La 'pequeña marcha verde' muestra las costuras de la estrategia migratoria de la UE
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La crisis con Marruecos la desborda

La 'pequeña marcha verde' muestra las costuras de la estrategia migratoria de la UE

La crisis en Ceuta muestra las costuras y limitaciones del modelo de éxito que ha representado España, y es un intento de Marruecos de dar un golpe sobre la mesa en el debate migratorio

placeholder Foto: Inmigrantes saltan la valla entre Marruecos y Ceuta. (EFE)
Inmigrantes saltan la valla entre Marruecos y Ceuta. (EFE)

España se ha pasado años defendiendo en todos los foros, reuniones y discusiones que su modelo de gestión migratoria era un auténtico éxito. Y lo cierto es que el Gobierno español tiene los datos de su lado. La cooperación con los países terceros es la pieza clave. No solamente con Marruecos, también con otros países africanos. Bruselas lo ha considerado un ejemplo. España era y sigue siendo el alumno aventajado.

El acuerdo migratorio con Turquía de 2016, que puso fin a la crisis de 2015 en que millones de solicitantes de asilo llegaron a la Unión Europea, tiene una fuerte influencia de la gestión española de sus flujos migratorios. El objetivo es tener una relación con un país tercero que coopere y que controle las fronteras a cambio de incentivos, de un tratamiento privilegiado, de toda una serie de puentes que se tienden sobre la base del control de los flujos.

Foto: Cientos de personas continúan dirigiéndose este martes desde la localidad de Fnideq para cruzar hacia Ceuta. (EFE)

Pero a esa estrategia se le ven las costuras cada cierto tiempo. Tiene sus limitaciones. En el caso de las relaciones entre Madrid y Rabat, esas costuras han quedado a la vista de toda Europa después de que más de 8.000 marroquíes y subsaharianos hayan entrado en los últimos días en Ceuta ante la pasividad de las autoridades del reino alauí, como represalia por la decisión española de acoger a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, ingresado por coronavirus en una clínica logroñesa, uno de muchos agravios percibidos por Marruecos. Aunque el Gobierno se niega a vincular ambos acontecimientos, Rabat señala en esa dirección sin discreción.

Todos los actores relevantes en el estrecho de Gibraltar conocen cómo funcionan las relaciones con Marruecos: cuando hay algo que molesta a Rabat, en cuestión de horas aumenta la carga de trabajo de Salvamento Marítimo. Pero lo que ha ocurrido estos días supera con creces a lo que los que conocen el terreno han visto en mucho tiempo, por mucho que el método no sea nuevo: abrir el grifo de los migrantes para exigir cosas a cambio. No es un secreto para nadie. Pero esta vez el grifo se ha abierto mucho más, y los motivos han sido todavía más obvios que en otras ocasiones, sin intención de enmascarar las razones detrás del movimiento.

Foto: La ministra de Relaciones Exteriores española, Arancha González Laya, junto a su contraparte marroquí, Nasser Bourita, en una visita a Rabat en enero. (Reuters)

El modelo marroquí, imitado en gran medida en otros casos, como en Turquía, significa también exportar los métodos de Rabat. A finales de febrero de 2020, el Gobierno turco decidió abrir el grifo de migrantes hacia Europa horas después de que fuerzas turcas fueran atacadas por el Ejército sirio con apoyo ruso al norte de Siria. Como ha ocurrido en el caso marroquí, en febrero del año pasado, bastaron unas cuantas palabras por parte del portavoz del Gobierno turco: “Ya no estamos en disposición de retenerlos”. En cuestión de horas, Grecia estaba contra las cuerdas.

Ankara buscaba un apoyo europeo en sus aventuras en el norte de Siria, que no contaban con el beneplácito de los Veintisiete, y mejorar las condiciones del acuerdo migratorio de 2016. Todos los expertos, analistas y diplomáticos consultados coinciden en que hay un mismo patrón. Y muchos coinciden en explicar que es casi inevitable que ocurra cuando se da a un país tercero la llave de tu frontera, por eso es crucial la confianza.

