Un año de la Comisión Von der Leyen: entre la emergencia y la huida
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MUCHOS RETOS POR DELANTE

Un año de la Comisión Von der Leyen: entre la emergencia y la huida

Ursula von der Leyen cumple un año como presidenta de la Comisión Europea con algunas decepciones a sus espaldas pero con oportunidades de cara al futuro

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Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (EFE)

Entre 2008 y 2019 Bruselas se convirtió en la capital mundial de las crisis. No todas pasaban necesariamente por la ciudad belga, pero desde luego en ningún otro lugar la crisis tenía una materialización política tan visible y tangible como en el barrio europeo, con sus desfiles continuos de ministros y líderes europeos para cumbres interminables y madrugadas claves. En 2020 dejó de ser la meca de las crisis por la pausa a las reuniones físicas debido a la pandemia del coronavirus. Ha sido un reflejo perfecto de lo vivido a nivel de la política europea desde la llegada de esta nueva Comisión Europea a finales de 2019: la pérdida de peso continua de Bruselas como el centro gravitatorio de la agenda política europea, con un papel de liderazgo e iniciativa para el Ejecutivo comunitario.

El 1 de diciembre de 2019 Ursula von der Leyen (Bruselas, 1958) entró en su nuevo despacho como presidenta de la Comisión Europea en el decimotercer piso de la sede del Ejecutivo comunitario en el corazón del barrio europeo. Llegaba con una gran cantidad de promesas y grandes planes, que rápidamente se vieron sacudidos por la realidad de las crisis, del día a día y del difícil funcionamiento de la Unión Europea. En los 100 primeros días ya parecían haberse pinchado todos los globos de su fiesta de inauguración de principios de diciembre. Su agenda de prioridades sigue siendo válida, e incluye el cambio climático, el reto digital o la autonomía estratégica, pero la pandemia y su imagen poco sólida en Bruselas hacen que ahora mismo nadie espere nada concreto.

Un año después, tras un curso inusualmente largo por el cansancio psicológico de la maratoniana crisis del coronavirus, la Comisión Von der Leyen parece haber dilapidado ya toda su legislatura. Sin embargo, quedan todavía cuatro largos años por delante. La presidenta busca ahora situarse de vuelta en el tablero y relanzar su agenda, esperando una especie de “reinicio” de su mandato, como si la crisis del coronavirus hubiera borrado el último año. Y la realidad no es solo que no hay tal reinicio, sino que la alemana no ha aprendido de muchos de los errores que le llevaron a dilapidar sus 100 primeros días.

placeholder Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (EFE)
Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (EFE)

Un arranque difícil

Von der Leyen heredó un asiento difícil. En 2014 su antecesor, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, había conseguido, de la mano del Parlamento Europeo, imponerse en el Consejo Europeo como futuro presidente del Ejecutivo comunitario. Por primera vez, la Eurocámara ganaba el pulso a los líderes europeos en la elección del líder de la Comisión. Y, en consecuencia, Juncker pasó los siguientes cinco años disfrutando de una autonomía política que le permitió chocar de manera continua con los Estados miembros y politizar el papel de Bruselas. Podía permitírselo: al fin y al cabo, no solamente era él el último “viejo zorro” de la política europea con dos décadas de experiencia como jefe de Gobierno a sus espaldas sino que no debía su cargo a ninguno de los líderes nacionales.

La hasta entonces ministra alemana de Defensa ya partía de una situación radicalmente distinta. Una absoluta desconocida más allá de los círculos de la OTAN, Von der Leyen debe su puesto por completo a los líderes del Consejo Europeo y a un puñado de votos ultraconservadores que le permitieron obtener la luz verde del Parlamento Europeo por los pelos. Von der Leyen no podía competir 'a priori' con Juncker porque son figuras distintas: el luxemburgués ha pasado una vida labrando un discurso sobre Europa, una idea concreta que se enraiza con su vida política y personal, y la alemana no tiene tan trabajado ese perfil político.

Foto: European parliament plenary session state of the union in brussels

Ha intentado adoptarlo, porque de hecho ella tiene su propia y personal historia de Europa, desde su propio nacimiento en Bruselas mientras su padre, Ernst Albrecht, trabajaba en las instituciones, a las que estaba vinculado desde el inicio de su carrera profesional. La historia personal de Von der Leyen es la de una estirpe de servidores públicos europeos, la de la sucesión de su padre heredando y llevando a otro nivel también los objetivos de su generación política. La alemana vivió su infancia rodeada de figuras prominentes de la política alemana y europea. Nadie duda de que Von der Leyen tiene el fondo de una líder europea, pero nadie cree que eso se haya visto en este año.

