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El día en el que Australia usó el guante de seda con China (y le fue bien)
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El héroe silencioso de la diplomacia

El día en el que Australia usó el guante de seda con China (y le fue bien)

Las relaciones entre China y Australia están tensas desde 2018, pero el nuevo primer ministro australiano ha logrado una maniobra diplomática para retomar el diálogo

Foto: El primer ministro australiano, Anthony Albanese. (Reuters/Loren Elliott)
El primer ministro australiano, Anthony Albanese. (Reuters/Loren Elliott)
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Tener a China como enemigo tiene muchas implicaciones, y la mayoría de ellas dan mucho miedo. Australia ha sufrido durante mucho tiempo los desplantes y castigos del gigante asiático por distintos rifirrafes. China dejó de cogerle el teléfono e inició una ofensiva económica que prometía no pasar desaparecida. Así han pasado los últimos años, en una relación congelada que no parecía que fuera a mejorar. Hasta que Australia cambió de Gobierno en mayo de este año y el nuevo primer ministro, Anthony Albanese, abrió una puerta para retomar la diplomacia.

En 2018 empezó la escalada de tensión con cada paso significativo que daba Australia. Primero vetó las redes 5G de Huawei, luego pidió una investigación sobre el origen del coronavirus, y hasta exigió que se respetaran los derechos humanos en Xinjiang y en las protestas de Hong Kong. China no se quedó de brazos cruzados y prohibió las exportaciones cárnicas de los cuatro principales mataderos australianos. Poco después impuso aranceles de más del 80% a la cebada, a lo que siguieron otras sanciones no menos representativas como críticas al Gobierno.

Foto: Banderas de China y Australia. (Reuters)

Pero tras las elecciones este mayo, del liberal Scott Morrison se pasó a Albanese, miembro del Partido Laborista de Australia y con una hoja de ruta diferente a la de su predecesor. "Las políticas desafiantes de Australia no han cambiado, pero el nuevo Gobierno ha sido más cuidadoso en su retórica y China lo ha utilizado como tapadera para abandonar su congelamiento diplomático. Se podría decir que esto es algo así como una victoria diplomática silenciosa para Australia", opina Rory Medcalf, director del Colegio de Seguridad Nacional de la Universidad Nacional de Australia, en entrevista con El Confidencial.

En julio, dos ministros chinos se reunieron con políticos australianos en las que fueron las primeras conversaciones de alto nivel en años. Penny Wong, de Relaciones Exteriores de Australia, dijo después del encuentro con su homóloga china, Wang Yi, que había hablado con franqueza y que ese era "el primer paso para estabilizar la relación".

La primera señal de que las aguas vuelven a su cauce sería el levantamiento de algunas de las sanciones económicas por parte de China. Sin embargo, esta decisión también se tomaría porque el gigante asiático ha tenido que sufrir las consecuencias de sus propios actos. "China está reconociendo silenciosamente que su coerción económica contra Australia ha fallado. Australia es un aliado más fuerte que nunca (...) y China sigue necesitando minerales australianos, aunque esté buscando también proveedores alternativos", explica Medcalf.

El arte del término medio

La estrategia de Albanese, continúa el experto, ha sido la de crear una política de equilibrio. "Quieren demostrar que pueden tener relaciones estables con China, pero siendo duros con la seguridad nacional", sostiene. Al final, a la mínima que Australia ha tratado a China con guantes de seda, el gigante ha vuelto sin oponer resistencia. Sin embargo, el Gobierno australiano deberá superar grandes pruebas para demostrar que su plan funciona. Por ejemplo, cómo actuaría si China atacara Taiwán.

No obstante, Australia afirma que va a seguir poniendo la seguridad por delante de la economía y eso no ha cambiado a pesar del descongelamiento de las relaciones bilaterales. Sobre todo porque la desconfianza que siente el país hacia China se siente en todos los niveles. En 2020 se registró un ciberataque a gran escala contra Australia perpetrado por 'hackers' con apoyo estatal de un Gobierno extranjero. No se culpó directamente a China, pero sobraban las palabras.

