entrevista al internacional jesús moreno

El pilar del rugby español, a por el Mundial: "En 2019 me veo comiendo sushi en Japón"

Licenciado en Fisica, padre de tres, jornalero del rugby francés, necesita las dos manos para contar los clubes en los que ha jugado y busca con la selección el sueño del Mundial

Foto: Jesús Moreno, jugador de la selección española de rugby (Twitter).
Jesús Moreno, jugador de la selección española de rugby (Twitter).

Encontrarse de frente con Jesús Moreno (Rincón de la Victoria, 1986) es pararse ante una montaña humana. Pareciera que sus 130 kilos y 190 centímetros estaban predestinados a la melé de la selección española, pero las apariencias engañan. Nunca es fácil nada aun siendo un portento. Licenciado en Física, padre de tres, jornalero del rugby francés, necesita las dos manos para contar todos los clubes en los que ha jugado. Ahora frisa la edad ideal para una de las posiciones más duras e ingratas de las quince que hay en este juego, la de pilar. “De aquí a dos años me veo comiendo sushi en Tokio”, afirma.

El ansiado Mundial de Japón 2019 pasa, sin embargo, por ganar a Bélgica este sábado en El Central. Un partido trampa. Moreno atiende a El Confidencial horas antes del encuentro que cierra el Campeonato de Europa y con él la primera vuelta de la clasificación para la cita mundialista. Gracias a la victoria sobre Alemania de hace una semana reconoce que en el seno de la selección hay confianza de lograr el objetivo.

Pregunta. ¿Cómo afrontáis el partido?

Respuesta. Con muchas de ganar a Bélgica para terminar el torneo como se merece. Ante Alemania tuvimos muy buenas sensaciones en melé, nos supimos dominadores en la conquista e hicimos muy buena primera parte, pero nos quedó el regusto amargo de no sacar el bonus. A Bélgica le vamos a ganar sólo si nos respetamos a nosotros mismos y les respetamos a ellos. Es un partido trampa. Ellos, pese a que han perdido todos los partidos aguantan 60 minutos, en ese aspecto me recuerda a la España de hace cuatro o cinco años y vamos a tener que darlo todo para cumplir el objetivo. Como con los alemanes, a los que les dijimos en cada contacto que aquí hemos venido a ganar.

Estas sensaciones en un jugador de la selección española son recientes. Destellos de la intrahistoria de un grupo que ha tenido que reinventarse después de momentos negros. La clasificación para Inglaterra 2015 se tiró por la borda en lo que Moreno rememora como “un mal sueño”. “Pero despertamos cuando llegó Santiago Santos, empezamos a confiar en él y de una selección rota hemos logrado una con una cohesión como grupo tremenda”.

Contar con los profesionales que juegan en Francia siempre es complicado. Tras el encuentro contra Rusia que abría el campeonato el pasado febrero, Moreno fue reclamado de vuelta por su club, Provence Rugby, asolado por una plaga de lesiones. La selección perdía a uno de sus pilares para viajar a Rumania.

P. ¿Qué pasó por tu cabeza?

R. Tuve una sensación de decepcionar a mis compañeros, a la selección, a Santi. De dejarlos colgados. Yo no estaba allí y una de las peores sensaciones como deportista es defraudar a la gente que cuenta contigo.

P. Pero quien paga, manda.

R. Sí. Cada vez la misma historia. Los clubes tienen que entender que la selección es importante, pero son ellos quienes pagan el sueldo. Es un tira y afloja terrible. Y claro, si mi club no tiene pilares yo no puedo decir que no, aunque me esté jugando una Copa del Mundo. La Copa del Mundo no paga las facturas a final de mes. Y al final vuelves con el club pero no juegas igual de bien y con la cabeza en dos sitios a la vez puedes perder el placer de jugar al rugby.

P. Málaga, Cisneros, Bayona, Clermont, Burdeos, Leeds, Limoges, Montluçon y ahora en Aix-en-Provance. Aparte de la selección, ¿con qué equipo de tu carrera te quedas?

R. Aparte de la selección, el segundo año que estuve en Montluçon. Porque éramos una banda que llegamos a cuartos de final del Jean Prat –torneo de acceso a la segunda división del rugby francés– cuando nadie daba un duro por nosotros. Pero por huevos llegamos. Y sobre todo el equipo del Cisneros en División de Honor que también era otra banda que nos matamos por mantener la categoría aunque al final no pudimos.

P. ¿Cómo es la vida de un profesional que además estudia y es padre?

R. La licenciatura me la saqué pero fue difícil. Acabé hace un año y medio porque estuve yendo a la mitad de créditos por año. He pasado por tres tipos de planes de estudios diferentes hasta Bolonia. Y la verdad es que gracias al CSD y a la UNED, que me han ayudado mucho con los calendarios de exámenes y esas cosas, he podido acabar. Y ahora llevo la vida de un profesional que se levanta a las 7 de la mañana, cambia a su hija, la lleva al colegio, se va a hacer gimnasio y entrenamiento de mañana y de tarde. Con tres críos no me da tiempo ni de leer las instrucciones de los juguetes sin quedarme dormido.

