¿Habrá vacuna española a tiempo? Por qué vamos tan lejos de la 'cabeza de carrera'
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Las consecuencias de llegar tarde

¿Habrá vacuna española a tiempo? Por qué vamos tan lejos de la 'cabeza de carrera'

De entre la docena de proyectos españoles, las vacunas más avanzadas comenzarán los ensayos clínicos con personas en enero. ¿Habrá vacuna española? ¿Cuándo?

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¿Habrá vacuna española a tiempo? Por qué vamos tan lejos de la 'cabeza de carrera'

Las últimas noticias sobre la vacuna del coronavirus dibujan un panorama esperanzador para los próximos meses. Tras el anuncio de la alta eficacia de la vacuna que desarrollan la farmacéutica estadounidense Pfizer y la alemana BioNTech, y con otros nueve proyectos en la fase 3 de los ensayos clínicos —están probando su seguridad y eficacia en miles de personas como último paso de la investigación—, es probable que a lo largo de 2021 haya varias vacunas en el mercado.

Si todo va bien en los próximos meses, la de Oxford y AstraZeneca (Reino Unido), la de Moderna (EEUU) o la de Janssen (de Bélgica, parte de cuyos ensayos se realizan en España) podrían estar disponibles en la Unión Europea. Incluso es posible que algunas menos avanzadas completen su desarrollo el año que viene, entre ellas, las de Sinofi (Francia) y CureVac (Alemania). Sin embargo, en todo el mundo hay decenas de proyectos más, entre ellos, los españoles. ¿Qué pasará con ellos?

Foto: Foto: Reuters.

A pesar de los buenos resultados, no sabemos cuánto va a durar la inmunidad que puedan ofrecer estas primeras vacunas, ni si protegerán bien todos los grupos poblacionales o si pueden ser mejoradas. Así que los demás proyectos continúan adelante a pesar de que no aparezcan entre las primeras posiciones de la carrera, entre ellos, una docena de proyectos españoles de varios centros de investigación y algunas empresas que mantienen la esperanza de completar su trabajo y aportar su granito de arena en la lucha contra el covid. Sin embargo, todos se encuentran todavía en ensayos preclínicos (con animales), como se puede ver en el gráfico debajo.

¿Por qué ninguno de ellos está entre los 47 que ya han iniciado los ensayos clínicos con humanos? Los problemas estructurales de la ciencia española lastran este tipo de proyectos, que se quedan demasiado pequeños cuando se trata de destacar a nivel internacional y en un periodo de tiempo tan breve como en este caso. España es la décima potencia científica mundial, al menos por el número de publicaciones, pero ese talento no se traduce en innovación por diversos motivos, así que en el 'ranking' de patentes o empresas innovadoras baja muchos puestos.

La investigación en el campo de las vacunas es un buen reflejo. Un trabajo científico excelente permitió al laboratorio del CSIC de Luis Enjuanes e Isabel Sola ser un referente internacional en el estudio de los anteriores coronavirus, llegando a desarrollar una vacuna contra el SARS de 2003 que nunca llegó al mercado. Algo parecido ocurre con las vacunas españolas frente al VIH, basadas en ARN, como la de Pfizer y la de Moderna. Ese potencial científico ha podido aprovecharse ahora para generar proyectos de vacuna contra el covid, pero no con la dimensión necesaria para estar entre los más rápidos.

A nadie se le escapa que el gran problema es la financiación. Los equipos de investigación afrontan el trabajo con presupuestos raquíticos (al menos comparados con colegas europeos y de otros países desarrollados) y escasa dotación de personal, aparte de otras dificultades que vienen arrastrando desde hace décadas que afectan al sistema en su conjunto, por ejemplo, las trabas burocráticas. Así que el resultado, cuando llega esta pandemia, es que hay multitud de proyectos pequeños, salidos del conocimiento y el buen hacer de unos cuantos especialistas, pero ninguno con el tamaño y los apoyos suficientes, ni públicos ni privados, para competir con los grandes del mundo.

Una persona se vacuna contra la gripe, este lunes en Palma de Mallorca, donde empieza la campaña de vacunación contra la gripe. (EFE)
Una persona se vacuna contra la gripe, este lunes en Palma de Mallorca, donde empieza la campaña de vacunación contra la gripe. (EFE)

A la hora de hacer ensayos clínicos, parten con ventaja los proyectos estatales de China y Rusia y las multinacionales farmacéuticas. Instituciones tan potentes como la Universidad de Oxford necesitan asociarse con AstraZeneca. La empresa alemana BioNTech lo hizo con Pfizer. Talento y músculo financiero y logístico han sido las claves, según los expertos. Ante este panorama, ¿los proyectos más modestos aún pueden subirse al carro?

