¿Por qué la educación es cada vez peor en España? Habla (mal) un profesor de instituto
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'BORREGOS QUE LADRAN'

¿Por qué la educación es cada vez peor en España? Habla (mal) un profesor de instituto

El profesor de instituto Juan Izuzkiza analiza en 'Borregos que ladran' los principales problemas del sistema educativo español

placeholder Foto: Alumnos de Educación Secundaria. (Efe)
Alumnos de Educación Secundaria. (Efe)

Juan Izuzkiza llevaba una vida como profesor en un pequeño instituto del País Vasco hasta que lo trasladaron a un "macrocentro público" en el que se concentraban "los malotes" de la zona para impartir la asignatura de Valores Éticos. Izuzkiza pasó a sentirse como un "carcelero" frente a un grupo de alumnos demasiado grande, demasiado desmotivado, con continuos cambios de planes de estudio y dentro de un sistema que ni los estimula ni los educa y donde el profesor ha perdido la autoridad. "He visto cosas que vosotros no creeríais. He visto volar mesas cayendo al patio desde una tercera planta, baños inundados todos los martes (¿o suele ser los jueves?), mapas de escupitajos de múltiples colores y diversas densidades esparcidos por todo el espacio imaginable, basureras volcadas en los pasillos, puertas rotas, paredes golpeadas…", relata en su ensayo 'Borregos que ladran' (De Conatus, 2021).

Después de años como docente y sintiéndose de manos atadas frente a la hiperburocratización del sistema educativo, la falta de confianza de los padres en el profesorado y un alumnado con pocas ganas de aprender, Izuzkiza decidió volcar todas sus frutraciones profesionales en 'Borregos que ladran', una especie de manual en el que recopila casos reales ocurridos en sus clases y reflexiones sobre cuáles son los principales problemas y las posibles mejoras de una escuela que, según su punto de vista, es "una organización, mal que le pese, más política que ética, y cuando quiere conjugar ambas, cuando quiere ser primero referente ético para luego serlo político, yerra y hace el ridículo con su organización timorata".

placeholder Una profesora imparte una clase de matemáticas en el IES Simone Veil de Paracuellos del Jarama. (Efe)
Una profesora imparte una clase de matemáticas en el IES Simone Veil de Paracuellos del Jarama. (Efe)

"Este libro nace del enfado", admite el autor al otro lado de la pantalla del ordenador. "El enfado hay dos formas de eliminarlo: ponerme a hacer barbaridades o sublimarlo con algo que escriba. Tuve una sensación que nunca había sentido hasta entonces como profesor. En mí convivían dos personajes: el que da clases, que era alguien que siempre había reconocido, y el otro el que se escaquea de todo el papeleo, el análisis de datos y todos elementos obsesivos que nos pide el sistema y que si no los cumples viene la inspección a darte la vara con programaciones absolutamente irreales. Pensaba hacer una guía para padres despistados, pero sobre todo quería quitarme esa espina con la Administración que te pide papeles y papeles que no sirven para nada. La Administración también lo sabe y todos hacemos el papel". En 'Borregos que ladran', Izuzkiza a través de sus vivencias la situación de todos los agentes implicados en la cadena educativa: los profesores, por su puesto, los alumnos, los padres, los gestores, los políticos, y parte de la premisa de que "la escuela no está para cambiar el mundo, ni tiene la capacidad real de mejorarlo (ni de empeorarlo, menos mal)".

"La escuela es un reflejo de la sociedad", apunta. "Una escuela en la que se lee poco es un reflejo de una sociedad en la que no se lee. Los profesores no tenemos una capa de superhéroes para alegrar la sociedad, pero se nos presupone que, a partir de ese pequeño granito o forúnculo, cambiemos el mundo. Esa soberbia incapacita para actuar". ​

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Izuzkiza no esconde que, según él, gran parte del problema de la educación reposa en "el buenismo imperante" que no respeta las leyes y se centra en exceso en la protección de un alumno "que es perfector en tanto en cuanto es alumno". En el libro cita referentes como Michel Houellebecq, Camille Paglia o Jordan B. Peterson sobre la posición de huida en retirada del "hombre-varón actual" en las escuelas, al que en muchas ocasiones se tacha como "defectuoso". "Lo que yo alcanzo a sentir con las charlas 'inclusivas' es el peso de la confección de dos equipos, bien diferenciados y excluyentes. Y ahí ya hemos montado el lío: un grupo siempre es el bueno y el otro el malo. El bueno proviene del mundo de las víctimas y el malo del de los verdugos [...]. Se puede considerar, por ejemplo, que lo que se dice en las charlas de igualdad es directamente generador de desigualdad", sentencia respecto a las nuevas políticas de género dentro de los planes de estudio. También se queja de la dificultad de los padres para confiar en las personas sobre las que depositan la labor educacional de sus hijos. "Todos pensamos que somos padres corresponsables, pero muchos, en realidad, somos permisivos, o demasiado protectores o negativos, que son los que siempre delegan. Si todos fuesemos corresponsables sería un mundo ideal".

