CAJASUR: UNA SEMANA DESPUÉS DE LA INTERVENCIÓN

'Fray Langostino' ya no tiene caja

Fray Langostino. Don Miguel. El cura Castillejo. El cura a secas. Miguel Castillejo, presidente de Cajasur entre 1977 y 2005, se toma cada mañana un menta

Foto: 'Fray Langostino' ya no tiene caja
'Fray Langostino' ya no tiene caja

Fray Langostino. Don Miguel. El cura Castillejo. El cura a secas. Miguel Castillejo, presidente de Cajasur entre 1977 y 2005, se toma cada mañana un menta poleo en El Huevo, cafetería de estética moderna en la que trabajan camareros de negro. Allí pasa las horas revisando la vida, la política y el dinero con dos amigos históricos, uno de ellos médico muy conocido en la ciudad. Castillejo vive dos portales más arriba. “Aquí no suele estar”, suelta un vecino del edificio de la avenida Gran Capitán. En la Ronda de los Tejares, su otra vivienda, tampoco aparece. “Estará en el chalé, con sus hermanas”, contesta una vecina de planta.

Castillejo, natural de Fuente Obejuna, que a sus 80 años aún oficia misa en la Iglesia de la Merced, es el hombre clave que simboliza a la todopoderosa CajaSur en Córdoba. El 50% de los depósitos de la provincia los atesora la entidad (14.000 millones de euros de depósitos, 474 oficinas y unos activos de 18.960 millones de euros), intervenida el pasado 21 de mayo por el Banco de España tras su rechazo a la fusión con Unicaja.

Quizá no exista otra caja en España que esté tan vinculada a un territorio. “Actúan como la Camorra, pero sin muertos”, resalta un empleado del ayuntamiento, gobernado por Izquierda Unida, hipercrítico con la gestión de la entidad que controlaba el Cabildo Catedralicio de Córdoba. La frase es dura. Y la explica: “Dan dinero a cualquier asociación, peña, cofradía… Cualquier colectivo toca la puerta de CajaSur y sabe que recibirá dinero, pero, claro, les tienen cogidos por los…”.

De El Huevo se acaba de marchar Castillejo. Quizá esté en el Palacio de las Doblas, sede de su Fundación. La que lleva su nombre. El soberbio edificio de 1890, situado muy cerca del Cristo de los Faroles, y apenas a 200 metros de la casa natal del torero Manolete, lo cedió Rafael Gómez (Sandokán) dueño de Arenal 2000, salpicado en la Operación Malaya.

El hombre que en septiembre de 2002 relató a este periodista en una entrevista en El Mundo titulada “El cajero de Dios” que no tenía “relevo” (le sustituyó Juan Moreno y luego Santiago Gómez Sierra), quiere perpetuar su vida y obra organizando concursos de poesía mística o una cátedra de empresas, pero no ha conseguido que su efigie vuelva a presidir la central corporativa de la caja. “La fundación no recibe muchos fondos [empezó con 30.000 euros] y Castillejo ya no tiene ningún poder e influencia”, relata un profundo conocedor de los tejemanejes de la caja.

Castillejo con Finito

Mientras el consejo de administración de CajaSur le daba el portazo a Braulio Medel, Córdoba empezó su feria justo la noche de la intervención del BdE. Este jueves por la tarde Castillejo disfrutó de los toros (ganadería de la Palmosilla) desde la barrera. Un mano a mano local entre José Luis Moreno y Finito de Córdoba. En la plaza, los periodistas le preguntaron por el futuro de CajaSur. El cura, nervioso, no quiso hablar.

Castillejo se niega a analizar la actual CajaSur ni el futuro con Unicaja o cualquier otra entidad. Fray Langostino (se ganó el apodo por su innata rapidez para descabezar y chupar el marisco y por las comilonas que organizaba para sus empleados con este manjar de riguroso protagonista) ya venció a Medel en 1994. Consiguió paralizar la fusión de la Caja de Ahorros Provincial de Córdoba, controlada por la Diputación. Lo aprobaron los consejos de administración, pero la asamblea tumbó, en el último minuto, la operación.

La Provincial cordobesa fue para CajaSur. Y ahí empezaron los años de bonanza del sacerdote, hoy apenas un espectro -“un cadáver andante”, precisa, sin piedad, alguien que le conoce- de lo que llegó a ser y del poder que atesoró. Apostilla: “Como rival, Castillejo hubiera sido mucho más peligroso que Gómez Sierra”.

Iturriaga contesta

Viernes. Nueve de la mañana. Empieza el comité de dirección de CajaSur. Los hombres de Mafo en CajaSur, los administradores José Antonio Iturriaga, Tomás González y Francisco Orenes, la cédula durmiente de prejubilados del Banco de España, comienzan a planificar la reunión. Tres horas después, El Confidencial accede a la planta noble de CajaSur.

-  ¿Hasta qué hora trabajan?- le pregunto a Iturriaga, que sale de un despacho y entra veloz en otro.

-  Mucho, todo el día. ¿Cómo vamos a sustituir tres personas el trabajo de 20? [los miembros del consejo de administración destituido]

-  ¿Cuándo habrá novedades?

-  Pronto. En eso estamos.

