ENTREVISTA

Camille Paglia: "Gracias a los hombres, las mujeres tenemos lavadoras"

Deusto reedita en castellano 'Sexual personae', el libro con el que en 1990 Camille Paglia se convirtió en el azote del feminismo hegemónico

Foto: Camille Paglia. (Michael Lionstar)
Camille Paglia. (Michael Lionstar)

Azote del feminismo 'mainstream', fábrica de controversia a borbotones, referente de pensadoras pop como Virginie Despentes, Susan Pinker y Claire Lehmann, archienemiga de las ideas de Lacan, Derrida y Foucault, profesora de la Universidad de Arte de Filadelfia desde 1984, ensayista y tertuliana, Camille Paglia (Endicott, Nueva York, 1947) descubrió el activismo feminista en los últimos años de instituto, antes incluso de la irrupción de la segunda ola, cuando Estados Unidos estaba inmerso en la lucha por los derechos civiles. Discípula de Harold Bloom, en 1990 publicó 'Sexual personae', un ensayo que reflexiona sobre la sexualidad y el erotismo a través de la historia, el arte, la ciencia y la literatura de la cultura occidental, desde la Antigüedad hasta el siglo XIX, y en el que Paglia ya define las puntas de lanza de su pensamiento respecto al papel de la mujer en el ámbito privado —el sexo— y el ámbito público —la sociedad—.

Ahora, la editorial Deusto reedita este ensayo en castellano, en un momento en que movimientos como el #MeToo y el activismo feminista y LGTBI+ han irrumpido con fuerza en el debate público, cada vez más encarnizado.

Portada de 'Sexual personae'.
Portada de 'Sexual personae'.

PREGUNTA. Antes de que la Universidad de Yale decidiese publicar 'Sexual personae', siete editoriales rechazaron su manuscrito. ¿Por qué?

RESPUESTA. Mi libro lo rechazaron siete editoriales y cinco agentes literarios. Parecía que no iba a vivir para ver el libro publicado, hasta que el sello de la Universidad de Yale lo aceptó. Aun así, pasó varios años en producción, porque era demasiado largo, más de lo que es ahora, incluso, porque había algunos capítulos dedicados a Hollywood, pero decidimos parar después de la Primera Guerra Mundial.

P. 30 años después de su publicación, 'Sexual personae' aún levanta ampollas y usted sigue siendo un personaje incómodo para muchas feministas. ¿Cómo ha cambiado su relación con ese feminismo desde entonces?

R. Yo fui feminista antes incluso de que el feminismo de la segunda ola empezase, cuando en 1966 Betty Friedan cofundó la Asociación Nacional para las Mujeres, que fue la primera organización enfocada a los derechos de la mujer desde que las mujeres consiguieron el derecho al voto en 1920 en Estados Unidos y un poco después en Inglaterra. Yo ya estaba ahí antes de eso. Era una estudiante de 16 años que se había sentido inspirada leyendo ‘El segundo sexo’ de Simone de Beauvoir y decidí escribir a la revista ‘Newsweek’ hablándoles de los derechos de la mujer. Era 1963 y ya había hecho pública mi petición por la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer. Yo era como las otras feministas, que se vieron arrastradas por el movimiento, pero yo fui a la biblioteca y estudié Historia, estudié Biología, estudié Antropología y Arqueología.

No se aceptaron mis puntos de vista porque, automáticamente, la ideología tomó la medida al movimiento y empezó a haber una corriente que hoy es cada vez peor, la del odio hacia el hombre. Y creo que es terrible que las feministas más mayores estén empujando a las más jóvenes a estar resentidas con los hombres y a considerar a los hombres como opresores. Porque, tal y como he demostrado en mis investigaciones, es precisamente gracias al hombre —que ha construido la civilización, la modernización en la Revolución industrial— que la mujer de hoy tiene un trabajo fuera de casa para ser independiente de un marido, un hermano, un padre.

