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"Progreso no satisfactorio": la economía china se asoma al abismo de lo imprevisible
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"Progreso no satisfactorio": la economía china se asoma al abismo de lo imprevisible

En estos días de verano, la ciudad de Pekín por fin parece haberse puesto nuevamente en funcionamiento. Sus arterias principales de nuevo están llenas de coches

Foto: Panel de cotizaciones en una calle de Hong Kong. (Reuters)
Panel de cotizaciones en una calle de Hong Kong. (Reuters)
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En estos días de verano, Pekín por fin parece haberse puesto de nuevo en funcionamiento. Sus arterias principales vuelven a estar llenas de coches que van y vienen, en las aceras del distrito comercial Sanlitun hay jóvenes comprando aquí y allá, el metro exhibe un espectáculo de gente amontonada y apurada por llegar a tiempo a sus trabajos.

La reapertura de la capital china llegó inesperadamente: apenas unos días antes, Pekín estaba vacío y millones de usuarios de las redes sociales publicaban airadas muestras de agotamiento y tensión por las draconianas medidas para contener brotes de coronavirus en las dos ciudades más importantes del país, Pekín y Shanghái. Los vídeos de comerciantes que tiraban sus productos porque no habían podido ser distribuidos, ciudadanos maltratados por las autoridades por salir a la calle y otras escenas distópicas iban eliminándose tan rápidamente por el sistema de censura como se publicaban.

Foto: Trabajadores sanitarios desinfectan un área residencial en Shanghái. (Reuters/Aly Song)

Pero, pese a la reapertura, la situación del país dista mucho de ser prometedora. La economía del gigante asiático —que se ha convertido en estas últimas dos décadas en el motor del crecimiento global y en la principal fuente de legitimidad del Partido Comunista Chino— atraviesa un momento de preocupante desaceleración y un horizonte de crecientes riesgos bajistas. Una amenaza que llega desde el exterior, encarnado por la incertidumbre derivada de la guerra en Ucrania; y desde el interior, por el empeño del Gobierno de mantener su controvertida estrategia 'cero covid'.

"Intentaremos asegurarnos de que la economía crece en el segundo trimestre", avisó el primer ministro chino, Li Keqiang, en una videoconferencia ante decenas de miles de funcionarios chinos que fue filtrada a la prensa internacional. "Este no es un gran objetivo y muy lejos de nuestra meta del 5,5%. Pero tenemos que hacerlo", agregó. El 'premier' explicó que la reapertura de negocios e industrias tras la reciente oleada pandémica está en algunas provincias clave al 30%, un ratio que —dijo— debe elevarse al 80% a corto plazo. "El progreso no es satisfactorio", concluyó Li, quien llegó a decir que el desempeño está "hasta cierto punto" peor que en el arranque de la pandemia, con un desempleo récord entre los jóvenes de 18 a 24 años del 18,2%.

La economía china se expandió un 4,9% en el primer trimestre de 2022, por lo que un dato negativo en el segundo mostraría el profundo impacto de los nuevos brotes de coronavirus —como sucedió en el primer trimestre de 2020, cuando el PIB del gigante asiático decreció un 6,9%, poniendo fin a más de 30 años de expansión ininterrumpida—.

200 millones confinados

Algunos analistas creen que gran parte de los problemas económicos del país están en su propia política de 'cero covid', que ya se prolonga por 28 meses. Los shanghaineses ya se sienten más liberados y estos días algunos han tomado su primera cerveza en un bar en dos meses y medio. Pero China sigue lejos de estar totalmente libre de covid. Estos meses, más de 200 millones de personas han estado viviendo bajo duras restricciones que han impactado en la economía, con una caída interanual de las ventas minoristas del 11% en abril —uno de los indicadores clave de la salud financiera de la ciudadanía—.

La decisión de Pekín de no acoger la Copa Asia de 2023 es una muestra más de que la política de 'cero covid' no será abandonada. La vacuna no ha sido de implementación obligatoria en China y muchos mayores de 60 años no la han recibido, por lo que el Gobierno teme que una apertura indiscriminada termine con importantes cifras de contagiados y fallecidos. Este es un escenario que quiere evitar a toda costa el Partido, que se prepara para consagrar el tercer mandato de Xi Jinping.

Otro de los factores de riesgo que enfrenta el país podría ser el enorme paquete de medidas dirigidas por Xi bajo el nombre de “nuevo concepto de desarrollo” ('新发展理念', 'xīn fāzhǎn lǐniàn') lanzadas en 2016. Bajo este concepto, Xi Jinping ha indicado que China debe pasar de una etapa de rápido crecimiento a una etapa de desarrollo de alta calidad. Los objetivos de este plan son razonables: disminuir la desigualdad, luchar contra los monopolios, dominar las nuevas tecnologías a nivel mundial y fortalecerse ante sanciones occidentales como las que sufre Rusia en estos momentos.