Hay razones para creer que existe esa Von der Leyen porque mostró los mimbres durante parte de su carrera política en Berlín, siendo una figura firme, impopular entre sus filas por oponerse en ocasiones a las posiciones tradicionales de la CDU. Siempre implicada, hasta que se hizo cargo de Defensa, en ministerios que le afectaban de manera directa tras una vida luchando por tener una carrera propia en tiempos en los que una mujer con siete hijos no tenía permitido ser nada más allá que madre. En el ministerio de Defensa Von der Leyen vivió su declive político, en parte por apostar por eslóganes y campañas que no coincidían con la realidad.

Y esa fue la versión que se vivió en los 100 primeros días de la alemana al frente de la Comisión Europea, marcados por los grandes eslóganes y palabras, pero que se traducían en propuestas pobremente preparadas y estrategias poco ambiciosas. Además, Von der Leyen había exportado a su círculo más estrecho del ministerio de Defensa directamente hasta la planta noble del Berlaymont. Y eso se tradujo en una guardia pretoriana que no entendía el lenguaje de la política europea, que no conocía los mecanismos de Bruselas y que rápidamente se encontró con el desencanto de parte del músculo de la Comisión por su falta de capacidad ejecutiva.

placeholder Von der Leyen junto a la canciller alemana, Angela Merkel. (EFE)
Von der Leyen junto a la canciller alemana, Angela Merkel. (EFE)

La madre de todas las crisis

Entonces llegó la crisis del coronavirus, una pandemia que cogió a la Comisión Europea en terreno de nadie. Prácticamente sin competencias, el Ejecutivo comunitario tenía pocas opciones. Apostó por un rol de coordinador al que en el caos de la primera pandemia nadie escuchó demasiado, desoyendo sus consejos, como el de evitar cierre de fronteras. Pueden hacerse múltiples críticas a Von der Leyen y el Ejecutivo comunitario a raíz de la pandemia, pero lo cierto es que es una situación sin precedentes en la que resulta difícil saber de qué forma podría haber desarrollado un papel distinto Bruselas.

Sin embargo, ha habido dos aspectos durante la gestión de la pandemia que recogen bien el espíritu de esta Comisión. Por un lado, la apuesta por el Fondo de Recuperación. El Ejecutivo comunitario, en vez de apostar por un papel de liderazgo, dejó en manos del eje franco-alemán la propuesta de un paquete de 500.000 millones de euros en transferencias, limitándose después a añadir 250.000 millones más en créditos. Bruselas se quedó prácticamente como el brazo ejecutor y técnico de una propuesta que, sin embargo, desde la Comisión Europea se asegura que se diseñó en el Berlaymont, aunque se permitiera a otros cantar victoria.

Foto: La canciller alemana, durante su rueda de prensa virtual con Macron. (Reuters)

Algunos aseguran que quizás aquí, de forma indirecta, ha sido cuando Von der Leyen ha hecho su gran contribución a la integración europea. La idea de una emisión masiva de deuda conjunta de la Unión Europea ha sido, desde siempre, un tabú en Alemania. Y, sin embargo, prácticamente sin oposición de la opinión pública, la canciller alemana Angela Merkel decidió aceptar la idea tras un primer forcejeo. En París, que fue la capital que puso sobre la mesa el nombre de Von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea en la maratoniana cumbre de finales de junio de 2019, se defiende que es precisamente la presencia de la alemana al frente del Ejecutivo comunitario lo que ha permitido dar ese paso. Merkel tiene una relación estrechisima con la única persona que ha formado parte de todos sus Gobiernos. La canciller alemana cruzaba por fin el Rubicón de la deuda europea, pero lo hacía de la mano de su más estrecha colaboradora, no de un viejo federalista. Que con Juncker nunca habría ocurrido.

El otro ejemplo durante la pandemia sobre la visión que Von der Leyen parece tener del rol de la Comisión Europea lo hemos visto con las vacunas. La alemana se ha volcado en que el Ejecutivo comunitario sea el “facilitador” para la llegada de las dosis de la vacuna del coronavirus a los Estados miembros. Si bien es un rol importante, y gracias a esta iniciativa habrá cientos de miles de millones de dosis disponibles para los europeos, el hecho de que sea una de las principales apuestas del Ejecutivo comunitario demuestra de nuevo ese carácter burocrático y técnico que la alemana ha dado a esta Comisión.

placeholder Von der Leyen habla ante el Pleno del Parlamento Europeo en Bruselas. (Reuters)
Von der Leyen habla ante el Pleno del Parlamento Europeo en Bruselas. (Reuters)

Un año después

Von der Leyen quería que los primeros meses y el primer año sentaran las bases del resto de la legislatura. Y lo que ha ocurrido en la realidad es que la presidenta de la Comisión Europea ha acabado atrapada en un papel secundario y arrastrando al Ejecutivo comunitario hacia un rol técnico, lo que en Bruselas se califica como una “dirección general” del Consejo, del que, si Von der Leyen quiere salir, probablemente tenga que dedicar el resto de su legislatura.

