El día que España de rugby llamó al Ejército para motivar psicológicamente al equipo
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ESTE SÁBADO ESTÁ EN JUEGO EL MUNDIAL DE JAPÓN

El día que España de rugby llamó al Ejército para motivar psicológicamente al equipo

El rugby español afronta este fin de semana uno de sus grandes retos como selección, ganar al XV del Roble a domicilio por primera vez en la historia

Foto: El exseleccionador Sonnes rodeado de militares.
El exseleccionador Sonnes rodeado de militares.

El pasado fin de semana saltaron dos sorpresas en el Campeonato de Europa de Rugby. España venció a Rusia por 16-6 y Alemania dio la campanada imponiéndose a Rumania por 41-38. Con estos resultados, por un lado, se abre el abanico de posibilidades para la clasificación a Japón 2019 y por otro se espera que este sábado sea España la que pague los platos rotos frente a Rumanía por el desliz de éstos con los germanos. Habrá que ver si la piña que se produjo en España en 2012 ante Rumanía -con militares, taurinos y flamenco- puede con la Rumanía de seis jugadores foráneos que cayeron en la primera jornada del VI Naciones B.

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La norma 8 de la World Rugby permite a jugadores no nacionales ser seleccionados por su país para ayudar a elevar el nivel de las selecciones con menos tradición y así expandir el juego del rugby en todo el mundo. De lo anterior sabe bastante Regis Sonnes, quien fuera seleccionador del XV del León, y que en 2012 dirigió al equipo que venció tanto a Georgia como a Rumania en el Campeonato de Europa. Aquel año el rugby español, para variar, respiraba raro. La incomprensión por parte de mucha gente de la política de selección con respecto a los jugadores en Francia, así como las luchas intestinas del XV y Seven por contar con los mejores en una temporada en la que el equipo de siete se jugaba –y logró brillantemente- el acceso a las World Series, amén de los problemas de cohesión arriba citados, hicieron al preparador landais tomar decisiones heterodoxas para ganar partidos.

Para empezar, Sonnes contactó con la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra y dos tenientes coroneles, Agustín Carreño y José Antonio Cuevas se pusieron al mando de la preparación psicológica del equipo de igual manera que si fueran a preparar a sus soldados. Había que resolver problemas dentro del vestuario pero también fuera. Con una opinión pública mayoritariamente en contra de la política de seleccionar a los descendientes de los exiliados y emigrantes españoles en Francia, los jugadores necesitaban un refuerzo extra en los medios. Sentirse importantes. Así, a la rueda de prensa antes del primer partido, los dos militares acudieron con uniforme de gala y se sentaron junto al seleccionador. Fue un golazo. La selección española abrió secciones en la prensa y cerró telediarios. Además, España ganó a Georgia el primer partido.

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Después se ganó a Ucrania en Crimea bajo un tremendo aguacero, pero se perdió amargamente contra Portugal en una encerrona de los lusos en Coimbra. En un partido en el que salió todo mal para los intereses de los leones, allí se partió el brazo el tercera línea Gautier Gibouin, alma del equipo. Todo hacía parecer que la selección, por muchos militares y mucha arenga, volvía a las andadas. Además, piezas fundamentales como César Sempere, que había jugado de apertura todo el torneo, Carlos Blanco y Ryan LeRoux, se iban con el Seven a Hong Kong y no estarían para el siguiente partido contra Rumania.

Toreo de salón en el INEF

Esa semana de preparación para recibir a los Robles, el seleccionador, gran aficionado a la tauromaquia, programó una actividad de toreo de salón en el INEF con el torero Dávila Miura. La respuesta de los jugadores de seven concentrados –exiliados- en Alcobendas fue grabar un vídeo chusco que luego difundieron por redes sociales. En él se mofaban de Sonnes haciendo cómo toreaban. Lejos de ser algo malo salvo para la siempre difícil gestión federativa, los dos equipos tuvieron en su contraparte un 'enemigo' exterior pero, de puertas adentro, ambos vestuarios encontraron cómo canalizar aquello con resultados.

Mathieu Peluchon, que recientemente ha reaparecido con Albi, su club, tras un año en el dique seco por una rotura de cruzado, estaba tocado en el sóleo después del partido contra Portugal. Además, con la marcha de Sempere le iba a caer la responsabilidad de ser el apertura contra Rumania. Entonces, sólo se les había ganado en el año 1992 por un escueto 6-0 pero algo había en el ambiente que decía que se podía lograr la segunda victoria. Peluchon, de natural distendido e imaginativo jugador, sin embargo, no asumía la responsabilidad en los entrenamientos. La 10 pesaba demasiado. Sonnes, quizás imbuido de todo el folclore español con el que había apuntalado a su equipo durante el campeonato tuvo una última idea para salvar los muebles.

El tablao flamenco y el recital de Peluchon

El jueves, tras la sesión de vídeo de la noche, Sonnes llamó a Peluchon y le dijo que se vistiera que iban a salir. Así, de improviso, seleccionador y jugador se fueron a un tablao flamenco del centro de Madrid a cantarse las cuarenta por soleás, a discurrir un plan de juego y a soltar toda la tensión de la semana. No sólo eso. Al zaguero le gustó el ambientillo flamenco y el viernes, tras el captain’s run –tradicional entrenamiento que dirigen los capitanes de cada equipo antes de los partidos- Peluchon pidió al staff de la selección que le localizaran una guitarra, que iba a dar un concierto para sus compañeros durante la cena. La guitarra, por cercanía, acabó siendo la de una tuna universitaria que amablemente la cedió para aquello.

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Y en efecto, el jugador dio el concierto el viernes, limó las tensiones, hizo grupo y ofreció un recital el sábado junto con los otros 22 jugadores. 13-12 al final, un drop antológico para sellar la segunda victoria de la historia ante los Robles y una rueda de prensa surrealista en la que entró cantando María de Ricky Martin. Pura alegría, puro compromiso y, al fin, unión.

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Este sábado España jugará en Bucarest, donde nunca se ha ganado –en principio se iba a jugar en Iasi, en la frontera con Moldavia, en lo que iba a ser otra encerrona a -17º-, y lo que la selección ganó entonces y todavía conserva con Santi Santos es el grupo. Se ponga Rumania delante tras caer contra Alemania o quien se ponga. Jaime Nava, el ahora capitán y que jugó de centro en aquel partido de 2012, siempre ha mantenido un discurso coherente con el asunto de los jugadores foráneos. El sábado en rueda de prensa dijo que “el compromiso que tiene cada uno de estos chicos que vienen aquí, además de los siete compañeros que se han ido a casa, es enorme”. Estará por ver si estos nuevos Robles alóctonos tienen tanto compromiso como nuestros leones.

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