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'Molly's Game': Jessica Chastain es la reina del póquer clandestino

En su debut como director, Aaron Sorkin se pone al servicio de la actriz en un filme de aires scorsesianos sobre el auge y caída de la jefa de las timbas más exclusivas

Foto: Jessica Chastain protagoniza el debut en la dirección del guionista Aaron Sorkin. (EOne)
Jessica Chastain protagoniza el debut en la dirección del guionista Aaron Sorkin. (EOne)

El arranque de 'Molly's Game' es puro Sorkin. Desde la voz en 'off', la protagonista plantea una pregunta llamativa a partir de una encuesta, "¿qué es lo peor que puede pasarte en el mundo del deporte?", para desplegar a continuación una serie de datos al respecto a un ritmo más que picado y acabar desvelando una historia personal dramática que barre toda la ingente cantidad de información vertida justo antes. El primer episodio de 'The Newsroom', una de las series que contribuyeron a forjar el prestigio de Aaron Sorkin como creador televisivo, tiene un inicio parecido. Una estudiante le pregunta al protagonista encarnado por Jeff Daniels por qué Estados Unidos es el mejor país del mundo (sic). Allí el periodista estrella también dispara una infinita ráfaga de datos que parecen desmentir la premisa de la universitaria para acabar ofreciendo igualmente una pirueta dramática en su discurso que desemboca en su propia reivindicación patriótica.

El responsable de 'El ala oeste de la Casa Blanca' o del guion de 'La red social', de David Fincher, es un experto en la gestación de diálogos que los personajes recitan más rápido de lo que el espectador puede asimilar, modulados para crear evidentes efectos dramáticos. El cultivo del verbo por parte de Sorkin encaja en el sistema de valores que desprenden la mayoría de sus obras audiovisuales. El guionista reivindica ese mundo predigital en que las palabras eran el principal instrumento de cohesión democrática y construcción narrativa. No por casualidad, sus dos series más celebres, 'El ala oeste...' y 'The Newsroom', están dedicadas a celebrar dos oficios fundamentales en la sociedad, la política y el periodismo respectivamente, que se defendían a través del arte del lenguaje oral o escrito.

Jessica Chastain, en 'Molly's Game'. (EOne)
Jessica Chastain, en 'Molly's Game'. (EOne)

Aquello que diferencia el arranque de 'Molly's Game' del de 'The Newsroom' es la concepción visual. A Jeff Daniels lo veíamos recitar su perorata en el aula magna de una facultad. En cambio, Jessica Chastain nos habla desde la voz en 'off' mientras una combinatoria de diferentes imágenes y gráficos ejerce de contrapunto visual a su narración. Como si en su debut tras la cámara Sorkin quisiera dejar claro que como director no se iba a conformar con poner las imágenes al servicio de su propio texto.

'Molly's Game' es una película al servicio de un personaje femenino potente y complejo

Otro elemento diferencia las creaciones televisivas de Sorkin de su ópera prima cinematográfica: la mujer como protagonista. En un movimiento todavía poco habitual en el cine de Hollywood, 'Molly's Game' es una película al servicio de un personaje femenino potente y complejo que se define por su talento profesional y llena toda una película sin necesidad de apelar al romanticismo. Jessica Chastain encarna un trasunta de Molly Bloom (sí, como la protagonista del 'Ulises' de James Joyce), antigua esquiadora olímpica que acabó convertida en organizadora de timbas de póquer clandestinas para las élites del mundo global hasta que la policía desbarató su negocio. Bloom detalló sus peripecias en un libro que ha servido de inspiración para la película de Sorkin.

Jessica Chastain e Idris Elba, en la ópera prima de Aaron Sorkin. (EOne)
Jessica Chastain e Idris Elba, en la ópera prima de Aaron Sorkin. (EOne)

El arranque de 'Molly's Game' también nos da a entender que, si en el estilo literario Sorkin sigue fiel a sí mismo, en lo que a construcción narrativa visual se refiere bebe directamente del cine de Martin Scorsese y sobre todo de su trilogía en torno al auge y caída de mafiosos varios. Aunque de pequeña no deseaba ser un gánster, Molly Bloom recuerda al Ray Liotta de 'Uno de los nuestros'. Como él, la protagonista desgrana su historia personal de manera retrospectiva una vez la policía la ha detenido por sus actividades. Y de la misma manera detalla su camino de ascenso y caída en una subcultura fuera de la ley tan peligrosa como lucrativa, en este caso el mundo de las partidas de cartas para millonarios y famosos.

Molly Bloom detalla su camino de ascenso y caída en una subcultura fuera de la ley tan peligrosa como lucrativa

La inspiración scorsesiana, sin embargo, no acaba de cuajar. Aunque Sorkin se esfuerza por dar cierto empaque visual a su filme, sigue siendo la voz en 'off' de la protagonista la que marca el ritmo de la película. Tampoco consigue el responsable de 'El ala oeste...' convertir el mundo del póquer clandestino en uno de esos universos cerrados con reglas propias que tan bien plasma el director de 'El lobo de Wall Street'. Y mucho menos transformarlo en una metonimia de la sociedad capitalista en su máxima expresión.

Jessica Chastain y Chris O'Dowd, en 'Molly's Game'. (EOne)
Jessica Chastain y Chris O'Dowd, en 'Molly's Game'. (EOne)

El misterioso actor que prefiere jugar a apostar, el trágico hombre común que podría haberse escapado de 'El jugador' de Dostoievski, el simpático pesado que resulta más peligroso de lo previsto... Sorkin esboza una fauna variada entre la que se mueve Molly, pero ningún secundario brilla con especial personalidad. Está claro que al director le interesa más el individuo que el sistema, aunque tampoco saca punta a la idea que flota sobre toda la película. Al fin y al cabo estamos ante una mujer sola mandando y gestionando un universo íntegramente habitado por hombres.

Cartel de 'Molly's Game'.
Cartel de 'Molly's Game'.

Bloom cuenta con dos contrapuntos masculinos a partir de los que Sorkin intenta afilar su mejor arma, el intercambio dialogístico. Por un lado, el abogado que la defiende ante la justicia, Charlie (Idris Elba), cómplice profesional que la ayuda a remontar en el momento más bajo de su trayectoria. Charlie mantiene una relación con su hija adolescente que funciona como reflejo de la de Molly con su padre Larry (Kevin Costner). Una figura, la paterna, que acaba echando por la borda todo el capital feminista que había acumulado el filme. Porque tras dos horas reivindicando a esta mujer hecha a sí misma que se labra un camino ella sola en el exclusivo y machista entorno de las timbas de póquer clandestinas, resulta que todo es gracias a un padre autoritario, explotador y mentiroso, pero al que hay que celebrar.

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