Iturriaga se va. Rápido. “Son extraordinariamente educados y nos han dicho que nos tenemos que seguir dedicando a la banca minorista, nuestra especialidad. Saben lo que se traen entre manos”, resalta un empleado de CajaSur sobre los administradores, que siguen contando con el anterior equipo directivo, encabezado por Antonio Barral (entre 2008 y 2009 hubo cuatro directores generales), un ejecutivo bien visto por el equipo de Miguel Ángel Fernández Ordóñez. El ex director general Carlos Senent había previsto entre 700 y 900 despidos, tres años, prejubilaciones, bajas incentivadas, vender la marca CajaSur, emitir preferentes y cuotas participativas. Este plan supondría unos ingresos de 500 millones.

Los hombres de Mafo suelen trabajar en la sala que hasta hace una semana ocupaba Manuel Azuaga, coordinador de la fusión entre Unicaja y CajaSur, y que ya ha regresado a Málaga, a la sede central de la caja malagueña de la Avenida de Andalucía, a su cargo de director de la división de empresas participadas. El despacho de la Presidencia lo presidía un tapiz florentino del siglo XVI que representa la Resurección de Jesucristo. Ahora está cerrado.

Sin pánico

En la oficina principal, ni en ninguna oficina de CajaSur en Córdoba capital, se percibe movimiento alguno, ni colas de gente. “Esto no es Caja Castilla La Mancha. Hay fugas de capital, pero controladas de gasto; no existe pánico”, señalan fuentes de la entidad. Estas mismas fuentes aún no se explican cómo al final se frustró el acuerdo con Unicaja. “Creo que Medel pecó de listo. Le vio [a Gómez Sierra] con cara de tonto, de buena persona, y se confió. Los partidos no se pueden ganar por 7 a 0. Y eso que los curas son más fáciles de conformar que los políticos”.

En la terraza del bar Milán José Ignacio Torres, presidente del sindicato Aspromonte, 42 años, se toma una cerveza. Recibe llamadas. Le acaba de entrevistar Sara Schaefer Muñoz, periodista estadounidense, enviada desde la redacción en Londres del diario The Wall Street Journal, y experta en banca española. Torres se quedó en tercero de Económicas, entró a trabajar en CajaSur en Benamejí, un pueblo de la provincia de Córdoba a 93 kilómetros de la capital. Luego fue subdirector. Y desde hace dos años y medio pilota el sindicato que, con 2.100 afiliados, agrupa el 71% de los votos de la asamblea de Cajasur.

Aspromonte, nacido hace 30 años en la campiña sur cordobesa, (“antes no había sindicalismo y teníamos la necesidad de una interlocución válida”, según Torres) representa la encarnación del demonio para sus enemigos. Para otros se trata de un sindicato “vertical, franquista”, remarcan fuentes municipales de Córdoba. Otras fuentes financieras consultadas por este diario confirman que quien controla los hilos de Aspromonte es Santiago Cabezas, ex director general de banca minorista: “Él es el cáncer de la caja”. Responde el sindicalista: “No tenemos ninguna influencia externa, nadie nos marca directrices. Tampoco Cabezas”.

Un sindicalista ‘quemado’

“Yo ya estoy muy quemado, esta situación desgasta muchísimo; han sido demasiados meses y horas perdidas en esta negociación”, confiesa Torres, aunque enseguida pone cara de orgullo por haber sido capaz de que Medel sudara la camiseta, como si se tratara de un jugador del club de baloncesto malagueño, y negociara directamente en la mesa laboral. “Medel soñó siempre con esta operación y estaba convencido de que saldría adelante. En su vida se ha reunido con los sindicatos y esta vez sí que lo ha hecho”, cuentan a El Confidencial fuentes financieras andaluzas.

Aspromonte no cree en el llamado Elefante Blanco, la mano oculta que podría estar detrás de la negativa a la fusión. Es un hecho que Gómez Sierra había perdido ya la confianza en Medel. “Yo me negué a firmar el acuerdo laboral porque lo que me pesó fueron las 3.000 familias que viven de Cajasur. Lo importante es que ahora es la entidad española más solvente al estar en el FROB. Lo que sí sería un desastre es que al final Unicaja se llevara Cajasur”.

Paternalismo

Torres admite el paternalismo de la caja cordobesa, impulsado al máximo por Castillejo. “Don Miguel, colócame a mi hijo, que no encuentra trabajo”. Y Fray Langostino siempre accedía. “Es verdad que antes no se miraba tanto la eficacia de los empleados. Ahora sí, hay que adaptarse para sobrevivir, estamos en una etapa distinta de hace empresa, aunque ha habido muchos aciertos en la contratación de hijos de empleados que han funcionado muy bien”.

En la Córdoba tradicional, la que hace ostentación de sus costumbres conservadores (y eso que el 55% de los habitantes se considera de izquierdas: Julio Anguita llegó a gobernar con el 82% de los votos) ya circula un chiste malvado sobre la caja malagueña: “Van a intentar fusionar Unicaja con el Banco de España y acabaran cargándose el Banco de España”.

Mientras, en la sede de la Ronda de los Tejares, los hombres de Mafo intentan salvar lo que queda de CajaSur. Que aún es mucho. Y jugoso, como los langostinos que se zampaba el cura Castillejo.

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