LECCIONES DE LAS NEGOCIACIONES CON LA UE

Cuatro consejos para que el Brexit no escriba la esquela política de Johnson

Boris Johnson diseña una estrategia negociadora dura cayendo en los mismos errores que Theresa May. La UE no cederá aunque le cueste un Brexit sin acuerdo

Foto: Primer ministro del Reino Unido. (Reuters)
Primer ministro del Reino Unido. (Reuters)

Lo que más sorprende a cualquier persona que haya seguido el proceso del Brexit desde el referéndum de 2016 es la incapacidad por el lado británico de entender cómo funciona y negocia la Unión Europea a pesar de haber pasado cuatro décadas formando parte de ella. Si alguien esperaba que Boris Johnson, nuevo primer ministro británico, fuera a enmendar ese error está equivocado.

Si Boris Johnson quiere durar en Downing Street, debería aprender cuatro cosas: 1. Convencerse de que el backstop se queda 2. Tratar de librarse de las promesas hechas 3. Un Brexit sin acuerdo no les beneficia 4. No tirar faroles, en la UE no funcionan.

Ese ‘backstop’ no se toca

En general nadie creía que Johnson fuera a volar directamente a Bruselas tras ser escogido. Se daba por hecho que el nuevo primer ministro todavía aguantaría su estilo de “tipo duro” durante algún tiempo. Y de hecho todo se ha ido cumpliendo: ha escogido a un gabinete muy euroescéptico que favorece un Brexit sin acuerdo, ha aumentado los preparativos para ese escenario y ahora asegura que no pisará Bruselas hasta que no se haya eliminado el ‘backstop’.

Este lunes la portavoz de Johnson ha afirmado que el primer ministro solo viajará a Bruselas a reunirse con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, cuando la UE acuerde eliminar el ‘backstop’ del acuerdo del Brexit, una cláusula dirigida a evitar una frontera dura entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte que el nuevo primer ministro ha calificado de “antidemocrática”.

Un cartel anti-Brexit en una señal de tráfico en Irlanda. (Reuters)
Un cartel anti-Brexit en una señal de tráfico en Irlanda. (Reuters)

La UE no va a ceder en este punto. La lógica del ‘backstop’ sigue siendo válida. La idea es que los Acuerdos del Viernes Santo, que pusieron fin a la violencia en el Ulster -costó la vida a 3.000 personas-, requiere que la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda sea invisible. No va solo sobre comercio, sobre el control fitosanitario, los controles a las carnes norirlandesas o a los contenidos de los camiones que tengan que pasar por aduanas, sino sobre identidad.

El Reino Unido se comprometió con la idea del ‘backstop’ en diciembre de 2017, y los negociadores británicos pidieron cambios en el mismo para cumplir con algunas exigencias de los euroescépticos más duros. Cuando Bruselas cedió y permitió esos cambios, las críticas de los eurófobos aumentaron. Ese movimiento en concreto dejó perplejos a los negociadores europeos.

Johnson ha defendido en numerosas ocasiones que con un acuerdo comercial ambicioso no haría falta un 'backstop'. Y es correcto, es exactamente lo que dice la UE. Pero la buena fe, que el nuevo primer ministro citará en muchas ocasiones, no es suficiente. Unas negociaciones comerciales pueden fracasar por muchas razones. El ‘backstop’ está para evitar que el naufragio de un futuro acuerdo comercial no tenga un precio tan caro como el de reavivar la cuestión irlandesa.

Por último, Londres haría bien en entender algo que a May le costó asumir: Irlanda seguirá siendo un Estado miembro, y el Reino Unido dejará de serlo. Eso significa que el resto de Estados miembros protegerán los intereses de Dublín por encima de los del Gobierno británico. Es la lógica por la que tiene valor formar parte de la UE.

Protesta en la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. (Reuters)
Protesta en la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. (Reuters)

La cárcel de Lancaster House

La primera ministra May fue siempre prisionera de sus propias palabras. En enero de 2017 la flamante líder conservadora, todavía jaleada por la prensa conservadora con el mismo ímpetu con el que hoy apoyan a Johnson, dio un discurso en Lancaster House. Y ahí se torció todo.

May prometió cosas de las que no se habían oído hablar durante la campaña del referéndum, como sacar al Reino Unido de la unión aduanera o del mercado único, una ruptura total con la UE que los votantes no pudieron valorar antes de la consulta de junio de 2016.

Esas promesas salvajes e imposibles de Lancaster House ataron a May de pies y manos y, de hecho, fueron las que convirtieron en innegociable el ‘backstop’. La UE ofreció en numerosas ocasiones que Londres redibujara las líneas rojas dibujadas aquel día de enero de 2017.