Pero la implementación de dicho plan ha dejado sus dudas. Una gran cantidad de multas y regulaciones han provocado el estancamiento de la industria tecnológica, justamente aquella que se buscaba fortalecer.

¿Burbuja crediticia?

Muchos analistas pronostican que China podría arrebatar a Estados Unidos el podio como la primera economía del planeta tan pronto como en 2030, impulsado por el mayor sector industrial, el mayor sector agrícola y el mayor mercado interno del planeta. Esta pujanza se debe a un meticuloso sistema que mezcla políticas de mercado con control estatal, favorecida por el auge de la globalización en el siglo XXI y la entrada de Pekín en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En estos últimos 30 años, la economía china ha sido una máquina infalible que ha logrado hitos notables: el PBI per cápita pasó de 982 dólares en 1990 a 16.804 dólares en 2019; la tasa de mortalidad infantil ha pasado de un 200‰ en 1960 a un 6,1‰ en 2018; la pobreza bajó del 96,2% en 1980 al 1,7% en 2018, y la esperanza de vida pasó de los 35 años en 1950 a los 77 años en 2018. Estas cifras de mejoría sostenida en todos los ámbitos han sido una fuente de fortaleza para el Partido, que desde la llegada de Xi Jinping al poder hace una década ha reforzado todos los mecanismos de control social.

Por eso, algunos analistas creen que una crisis económica interna podría derivar en desafíos inéditos para el Gobierno. De puertas para adentro, el mercado inmobiliario es sin duda uno de los mayores dolores de cabeza de la dirigencia china. Una clara muestra del problema son las dificultades que atraviesa su mayor empresa inmobiliaria, Evergrande, una de las más grandes del mundo, con proyectos en 280 ciudades chinas y empleos directos para cuatro millones de trabajadores. La promotora se diversificó explorando mercados como el cine, el fútbol (uno de sus proyectos en marcha es finalizar el mayor estadio del mundo), los coches eléctricos o el turismo. Sin embargo, desde hace un año tan solo se habla de los pies de barro de su tesorería y un modelo de negocio basado en el endeudamiento. La firma llegó a acumular 300.000 millones de dólares en pasivo, sin que haya podido encontrar una salida para hacer frente a semejante deuda.

Foto: Un hombre pescando en un canal de los "Cinco continentes" (J. Ibáñez)

Para los expertos, esto es reflejo de cómo toda la economía china lleva desde 2007 inmersa en un arriesgado esquema de endeudamiento. Desde su apertura en los años 80, China creció al calor de su pujante sector exportador, que, con el paso de los años, fue ganando valor agregado —pasando de mercancías de baja calidad y precio a bienes más caros, como teléfonos, automóviles o electrónica—. Pero con la crisis financiera de 2008 y el estallido de la burbuja crediticia occidental, el Partido decidió cambiar su estrategia por la caída del consumo en sus mercados más rentables de exportación, como Estados Unidos y Europa.

Desde entonces, Pekín ha ido gradualmente cambiando el foco de su sistema productivo desde la exportación hacia el mercado interno, movimiento acompañado de un también gradual cierre político. Este gasto interno estuvo sostenido en un endeudamiento acelerado que, acicateado por el propio Gobierno y los bancos públicos, no ha parado de crecer. Entre 2008 y 2020, la deuda privada se ha duplicado. Las autoridades intentaron el año pasado poner freno a este fenómeno, causando en el proceso una crisis de financiación que ha llevado a una caída de las ventas de viviendas del 47% durante lo que va del 2022.

Un problema estructural

Por último, otro problema que el Gobierno no ha encontrado la forma de solucionar es el demográfico. Año tras año, el crecimiento de la población sigue cayendo. En 2021, el número de nacimientos fue de 10,6 millones de personas y el número de fallecidos 10,1 millones. Además, la población está cada vez más envejecida. En 10 años, el número de personas con más de 65 años ha pasado del 9% al 13% y el número de personas entre 15 y 59 años ha caído siete puntos. A pesar de que se ha eliminado en la práctica la política del hijo único y se han establecido medidas de incentivo a la natalidad, el país no ha podido revertir esta tendencia.

Foto: Una familia en Shanghai, China. (Reuters)

Estas últimas décadas, China ha sido el máximo motor del desarrollo mundial, por lo que su desestabilización no es una buena noticia para nadie. Pekín, por su parte, ante la crisis global ha optado por cerrarse y hacer crecer su mercado interno. Los siguientes meses serán cruciales para saber si el optimismo que ha generado la capital abierta nuevamente al aire del verano era justificado o solamente un alivio pasajero.

En estos días de verano, Pekín por fin parece haberse puesto de nuevo en funcionamiento. Sus arterias principales vuelven a estar llenas de coches que van y vienen, en las aceras del distrito comercial Sanlitun hay jóvenes comprando aquí y allá, el metro exhibe un espectáculo de gente amontonada y apurada por llegar a tiempo a sus trabajos.

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