P. ¿Gracias al hombre?

R. Sí, son los hombres los que están preservando constantemente el entorno físico que nos rodea, los que nos proporcionan el confort necesario, la conveniencia y el tiempo para que nosotras escribamos libros, tengamos trabajo y más cosas. Gracias al hombre tenemos lavadoras que nos quitan de encima todas esas tareas que antes teníamos que hacer. Y ese fue uno de los puntos más controvertidos de la publicación de ‘Sexual personae’ en 1990. También mi posición a favor de la prostitución. Y mi interés por la pornografía. Es verdad que era un periodo en el que el posestructuralismo estaba haciéndose fuerte en las universidades con la idea de que la historia no existía, sino que eran todo relatos y que cada relato sobre la historia es una mentira. La historia es cíclica y las civilizaciones se levantan, llegan a un clímax y decaen. Así que había varios motivos para que mi libro fuese polémico.

Gracias al hombre —que construyó la civilización—, la mujer de hoy tiene un trabajo para ser independiente

P. Pero si en el arte, en la literatura y en la historia las voces mayoritarias han sido las masculinas y la mujer apenas ha tenido un papel representativo, ¿no queda esa narración mutilada o incompleta?

R. Cuando estaba escribiendo el libro, hubo mucho debate sobre si la historia la crearon los hombres y sobre si la razón de que no existiese un artista como Miguel Ángel en mujer era el resultado de la represión social sufrida por las mujeres, a las que apartaron de sus posibles carreras. Yo, como estudiante de Arte, estoy totalmente en desacuerdo con esta afirmación. Creo que no hay una Miguel Ángel mujer por otras razones: no hay una Mozart mujer porque no hay un Jack el Destripador mujer tampoco. Lo que digo en el libro es que el arte, a lo largo de la historia —aunque en civilizaciones como la egipcia está destinado a la gloria del faraón, o en el Renacimiento, a la gloria de la Iglesia—, el arte de los genios del nivel de Miguel Ángel o Leonardo o Mozart es el resultado de la desesperación y la ansiedad que sienten los hombres, sofocada y controlada por las mujeres.

Porque la identidad masculina es muy frágil; el feminismo ha cometido el gran error de dar por hecho que el hombre tiene el poder verdadero y que las mujeres no tienen nada, pero ¡no! Los hombres saben que las mujeres tienen todo el poder. Porque es la mujer la que engendra al hombre, y el hombre tiene marcado en la memoria su paso por el útero materno, de ser expulsado de él. Y por ello tiene un sentimiento ambivalente hacia las mujeres, porque quiere volver al útero, pero a la vez se siente asfixiado. Por eso existe esa tensión entre los sexos. Por eso las madres, a lo largo de la historia, han sido conscientes de la fragilidad de la masculinidad de sus hijos. Los hombres tienen que demostrar constantemente su masculinidad, mientras que las mujeres son mujeres desde que les viene la menstruación. No tienen que hacer nada más. Se convierten en mujeres de la noche a la mañana. Mientras que los hombres, como ha demostrado la antropología en todo el mundo, siempre han tenido que pasar unas pruebas, una señal que les diga que son hombres. Por ejemplo, los nativos americanos, cuando los chicos tenían 11 o 12 años, los mandaban al bosque o los metían en un hoyo, los abandonaban allí durante una semana, sin comida ni agua, y tenían que sobrevivir para convertirse en hombres.

Lo que quiero decir es que el arte en sí es una deformación de la normalidad, es una obsesión que destruye las relaciones humanas en pos de la creación. La razón por la que no hay grandes mujeres artistas es porque las mujeres no están lo suficientemente locas para mutilar sus vidas y cortar cada relación humana para crear algo más grande que la vida. La idea de que las mujeres tenemos que enseñar a los hombres a ser más compasivos, enseñarlos a ser más como nosotras… ¡No! Las mujeres, entonces, serán muy infelices si siguen intentando feminizar así a los hombres. Todos los hombres gais saben cómo hablar a las mujeres, porque son unos grandes conversadores, y les encanta el cotilleo. No sé de dónde viene eso, pero la mayor parte de mis amigos son gais y yo soy más parecida a un hombre gay que a una mujer convencional: me encantan las estrellas de cine y el cotilleo.

