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Ucrania, ¿un 'Vietnam para Rusia' orquestado por la OTAN?
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Ucrania, ¿un 'Vietnam para Rusia' orquestado por la OTAN?

Mientras que la guerra de Ucrania se alarga, el Kremlin busca reformular el conflicto como un enfrentamiento contra el "Occidente colectivo"

Foto: Tanque ruso destruido en las afueras de Kiev. (EFE/Sergey Dolzhenko)
Tanque ruso destruido en las afueras de Kiev. (EFE/Sergey Dolzhenko)
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La guerra de Ucrania va camino de cumplir medio año. Pero, a estas alturas, todavía desconocemos los verdaderos motivos que llevaron a Vladímir Putin a lanzar la invasión del país vecino. Ya en la primavera de 2021, Rusia había concentrado decenas de miles de soldados y equipos en su frontera a modo de advertencia, lo que le sirvió al presidente ruso para lograr un encuentro bilateral con su homólogo estadounidense, Joe Biden, pero poco más. Quizás en esta ocasión pensó que, de no consumar su amenaza por segunda vez, la ‘diplomacia del matonismo’ del Kremlin corría el riesgo de jamás volver a surtir efecto.

Lo irónico es que, desde aquel primer amago, los propagandistas rusos venían afirmando muy seriamente que la OTAN estaba tratando de arrastrar a Rusia a una larga guerra de desgaste en Ucrania, al estilo de Vietnam o Afganistán, pero, por suerte, Putin era demasiado listo y había conseguido esquivar la trampa. Por eso, si en el argumentario del Kremlin existiese algún tipo de coherencia, tendrían serios problemas para explicar por qué luego el líder ruso ha acabado por meterse en ella él solo.

“¿Estamos seguros de que EEUU no está en guerra en Ucrania?”

La semana pasada, Putin afirmó: “Hemos oído muchas veces que Occidente quiere luchar contra nosotros ‘hasta el último ucraniano’. Esto es una tragedia para el pueblo ucraniano, pero parece que todo se dirige hacia esto”. Y es evidente que existe un intento por parte de las autoridades rusas a todos los niveles, desde el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, Nikolai Patrushev, al presentador estrella Vladímir Solovyov, por reformular el conflicto no como una guerra entre Rusia y Ucrania, sino como un enfrentamiento con la OTAN o, como le gusta decir al propio Putin, con el “Occidente colectivo”. Porque, por supuesto, es imposible que una “nación subdesarrollada e inferior” como la ucraniana le esté plantando cara al “segundo Ejército más poderoso del mundo”.

Foto: Nikolai Patrushev, en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)

La Alianza Atlántica, naturalmente, rechaza este planteamiento. Sin embargo, es más difícil negar que los poderes occidentales están llevando a cabo una ‘guerra proxy’ contra el Ejército ruso, aunque esta se limite a la legítima defensa de Ucrania. “¿Estamos seguros de que EEUU no está en guerra en Ucrania?”, se preguntaba la analista estadounidense del ‘think tank’ Defense Priorities, Bonnie Kristian, en un artículo de opinión en el 'New York Times' a finales de junio. “La línea entre lo que es guerra y lo que no se ha difuminado peligrosamente, y determinar el momento en el que pasamos de una a otra es una tarea cada vez más difícil”, argumenta Kristian, quien dice que los avances tecnológicos permiten acciones que otros podrían considerar un acto de guerra, como matar enemigos o destruir edificios, sin comprometer soldados del propio Ejército. Entre otros ejemplos sobre esta ambigüedad, la analista señala el uso de drones contra objetivos yihadistas en Pakistán, Somalia o Yemen, o la participación de las fuerzas especiales de EEUU en operaciones de combate en Níger.

Cuando la URSS invadió Afganistán y Washington decidió intervenir en favor de los muyahidines, la CIA llevó a cabo enormes esfuerzos por comprar armamento de fabricación soviética en lugares como Egipto antes de hacérselo llegar a los afganos. El propósito era que pareciese que los insurgentes lo habían capturado de manos de las propias tropas invasoras, con el objetivo de ocultar la participación estadounidense en esta operación y evitar calentar aún más la Guerra Fría. Hoy, en cambio, los países de la coalición pro-Kiev anuncian abiertamente qué tipo de material bélico están proporcionando a Ucrania, a modo de medalla ante su opinión pública. El envío de estas armas, de hecho, es lo que está permitiendo a Ucrania revertir hasta cierto punto la situación sobre el terreno. Los llamados sistemas HIMARS de fabricación estadounidense, por ejemplo, han permitido al Ejército ucraniano destruir decenas de depósitos de armamento enemigo en las dos últimas semanas, reduciendo considerablemente la capacidad artillera de Rusia. Unos pocos equipos están teniendo un impacto desproporcionado sobre la logística de Rusia y la moral de sus tropas. No es suficiente para que Ucrania pueda vencer, pero es un comienzo.

Foto: Base subterránea de drones iraníes. (IRNA)

En este caso, el gran problema para Kiev es que ahora su desempeño en la guerra depende totalmente del armamento occidental. Ucrania ya ha agotado sus viejos arsenales de origen soviético. Además, tiene serias dificultades para formar a su personal militar en el uso de los modernos sistemas occidentales. Sistemas que, además, llegan con cuentagotas, lo que emborrona un poco el argumento de que “Occidente está en guerra con Rusia”. Pero Rusia está furiosa porque piensa, no sin razón, que sin esta ayuda Ucrania ya se habría visto obligada a hacer concesiones en la mesa de negociaciones.

La asistencia occidental, no obstante, puede ser el talón de Aquiles de los esfuerzos bélicos ucranianos. El plan ruso, cada vez más evidente, es esperar a que llegue el invierno y algunos socios de la coalición proucraniana empiecen a presionar a Kiev para que se pliegue a las demandas territoriales rusas. Está por ver si esta estrategia tiene éxito. Pero lo cierto es que, por muy rápido que se resolviese la situación sobre el terreno, es poco creíble que la UE pueda haber normalizado su situación con Rusia para octubre, cuando el frío y la escasez energética empiecen a apretar.

Foto: Un buque metanero de transporte de GNL, cerca de Tokio, en Japón. (Reuters/Issei Kato)

Además, la idea de que la situación afecta mucho más a los países occidentales que a una Rusia que resiste prácticamente indemne —promovida por el Kremlin y repetida por figuras como Marine Le Pen— es absurda. Si a esto le sumamos las pérdidas en el campo de batalla, vemos cómo la invasión está resultando un auténtico desastre para el régimen ruso. Así que la vertiente económica solo es una de las aristas del serio problema que el Kremlin tiene entre manos. Y cuantos más reveses encuentren en el campo de batalla, más insistirán las autoridades rusas en que su país, en realidad, está en guerra con todo Occidente. Pero es una guerra que, pese a lo que digan sus propagandistas, solo la ha buscado Putin.

La guerra de Ucrania va camino de cumplir medio año. Pero, a estas alturas, todavía desconocemos los verdaderos motivos que llevaron a Vladímir Putin a lanzar la invasión del país vecino. Ya en la primavera de 2021, Rusia había concentrado decenas de miles de soldados y equipos en su frontera a modo de advertencia, lo que le sirvió al presidente ruso para lograr un encuentro bilateral con su homólogo estadounidense, Joe Biden, pero poco más. Quizás en esta ocasión pensó que, de no consumar su amenaza por segunda vez, la ‘diplomacia del matonismo’ del Kremlin corría el riesgo de jamás volver a surtir efecto.

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