EL FONDO TENDRÁ QUE ESPERAR A JULIO

No hay acuerdo sin estrechar manos: diplomacia y 'lobby' en la distancia social

Los líderes europeos volverán a celebrar una videoconferencia el próximo 19 de junio, pero dejan el acuerdo final sobre el Fondo de Recuperación para más adelante, ¿por qué?

Foto: Asesores acompañan al presidente francés en una de las últimas videoconferencias de líderes europeos. (Reuters)
Asesores acompañan al presidente francés en una de las últimas videoconferencias de líderes europeos. (Reuters)

Consejo Europeo es uno de los eventos políticos más interesantes a los que uno puede acudir y ver de cerca. Toda una procesión, llena de rituales, costumbres, códigos y prácticas que se han ido perfeccionando y fortaleciendo durante muchas décadas. Es el centro del poder de Europa, donde los ciudadanos europeos se juegan gran parte de su futuro, y, sin embargo, es enormemente desconocido. Concentra, en una sola sala, dos almas: la de la camaradería entre líderes que se entienden por estar sometidos a presiones y problemas similares, y al mismo tiempo el alma del enfrentamiento por los intereses encontrados.

Desde hace meses los líderes europeos, ministros de Finanzas y diplomáticos pelean por darle forma y acordar un Fondo de Recuperación para reactivar la economía europea tras el shock sin precedente del coronavirus. Y el próximo 19 de junio se celebrará un nuevo Consejo Europeo, pero, otra vez, por videoconferencia. Charles Michel, presidente del Consejo, espera que la próxima reunión pueda ser presencial y, ya sí, que pueda cerrarse un acuerdo en ese encuentro o en uno segundo en julio.

¿Pero por qué esperar a que los líderes puedan reunirse en el edificio acristalado del Consejo Europeo en la larga y transitada Rue de la Loi de Bruselas? Porque en Europa no hay acuerdo sin estrechar la mano, sin contacto, sin papeles y sin largas madrugadas en las que se llega a un punto en común cuando se han descartado ya todas las demás opciones.

Edificio del Consejo Europeo en Bruselas. (EFE)
Edificio del Consejo Europeo en Bruselas. (EFE)

La ‘diplomacia del Zoom’, en referencia al popular programa de videollamadas que se ha estado utilizando para estas reuniones, no solo entre los líderes, sino también entre los ministros, tiene muchísimas limitaciones. Micrófonos encendidos, líderes torpes con la tecnología y dificultades para comunicarse que hacen de estos encuentros digitales algo diametralmente opuesto a lo que normalmente es una cumbre europea. Las pantallas eliminan gran parte de los factores que hacen posible un acuerdo entre líderes.

Cualquier persona que vea de cerca un Consejo Europeo podrá identificar lo importante que es el elemento personal en las reuniones de los líderes desde el primer momento en el que entran al edificio, sonriendo, saludando, charlando y bromeando con los distintos jefes de Estado y de Gobierno. Por eso es tan importante que el presidente del Gobierno hable idiomas: porque, aunque parezca mentira, en la cúpula de Europa tener buenas relaciones personales es clave.

No solo eso: las videollamadas eliminan la atmósfera de tensión y la necesidad de llegar a un acuerdo para poder salir por fin de las salas con nula iluminación natural del Consejo Europeo. Estas reuniones, en las que los líderes se entienden, hablan el mismo idioma del poder, son también en ocasiones encuentros muy tensos, en los que hay mucho en juego y en los que la mano del presidente, ahora Michel y recientemente el polaco Donald Tusk, debe guiar la pelea hacia el terreno en el que sea posible un acuerdo, evitando siempre el precipicio de levantarse de la mesa sin pacto alguno.

Los acuerdos requieren de mucho movimiento. Y nos referimos a movimiento físico, literalmente. Los jefes de Estado y de Gobierno se levantan varias veces de la mesa central del Consejo Europeo cuando el presidente anuncia recesos, y entonces comienzan las coreografías de encuentros bilaterales, charlas en esquinas de las habitaciones y búsqueda de entendimientos.

