el laborista Peter Mandelson (66 años)

El 'príncipe de las tinieblas' se postula para dirigir la OMC: este es el 'Sr. Lobo' de UK

Siempre ha sido uno de los personajes más fascinantes de la política británica. Es amado y odiado, pero, ante todo, temido, tanto por enemigos como por amigos

Foto: Peter Mandelson, en una entrevista en 2013. (Reuters)
Peter Mandelson, en una entrevista en 2013. (Reuters)

El 'príncipe de las tinieblas' ha vuelto… Si es que en alguna ocasión llegó a irse del todo. Maquiavélico, oscuro, sibilino y, ante todo brillante negociador, el laborista Peter Mandelson (66 años) siempre ha sido uno de los personajes más fascinantes de la política británica. Es amado y odiado, pero, ante todo, temido, tanto por enemigos como por amigos.

El ahora lord siempre ha sabido mantenerse en candelero. Fue uno de los hombres con más poder durante los largos años del Gobierno de Tony Blair y, tras el Brexit, se ofreció en secreto para ayudar a Bruselas durante las arduas negociaciones de divorcio. Europeísta convencido, en el Reino Unido le llegaron a tachar de “traidor”. Pero lo cierto es que no se le vio especialmente afligido. Él siempre ha atendido a sus propios intereses. Y, ambicioso como pocos, en su camino se ha marcado ahora una nueva meta: la dirección general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Después de que el brasileño Roberto Azevedo anunciara que dejará el cargo el 31 de agosto, los países miembros tienen ahora hasta el 8 de julio para presentar a sus candidatos. El mexicano Jesús Seade, la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala y el egipcio Abdel-Hamid Mamdouh son, de momento, los tres nombres ya oficiales en liza. Normalmente, el proceso dura nueve meses, pero ahora se quiere reducir a tres, una meta ambiciosa dadas las restricciones que la pandemia ha impuesto a la diplomacia. Algunos líderes europeos podrían mostrarse reacios a dar el puesto a un británico, al verlo como una "recompensa" tras el Brexit. Claro que Mandelson no es un perfil cualquiera y ya suena con fuerza en algunas quinielas.

En 2004, Blair le nombró comisario europeo del Reino Unido. Por aquel entonces ya empezaba a preocupar el creciente sentimiento euroescéptico en el país. En Bruselas, el también llamado “ministro siniestro” desplegó todas sus dotes de conspirador, desarrollando aún más si cabe sus actitudes como trabajador incesante y seductor brillante con sus interlocutores.

Apenas estuvo cuatro años porque en 2008, ocurrió lo inimaginable. Gordon Brown, que por aquel entonces agonizaba como primer ministro, le pidió que regresara al Ejecutivo, a pesar de que entre ellos siempre había existido una enemistad. Y es que, de alguna manera, Mandelson era considerado en el Reino Unido como “el señor lobo”. Los Gobiernos laboristas siempre acudían a él cuando tenían problemas. En concreto, en 2008, al no ser diputado, tuvieron que nombrarle lord. No desaprovechó la ocasión para ponerse no uno, sino dos títulos - lord Mandelson de Foy y de Hartlepool-. Si uno es egocéntrico, ¿por qué ocultarlo? En cualquier caso, siempre ha sabido mantener grandes contactos con el otro lado del Canal de la Mancha, por lo que no cabe la menor duda de que sabrá jugar bien sus cartas.

OMC, plaza clave para el UK pos Brexit

Ahora mismo, la OMC es más significativa que nunca para el Reino Unido. En caso de que las negociaciones comerciales entre Londres y Bruselas no lleguen a buen puerto, a partir de enero, una vez haya concluido el periodo de transición post Brexit, las relaciones entre ambas partes se regirán únicamente bajo las directrices de esta institución. Y en este sentido, las filas del Partido Conservador del actual primer ministro Boris Johnson están completamente divididas, ya que, con un telón de fondo proteccionista cada vez más marcado y una China envalentonada son muchos los que plantean ahora sus dudas sobre si el organismo es apto para su propósito.

“El sistema de comercio internacional no goza de buena salud y debe repararse antes de que esta cinta transportadora de crecimiento y prosperidad se deteriore aún más, lo que nos hará a todos más pobres. Por eso es importante quién se convierta en el próximo director general”, explicaba el propio Mandelson en una columna publicada este lunes en The Times, en la que claramente presentaba su candidatura, comprometiéndose a defender la globalización.

A su juicio, para reparar el modelo económico global y solucionar “el torbellino de presiones” que se plantean, por un lado, ante las tensiones entre Estados Unidos y China y, por otro, ante las economías emergentes como Brasil, India y Sudáfrica con economías avanzadas, el nuevo director o directora general de la OMC debe tener tres virtudes: “Primero, además de actualizar las funciones de elaboración de normas y solucionar controversias, creer realmente en la liberalización del comercio como algo que promueve el progreso económico y no como algo que se ofrecerá como último recurso. En segundo lugar, que la liberalización del comercio debe negociarse de manera justa y con respeto para aquellos países con menos fuerza económica para promover sus intereses. Y tercero, consciente de sus consecuencias humanas, sociales y ambientales, saber que la liberalización del comercio debe operar dentro de un marco de políticas que mitigue sus riesgos”.