Según el experto Jaime Jesús Pérez, médico de la Asociación Española de Vacunología (AEV), “el problema de las vacunas que no hayan entrado en ensayos clínicos ya es que, una vez que se aprueben las de Pfizer o Moderna, van a tener mucho más complicada la posibilidad de realizar ensayos clínicos con placebo, porque no sería muy ético administrarlo” si ya existe vacuna para una enfermedad potencialmente mortal. Así que “habría que comparar una vacuna con la otra, la autorizada y la no autorizada, y eso haría muy problemática la aprobación, requeriría mucho tiempo y muestras mucho mayores que las actuales”, destaca.

Además, en teoría deberían demostrar que aportan un beneficio sustancial con respecto a las que ya haya en el mercado o, como mínimo, que no son inferiores. Solo con un cambio de los criterios para la aprobación de las vacunas por parte de los organismos reguladores podría facilitar un desarrollo clínico. En cualquier caso, los científicos de las vacunas españolas creen que el esfuerzo merece la pena y que sus proyectos, más retrasados que los más mediáticos pero espectacularmente rápido comparados con una situación normal, aún tienen probabilidades de éxito ahora o como alternativa para el futuro. De hecho, no están tan lejos.

Los más avanzados

Uno de los más avanzados es el que dirigen Mariano Esteban y Juan García Arriaza en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). Su idea está basada en una versión muy atenuada de la vacuna que se utilizó en el programa de erradicación de la viruela, en este caso, incorporando proteínas del virus SARS-CoV-2 que puedan inducir una respuesta inmune de nuestro organismo. Sus últimos experimentos han sido con ratones humanizados, es decir, roedores modificados genéticamente para probar fármacos, así que el próximo paso es empezar los primeros ensayos con personas en enero.

(Reuters)
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En el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC), el equipo de Vicente Larraga maneja plazos similares. “Estamos en los experimentos finales de la fase preclínica, son ensayos de protección frente a la infección”, explica en declaraciones a Teknautas. A finales de este mes esperan tener los resultados y “si fueran positivos, en diciembre pediríamos permiso a la Agencia del Medicamento para las pruebas en humanos, que podrían empezar en enero”. Este proyecto usa un gen de un antígeno del propio coronavirus SARS-CoV-2 para estimular la inmunidad. La idea es colocar al gen un ‘vehículo’ sintético de ADN, un plásmido, que pueda introducirse en el cuerpo humano.

Después de la fase preclínica, los ensayos con personas o ensayos clínicos se dividen en tres fases y estos proyectos se encuentran a las puertas de entrar en la primera. Esa fase 1 sirve sobre todo para mostrar la seguridad y se realiza con muy pocos participantes, algunas decenas en el mejor de los casos. La fase 2 requiere un número mayor y trata de demostrar también que la vacuna es eficaz. En la fase 3, previa a la solicitud de autorización y comercialización, ya es necesario que participen miles de personas para que los resultados de seguridad y eficacia tengan un gran soporte estadístico.

Proyectos en experimentación animal

El Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), vinculado al Hospital Clínic de Barcelona, trabaja en una vacuna de ARN, como las de Pfizer y Moderna, que también está muy cercana a los ensayos clínicos. “Ya tenemos resultados preliminares en animales y no son malos, pero necesitamos datos adicionales y esperamos completarlos a mitad de diciembre”, comenta el investigador Felipe García. Sus previsiones indican que, si todo va bien, alrededor de marzo podrían iniciar las pruebas en humanos. Tras casi una década de trabajo, “ya hemos realizado un par de vacunas de ARN para VIH y una de ellas ya se ha probado en pacientes, así que ésta sería la tercera”.

Luis Enjuanes, del laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). (EFE)
Luis Enjuanes, del laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). (EFE)

Otro proyecto catalán avalado por su experiencia contra el VIH y las técnicas de ARN es el de Bonaventura Clotet, que está al frente del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa. Su idea es utilizar nanopartículas similares al virus, con su misma estructura pero sin capacidad de infección.

Dentro de los proyectos más sólidos, aunque no destaque en la carrera en cuanto a los plazos, está el de Luis Enjuanes e Isabel Sola en Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC). Sus colegas coinciden en que es el más prometedor de todos los españoles por las décadas de experiencia que acumulan en el estudio de distintos coronavirus y por su método de crear un virus sintético, que en teoría debería dar una muy buena protección, pero van paso a paso. “En las próximas semanas tenemos previsto realizar un experimento de protección en los ratones humanizados. Si todo fuera bien, quizás en el segundo trimestre de 2021 podríamos empezar el ensayo clínico en humanos. Esperemos que haya buena suerte”, comenta Sola.