La victoria contra Alemania fue fundamental. (EFE/EPA)
La victoria contra Alemania fue fundamental. (EFE/EPA)

P. ¿Cómo es el rugby profesional francés? Esta semana se ha conocido la noticia del intento de fusión de los dos clubes de París Stade Français y Racing 92 ¿Sigue teniendo el aroma de pueblo, de club?

R. El rugby francés no tiene nada que ver con el de otros sitios. Es un rugby de club, pero no como en Argentina. En Federale –tercera categoría e inferiores–, el club es la identidad del pueblo. En Pro D2 y Top 14 –segunda y primera división– es más complicado, no sólo es un pueblo o una ciudad sino que entras a formar parte de una empresa. Sin llegar a ser franquicias como el Super XV porque se sigue manteniendo la identidad del club y de un pueblo pero eso está en peligro. Esa comunión con tu gente se puede perder. La fusión del Stade Français y Racing 92 es un ejemplo. No es una fusión, sino una OPA de Racing por los problemas financieros de Stade. Donde hay dinero hay intereses y no hay sitio para los sentimientos. Y, o ganas o te vas. Punto.

P. ¿Cuándo te diste cuenta de que ibas a ser profesional?

R. Me di cuenta en el centro de formación de Clermont. Había estado un año en Bayona porque me cogieron allá y yo pensé entonces que ya estaba bien, había sido divertido, pero que me volvía a Madrid a terminar mis estudios, a jugar en el Cisneros y listo. Pero me llamaron de Clermont, uno de los mejores centros de formación y me dijeron que tenía cualidades, que me preguntara si tenía la mentalidad para serlo. Me hice la pregunta a mí mismo. Un tío del Rincón de la Victoria, que sólo lleva cinco años jugando, ¿quiere ser profesional? La respuesta salió que sí y aquí estoy.

En Burdeos fue duro, tenía sobrepeso, salía mucho, me dejé llevar por decisiones donde primó más lo económico que lo deportivo

P. Hubo momentos duros, estuviste años sin jugar.

R. Momentos muy duros de querer dejarlo todo y volver a Málaga con mi familia. Uno de los más duros fue en Burdeos. Pensaba que era mejor de lo que era. Me volví a hacer otra pregunta, ¿lo estoy haciendo lo mejor que puedo¿ Y, si no es así, ¿qué puedo cambiar? Yo pensaba que hacia lo máximo, pero no era verdad. Tenía sobrepeso, salía demasiado, me dejé llevar por decisiones donde primó más la parte económica que la deportiva y Burdeos fue un golpe muy duro. Ese año, el entrenador que tengo ahora, precisamente, me echó del equipo. Todo eso me hizo plantearme el rugby. Al año de Burdeos hablé con Neil Back, una leyenda de Inglaterra, que iba a entrenar a Leeds. Y me dijo que allí iba a sufrir mucho. Que iba a aprender a sufrir. Y fue cierto. No jugué ni un solo minuto en Inglaterra pero no me arrepiento de nada, todo lo que aprendí allí lo estoy aplicando ahora con la selección.

P. La primera línea es cómo una secta. ¿De qué jugador has aprendido más? ¿Y sufrido en melé?

R. Hermandad de la primera línea, perdona. El tío de quién más he aprendido, y hay muchos, es Javier Salazar. A quien creo que no se le ha dado su justo reconocimiento. Yo lo tengo como un ejemplo no porque él haya hecho nada especial conmigo, sino de verle e ir quedándome con detalles. Y sufrir contra cualquier pilar izquierdo de Georgia o Rumanía. Mihaita Lazar, el capitán, por ejemplo. Lo bueno de los pilares es que nos encanta tener delante a un tío que nos meta caña y después decirla, ‘vaya paliza me has dado, tío. El próximo partido me encantaría doblarte el espinazo’. Esas cosas.

P. ¿Es el pilar derecho el jugador más importante de un equipo por la importancia en la melé, en la obtención de la pelota?

R. Eso es mentira. Toda la delantera. Como en España, no sólo Jaime Nava empuja, todos tenemos ganas de ir hacia adelante. El grupo de la delantera, no es un secreto, trabajamos el doble que los tres cuartos (risas). No. Sabemos que o damos la cara en delantera contra Georgia o Rumania y somos más fuertes o no nos vamos a comer los mocos. Yo quiero que mis tres cuartos puedan jugar limpios y si no somos mejores en delantera no vamos a ganar partidos. No es sólo Beñat Auzqui, o Gauthier Gibouin y David Barrera que se encargan de las touches o Jaime de liderar el grupo. Necesitamos estar unidos. Ahora, si el jugador más importante es el tres, yo jugaba con quince treses y listo. Pero no es así, el rugby se acabó desde que empezaron a dar premios al mejor jugador. Esto es un deporte de equipo.

P. ¿Dónde te ves de aquí a dos años?

R. Me veo comiendo sushi en Tokio.

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