Llega a españa 'los cuatro libros' de Yan Lianke

China, 1958: el peor genocidio de la historia de la humanidad ya tiene su novela

El escritor chino logra en su última obra una recreación lírica, apesadumbrada y desbordante de imaginación sobre el terror rojo de Mao de finales de los cincuenta

Foto: Detalle de la portada de 'Los cuatro libros'.
Detalle de la portada de 'Los cuatro libros'.

El campo de reeducación enloquece el día en que se abre la caza de "libros reaccionarios". Buscan en las habitaciones, bajo las almohadas, dentro de los edredones, bajo las camas. La requisa es todo un éxito y decenas de títulos prohibidos van amontonándose en el patio para después arder ante los presos "lívidos de miedo": 'la Biblia, el 'Quijote', 'Historia de una piedra', 'Romeo y Julieta', 'Hierbas salvajes', 'Crimen y castigo'... ¿Quién da las órdenes, quién gobierna como un dios aterrador el destino de aquellos intelectuales, profesores y escritores encerrados en el campo? Un niño, ora tirano despótico, ora cariñoso padre, que gobierna el presidio político con mano de hierro como encarnación del Partido y del Gran Timonel.

'Los cuatro libros'.
'Los cuatro libros'.

El escenario de la cacería es el de la China de finales de los cincuenta —la del Gran Salto Adelante—, y los campos de reeducación para prisioneros solo un aspecto más del terror con el que las huestes de Mao sacudieron el país, un genocidio perfecto. Porque lo peor fue la hambruna resultante de aquel salvaje experimento por transformar a la fuerza un país agrícola en otro industrial, probablemente la peor hambruna de la historia de la humanidad, que segó la vida de más de 30 millones de chinos. Es también el escenario de 'Los cuatro libros', la memorable novela sobre aquellos años cincelada con desolador lirismo que acaba de publicar en España Galaxia Gutenberg. ¿La firma algún disidente de la dictadura comunista asiática desde su 'château' en el exilio francésnbsp;No, su autor es Yan Lianke (Henán, China, 1958), profesor de la Universidad del Pueblo domiciliado en Pekín.

Taciana Fisac, a cargo de la excelente traducción del libro de Yan Lianke, advierte en su prólogo a 'Los cuatro libros' de que los juicios sobre China no aceptan brochazos al modo occidental. En la dictadura comunista actúa indudablemente la censura, pero esta es errática e imprevisible, y suele obviar los asuntos literarios por "su impacto social reducido". Cuenta, por ejemplo, cómo Yan Lianke ha sido calificado a veces de "autor prohibido" por obras por las que ha sido premiado en su tierra natal. No es el caso, sin embargo, de 'Los cuatro libros', prohibida en China y que solo ha podido distribuirse en Hong Kong. Y es que, aunque en los últimos años las autoridades comunistas han iniciado un leve enjuiciamiento de los años de locura maoísta, no se han atrevido aún —y es dudoso que lo hagan algún día— con los terribles hechos relatados por Yan Lianke en su novela. 

Yan Lianke.
Yan Lianke.

PREGUNTA. Con el título de ‘Los cuatros libros’, rinde homenaje a la tetralogía clásica de Confucio. ¿Por qué? ¿Cuál fue el origen de la novela?

RESPUESTA. Sí, la relación con el libro clásico del confucianismo es clara, un legado que los intelectuales chinos represaliados apreciaban. Pero la historia en sí enlaza con una historia que escuché en los años ochenta, cuando estaba en el ejército. Un día, en una zona desértica de una recóndita provincia china, conocí a un conductor de tanques que me contó cómo se había topado en una de sus expediciones con una montaña de huesos humanos. Indagaron la razón de la presencia allí de aquellos huesos hasta que descubrieron que en aquella zona había existido un campo de reeducación a finales de los cincuenta. Durante mucho tiempo, tuve aquella historia dentro, rumiando, hasta que, al fin, decidí escribir esta novela. Tardé 20 años en descubrir cómo contarla.

"Un conductor de tanques me contó cómo se había topado en una de sus expediciones con una montaña de huesos humanos"

P. En 1958, el Partido Comunista chino inicia el Gran Salto Adelante, los intelectuales son encerrados en campos de reeducación como el que cita y comienza una industrialización forzosa que provocará una hambruna de más de 30 millones de muertos. En 1958 nace usted. ¿Recuerda aquellos años? ¿Cuánto de la historia de su familia y de su vida hay en este libro?

R. La mía era una familia humilde de campesinos y quedó en gran parte al margen de aquellos hechos. Pero todos eran conscientes de lo que ocurría y se contaba en voz baja en las cenas de familia. En realidad, una historia así la podría haber contado cualquier otro escritor chino, pues es bien conocida por todos nosotros. De lo que me he preocupado yo es del estilo.

P. Los cuatro libros son las cuatro partes barajadas en su novela. En el primero, ‘El niño del cielo’, un niño aterrador encarna al partido. ¿O a Mao? ¿El Gran Timonel no era más que un niño aterrador?

R. En este libro que no ha podido publicarse en China, aunque sí en Hong Kong y Taiwán, muchas personas de fuera pueden ver en 'El niño del cielo' una representación de un tirano, un Mao, un Hitler, un Stalin... pero se trata de un personaje más complejo, ambivalente, conectado también con la figura de Jesús. En el fondo, el niño no es solamente terrorífico y dictatorial, también muestra bondad, quema unos libros de los presos pero salva otros, acusa a unos pero protege a otros. Todos los personajes innominados de mi novela son representativos y más complejos de lo que parecen a simple vista.