Además, el gigante asiático firmó recientemente un acuerdo con las Islas Salomón, en Oceanía, lo que provocó el miedo de Australia por si establece una base militar cerca de sus costas. Por otro lado, en mayo, un avión de combate chino obligó a que los equipos de vigilancia marítima tuvieran que realizar una maniobra peligrosa por la cercanía a la que voló el avión de combate asiático. A pesar de que la cosa no pasó a mayores, fue un nuevo momento de tensión que ha sido motivo de preocupación para el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Foto: Foto: EFE.

El miedo a que el conflicto se recrudezca también ha llegado a las calles. Según un estudio del Instituto Lowy que recoge 'The Economist', más del 60% de los australianos creen que China es una amenaza para la seguridad de Australia más que un socio económico. En 2018, esa cifra era solo del 12%.

La relación ya nunca será la misma, pero los dos gobiernos están a tiempo de encontrar un equilibrio, "basado en el interés y el respeto mutuo, en lugar de la ingenuidad, la codicia o la provocación", subraya Medcalf a este periódico.

Una diplomacia poco transparente

La mejor época para la cooperación entre los dos países se remonta a finales de la década de 1970 hasta el ascenso al poder de Xi Jinping en la década de 2010. Así lo resume el estudio "Tomando el camino bajo: la influencia de China en los estados y territorios australianos", del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI), que repasa los vínculos entre los gobiernos locales y Pekín. Los problemas empezaron cuando Jinping empezó a aprovechar los vínculos con autoridades estatales y territoriales en Australia, desde asociaciones comerciales hasta convenios universitarios.

China utilizó estos medios a favor de sus "intereses geopolíticos en la región, en algunos casos contrarios a los intereses nacionales de Australia", sostiene John Fitzgerald, uno de los autores del informe.

placeholder El presidente de China, Xi Jinping. (Reuters)
El presidente de China, Xi Jinping. (Reuters)

'Corregir' a Australia

El movimiento más diplomático del nuevo Gobierno australiano le puede costar las críticas de los menos flexibles respecto a las políticas asiáticas, pero también una imagen de negociador con uno de los países más ricos y con más influencia del mundo. Australia puede decir lo que muchos no pueden después de plantar cara China. La economía ha logrado capear el temporal y ha mandado una señal importante a las democracias de todo el mundo: se puede resistir a los chantajes económicos hasta de un gigante.

Sin embargo, la pregunta es hasta cuándo. Pekín ha dado una de cal y otra de arena en el primer encuentro con Australia y ha subrayado que las relaciones podrían retomarse completamente si el país "corrigiera" su posicionamiento con respecto a ellos. Se refiere específicamente a que se recupere la confianza —que en realidad ya ha perdido, según la encuesta de Lowy—, y que se le vea como un socio clave. También habría demandado que se limitara la cooperación con "terceros países" en referencia a Estados Unidos para limitar la influencia de China en el Pacífico.

Foto: Detalle de la portada de 'Los cuatro libros'.

El primer ministro dijo que Australia no respondería a estas demandas, aunque esperaba "cooperar con China en lo que podamos". En realidad, Albanese no ha cedido ante los chinos y no parece dispuesto a cumplir con estas exigencias de Pekín. Pero ha logrado demostrar que con un poco de mano izquierda se puede intentar llegar a un punto medio que desbloquee las sanciones económicas.

El único escollo, pero seguramente el más importante, es que China quiera dejar atrás la estrategia de matar a la gallina para asustar al mono. Australia fue el ejemplo para todo el mundo con el que China quiso mostrar que desairar al gobierno no queda impune. Si ahora les "perdona", Pekín estaría dando la imagen contraria. Australia fue el mono al que China asustó, pero ahora puede ser, siguiendo con los proverbios chinos, el que ingresa a la guarida del tigre para atrapar a sus cachorros.

Tener a China como enemigo tiene muchas implicaciones, y la mayoría de ellas dan mucho miedo. Australia ha sufrido durante mucho tiempo los desplantes y castigos del gigante asiático por distintos rifirrafes. China dejó de cogerle el teléfono e inició una ofensiva económica que prometía no pasar desaparecida. Así han pasado los últimos años, en una relación congelada que no parecía que fuera a mejorar. Hasta que Australia cambió de Gobierno en mayo de este año y el nuevo primer ministro, Anthony Albanese, abrió una puerta para retomar la diplomacia.

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