Camille Paglia. (Michael Lionstar)
Camille Paglia. (Michael Lionstar)

P. Hoy, la llamada cuarta ola del feminismo exige cambios legislativos en pos de la igualdad entre sexos y la erradicación de la violencia contra las mujeres. ¿Cuáles son, según su opinión, los aspectos más criticables de esta cuarta ola?

R. En los años noventa, las organizaciones feministas eran ya muy poderosas, con Gloria Steinem y compañía, y me atacaron nada más publicarse mi libro. Steinem me trató de nazi. Era ridículo. Cuando iba a dar charlas a las universidades, protestaban. Pero los medios de comunicación estaban muy interesados en mí y me dieron el espacio para dar a conocer mi trabajo: salí en programas, consideraban que era muy divertida y que no era tan horrible. La manera que tiene el feminismo imperante de destruir a su oponente conmigo no funcionó, porque yo era muy entretenida: los fotógrafos venían y yo posaba de forma diferente, con una espada o algo —tengo muchas espadas—, como en el caso de ‘Time’.

Pero lo que ha ocurrido durante las últimas décadas, lamentablemente, es que las organizaciones feministas y sus líderes, que tenían una historia larga de activismo político, han desaparecido totalmente y han sido sustituidas por las redes sociales y Twitter, y hay esta especie de histeria provocada por actrices, por gente como Ashley Judd, gente con graves problemas psicológicos, que ahora ostentan un poder enorme y comparten su experiencia en Facebook desde hace tres años y han formado una ola de irracionalidad. Ahora es casi imposible que la gente piense de forma seria sobre asuntos de género por culpa de esta histeria generada por estas 'celebrities' marginales como Ashley Judd o Rose McGowan y gente como ellas. Es un problema. Ahora, a las personas que tienen puntos de vista sensatos sobre la sexualidad las están silenciando y no pueden participar del debate público, que está dominado por las mafias tuiteras. Lo mismo que está pasando en la política. Todo es caótico.

Obviamente, pienso que el movimiento #MeToo ha sido bueno en tanto en cuanto ha inspirado a las mujeres a hablar por sí mismas y a darse cuenta de que tienen derechos. Pero también ocurre que ahora a un hombre lo pueden acusar de repente por algo que supuestamente pasó hace 10, 20 o 30 años y sin una evidencia directa. Porque si hay una prueba clara, claro que hay que perseguirlo judicialmente, pero la democracia no consiste en que alguien pueda venir de la nada y acusarte de algo y hacerte perder el trabajo, como es el caso de Plácido Domingo, que es un gran artista al que han perseguido hasta que le han vetado de Filadelfia y de la Ópera de San Francisco.

P. También dice que uno de los aspectos que más le molestan es la culpabilización del hombre por todos los males que sufren las mujeres...

R. El principal problema es que es la primera vez en la historia en que hombres y mujeres trabajan codo con codo en los mismos espacios. El espacio de la oficina es muy limitado. A lo largo de la historia, ha habido un mundo de hombres y un mundo de mujeres. Estaban separados. Durante el día, los dos sexos tenían pocas cosas que hacer conjuntamente. Los hombres hacían sus propios trabajos, sus propias tareas y no viajaban para ir a trabajar, era una economía de subsistencia. Si tenías un don, lo utilizabas como artesano, pero la mayor parte de los hombres trabajaban en el campo. Había una solidaridad y era una forma de vida más o menos sostenible. Dura y difícil, pero la familia era un núcleo unido. La gente mayor vivía en las mismas casas que sus hijos, no les llevaban a una residencia. Y las mujeres mayores eran las que mandaban. Sabían todo sobre la maternidad, sobre la vida. Las chicas jóvenes no tenían poder. Pero toda esa presión que hay sobre la mujer trabajadora en el mundo occidental no existía: tienen que levantarse por la mañana, que lidiar con las tareas del hogar, que ir a un buen trabajo bien remunerado y compartir el espacio con los hombres, tienen que volver a casa... Gran parte de las mujeres trabajadoras de clase media que conozco son extremadamente infelices y le echan la culpa al hombre. ¡No es culpa del hombre! ¡Es culpa de una nueva estructura en la que la mujer para ser independiente tiene que ganarse su salario! Es una forma de vida muy estresante. Mientras que en tiempos anteriores las mujeres estaban en la cocina, hablando las unas con las otras, haciendo las coladas...