Hoy, Turquía está inmersa en un intento de construir una “agenda positiva” con la Unión Europea. Si cumple en el frente migratorio y también militarmente en el Egeo, así como en las negociaciones respecto a Chipre, la Unión Europea no solamente mantendrá su lluvia de millones sobre Ankara, sino que promete mejorar y modernizar la unión aduanera con el país, que en todo caso siempre explora hasta qué punto puede llegar a estirar la cuerda de la paciencia europea sin que se rompa.

Foto: Foto: Javier Sakona.

“España ha sido y sigue siendo el modelo de la gestión migratoria, porque hemos tenido grandes flujos, más constantes y menos espectaculares que este, y se ha gestionado siempre con una relativa paz social. Ese modelo siempre se ha citado como un ejemplo de colaboración con países terceros”, señala Camino Mortera, investigadora en el Centre for European Reform (CER) especializada en asuntos de interior, justicia y migración.

Olivia Sundberg, del European Policy Centre, un 'think tank' con sede en Bruselas, ha señalado que “hay ecos entre la cooperación España-Marruecos y la que se persigue con otros países vecinos de origen y tránsito. Los tres ejemplos, Marruecos, Libia y Turquía, reflejan un modelo de gestión de la migración centrado en la externalización, mediante el cual los Estados de la UE brindan apoyo financiero y operativo a países que no pertenecen a la UE, a cambio de que tomen mayores medidas para frenar los flujos migratorios irregulares hacia Europa”. Sundberg señala que este enfoque está “firmemente arraigado” en la estrategia de diálogo de la UE con terceros países, aunque no cree “necesariamente que [la relación con Marruecos] sea la plantilla para las demás”.

Foto: La embajadora de Marruecos, Karima Benyaich, en su recepción de carta credencial del Rey. (EFE)

Mortera también señala que el acuerdo con Turquía o la relación con Libia no son del todo comparables con el caso de Marruecos, aunque haya ecos. “España tiene una relación más de igual a igual con Rabat, y siempre ha habido unas contraprestaciones que estaban claras. Marruecos ha sido siempre, quizás hasta hoy, un socio bastante fiable, algo que no se puede decir de Turquía y tampoco de Libia, donde no hay un Gobierno con el que cooperar”, explica la investigadora.

Golpe sobre la mesa

Quizás es precisamente eso lo que ha empujado al Gobierno marroquí a iniciar esta crisis, además de las tensiones respecto al Sáhara Occidental que se acumulan desde hace meses. No es la primera vez que alza la voz respecto a la relación que tienen otros socios de la vecindad. Ya lo hizo tras el acuerdo migratorio con Turquía, considerando que se da un tratamiento más favorable a un país más desleal y menos fiable. Por eso, España ha pasado los últimos años presionando en Bruselas para que se aumenten las ayudas al reino alauí.

En enero de 2019, la por entonces secretaria de Estado de Migraciones, Consuelo Rumí, viajó a Bruselas con intenciones muy claras. Ante los periodistas, señaló que España quería ser “la voz de Marruecos en Europa” y explicó que viajaba a la capital comunitaria para presionar a la Comisión Europea y lograr que fluyeran fondos hacia Rabat: aunque la UE se había comprometido a enviar 140 millones de euros al régimen marroquí, hasta entonces solamente habían llegado 30 millones.

La playa de El Tarajal, escenario de un drama humanitario

Marruecos quiere su lugar en el debate migratorio europeo y en la billetera, más allá de sus motivaciones respecto al Sáhara Occidental: Turquía y Libia reciben más fondos que el reino alauí. Mortera considera que Rabat ha intentado dar un “golpe sobre la mesa” y señala que será interesante ver “cómo afecta a la percepción de un socio estable y menos problemático como es Marruecos y a la capacidad que tiene España de gestionar el asunto de forma bilateral”. La experta del CER señala otro punto interesante: en la reacción española, se hacen muchas referencias a que la frontera española es una frontera europea, un mensaje que ha ido ganando fuerza a lo largo de los últimos años. El Gobierno intenta implicar más a Bruselas en su gestión.