P. Hoy, China ha rechazado la locura de los años de la revolución cultural y gran parte del legado de Mao, aunque no todo. No, por ejemplo, la Gran Hambruna del 58 que narra usted en su libro. ¿Esa verdad es intolerable para el régimen chino de hoy?

R. De hecho, aunque después de unos años de apertura en los que en China se podía hablar críticamente de la Revolución Cultural como usted dice, ahora vivimos un nuevo retroceso y las cosas han vuelto a ponerse difíciles. Es como si recordar el pasado emborronase las últimas tres décadas de avances económicos y sociales. Y, a fin de cuentas, si se saca a relucir lo ocurrido, entonces se deslegitima a Mao. Por eso en China no se ha permitido la publicación de 'Los cuatro libros', para evitar la difusión de la memoria del pasado.

P. Pero, entonces, ¿la tímida apertura china está ahora mismo paralizada?

R. Más que paralizada, se presenta sinuosa, cargada de dudas.

"Después de unos años de apertura, ahora vivimos en China un nuevo retroceso y las cosas han vuelto a ponerse difíciles"

P. Durante aquellos años, los intelectuales occidentales se enamoraron en bloque de la revolución china y de Mao Tse Tung. ¿Cómo funcionó aquel mecanismo de engaño colectivo que convirtió en un líder adorado a uno de los mayores asesinos de la historia?

R. Aquel idealismo que cautivó a Occidente funcionó como una suerte de religión y fue incluso comprensible. Lo que ocurre es que los intelectuales occidentales desconocían completamente la realidad del desastre que estaba ocurriendo en mi país, la increíble cantidad de gente que murió de hambre en el llamado Gran Salto Adelante. Y, cuando por fin llegaron las noticias, los hechos resultaban tan terroríficos que muchos no quisieron creerlos. También hay negacionistas del Holocausto.

P. En el segundo libro, 'El antiguo cauce', y en el tercero, 'Notas sobre los criminales', toma la palabra el narrador de la novela, recluido en el campo de reeducación 99, en dos registros muy diferentes. El primero es literario y poético, el segundo funcionarial y delator. Es difícil entender qué era exactamente un campo de reeducación. ¿Algo a medio camino entre un campo de concentración y una cárcel?

R. En principio, los campos de reeducación no parecían lugares de confinamiento, en teoría se trataba de que los intelectuales y disidentes conocieran cómo vivía la gente sencilla y pobre del campo y se 'reeducaran' trabajando con ellos. Pero en realidad eran semejantes al gulag soviético y los presos vivían completamente aislados de los habitantes del lugar.

P. Me interesan las pequeñas resistencias que relata su libro, las lecturas de libros prohibidos, el poso cultural de la China legendaria o, muy presente, el cristianismo. Leí recientemente ‘Dios es rojo’, del poeta Liao Yiwu, donde explicaba cómo el cristianismo es hoy la religión de más rápida expansión en China y una amenaza para el Partido Comunista chino.

R. Liao Yiwu vive y escribe en Alemania, por lo que no he podido seguir su obra reciente. Pero respecto a la religión, es cierto que el cristianismo, mayoritariamente protestante, es la religión en más rápida expansión en China, pero sigue siendo el budismo el credo predominante y hoy el régimen, a diferencia de antaño, no solo lo tolera sino que lo promueve contra el cristianismo. El cristianismo se extendió en los lugares más pobres del país y, sí, de alguna forma, ejerció como un contrapoder.

P. En 2000 le dieron el Nobel de Literatura a Gao Xingjiang, refugiado en Francia, y China protestó duramente. Algunos dijeron entonces que aquel era un nobel político de poca calidad literaria. En 2012, sin embargo, lo recibió Mo Yan, que vive en China, y los disidentes chinos le acusaron de colaboracionista. Algunos dijeron entonces que aquel era un nobel literario de escasa calidad política. ¿Es imposible en China aislar los méritos literarios de la política?

R. Jajaja, ¡no hay forma de separarlos! Pero, independientemente de la política, tanto la obra de Gao Xingjiang como la de Mo Yan son obras literarias valiosas. Y quizá, desde un punto de vista occidental, se podría decir que a ambos, no solo a Mo Yan, les falta independencia intelectual. 

P. ¿Y usted? Al lector occidental le sorprende que un escritor chino que vive en China, un país sometido a una dictadura de partido, pueda escribir en libertad. Su traductora, Taciana Fisac, explica en el prólogo que en realidad en China la literatura apenas le interesa a nadie y que más peligrosa que la censura es la autocensura de los propios autores. 

R. Es la paradoja del régimen chino. Es muy conservador y no permite publicar ciertas cosas dentro, pero sí deja que se publiquen fuera sin problemas. Hoy, en China, puedes desarrollar si quieres tu independencia creativa, pero muchos autores ni lo intentan y practican un 'arte seguro', que no moleste. Pero no porque no puedan hacer otra cosa sino porque se autocensuran. Yo puedo vivir en China y escribir lo que quiero, pero también es cierto que, por mi manera de escribir, mis libros no son libros de masas.

P. Con una nueva recreación del mito de Sísifo concluye el libro, y en ella la célebre colina por la que el héroe trágico acarrea su piedra sirve de frontera entre Oriente y Occidente. ¿Caerá alguna vez esa frontera o debemos quitarnos de una vez el velo de los ojos y aceptar que China nunca será una democracia?

R.  A corto plazo no. La economía china progresa, la política menos y aún queda mucho camino por recorrer. Falta mucho tiempo para que la contradicción de Sísifo se resuelva.

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