Al mismo tiempo los ‘sherpas’, representantes personales de los líderes europeos, pelean en salas contiguas, sujetan papeles y los zarandean en el aire, señalan párrafos del comunicado final, reescriben a bolígrafo en el borrador que hay impreso. Cambian ese verbo, porque no convence al italiano, e incluyen este adjetivo, porque el alemán cree que su canciller no puede apoyar el texto tal y como está. Así es como se forjan los acuerdos, con los líderes marcando unas líneas maestras y sus hombres y mujeres de confianza poniendo las comas y los puntos para devolver el papel a los jefes de Estado y de Gobierno y que puedan dar su visto bueno.

Eso ha desaparecido con el coronavirus. Cada jefe de Estado y de Gobierno en su despacho, sin ningún tipo de contacto entre ellos, sin la posibilidad de celebrar encuentros bilaterales, sin la posibilidad de empujar y presionar a un líder que está en contra de su posición, sin la opción de que sus ‘sherpas’ forjen un texto estable sobre el que trabajar con la misma facilidad que antes.

Conseguir que líderes que defienden posturas muy distantes se pongan de acuerdo es mucho más difícil cuando ambos pueden optar por pulsar el botón para silenciar al primer ministro cuyo discurso le incomoda y se sabe ya de memoria. Y por eso desde el principio las fuentes europeas insistían en que iba a hacer falta una reunión presencial para poder acordar el texto final.

No solo se ha visto afectado el Fondo de Recuperación. Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea para el Brexit y ahora a los mandos de las conversaciones con el Reino Unido para las relaciones futuras, ha tenido que comprobar también las dificultades técnicas que representa el hecho de tener que mantener un tira y afloja con los técnicos británicos respecto a pesca, igualdad de condiciones o gobernanza de las futuras relaciones a través de una pantalla.

Un corro de líderes durante el último Consejo Europeo presencial. (EFE)
Un corro de líderes durante el último Consejo Europeo presencial. (EFE)

Avances importantes

Pero incluso aunque los líderes dejen para julio la finalización del acuerdo del Fondo de Recuperación, lo cierto es que se ha avanzado mucho en los últimos meses. Se ha ido muy lejos muy rápido, siempre que tengamos en cuenta los típicos tiempos y calendarios de los acuerdos europeos, muy lentos no por la burocracia europea, a la que se suele culpar de ello, sino porque no es fácil poner de acuerdo a veintisiete gobiernos nacionales, cada uno con sus intereses.

Pero lo cierto en que en solo unos meses la UE ha sido capaz de poner en marcha una triple red de seguridad de medio billón de euros conformado por créditos para el apoyo a los esquemas de desempleo como el ERTE, una línea del fondo de rescate europeo para financiar gasto sanitario y una garantía paneuropea por parte del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Y el uso del fondo de rescate europeo, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) no estaría sujeto a una condicionalidad estricta, lo que significa que los nórdicos han cruzado una de sus líneas rojas.

El primer ministro de Hungría habla ante la prensa durante el último Consejo Europeo presencial. (Reuters)
El primer ministro de Hungría habla ante la prensa durante el último Consejo Europeo presencial. (Reuters)

Varios diplomáticos europeos, conocedores de las dificultades que esto habría representado en otro momento, se han sorprendido por lo que se ha conseguido en los últimos meses, y eso que se ha hecho utilizando la ineficiente y problemática ‘diplomacia del Zoom’.

El problema es que la batalla mayor es el acuerdo del MFP y del Fondo. Y en ella, desde el primer momento, fuentes europeas han explicado que iba a ser imposible alcanzar un pacto si Michel no tenía la posibilidad de encerrar a todos los líderes en una misma sala.

Eso ocurrirá seguramente ya en julio, bajo la recién estrenada presidencia alemana del Consejo y con el tiempo corriendo en contra. Michel quiere dejar todo cerrado antes de que termine julio, y la Comisión Europea quiere adelantar más de 11.000 millones de su Plan de Recuperación para que se pongan en marcha en septiembre. Nadie duda en Bruselas que eso requerirá una de esas largas madrugadas europeas, y no precisamente delante de una 'webcam'.

Europa

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