Ahora, a las mujeres se les pide —y a ver, estoy encantada de que me haya dado esta oportunidad de vivir como una mujer independiente— demasiado. También se les pide a los hombres que hagan más de lo que hacen. Pero cuando el hombre hace de más, ¡la mujer se queja! "Lo haces fatal!" o "¡no sabes lo que estás haciendo!". Al final, las mujeres acaban haciéndolo todo porque ellos no saben hacer las tareas del hogar. Todo este resentimiento es muy tóxico. Incluso el sexo en sí mismo se ha convertido en un problema. Mira, el sexo es una transacción entre personas. El hombre normalmente presume un mayor interés sexual del que la mujer siente. Ellas piensan simplemente que están siendo simpáticas, pero no que están transmitiendo un mensaje sexual. Los hombres normalmente malinterpretan esos mensajes, particularmente en los ambientes de oficina modernos, donde las mujeres suelen enseñar más carne. Me encanta que las mujeres lleven ropa sexy y no quiero que dejen de llevarla. Solo digo que muchas mujeres no entienden que si tú expones tu piel de esa forma, te expones a estar enviando un mensaje de carácter sexual. No digo que los hombres tengan el derecho de ponerte una mano encima, pero la comunicación sexual evoluciona y cualquier prenda de ropa envía un mensaje sexual.

El resentimiento entre sexos es muy tóxico. El sexo se ha convertido en un problema, pero no es más que una transacción entre personas

P. India es un país con una tasa muy alta de violaciones, y no es un país en el que las mujeres vayan demasiado destapadas, ¿no?

R. Dios mío, lo que pasa en India es terrible. No, lo que yo estoy hablando no tiene nada que ver con eso. Yo me refiero a la mujer en el contexto de oficina occidental. En la India tienen serios problemas, partiendo de la misoginia, pero también es resultado de la falta de poder del hombre en la sociedad. Por eso se juntan en grupos y se comportan como animales. ¡Es atroz! ¿Dónde están en estos casos las feministas occidentales? Durante años, han ignorado estas cosas. Pero, volviendo al caso, la mayor parte de esas violaciones ocurren en el entorno rural y son producto de una dislocación de la sociedad india en general. Volviendo a las chicas americanas, ahora visten con ropas que dejan expuestos su estómago, sus pantorrillas, y no ven las connotaciones sexuales. Creo que hay muchos problemas de falta de comunicación entre sexos.

P. Entonces, ¿cuál es su propuesta adaptada a la realidad de hoy?

R. A mi feminismo lo llamo feminismo de las amazonas, que habla de que toda mujer tiene la responsabilidad de proteger su propia dignidad como persona. Yo animo a las mujeres a hablar por sí mismas y pelear contra cualquier insulto a su dignidad. Aun así, hay un asunto laboral: las mujeres se callan porque no quieren perjudicar sus carreras. Pues perdón, entonces han puesto su carrera por delante de su responsabilidad hacia sí mismas como individuos hasta que todas las mujeres se han unido para crear un escenario de humillación pública para el hombre. Yo hacía lo mismo al principio, en la universidad, hasta que me di cuenta de que era excesivo. Me pasó que un tipo que no conocía de nada me rodeó con su brazo por detrás para ayudarme a cruzar una puerta o lo que fuese y yo le dije en alto: "¡No me toques!". Fue una situación excesiva. Miro ahora atrás y me doy cuenta. No había necesidad de humillar al hombre. Ese es un ejemplo de miles. No permito que haya una humillación pública que interfiera con los principios. Odio este lugar al que hemos llegado en el que en vez de animar a las mujeres a hablar por sí mismas sin embargo las animan a ir a una oficina, a mamaíta y papaíto, para rellenar una queja. Piden que la comunidad adulta las proteja. ¡Pues no! Cada mujer es responsable de su propia vida.

Harvey Weinstein abría la puerta en albornoz y nada más. ¡Y las chicas entraron en la habitación!