Cualquier primer ministro que sucediera a May tendría que afrontar la condena de Lancaster House, aunque tras la fecha oficial del Brexit habría en realidad cierto tiempo para redibujar la estrategia. Pero para Johnson no es tanto una condena sino un molde que se le ajusta bastante bien. Sin embargo el nuevo primer ministro será prisionero y estará condenado también por sus propias palabras.

Una de las personas más incapaces que han formado parte de la negociación del Brexit fue Dominic Raab durante su periodo como ministro del Brexit. No solo no entendía las conversaciones, sino que estaba desautorizado por May y subordinado a la acción de funcionarios que no le rendían cuentas sobre las negociaciones técnicas. Pero la llegada de Johnson a Downing Street le ha devuelto a primera fila, ahora como ministro de Exteriores. Y no está defraudando a los que esperaban que siguiera en la misma línea.

Esta semana Raab ha asegurado que el Reino Unido estará en una posición negociadora mejor que la UE si se producía un Brexit sin acuerdo. Sin ataduras, Londres por fin podría hacer lo que se había prometido a los votantes euroescépticos en el referéndum de 2016: darle una paliza negociadora a la UE. Pero no será así.

El Reino Unido quedará aislado, y en la UE existe cierto debate de cuánto tardará el Gobierno británico en tocar a la puerta de Bruselas para negociar un acuerdo que ponga fin a los problemas que surgirían de un Brexit sin acuerdo. Las apuestas oscilan entre las horas y los días. Pero todo el mundo da por hecho que Londres tendrá que volver a negociar con la UE en cuestión de semanas, en una posición peor y con menor espacio de maniobra.

Este escenario no es bueno para ninguno de los dos. Ni la UE ni el Reino Unido están bien preparados para un Brexit sin acuerdo, porque la realidad es que es casi imposible prepararse para dicho escenario. Pero las afirmaciones por parte de Londres de que el lado británico está mejor preparado que el europeo no se ajustan a la realidad por una sencilla razón: el shock no puede ser igual para los Veintisiete que para el país que sale. La Comisión Europea ha insistido hoy en que está preparada para un Brexit sin acuerdo.

Bandera británica y europea en la sede de la Comisión en Bruselas. (Reuters)
Bandera británica y europea en la sede de la Comisión en Bruselas. (Reuters)

Los faroles no funcionan en la UE

En la UE existe un largo historial de faroles que no han funcionado. Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas griego, sabe bastante sobre esto: creyó que la UE cedería ante Grecia si esta amenazaba con salir de la Eurozona. Varoufakis se cayó con todo el equipo. Que el Reino Unido no haya aprendido la lección es normal, teniendo en cuenta que David Davis, el primer ministro del Brexit de los tres que ha habido, leyó el libro de Varoufakis como manual para negociar con la UE, cuando la obra del griego es una perfecta enumeración de todos los errores que se pueden cometer.

Ahora Johnson juega con la idea de un Brexit sin acuerdo. Muchos creen en Bruselas que no se trata de un farol, que el primer ministro está listo para ejecutarlo. Pero todos coinciden en que la intención de ese movimiento es que la UE ceda. No hay ninguna señal que indique que vaya a hacerlo.

Bruselas prefiere un Brexit sin acuerdo antes que ceder al Reino Unido algunos puntos que pueden poner en riesgo el mercado único, pueden poner en duda los beneficios de pertenecer al club comunitario o pueden generar una relación dañina para Europa. Si el precio a pagar es una salida sin acuerdo, por el momento las capitales se han mostrado dispuestas a asumirlo.

Si Johnson espera que la amenaza de un no acuerdo vaya a hacer que, de repente, la UE se tambalee y ceda en todos los asuntos en los que por ahora ha goleado al Reino Unido demostrará que sigue sin entender nada. Los brexiters popularizaron la idea de que el acuerdo para la salida de Londres de la UE sería el más sencillo de la historia, que sería fácil y rápido. Tres años después del Brexit estamos en este punto. La afirmación de que Bruselas cederá por miedo pertenece al mismo género literario.

En una carta enviada al resto de 'sherpas', los representantes personales de los primeros ministros y presidentes de la UE, David Frost, nueva mano derecha de Johnson en el Brexit, ha pedido a los asesores en las capitales que no "minusvaloren" al nuevo primer ministro. Él debe hacer lo mismo con la UE tras años negándose a aceptar la realidad de las negociaciones.

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