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La nueva EBAU: estudiantes a velocidad de tren extremeño
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La nueva EBAU: estudiantes a velocidad de tren extremeño

¿Que los alumnos no alcanzan los conocimientos mínimos? Se aligeran las materias. ¿Que ni aun así consiguen pasar de curso en una proporción razonable? Se les permite promocionar con más suspensos

Foto: Foto: iStock/CSA.
Foto: iStock/CSA.

La nueva EBAU es la guinda de la reforma de Celaá-Alegría. Un marcador preciso de la desconfianza en las capacidades de los niños de este curioso Partido Socialista del siglo XXI, llamado inclusivo, que intenta incluir a todo el mundo en la nada. Se baja el criterio de evaluación, se desbrozan las materias, se perdonan los suspensos y se propone un examen de acceso a la universidad sin exigencias.

Luego, quizá, nos venderán como un éxito la subida de notas. Según leo, España lleva mejorando en notas desde hace lo menos dos reformas educativas. No lo llaman progreso los expertos, sino inflación, porque la proliferación de sobresalientes no ha implicado que el nivel del estudiante haya mejorado. Los alumnos leen peor, entienden poco y poseen menos conocimientos, pero cada vez con mejor nota.

Foto: Pruebas de la EBAU en Murcia. (EFE/Marcial Guillén) Opinión

¿No es fabuloso? El método es de lo más original, análogo al que ha logrado que el tren de Extremadura deje de llegar tarde. ¿Os enterasteis? Primero vendieron una línea de alta velocidad que luego iba a paso de regional exprés. ¿Fracaso? En absoluto, porque salió el presidente de Renfe a decir que iban a cambiar el tiempo de trayecto en los billetes, y así el tren que llegaba tarde porque decía que tardaba hora y media, de pronto decía tardar dos horas y media, y llegaba a tiempo.

Es como luchar contra una ola de calor cambiando la numeración de los termómetros. ¿45 grados a la sombra? Ahí pone 'fresquito'. Intentaron lo mismo con los indicadores de la recesión económica: crecimiento negativo. Os recomiendo el método de resolución de problemas, por ejemplo, si llegáis tarde a una reunión: no tenéis más que cambiar de hora vuestro reloj de pulsera y proclamar ante los impacientes compañeros que son ellos quienes se han adelantado.

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Pues lo mismo. ¿Que los alumnos no alcanzan los conocimientos mínimos? Se aligeran las materias. ¿Que ni aun así consiguen pasar de curso en una proporción razonable? Se les permite promocionar con más suspensos. ¿Que esto tampoco pinta mejor la cara española ante los 'rankings' internacionales? Pues una EBAU con el 75% en modo 'madurez' y los contenidos relegados el cuarto restante. Joder, es magia.

En fin. Lo peor de todo es que, por más inclusivo que se venda el plan, este caminito de reformas supone un abandono de las clases populares. Al Gobierno le preocupan más los 'rankings' europeos que el grado de aprendizaje de los alumnos. Los dejan en la ignominia educativa para que España saque buena nota en las competiciones. Se da por perdidos a los chicos. Si la nueva EBAU estuviera diseñada por un Gobierno de aristócratas decimonónicos movidos por su rencor hacia la gente pobre, como en una película de Buñuel, entonces encajaría mejor la historia.

Foto: Alumnos de Educación Secundaria. (Efe)

Leo estos días algunos textos de los viejos socialistas republicanos. A los krausistas de la Institución Libre de Enseñanza. A los del Ministerio de Instrucción Pública. También a los anarquistas y comunistas, a los promotores de las bibliotecas ambulantes para los campesinos y a los del programa de lectura en las trincheras.

Hay un salto olímpico, cósmico, surrealista, entre la forma que tenía la izquierda de entender la educación en aquel tiempo de analfabetismo extendido, sistémico y caciquil, y en este, de analfabetismo funcional con una escolarización obligatoria, nota de corte comparada, universidad para todos y 'rankings' de PISA. Ese salto radica en la desconfianza profunda, arraigada, hacia las capacidades de aprendizaje, de esfuerzo y de superación de los alumnos.

Los viejos socialistas entendían la ignorancia como una carencia. Les parecía un vector de la desigualdad y sostenían que una sociedad más culta sería una sociedad más libre. Los socialistas de hoy, por el contrario, parecen entender la ignorancia como un derecho, puesto que la están blindando. La nueva EBAU no es más que otro clavo en el ataúd de la igualdad de oportunidades. Ojalá estos devaluadores de la educación leyeran un poco a Andreu Navarra.

La nueva EBAU es la guinda de la reforma de Celaá-Alegría. Un marcador preciso de la desconfianza en las capacidades de los niños de este curioso Partido Socialista del siglo XXI, llamado inclusivo, que intenta incluir a todo el mundo en la nada. Se baja el criterio de evaluación, se desbrozan las materias, se perdonan los suspensos y se propone un examen de acceso a la universidad sin exigencias.

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