de modernizar la estética de las fiestas, mientras la derecha reclama la condición de celebración tradicional. En realidad, las posiciones dan un poco igual, ya que ningún bando escucha realmente al otro. “Yo ya iría con todo en la cabalgata y pondría a Stalin, Satán y Herodes. Te la van a montar igual, pues al menos te ríes”, tuiteaba el periodista de izquierda Antonio Maestre. “Vallecas tendrá una carroza con tres reinas, una de ellas 'drag queen'. Carmena sigue desnaturalizando las navidades", denunciaba el PP de la capital. En realidad, la carroza LGTBI+ no sustituye a Melchor, Gaspar y Baltasar, sino que los acompaña. Y no incluye a una 'drag queen', sino a la conocida travesti La Prohibida. Y solo ocurre en un barrio de Madrid.

Da igual el nivel de exageración: ambos contrincantes parecen enzarzados en ver quién la dice más gorda. Por ejemplo, Izquierda Unida de Madrid mandó una felicitación navideña donde ardía el clásico árbol, una provocación sin explicación. Cosecharon 600 comentarios en pocas horas, casi todos críticos, uno de ellos del PP madrileño. Tuiteros desaforados escriben que transgresiones como la carroza gay son cosas que pasan “cuando dejas gobernar a los que fusilaron 57 niños católicos en Paracuellos”. El diálogo para besugos está servido.

Regalar la concejalía al PSOE

Recuerdo una propuesta, psicódelica pero sensata, que escuché tras la presentación de un libro en Lavapiés. “¿Por qué no le regala Carmena la Concejalía de Cultura al PSOE? Guillermo Zapata, Celia Mayer... No le da más que problemas. Así ellos podrían vestir a los Reyes de Ágatha Ruiz de la Prada y Ahora Madrid tendría más tiempo para atender La Cañada Real o apoyar la vida cultural de los barrios de fuera de la M-30”, proponía una activista. Básicamente, estaba apuntándose a la tesis del periodista Thomas Frank, autor del ensayo clásico ‘¿Qué pasa con Kansas? Cómo los ultraconservadores conquistaron el corazón de Estados Unidos’ (2004).

El texto explica que el partido republicano forja sus lazos con las clases populares basándose en afinidades simbólicas como la bandera, la Navidad o la familia tradicional. Frank afirma que estas “guerras culturales” son soluciones identitarias a problemas materiales. La estrategia es exitosa y similar a la que intentan cada día el Partido Popular, la COPE y Federico Jiménez Losantos. Es más sencillo coincidir en lo abstracto (patriotismo) que en lo concreto (impedir los paraísos fiscales o acabar con las concentraciones monopolísticas). Por cierto, Andrea Levy (PP) mostró públicamente su admiración por el ensayo de Thomas Frank. Al otro lado del espectro político, Íñigo Errejón reconoció que el texto es un clásico, ya que demuestra que “los reaccionarios entienden mejor a Antonio Gramsci”. Por eso suelen ganar casi todas estas guerras culturales.

Niños sin regalos

Tanto los progresistas como los neoconservadores —a ambos lados del Atlántico— parecen más cómodos discutiendo sobre estéticas navideñas que poniéndose de acuerdo en un programa contra la pobreza infantil. El pasado verano, un estudio de Unicef sacaba los colores a España al desvelar que somos el tercer país de Europa en este campo, solo superados por Rumanía y Grecia. Casi el 40 % de nuestros niños vive por debajo del umbral de la pobreza, lo que supone un aumento de nueve puntos entre 2008 y 2014. “Fachas se indignan por el disfraz de Reyes Magos/ y se la suda que existan niños sin regalos…”, tuiteaba hace unos días el rapero valenciano Toni Mejías, de Riot Propaganda y Los Chicos del Maíz. Se trata de una rima de su canción 'La soledad del corredor de fondo'. No es solo lo que la izquierda considera 'fachas': ni el PSOE ni el PP han logrado avances significativos para atajar la extrema vulnerabilidad infantil. Quizás habría que preguntarles por esto cada Navidad, en vez de por sus preferencias de vestuario para las carrozas.

Trolear las tradiciones

La novedad de este año es que la izquierda no solo se defiende, sino que también ataca. Por ejemplo, recordando que las carrozas patrocinadas por El Corte Inglés de las legislaturas de Ana Botella (PP) no eran precisamente una tradición milenaria inaugurada en Galilea. Seguramente hay votantes de derecha a los que tampoco les harían mucha gracia estas cabalgatas corporativas. En Barcelona, Ada Colau sigue siendo objeto de las críticas, este año centradas en su 'Belén flotante', que coloca las figuras sujetas por mástiles de madera.

Cada novedad estética es observada con lupa por la derecha, cuidadosa de evitar distancias con el público más tradicional

Cada novedad estética es observada con lupa por la derecha, cuidadosa de evitar distancias con el público más tradicional. Mientras tanto, los más gamberros de cada familia se divierten troleando las tradiciones, por ejemplo en el popular vídeo titulado 'The Fackin Villancico', que convierte el Belén de toda la vida en una 'rave' con tortugas ninja, San José de mala hostia y pastores colocados de marihuana, repartida por el rey negro. El ritmo es reguetonero y viene firmado por Lomogoldo y Cañaelomo. Apenas pasa de 5.000 visitas en YouTube, pero ha corrido como la pólvora en grupos de WhatsApp durante las fiestas. A estas alturas del siglo XXI, parece imposible concebir una Navidad que no sea un campo de batalla pop.

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