El profesor cree que se pierde demasiado tiempo en cuestiones para él accesorias y menos en el conocimiento que debería transmitirse en la escuela. "El conocimiento enseñable como tal no es el centro de la educación", desarrolla. "Los conceptos han perdido importancia y los profesores no saben muy bien qué hay que enseñar. Como el alumno se aburre, la escuela tiene que intentar seducirlo. El alumno, que lo sabe, pasa a ser un sujeto totalmente pasivo, porque sabe que siempre la escuela va a ir a buscarlo. Cualquier cosa vale, porque al final todo el mundo consigue éxito académico incluso en las zonas con mayor abandono escolar". Según el último informe de la Encuesta de Población Activa del Ministerio de Educación que mide cuánta gente entre 18 y 24 años han obtenido, como mucho, el título de ESO, la tasa de abandono escolar temprano se situó en 2020 en el 16%, la cifra más baja contabilizada en España. "Andalucía, con un 21,8% de abandono, y Baleares, con un 21,3%, lideran el fracaso educativo, mientras el País Vasco, con un 6,5%, es la que presenta la menor tasa", subtitula 'El País'.

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Juan Izuzkiza en una fotografía reciente.

"Yo era un estudiante cafre y tenía compañeros igualmente cafres", recuerda. "Entonces también nos aburríamos en clase. Pero, ¿qué ha cambiado desde entonces? Todavía no he encontrado ni un profesor que me diga que se enseña mejor ahora que antes. La diferencia es que antes si tú no hacías lo que el sistema te pedía, salías del sistema. Suspendías. Repetías. Ahora el conocimiento se pone en cuestión y el sistema educativo ya no pivota alrededor de dicho conocimiento, sino del alumno, que es perfecto en tanto en cuanto es alumno". Para Izuzkiza, los pedagogos buscan eliminar la figura del profesor y elaboran planes de estudios individualizados en los que el niño no tiene que adaptarse al conocimiento existente, sino que el conocimiento tiene que adaptarse al niño. "Pero cuando llega la Selectividad, surge la angustia de las notas, de los cortes, y cambian las reglas de juego y el alumno no entiende qué ha pasado. Cuando veo estas cosas algodonosas de la nueva pedagogía, no las entiendo, porque lo que te gusta académicamente se encuentra estudiando y no al revés".

La crítica de 'Borregos que ladran' también se dirige a la injerencia de los pedagogos y políticos en el sistema educativo mediante los cambios legislativos que impulsa cada Gobierno. El pasado noviembre, el Congreso aprobó la Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE), la octava ley que ha modificado los planes educativos españoles desde 1980. Cuatro de esas modificaciones se han hecho en los últimos 18 años. "El protocolo está detrás de los planes, de las programaciones, de las formaciones, el protocolo que todo lo ocupa es la triste y estúpida estrategia estrella. Y esconde algo más terrible aún. No se quieren testigos del terror que vive la autoridad educativa, siempre cortoplacista. Se inventan diez mil obsesionantes formas de evaluar a los alumnos, porque en el bombardeo se oculta el terror a que sean los alumnos quienes valoren el sistema", opina el profesor.

Tenemos que estar pendientes de los cambios legislativos y eso absorbe mucho tiempo que no se dedica a la enseñanza

"Estos cambios legislativos son una perversión", sentencia, "porque estas leyes columpio en las que viene cada uno con una ocurrencia provocan algo muy dañino para la democracia, que es que no nos tomemos en serio la ley. Dejé de leer las leyes que me afectaban porque no me las tomaba en serio y si en una democracia no te tomas en serio la ley, mal vamos. Creo que en estoy hay que ser kantiano: cuando no te gusta una ley tienes que seguir obedeciéndola y luchar para cambiarla. Tenemos que estar constantemente pendientes del CIS para conocer los cambios legislativos y eso absorbe mucho tiempo que no se dedica a la enseñanza en sí".

Pero Izuzkiza no pierde la esperanza. El profesor cree en que si se vuelve a poner el foco en la educación, si los maestros consiguen volver a educar con afecto y vocación y no dejarse llevar por la inercia, si la alegría y el amor por el conocimiento vuelven a hacerse fuertes en las aulas, si los padres depositan realmente su confianza en los docentes, si los estudiantes adoptan un papel más activo en su propia educación, conseguiremos que "la escuela no sea un gris reflejo de los males que asolan al mundo, que no es poco".

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