P. Pero en casos como el de Harvey Weinstein hablamos de supuestas violaciones en algunos casos. También hubo trabajadoras que se quejaron y dejaron su trabajo o fueron despedidas. O mujeres que pusieron una denuncia, pero que al final llegaron a un acuerdo económico con la empresa de Weinstein.

R. Lo que es un escándalo en Hollywood, que no es más que una ciudad pequeña en la que todo se sabe, es que actrices de primera línea, supuestas feministas, como Meryl Streep, que calificó a Weinstein de "un Dios", dejasen que un hombre así se saliese con la suya durante años y años. Mujeres como Tina Brown, que ha sido la directora de ‘Vanity Fair’, de ‘Newsweek’, que ha tenido una relación cercana con Weinstein, dijo, cuando todo esto salió a la luz, que "Weinstein nunca había intentado propasarse con ella". ¡Claro que no! Porque Tina Brown es una personalidad. Tiene una carácter que no acepta tonterías. Su forma de ser comunica a los que la rodean que tiene el control total de su vida. Harvey Weinstein, que es un tipo estúpido y feo, escogía a chicas ingenuas a las que podía manipular. Oímos testimonios muy similares por parte de estas mujeres: iban a reuniones en habitaciones de hotel en las que Harvey Weinstein abría la puerta en albornoz y nada más. ¡Y las chicas entraron en la habitación!

¿Perdona? Es una estupidez y me da igual la carrera de estas chicas, pero la gente no se reúne en habitaciones de hotel —no sé si se puede ser tan ingenua— y no entra en una puerta en la que el que te abre está en albornoz y nada más. Lo siento. Eso es una prueba a pasar. Ese es el problema del #MeToo. No podemos pretender que se cree un mundo que proteja a las mujeres de su propia estupidez. Necesitamos mujeres entrenadas en mi filosofía de feminismo de las amazonas. Daos cuenta, el mundo es peligroso. Hay depredadores ahí fuera, también en la naturaleza. Si las mujeres quieren ser libres, si quieren ser igual a los hombres, se tienen que dar cuenta, al igual que han hecho los hombres, de lo peligroso que es el mundo en el que vivimos. El mundo no es un paraíso para las mujeres blancas de clase media. Es más, las mujeres de clase obrera son mucho más conscientes de eso. Son errores burgueses. Hay muchas mujeres de clase media que esperan que el mundo sea como un salón burgués. Cuando digo esto, la gente me acusa de echarle la culpa a la víctima, pero no es así. Solo digo que todos los seres humanos tenemos que ser responsables de lo que hacemos.

Camille Paglia. (Michael Lionstar)
Camille Paglia. (Michael Lionstar)

P. En su época universitaria, usted misma diseñó guías para detectar el acoso sexual en las aulas...

R. Creo en estas guías que explican tanto a los trabajadores como a los estudiantes o a la propia universidad cuáles son las responsabilidades y los derechos de cada uno. Ahora creo que la cosa se ha puesto demasiado radical, porque hay una oficina para las denuncias de acoso sexual en cada universidad y no me gusta que ahora se manden 'mails' o se envíen comunicaciones que fomentan un ambiente de histeria y persecución, que animan a las mujeres a comportarse como paranoicas. Todo lo que es sexual o mínimamente erótico se censura automáticamente. Es una cosa muy angloamericana. La visión europea de la sexualidad siempre ha sido mucho más sofisticada —mira las películas de arte y ensayo de Jeanne Moreau, Brigitte Bardot y Catherine Deneuve, que eran mis heroínas—, mucho más madura que la americana. Ahora, el #MeToo representa la visión angloamericana puritana de la sexualidad. ¡Incluso Francia ha caído! Francia también se ha contaminado con esta histeria alrededor del sexo. El #MeToo está bien cuando es racional, cuando es irracional, es un peligro.

P. En 'Sexual personae' afirma que no debería haber códigos morales respecto al sexo. Pero ¿no están otros aspectos de la vida regulados? ¿No son precisamente esas reglas las que conforman la civilización?