De héroe a anticristo

Los episodios que marcan la trayectoria profesional de Mandelson no tienen desperdicio. “Para algunos que creían en el cambio, yo era un héroe. Para otros, yo era el anticristo. Para el ciudadano era alguien al que podían admirar por su tenacidad y su determinación, pero también una figura tenebrosa, el ministro siniestro. No alguien cálido. No alguien humano”, revela en sus memorias. Hay “chismorreos” de todo tipo. Les animo a que se queden hasta el final de la crónica.

No obstante, antes hay que destacar los contrincantes que podría tener en su camino a la OMC, empezando por los otros candidatos británicos. Con un Gobierno 'tory', al lord laborista no le será sencillo recabar apoyos en casa. Según la prensa local, los ministros barajan estos días el nombre de Liam Fox, el que fuera ministro de Comercio Internacional en el Ejecutivo de la malograda Theresa May. El 'tory' euroescéptico tiene buena sintonía con Washington, pero el apoyo de la administración Donald Trump podría resultar más contraproducente que otra cosa dada la mala relación del presidente norteamericano con la organización.

Dos años de guerra comercial por el acero y otros aranceles importantes entre Washington y Pekín han paralizado de alguna manera a la OMC, que no ha podido juzgar disputas comerciales desde el pasado mes de diciembre, cuando Trump se negó a nombrar jueces estadounidenses en su órgano de apelación.

Por su parte, Dublín ha nominado a Phil Hogan, actual comisionado de comercio de la UE. Algunos mandatarios comunitarios, entre ellos, la canciller alemana Angela Merkel, y el primer ministro holandés Mark Rutte, están en contra de la candidatura porque quieren que se quede en Bruselas. Al fin y al cabo, su salida requeriría una reorganización de la comisión relativamente nueva de Ursula von der Leyen.

Otros candidatos potenciales incluyen a Arancha González Laya, la responsable de la diplomacia española, con una larga carrera en organizaciones de comercio internacional; Amina Mohamed, exministra de Asuntos Exteriores de Kenia y funcionaria de la ONU; y Sigrid Kaag, ministra de comercio holandesa.

El 'príncipe de las tinieblas', por lo tanto, tendrá bastante competencia. El que es hoy presidente del 'think tank' Policy Network y de la empresa de asesoramiento estratégico Global Counsel, nació el 21 de octubre de 1953 en Middlesex, en el seno de una familia aristócrata. Estudió en Oxford. Cuando el Ejecutivo británico apoyó a Estados Unidos en la guerra de Vietnam, se pasó a la Joven Liga Comunista. Pero volvió pronto al redil porque quería ser diputado. Consiguió el escaño en 1992.

Pese a ser un cargo público, siempre defendió de manera feroz su vida privada. Cuando el columnista Matthew Parris reveló que era homosexual, tiró de sus contactos y consiguió que en la mismísima BBC se distribuyera un memorando, ordenando a los redactores que no se hablara nunca de sus asuntos sentimentales. Los tabloides, sin embargo, no respetaron el pacto y sacaron a la luz su relación con el brasileño Reinaldo Avila da Silva, con el que el político mantiene una relación de ya más de 20 años.

Peter Mandelson en 2015. (Reuters)
Peter Mandelson en 2015. (Reuters)

Los 90 fueron su década. Fraguó amistad con Tony Blair y Gordon Brown y se convirtió junto a ellos en uno de los inspiradores del New Labour. Brown enfureció cuando Mandelson apoyó a Blair como líder del partido. Se convirtieron en grandes enemigos, pero luego pasaron a jurarse amor eterno.

En julio de 1998, pasó a encargarse del ministerio de Comercio, pero a los seis meses se ve obligado a dimitir al conocerse que, cuando los laboristas aún no estaban en el poder, aceptó un préstamo de su compañero de filas Geofrey Robinson por valor de 373.000 libras (420.000 euros) y no lo declaró al ser nombrado ministro. Blair no tuvo muchas alternativas para forzar su dimisión. Pero la “primera dama” Cherie Blair le invitó la tarde de su renuncia a pasar el fin de semana en la residencia campestre de los primeros ministros en Chequers y a celebrar la Navidad con ellos.

Brown enfureció cuando Mandelson apoyó a Blair como líder del partido. Se convirtieron en grandes enemigos, pero luego pasaron a jurarse amor eterno

Mandelson volvió al Gobierno en octubre de 1999 como ministro para Irlanda del Norte. Pero nuevamente otro escándalo le obliga a apartarse del cargo en enero de 2001, debido a sus supuestas gestiones para facilitar un pasaporte británico al empresario indio Srichand Hinduja. En esta ocasión, no hubo llamada de consuelo de Cherie ni tampoco invitaciones a Chequers.

A pesar de sus dos manchones en el currículum, consigue que tres años más tarde, Blair le nombre como nuevo comisario europeo del Reino Unido.

Durante los últimos años, desde su asiento en la Cámara Alta, fue uno de los grandes críticos del que fuera líder laborista Jeremy Corbyn. “El problema con Jeremy no es que sea una especie de maníaco, no es que sea una persona desagradable. Es que literalmente no tiene idea en el siglo XXI de cómo comportarse como líder de un partido que se presenta en una elección democrática para convertirse en el gobierno de nuestro país”, llegó a decir en un evento celebrado por la revista Jewish Chronicle.

En sus entrevistas no tiene pelos en la lengua. En 2018, en declaraciones al periódico alemán Die Zeit, vaticinó que era “absolutamente imposible” que el Reino Unido y la UE llegaran a un acuerdo comercial dentro del período de transición. “Uno solo puede aconsejar a los europeos de una cosa: olvidarse del Reino Unido y ocuparse de sus propios intereses”, matizó.

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