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En la Universidad Ramón Llull, Salvador Borrós y Cristina Folnaguera han desarrollado un sistema capaz de encapsular de forma eficiente este mismo material genético (el ARN mensajero) antigénico de forma eficiente, reproducible y escalable. Según explica su universidad, “se ha realizado el estudio de biodistribución en ratones, mostrando una alta selectividad para las células dendríticas (responsables de la activación del sistema inmune) y, además, ya se han hecho las primeras pruebas de inmunización de ratones, pero están a la espera de los resultados.

En el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), el grupo de Rafael Blasco —al igual que Esteban y García Arriaza en el CNB— también tiene como referencia la viruela y usa un vector atenuado de la vacuna de esta enfermedad. “Ahora mismo estamos acabando de analizar un test en ratones con varios candidatos vacunales. Hay uno que ha dado una buena respuesta de anticuerpos contra la proteína S del SARS-CoV-2, así que pretendemos seguir con él”, comenta Blasco. Según explica, faltaría estudiar los anticuerpos neutralizantes que han generado los ratones y ver la protección que les puede ofrecer la vacuna. Por otro lado, “estamos preparando una nueva tanda de candidatos vacunales que expresan genes adicionales”.

El ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque. (EFE)
El ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque. (EFE)

Otro proyecto que está en fase de experimentación con animales es el de la Fundación Miguel Servet-Navarra Biomed, dirigido por David Escors Murugarren. Esta iniciativa incluye tres procedimientos diferentes de producción para mejorar la ingeniería de posibles vacunas y su visión es a largo plazo, al margen de luchar contra el SARS-CoV-2, los investigadores creen que su proyecto podría ser útil contra otros coronavirus y otras enfermedades.

La Universidad de Santiago de Compostela compite con dos proyectos. El que dirige José Manuel Martínez Costas se basa en programar a las células para que fabriquen microesferas en las que se introducirían proteínas del coronavirus para estimular la inmunidad. En la actualidad, está a punto de comenzar un ensayo en ratones en Alemania. “A final de año sabremos cómo va nuestra vacuna en un modelo relevante. Esto marcará su futuro: si sale bien tenemos financiado también un ensayo en macacos en Holanda que está supeditado a los resultados de los ratones”, explica. A la vez podría hablarse de hacer ensayo clínico, pero los plazos dependen de distintos factores científicos y empresariales. Su compañero de Universidad Javier Montenegro dirige otro proyecto de vacuna basada en ARN.

Por último, en la Universidad de Zaragoza, Carlos Martín Montañés intenta probar una vacuna que no está dirigida exactamente contra el coronavirus, sino que fue desarrollada contra la tuberculosis, pero que en teoría también podría proteger frente al covid. “Es una vacuna atenuada contra la tuberculosis y no específica contra el SARS-CoV-2”, explica, “se han realizado ensayos en macacos de protección contra el coronavirus en Países Bajos, pero aún estamos a la espera de que se analicen los datos”.

Las apuestas empresariales

Hasta ahora, España tenía un problema de infraestructura a la hora de desarrollar vacunas: no existían fábricas de vacunas humanas. La apuesta, con apoyo gubernamental, ha consistido en reconvertir las empresas que producían vacunas animales para que se adapten y puedan fabricar las destinadas a personas, incluidas las del covid. Por eso, algunos de los proyectos que cuentan con fondos gubernamentales han ido destinados a este fin. Así, en Galicia dos filiales del grupo Zendal van a colaborar al menos en los proyectos del CSIC y de la Universidad de Zaragoza: Biofabri y CZ Vaccines. Otra empresa, la donostiarra Viralgen, trabaja para producir la vacuna que desarrollan el Massachusetts General Brigham Hospital (MGB) y la Universidad de Harvard.

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Sin embargo, también hay un proyecto propio de vacuna desarrollado por manos privadas, en concreto, por la madrileña Algenex, que el pasado mes de septiembre abrió una fábrica en Tres Cantos capaz de producir hasta 100 millones de dosis vacunales al año. “La gran ventaja con la que cuenta Algenex es su tecnología disruptiva para la fabricación de vacunas basadas en proteínas, ya que no utiliza los tradicionales biorreactores”, informa esta empresa, “sino que lo hace a través de las pupas de las crisálidas, lo que le permite la producción de los antígenos de las vacunas, anticuerpos y otros productos biotecnológicos de forma rápida y con un escalado industrial lineal y prácticamente ilimitado; además de a costes mínimos frente a los requeridos en factorías tradicionales”.

Vacuna Coronavirus Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Pfizer
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