R. Todas las culturas tienen diferentes códigos definidos sobre la sexualidad. Algunos son explícitos. Otros no se dicen, pero son subliminales. Yo crecí en una época de mucha represión, ¿sabes? Cuando era adolescente, todavía existía la Liga Catolica de la Decencia, que nos decía qué películas podíamos ver y cuáles no. Por esa represión es por lo que, probablemente, yo estaba tan interesada en la pornografía y en la prostitución. Las feministas decían que la pornografía no era arte y yo decía que sí, que algunas obras de Donatello, por ejemplo, podían considerarse pornografía, y eso les resultaba chocante. Incluso hoy, el David de Donatello sería polémico. Incluso podrían arrestar al autor, porque es un niño en una actitud sexual.

P. ¿No son ejemplos extremos?

R. Yo trazo una línea muy clara entre lo público y lo privado. En el espacio compartido, es apropiado crear normas. Nadie tiene el derecho de exhibir algo pornográfico en el espacio público, especialmente cerca de colegios y esas cosas. Igual con la prostitución. En el ámbito privado, no deberían existir esas reglas. La gente debería tener acceso a lo que quiera mientras el sexo sea consensuado. Obviamente, me opondría al secuestro de un niño con objeto de prostituirle. Ese tipo de cosas. Siempre he querido proteger a los niños. Estoy a favor de la libre expresión, pero también me opongo a la injerencia del Gobierno en la esfera privada.

P. ¿Y cuando no queda tan claro hasta dónde llega la esfera pública y la esfera privada? Por ejemplo, ¿qué opina sobre la posibilidad de los padres de vetar contenidos impartidos en las aulas sobre temas como las relaciones sexuales o la diversidad sexual? En España, es un asunto polémico ahora mismo. Lo llaman el pin parental.

R. Como profesora, porque llevo dando clase 48 años, tengo una opinión muy marcada en este sentido. Toda mi carrera he criticado que mis compañeros liberales y progresistas se hayan entrometido con cuestiones ideológicas en las clases. Es escandaloso y está provocando un retroceso mundial del que no podemos imaginarnos las consecuencias. Las escuelas no pueden promover políticas ideológicas. No hay duda de que una de las razones por las que la ultraderecha se ha propagado tan rápidamente en muchos países es por este problema. Creo que la educación tendría que ser exclusivamente sobre historia, geografía, arte… Utilizar las clases para promover puntos de vista políticos e ideológicos, como por ejemplo sobre género, es una deformación del propósito de la educación y creo que los padres están en su derecho de protestar. Utilizar las clases como vehículo de propaganda política es terrible. No creo que sea asunto de los colegios tratar las polémicas del momento. No es el propósito de la educación. No debería haber ni una intrusión ni una politización de la educación.

La gente que utiliza las aulas como instrumento para conseguir cambios sociales, lo siento, es éticamente reprobable. No es su cometido. Hay que dejárselo a la esfera privada, a los fines de semana y las tardes fuera de la escuela. ¡¿Cómo se atreven?! ¡¿Cómo se atreven?! ¡Es escandaloso! Es un desastre lo que ha ocurrido con la educación pública. ¡Mis alumnos llegan a la universidad sin saber nada! ¡No saben nada de historia, de geografía! Todo lo que tienen es su actitud, su posicionamiento político, sus ganas de formar parte de una revolución. Las escuelas tienen que estar libres de ideología. Y mira, soy atea, pero creo que las religiones son una fuente importante de información que la gente joven debería tener. Creo que los estudios sobre las principales religiones deberían formar parte del plan de estudios. Eso sería verdadero multiculturalismo y no tratar a la gente como víctimas.

P. Usted misma sufrió el año pasado un intento de veto de sus clases. Hubo peticiones para que la expulsaran de la Universidad de Filadelfia por sus opiniones respecto a la homosexualidad, la transexualidad o el feminismo.