Las diferencias en la imagen son enormes. En febrero de 2020, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, junto a Charles Michel, del Consejo Europeo, y David Sassoli, del Parlamento Europeo, viajaron a la frontera entre Grecia y Turquía. Allí, junto al primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, Von der Leyen pronunció una frase en la que cerraba completamente filas con Atenas, que usaba mano dura ante los migrantes: “Agradezco a Grecia por convertirse en el escudo europeo en estos momentos”.

Nada de eso se ha visto en las últimas horas. Bruselas está acostumbrada a que España se las arregle sola con Marruecos y, por el momento, el Gobierno no quiere replicar lo que se hizo en Grecia hace algo más de un año. Pero esta vez España sí que ha movido los hilos para evitar que este asunto quede como una simple escaramuza bilateral, precisamente con el objetivo de mostrarle a Rabat que forma parte del debate europeo, que importa, y, al mismo tiempo, que España tiene junto a ella al resto de la Unión Europea. Así, el Gobierno se ha encargado de que los mensajes enviados por dos comisarios, el vicepresidente, Margaritis Schinas, y la titular de Interior, Ylva Johansson, así como Von der Leyen y Michel, fueran muy similares a los que ha lanzado a lo largo del martes el Ejecutivo español, insistiendo en una misma idea: las fronteras españolas son fronteras europeas.

Foto: Cientos de inmigrantes esperan en la playa de Fnideq para cruzar los espigones de Ceuta este martes. (EFE)

Von der Leyen, Schinas y Johansson han aprovechado la oportunidad para presionar sobre la necesidad de avanzar sobre un acuerdo migratorio para una gestión conjunta de los flujos. El anterior marco de gestión voló por los aires en 2015 y, desde entonces, la Unión Europea funciona con parches y soluciones temporales a la espera de un gran acuerdo. España vivía esa espera con relativa calma debido a que tenía todos los cabos más o menos bien atados. Pero junto a la situación en Canarias, esta es la segunda crisis que las fronteras españolas sufren en los últimos meses, y en la capital comunitaria algunos diplomáticos y funcionarios esperan que eso ayude a que España apoye avanzar más rápidamente en el acuerdo migratorio.

Madrid, como Roma, considera que el texto se queda corto. Polonia y Hungría, liderando el bloque del este, consideran que se va demasiado lejos. Y en esas diferencias el texto avanza de forma muy lenta, según admite la propia comisaria de Interior, aunque Johansson daba un punto de optimismo hace algunos días, explicando que hay buenas señales por parte de algunos Estados miembros.

Foto: Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea. (EFE)

“La principal lección de esta crisis es que la UE necesita un verdadero modelo migratorio común, un pacto por el asilo viable, humana y económicamente sostenible. Sin ello, todos los países terceros pueden utilizar esta vulnerabilidad evidente de la Unión. Es tan evidente que, a cada jugada geoestratégica, se utiliza a los migrantes. Los más vulnerables son siempre las víctimas de esta falta de responsabilidad de los Estados”, explica por su parte Maite Pagazaurtundúa, eurodiputada de Ciudadanos y vicepresidenta de la comisión de Interior y Justicia del Parlamento Europeo, que critica el “chantaje” de Marruecos y que el reino alauí use a civiles como un elemento negociador.

En las últimas horas, se le han visto las costuras a la gestión española. Los problemas no son nuevos y el debate que se plantea es de sobra conocido. Pero lo que ha ocurrido recuerda hasta qué punto la relación puede entrar en dinámicas peligrosas y difíciles de controlar. Sin embargo, en Bruselas nadie ve una alternativa a la gestión de los flujos migratorios que el mismo modelo que ahora muestra sus limitaciones: todo pasa por construir relaciones de confianza con países terceros.

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