se escondía en la piscina para comer

Así logró adelgazar esta mamá: de pesar 130 kilos a lucir un cuerpo espléndido

No se atrevía a llevar a su hijo a la piscina por no ponerse un bañador, pero ahora ha conseguido la figura que estuvo buscando durante años

Foto: Alaxendra Symons llegó a pesar 131 kilos; hoy se ha quedado en 69 (Foto: Instagram)
Alaxendra Symons llegó a pesar 131 kilos; hoy se ha quedado en 69 (Foto: Instagram)

Alexandra Symons es una madre australiana que, a los 28 años, tuvo a su hijo Hudson. Nunca había sido una mujer delgada, pero el embarazo primero y las secuelas del parto, después, dejaron un cuerpo que no se parecía en nada al que ella deseaba: pesaba 130 kilos, tenía un sobrepeso evidente y su sueño de vestir un bikini y lucir una esbelta figura estaban muy lejos.

Antes de que Hudson cumpliera un año de vida, Alexandra quiso llevar a su hijo a sus primeras clases de natación. Sin embargo, el mero hecho de pensar en lucirse en bañador en la piscina le quitaron todas las ganas. Así que tomó una decisión que iba a marcarle para toda la vida: cambiar sus hábitos diarios para adelgazar y abandonar un cuerpo con el que no se identificaba.

Tenía menos de 30 años y Symons lo pasaba mal: no se atrevía a comer en público e, incluso, se escondía en los baños para que no le vieran ingerir ningún alimento. Pero cuando llegó su hijo todo cambió, tal y como explica a News: "Una vez que llegó Hudson supe que ya no podía esconderme. Tenía que hacer algo no por él, sino por mí". Y decidió perder peso.

Decisión radical

Los problemas de obesidad de Alexandra vienen de lejos: “En sexto curso ya pesaba 100 kilos y a los 18 años los médicos me avisaron de que tendría problemas de salud”. Con esas premisas no es de extrañar que intentara todas las dietas posibles y con algunas llegó a perder hasta 50 kilos, pero después llegaba el temible efecto rebote y recuperaba todo el peso que había dejado en el camino.

Hubo un antes y un después el día que, dando el pecho a Hudson, pensó: “Oh, Dios mío, soy literalmente una vaca". Así que decidió dar un paso más y pedir ayuda médica: fue declarada como obesa mórbida y pudo cobrar 30.000 euros de un seguro que utilizó para operarse del estómago, reduciéndoselo por medio de una gastrectomía.

Los primeros meses después de la operación fueron duros. Reconoce que estaba acostumbrada a comer poco ya que lo había hecho muchas veces cuando estuvo a dieta, pero ahora se llenaba sólo con media lata de atún y lo pasaba mal. Así que dio otro paso en su camino hacia el éxito: comenzó a hacer ejercicio, aunque asegura que odia el gimnasio.

Hubo un antes y un después el día que, dando el pecho a Hudson, pensó: “Oh, Dios mío, soy literalmente una vaca"

Y no es una frase hecha: “Odio el gimnasio y nunca iré”. Así que el deporte que introdujo en su vida fueron largas caminatas paseando a Hudson por el parque: un total de 45 minutos andando que le sirvieron para que su cuerpo se fuera acostumbrando al deporte. Después fue introduciendo sentadillas y otros ejercicios durante algunos días y el ejercicio entró a formar parte de su vida.

Perdió 62 kilos

Alexandra comenzó a perder peso de forma rápida y constante: la báscula fue ofreciendo cifras cada vez más pequeñas y cuando atravesó la barrera psicológica de los 100 kilos la protagonista fue consciente de que iba por el buen camino. Tres años después de someterse a la operación ha sido capaz de adelgazar 62 kilos y pesa 69, una cifra con la que casi no se atrevía a soñar.

El antes y el después de Alexandra es más que evidente (Foto: Instagram)
El antes y el después de Alexandra es más que evidente (Foto: Instagram)

Su viaje desde los 130 kilos hasta los 69 actuales los ha contado a través de las redes sociales, donde ha ido dejando imágenes impactantes de su antes y su después. Incluso ha llamado la atención de más de 2000 seguidores en Instagram y alguno de ellos le ha llegado a decir que todo su proceso había sido una farsa y que nunca había estado tan gorda.

Pero Alexandra Symons conoce la verdad, lo que le ha costado tener el cuerpo que ahora luce y que no piensa abandonar por nada del mundo. De hecho, está embarazada de su segundo hijo, pero nunca se abandonará como hizo con el primero cuando dé a luz, en gran parte porque ya se ha acostumbrado a disfrutar de mirarse delante del espejo.

"Estoy realmente orgullosa de lo que he conseguido y creo que es, simplemente, porque llevé a cabo mi pérdida de peso lentamente". Ahora ha decidido compartir su historia para ayudar a otras personas que podrían estar en una situación parecida. Su éxito es la constatación de que puede hacerse realidad y de que pensar en ponerse un biquini es posible, incluso cuando pesas más de 130 kilos.

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