Viaje por el tres veces milenario Guadalquivir con Eslava Galán
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publicado por la esfera de los libros

Viaje por el tres veces milenario Guadalquivir con Eslava Galán

El autor atraviesa 600 kilómetros repletos de la Historia de España: de Cazorla a Sanlúcar, pasando por Úbeda, Baeza, la Córdoba de los omeyas y la Sevilla del Siglo del Oro y la Expo

placeholder Foto: Marismas del Guadalquivir. (Foto: Fernando Ruso)
Marismas del Guadalquivir. (Foto: Fernando Ruso)

Vivió 27 años en Sevilla. Conoce Córdoba a la perfección. Nació en la provincia de Jaén, donde se alumbra el río. También residió en Sanlúcar de Barrameda, donde muere entre los atardeceres cegadores del Coto de Doñana. Sólo Juan Eslava Galán podría haber escrito un libro sobre el Guadalquivir. Al menos con ese conocimiento del pasado y de las vivencias en territorios claves de este torrente de agua que Eslava convierte en caudal intenso de palabras. Su vida es el río, acaso el que atesora en toda España más Historia.

Cuna de Tarteso, receptor en la Torre del Oro de la riqueza que llegaba de las Américas… Hablar del Guadalquivir es recordar que nace en Cazorla (Jaén), como conocemos desde hace 800 años (aunque en realidad para ser puntillosos lo hace en la actual provincia de Granada), atravesar sus riberas jienenses de Andújar y las joyas renacentistas de Úbeda y Baeza…. hasta llegar a Córdoba. Aquí, en la ciudad callada y profunda, bella sin maquillajes, el río manifiesta una intensidad única, salvaje, con vegetación abundante, como en ningún otro lugar de sus 600 kilómetros.

En el coqueto Paseo de la Ribera, se exhibe una Primavera divorciada ya de las lluvias y que confía en recibir bien tarde el implacable calor del estío. Estamos en el Molino de Martos, donde Eslava Galán presenta ‘Viaje por el Guadalquivir y su Historia’ (La Esfera de los Libros). Este molino medieval que funcionó hasta mitad del siglo XX y fue propiedad de la familia Larios es uno de los 11 con los que contaba la capital cordobesa. Ahora es un museo hidráulico (sorprende su bóveda, de una altura de seis metros) que interpreta la importancia del río, ya domado, con más intensidad a su paso por la capital andaluza. “El Guadalquivir era el gran recurso de Sevilla pero también su enemigo debido a las anuales crecidas que inundaban la ciudad”, se describe en la obra.

Masacre de vikingos, omeyas, ISIS, El Rocío…

No, no se trata de una guía de viajes al uso: es la guía de viajes de Eslava Galán. Un matiz importante de este escritor tranquilo en sus ademanes e inquieto en buscar y encontrar nuevas historias. El autor que se inventa un viajero que dialoga con los vecinos, que ofrece apuntes históricos sobre la masacre de los vikingos en 844, la influencia de Fernando III El Santo en la capital andaluza, la presencia del Guadalquivir en la hermosa Córdoba de los omeyas, los almorávides con ese califato que tanto le recuerda al del ISIS, la Sevilla capital del mundo y la de la Exposición Universal de 1992 o la romería de la Virgen del Rocío. Múltiples espejos convergentes donde se unen el califato, la provincia romana Bética y el naufragio, por los bajíos de arena y las olas, de los navíos que llegaban de América.

En este relato de no ficción brotan retales de experiencias y poemas certeros como el de Machado (no sólo por su filiación sevillana, sino por su estancia en Baeza y aquellas brumas que veía formar cada mañana en el Guadalquivir jaenero) y algún “soneto malísimo” (el autor dixit) de los hermanos Quintero. Es un libro luminoso en su narración que ahonda en el pasado, sin temer referirse al presente, con breves referencias, centelleantes, sobre Internet o el cine ('Psicosis' o 'Casablanca') trufado de ironía sabia, como el de quién comía mejor –¡y de qué manera! – los langostinos de Sanlúcar: si el hermano de Alfonso Guerra o Miguel Castillejo, el expresidente de Cajasur.

Guadalquivir’ (Planeta) se titulaba la novela de 1990 en la que Eslava Galán ofrecía una visión del río desde de la óptica musulmana durante la conquista de Fernando III. El drama de un pueblo desposeído de su tierra. En este volumen de viajes –este es su sexto– no ha querido asomarse a la invención, sino utilizar el narrador que se sitúa por encima del libro. El viajero que recorre paisajes y paisanajes al mismo tiempo que introduce elementos de la gastronomía y la sociología. El río que siempre fue eje cultural y económico de toda Andalucía: discurre por seis de los ocho provincias andaluzas. Sólo no lo hace por Málaga y Almería.