R. Yo, cuando doy clases, puedo ser muy opinativa, pero jamás digo que es la verdad absoluta. Jamás usaría las clases para influir en los alumnos. El año pasado, hubo un incidente, pero el caso se cerró y la prensa hizo una defensa muy fuerte en favor de la libertad de expresión. No tengo ni idea de quiénes eran los que se quejaban, pero estoy segura de que eran gente alentada por activistas de fuera del campus que usaron las redes sociales para urgir las protestas en contra de mis opiniones. Intentaron acusarme de insultar a la gente transgénero, pero es una mentira absoluta. No había pruebas de lo que decían y simplemente se cerró el caso. La gente que me acusó ni siquiera había leído mi libro ni creo que supiese siquiera que yo había escrito algún libro. Vivimos en un momento en que todo el mundo quiere imponer su punto de vista y tuve suerte de que la administración me respaldase. Mis puntos de vista son muy complejos. Es más, me identifico como transgénero, no como mujer u hombre. Yo soy solo una profesora, pero no impongo mis ideas en clase. La gente se deja llevar por lo que dicen las redes sociales. Si hubiesen leído mis libros, hubiesen sabido que mis ideas son más complejas de lo que me achacan.

"Utilizar las clases como vehículo de propaganda política es terrible. No es asunto de los colegios tratar las polémicas del momento"

P. En 'Sexual personae' afirma que, por mucho que la cultura y la civilización intenten dominar la naturaleza, siempre impera la biología. También aplicándolo a cuestiones de género. Pero ¿no está la ciencia, precisamente, tirando abajo muchas de las limitaciones impuestas por la naturaleza?

R. Lo que digo en ‘Sexual personae’ es que la civilización y la sociedad siempre crean su propio espacio artificial. Eso es la historia de la humanidad. La naturaleza es una fuerza sobrecogedora. La gente que piensa que puede cambiar de alguna forma la naturaleza de las cosas, ¡ja! Mira, yo estuve a punto de entrar en Geología… El poder de los volcanes, de los grandes glaciares que antiguamente cubrían una parte de los Estados Unidos, de los huracanes y los tornados y los terremotos… Yo tengo un respeto tremendo por el poder de la naturaleza. Y en relación a los temas de género, cada célula del cuerpo humano, excepto la sangre, está codificada con tu género. Por eso cuando la gente desentierra restos humanos de los hombres de las cavernas, con un trocito de hueso pueden saber si esos huesos pertenecen a un hombre o a una mujer. Hay un límite en lo que puedes cambiar. En mis trabajos, también hablo de la androginia…

P. ¿Cuáles son los límites de la ciencia? Hace un siglo, nadie hubiese pensado que llegaríamos al desarrollo que están experimentando campos como la ingeniería genética, que puede manipular el genoma humano. No sabemos hasta dónde podría llegar...

R. No estoy tan segura de que el poder de la ciencia sea el que dices en términos del futuro de la especie humana. Me preocupa más el futuro del hombre relacionado con alteraciones del entorno, la forma en que los plásticos están apareciendo en las fuentes de agua. Soy ecologista, no creo en el calentamiento climático, pero sí en que los cambios climáticos son intrínsecos a la Tierra. Me da más miedo la decadencia de nuestra civilización, como le pasó al Imperio romano. Cuando las sociedades se vuelven demasiado complejas y la burocracia crece, se expande y se convierte en un parásito ineficiente, las sociedades se vuelven más fáciles de destruir desde fuera. Me preocupa mucho también el exceso de dependencia de la cibertecnología por parte de las culturas occidentales. Dependen de la electricidad y si los terroristas consiguen desarrollar la habilidad de paralizar el suministro eléctrico, todo se vendría abajo de repente. La caída sería rapidísima, tan rápida como un asteroide impactando contra la Tierra. También se habla de una erupción solar tan potente como para destruir las cibercomunicaciones en la Tierra. La gente se sorprendería de la velocidad con que nuestra civilización degeneraría hasta la barbarie. La gente pelearía por comida para alimentar a sus hijos. Habría multitudes en las calles. Esto saben lo que es quienes han pasado una guerra y conocen la fragilidad de la sociedad, que a la menor de cambio vuelve a un estado de barbarie. La gente se centra siempre en los aspectos negativos, pero no aprecia los beneficios que nos proporciona la sociedad. La realidad es que no somos tan evolucionados como nos creemos.

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