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Escuché una conferencia del Ministerio de Igualdad y ahora soy "no binarie"
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'Trinchera cultural'

Escuché una conferencia del Ministerio de Igualdad y ahora soy "no binarie"

Me arrellané en la silla para escuchar la conferencia en el Ministerio de Igualdad. Una gloriosa batería grasienta de términos, giros y vicios lingüísticos de la jerga de la sociología

Foto: La comunidad trans se manifiesta en México para exigir seguridad y respeto. (EFE/Isaac Esquivel)
La comunidad trans se manifiesta en México para exigir seguridad y respeto. (EFE/Isaac Esquivel)

Esta semana se presentó en el Ministerio de Igualdad un estudio "necesario y pionero" según dijo la directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, la señora Boti G. Rodrigo, que es muy simpática y, dado que cobra 90.557 euros anuales del erario público, ya puede ser, además, buena persona, inteligente, cariñosa, amiga de sus amigos y vecina ejemplar.

El estudio "pionero y necesario" que presentó se llama "Necesidades y demandas de las personas no binarias en España" y la cosa se emitió por YouTube, en directo. Y ahí estaba yo, con las persianas bajadas y un rollo de papel higiénico, esperando a que dieran las 11 de la mañana, con el pestillo puesto y los ojos inyectados en sangre. Ni el porno japonés más surrealista despierta en mí una atención tan morbosa como las presentaciones de estudios del Ministerio de Igualdad.

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¿Colmaría mis expectativas de sadomasoquismo mental esta nueva aventura? ¿Sería capaz de transmitir su meollo a los lectores profanos en los inconmensurables laberintos del ombliguismo de género? Supe que la primera parte estaba resuelta desde el arranque, cuando la mencionada Boti pidió disculpas porque el aire acondicionado no funcionaba, pero le quitó hierro exclamando: "En fin, yo creo que estamos suficientemente refrescades con esto que hay".

Oh, Dios —me dije— ni el aire acondicionado de un autobús interurbano de Murcia podría enfriarme a mí. Boti loó el estudio y reivindicó que las personas no binarias reclaman su derecho a existir. Lo dijo, creo, sin percibir la ironía de sus propias palabras. Luego dio paso a los autores del estudio, los intelectuales orgánicos, de nombre Isabel López y Gorka Tobalina. En principio, una mujer y un hombre, aunque se referían a sí mismos en femenino, tan exclusivos, ellos, en lo inclusivo.

Dedicaron buena parte del tiempo a echar flores al ministerio, entiendo yo que porque les habrá sufragado generosamente la investigación, tal vez con un monto superior a cualquier anticipo recibido por autores de literatura de calidad en los últimos 70 años, y los 40 minutos siguientes se explayaron para decirnos que su estudio pionero y necesario no ha arrojado una sola conclusión.

Foto: Foto: EFE/Pepe Torres.

Yo me arrellané en la silla dispuesto a penetrar en el arcano de las personas no binarias, que no son trans, ni cis, ni hombres, ni mujeres, sino gente —como diría mi abuela— con el altillo ordenado a su manera. Lo primero que llama la atención es que, al establecerse la categoría "no binarios" frente a los binarios, los "no binarios" vuelven a ser binarios. ¡La tiranía de la dualidad! Siempre buscando un contrario... Pero en esta paradoja no se incidió.

Lo que me esperaba era una gloriosa batería grasienta de términos, giros y vicios lingüísticos de la jerga de la sociología. Decían todo el rato cosas como 'articular', 'poner en valor', 'emergencia', 'cuerpos', 'identidades', 'ensanchar los márgenes', 'condiciones de vulnerabilidad', 'contextos', 'esfuerzo colectivo', 'legitimar', 'discriminación', 'aproximación cualitativa', etcétera, mientras mis dientes se adormecían como si hubiera tomado cocaína.

Las personas no binarias, vinieron a concluir, son muy diversas. Querían expresar con ello que, después de un año con el estudio y más de 2.000 cuestionarios, no se atrevían a mojarse con una definición del colectivo, porque se conoce que sus miembros no están conformes con ninguna etiqueta que les ponga.