Ha vuelto al territorio. El tránsito de las suelas del peregrino pluvial. Y recuerda cómo en las marismas del Bajo Guadalquivir comía angulas baratas con sus hijas o el caviar que se producía en la zona. Todo eso ya no existe. “Yo vi barcos monstruosos, que parecían galeones del Siglo de Oro, de 20 metros de altura, que pasaban a unos metros del sitio donde estaba sentado en la hierba. Olvidabas que el río estaba muy cerca. Era impresionante”, rememora Eslava Galán en una taberna frente al Guadalquivir mientras da sorbos lentos a una tónica.

Lejos está el escritor de aquellos dos cordobeses sentados frente a sendos vasos de montilla en una bodega, como todas las tardes desde hace cuarenta años. "Cuando llevan una hora sin despegar los labios, unos de ellos comenta: '¡Qué bien se está hablando poco! Pasa otra hora antes de que el otro responda sentencioso: 'Sí, pero mejor se está no hablando 'na". Porque en este libro lo mismo te puedes encontrar la guasa sevillana de Triana, críticas a "guiris aprovechados" como Gerald Brenan o a Chris Stewart ('Entre limones'), que a los japoneses del siglo XVII asentados en Coria del Río y liderados por el samurái Hasekura Tsunenaga. Esa gran aventura de los Japón sevillanos. Sólo falta la visión heterodoxa del ejecutivo Masaru Saito, un personaje recurrente en obras de Eslava Galán como 'Un jardín entre olivos'.

Los arroceros y ‘La Isla Mínima’

“En dimensiones, es un río modesto europeo si se le compara con el Danubio o no digamos con el Rin, una gran potencia económica; pero el Guadalquivir no les tiene nada que envidiar desde el punto de vista histórico”. Y siempre con las diferencias entre el verdor de Cazorla, que más bien parece una Asturias andaluza y Doñana, ese olor seco donde se camina sobre las aguas. “No sé si este libro tiene potencial para una película, pero está claro que daría para un documental interesante”. Escenarios cinematográficos sí que los tiene como el de la ‘Isla Mínima’, el film de Alberto Rodríguez, con sus arroceros y las marismas, en contra del dragado del Guadalquivir. De aquí sale la mitad de la producción española de arroz.

Y es que en la actualidad cada vez es más complicado conjugar la prosperidad económica y la atención del espacio natural. “El río requiere de cuidados. Cada vez hay más piscinas particulares. Hay un desequilibrio ecológico importante y eso hay que corregirlo”. Los datos son nítidos y todos aparecen en el libro: en la cuenca del Guadalquivir sólo se tratan la mitad de las aguas fecales. La sobreexplotación del agua afecta al 31% de los acuíferos. Y el río apenas sale al mar: se han construido 70 embalses que almacenan más de 7.500 hectómetros cúbicos de agua que surten los regadíos más extensos.

Eslava Galán tiene ahora la mente en Berlín, los nazis y los corresponsales españoles, donde dos décadas antes lo había sido Julio Camba, el tema de la novela que prepara, leyendo textos de ‘ABC’, ‘La Vanguardia’, ‘Informaciones’… Escenario de espías y militares como el que también planifica a un territorio bélico europeo, el viaje anual que lo hace con un amigo. “Echo de menos que no se recuerde nuestra Historia, es una vergüenza. Los cementerios militares de otros países están cuidados”.

Eslava Galán fue profesor de Instituto. "Un chico con 16 años no puede leer La Celestina. Tiene que empezar primero con Julio Verne"

De vergüenza también tilda el cambio de leyes de Educación en España. Lo dice alguien que fue durante décadas profesor de Inglés en Instituto. “No echo de menos dar clases. No me gusta nada la evolución de la enseñanza. Existe una tremenda indisciplina y poco amor al trabajo. Y todo esto contrasta con la generación de profesores mejor preparada y unos padres que creen que es el colegio quien tiene que educar a los hijos”.

Uno de los principales problemas es que el hábito de la lectura, de la buena literatura, hay que introducirlo poco a poco, “porque si no los espantamos”. “Un chico con 16 años no puede leer 'La Celestina'. Tiene que empezar primero con Julio Verne. Yo creo que deberían ser obligatorias las clases de escritura creativa y oratoria, son dos cosas que forman no sólo el estilo escrito y oral, sino la mente”.

El traductor de la poesía de T. S. Eliot, a quien homenajea en el último suspiro de este libro, admite que su muerte ideal sería como la de Molière, “sobre el escenario”. “Yo quiero morir escribiendo”. “Mientras los editores quieran seguiré publicando. Lo que tengo claro es que voy a escribir y leer, porque primero soy lector, hasta el final. Otra cosa es que me lo publiquen…”.

En la Ribera de Córdoba el aire de la tarde que avanza coquetea ya con el verano. Eslava Galán se pone la gorra y agarra la bolsa roja donde está el libro en inglés que está leyendo. “Esta ciudad es el río. Y el río está metido en la ciudad. Como ninguna otra del Guadalquivir”, sentencia mientras el taxi atraviesa el Puente Romano y la Mezquita, callada, observa al viajero partir.

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