Como si el hecho de que las reuniones hayan dejado de ser físicas hubiera hecho dispersarse la “capitalidad” europea de Bruselas, el liderazgo que se le supone a la Comisión Europea, consagrada en el artículo 17 del Tratado de la Unión Europea, en el que se recoge que el Ejecutivo comunitario “promoverá el interés general de la Unión”, también se ha dispersado.

Von der Leyen parece sentirse cómoda en ese papel de mediadora del eje franco-alemán, como se demostró durante el diseño de la propuesta del Fondo de Recuperación, que de hecho generó un cierto cambio de opinión en Bruselas respecto a ella. El continuo contacto con su valedor, el francés Emmanuel Macron, y con su antigua jefa, Angela Merkel, ha sido la tónica habitual y parece haber dado sus frutos.

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)

Pero no lo hará por mucho más tiempo. Merkel ve cómo se extingue su carrera política, que finalizará con las elecciones alemanas de septiembre de 2021. Quien suceda a la canciller ya no tendrá esa relación estrecha con Von der Leyen e, incluso dependiendo de lo que ocurra en la conferencia de la CDU, podría ser un enemigo histórico de Merkel el que mande en Berlín a finales del próximo año.

La apuesta de Von der Leyen ha funcionado por el momento y, junto con la presión de París y del ministerio socialdemócrata de Finanzas del Gobierno alemán, ha ayudado a que Merkel por fin haya cruzado el Rubicón. Con el Fondo de Recuperación de 750.000 millones de euros, si finalmente queda desbloqueado y se levanta el veto de Hungría y Polonia, Von der Leyen tendrá un gran poder durante los próximos años. Si la alemana sabe utilizarlo y a ello le suma voluntad política y un discurso sobre Europa, entonces habrá dado la vuelta a la situación inicial.

Sin embargo, por lo pronto, Von der Leyen no parece estar pilotando un cambio de rumbo en la estrategia de posicionar a Bruselas como un agente mediador que, en vez de impulsar el interés general de la Unión, prefiere poner sobre la mesa propuestas que no vayan a molestar a los Estados miembros. Recientemente, la Comisión Europea ha apostado por ese papel al presentar una propuesta para el Pacto migratorio falta de ambición. Como apuntan algunas fuentes diplomáticas: los líderes europeos ya se encargan de rebajar la ambición de cualquier asunto que Bruselas pone sobre la mesa, así que la idea de que sugiriendo algo menos ambicioso va a estar más garantizada la supervivencia de la propuesta es completamente errónea. La intención de Von der Leyen de que no tumben al completo sus ideas ha llevado a Bruselas a reducir drásticamente su ambición.

Foto: Sede del Consejo Europeo en Bruselas. (EFE) Opinión

El último año ha estado marcado por la emergencia y eso otorga a Von der Leyen algunos instrumentos útiles para el futuro si sabe utilizarlos. Pero también ha estado marcado por su huida como líder. La alemana vive en la sede de la Comisión Europea, para ella una muestra de estoicismo y de voluntad de trabajar a cualquier hora del día cualquier día de la semana, pero para sus detractores una muestra más de su falta de contacto con la realidad que le rodea.

La presidenta de la Comisión Europea evita bajar a la calle y afrontar el choque con la realidad de Bruselas. En eso no solamente no ha avanzado, sino que ha retrocedido. Von der Leyen evita comparecer ante la prensa y prefiere utilizar formatos de vídeos grabados que sube a sus redes sociales. Tras cumplir 100 días en el cargo, la alemana se enfrentó a las preguntas de los periodistas. Pero el aniversario se cumple sin que la alemana encuentre un hueco en su agenda para bajar a la sala de prensa.

placeholder Un vídeo de Von der Leyen es proyectado en la sala de prensa de la Comisión Europea. (EFE)
Un vídeo de Von der Leyen es proyectado en la sala de prensa de la Comisión Europea. (EFE)

​Fin de la era Merkel

Von der Leyen sigue recibiendo fuertes críticas en Bruselas. Solamente rodeada por su círculo cercano, su apuesta por el rol mediador del eje franco-alemán y como brazo técnico de las capitales, junto al año completo inmerso en crisis, hace que la alemana siga sin entender Bruselas, sus mecanismos ni su política. Con la desaparición de Merkel, Von der Leyen se arriesga a perder completamente el rumbo del barco que dirige.

Un año después de acceder al puesto de presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen se encuentra ante el momento definitorio de su mandato. Tiene ahora mejores cartas que el 1 de diciembre de 2019 y la gran duda es si sabrá qué hacer con ellas en un momento en el que el papel que ha jugado hasta ahora se extingue. Berlín dejará de ser sinónimo de Berlín a finales de 2021 y Macron afronta elecciones presidenciales en abril de 2022. Si no quiere terminar de caer en la parálisis, Von der Leyen tiene la oportunidad de reconvertirse y devolver a la Comisión Europea a la iniciativa y al liderazgo. Quedan cuatro años por delante, pero para la presidenta ha llegado la hora de las decisiones.

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