Foto: Duah Saleh es Cal en 'Sex Education'. (Netflix)

"En este contexto y en este momento —dijo la prudente López—, sabemos que su realidad es emergente, y que se ha hecho visible en la segunda década de los dos mil, con una tendencia que aumenta en los últimos ocho años". Fundamentalmente, jóvenes, aclaró: "El 95% tiene menos de 35 años".

¡Hostia! Me di un golpe en la frente con la pantalla del ordenador. ¡Un colectivo cuyo 95% lo integra gente de menos de 35 años es lo que hace 30 años se llamaba "tribu urbana"! Pero no, amigues, porque con la identidad de género hemos dado. "El 74% declara —siguió López— que encontró la etiqueta 'no binario' cuando tenía entre 15 y 25 años". Es decir, que si Mahoma no va a la etiqueta, la etiqueta va a Mahoma.

No pudieron evitar ufanarse los autores al comunicar que, dado que la cosa es tan reciente y tan nueva, prácticamente operaban ellos como inversores, perdón, como emprendedores, perdón, como articuladores del conocimiento, que es una manera como cualquier otra de hacer una patente. Hablaron de las necesidades de dinero público e inversión que va a necesitar este colectivo recién inventado al que, generosos y filantrópicos, han decidido ellos prestar atención.

Foto: Una estatua con la bandera gay. (Getty/Pablo Blázquez Domínguez)

Son gente —continuaron los expertos en Lo Nuevo— que experimenta malestar con las categorías hegemónicas rígidas "hombre-mujer" sin llegar a considerarse necesariamente trans. Así hablaron, como si eso fuera nuevo realmente, es decir, como si eso no fuera tan antiguo como el mear, y a mí me fascinaba ese poso de tremenda desconexión con la historia, como si hasta que llegaron ellos todo hubiera sido John Wayne y Marilyn Monroe, masculino total y femenino indiscutible, es decir, como si no hubieran pasado por el mundo Patty Smith, David Bowie, Elton John, Sánchez Vicario o, por no irnos tan lejos, Marilyn Manson.

¿Dónde estaba —según estos categorizadores estrictos— la misma Boti G. Rodrigo que les había dado la bienvenida, y cuyo aspecto está más próximo al de Carlos Pumares que al de Rocío Jurado, pese a ser una mujer? Me fascinaba que no se dieran cuenta de lo esclavos que son de una abstracción (hombre-mujer) desafiada tantas veces y desde hace tanto tiempo. Pero tal vez la ausencia adanista de contexto histórico en el estudio "pionero y necesario" fuera una condición necesaria para su existencia.

Foto: Plano general del Camp Nou. (Gtres)

En fin, a medida que avanzaba la charla me quedaba claro que la invención del "nobinarismo" es una mezcla de solipsismo y abstracción. Uno se mira al espejo a conciencia, trata de situarse junto a una serie de arquetipos simplificados y, dado que no se reconoce hermano de ninguno, ¡se siente alienado, llega el desasosiego! Porque no hablamos de ser una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre, no hablamos de disforia, no, ¡sino de mera identificación con el abstracto arquetipo!

Así que pensé que yo mismo soy no binario. Nunca me identifiqué con los hombres, tampoco con las mujeres, sino que fui dándome cuenta de que soy un individuo, una persona única, hijo de mi padre y de mi madre, como todos los demás. La diferencia es que yo supuse que esto no tenía la menor importancia. Nadie vino a decirme que ahora tenía que elegir pronombres y batallar en el terreno de mi DNI.

Pero es que yo tuve la suerte de no identificarme con los arquetipos del género en una época donde todavía no había suficiente gente ganando dinero a costa de teorizar y tiranizar, con más etiquetas en que en un 'outlet', con la normal desorientación de la juventud.

Esta semana se presentó en el Ministerio de Igualdad un estudio "necesario y pionero" según dijo la directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, la señora Boti G. Rodrigo, que es muy simpática y, dado que cobra 90.557 euros anuales del erario público, ya puede ser, además, buena persona, inteligente, cariñosa, amiga de sus amigos y vecina ejemplar.

Trinchera Cultural Transexual Irene Montero
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