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Los cálculos de Putin: hacer la guerra hasta la llegada del invierno
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HOJA DE RUTA RUSA

Los cálculos de Putin: hacer la guerra hasta la llegada del invierno

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que la Unión tiene que estar preparada para un "corte completo del gas ruso" este invierno

Foto: El presidente ruso, Vladimir Putin, en Moscú, Rusia. (Reuters)
El presidente ruso, Vladimir Putin, en Moscú, Rusia. (Reuters)
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Salvo por los llamados 'erizos checos', esas barras metálicas antitanque situadas a los lados de la avenida principal, los ocasionales uniformes verde olivo y las cicatrices psicológicas invisibles de sus habitantes, la ciudad de Kiev vive una relativa normalidad. Sus bares, tiendas y museos están casi todos abiertos, y el tráfico motorizado y peatonal es similar al de hace seis meses. Pero nadie se olvida del este y del sur de Ucrania: de esa lenta invasión rusa que avanza como una babosa destructiva, ganando en el Donbás, pero cediendo en algunas zonas ribereñas. Este es el resumen, a día 11 de julio, del teatro de la invasión a gran escala de Ucrania.

La provincia de Luhansk, una de las dos que forman la cuenca minera del Donbás, ya está en manos rusas, de manera que el punto de mira de los invasores está ahora sobre las fortificadas Solviánsk y Kramatórsk, en la vecina Donetsk. Una provincia de la que los rusos ocupan en torno al 50%. El presidente del Parlamento ruso, Vyacheslav Volodin, acusó a los ucranianos de provocar al ejército invasor. "Son ellos mismos los que están haciendo de todo para asegurarse de que nuestras tropas no se detienen en las fronteras de las repúblicas de Luhansk y Donetsk", declaró.

Los últimos días se ha registrado un aumento de los ataques rusos en prácticamente todos los puntos críticos del frente, que, desde Járkov, en el noreste, hasta Jersón y Mykolaiv, en el sur, mide unos 1.000 kilómetros. Los enfrentamientos se están dando, sobre todo, al oeste de Lysychansk y al sureste de Siversk, al sur y al este de Bajmut, y al norte de la ciudad de Járkov. La agresión continúa, y continuará, según el Institute for the Study of War, a pesar de que el Ministerio de Defensa ruso haya anunciado una "pausa operativa" para refrescar tropas y equipos bélicos, después de cuatro meses y medio de guerra.

Varios observadores militares han apuntado que parte de la estrategia ucraniana, haciendo de tripas corazón, consiste en ceder territorios provisionalmente a cambio de desgastar lo máximo posible al enemigo. Por eso, los ucranianos habrían aguantado semanas en Sievierodonétsk y en Lysychansk, pese a la evidencia de que, en algún momento, se verían obligados a retirarse. Su objetivo habría sido ganar tiempo hasta que lleguen las piezas de artillería occidentales, y seguir debilitando a Rusia. Un rumbo que, naturalmente, ha tenido un elevado coste en vidas humanas.

Las llamadas 'defensas territoriales', milicias originalmente destinadas a las labores de retaguardia, están siendo despachadas al frente de forma cada vez más habitual. Muchas veces sin entrenamiento ni las armas adecuadas para afrontar la artillería rusa, numéricamente muy superior. Hay zonas del Donbás donde la potencia de fuego ruso es 20 veces superior a la ucraniana, según la OTAN.

"Las tropas habrían conservado sus recientes conquistas en el sur, por el norte de Jersón"

En otras regiones, sin embargo, Kiev gana terreno. Las tropas habrían conservado sus recientes conquistas en el sur, por el norte de Jersón, al haber repelido ataques rusos en los pueblos de Dobryanka, Myrolyubivka y Potemkyne. Un elemento fundamental del contraataque ucraniano sería el acceso a los llamados Himars, acrónimo en inglés de sistema de cohetes de artillería de alta movilidad. Un lanzacohetes ligero, norteamericano, que actúa desde la parte de atrás de un camión y que tiene rango suficiente para golpear a los rusos desde posiciones relativamente seguras. El Gobierno de Kiev dice tener desplegados nueve Himars en el campo de batalla. Una afirmación, como todas en el terreno bélico, difícil de verificar.

El armamento avanzado también ayudaría a explicar la destrucción, en los últimos días, de una docena de depósitos de munición rusos en los territorios ocupados del Donbás. Ucrania estaría limitando una de las fortalezas del Ejército ruso, la abundancia de munición, y ampliando una de sus debilidades: la dependencia de la red de ferrocarril para mover su maquinaria, su combustible y sus vituallas. Mientras Rusia reconstruye la destrozada infraestructura ferroviaria del Donbás para poder continuar su ofensiva, Ucrania golpea esa infraestructura, como en Melitópol.

La situación bélica, por tanto, se parece cada vez más a un estancamiento. Una guerra de desgaste en la que ninguno de los dos bandos tiene el suficiente empuje, de momento, para noquear al contrario. Una especie de repetición a gran escala del conflicto entre 2014 y 2022, virtualmente congelado en el Donbás y, con el tiempo, marginado de las agendas informativas de Occidente.

placeholder Centro comercial destruido en Donetsk, Ucrania. (Reuters/Gleb Garanich)
Centro comercial destruido en Donetsk, Ucrania. (Reuters/Gleb Garanich)

El otro frente, el económico, también incluye novedades. Es probable que uno de los pilares de la estrategia de Vladímir Putin sea cansar, además de a Ucrania, al bloque de sus aliados occidentales. La inflación, derivada en parte de la guerra, del bloqueo comercial ruso a Ucrania, de las sanciones a Moscú y del consiguiente aumento del precio del petróleo, continúa subiendo, arrinconando a quienes toman las decisiones en Estados Unidos, Francia o Alemania. Ahora es verano y llevamos poco más de cuatro meses de invasión. Pero ¿qué sucederá cuando llegue el invierno?

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que la Unión tiene que estar preparada para un "corte completo del gas ruso" este invierno. 12 países en concreto serían los más expuestos a problemas, dada su mayor dependencia de la energía rusa, empezando por Alemania.

El Gobierno de coalición que encabeza el socialdemócrata Olaf Scholz ya está ajustando la legislación, inspirándose en la crisis del petróleo de la década de los setenta, para poder inyectar dinero en las compañías energéticas y mantener a flote el sector. "Tenemos que prepararnos para cuando la situación empeore", declaró el ministro de Economía alemán, Robert Habek. "Y hacer todo lo posible para mantener el suministro básico y ayudar a los mercados energéticos a operar durante tanto tiempo como sea posible en el próximo invierno, pese a los altos precios y al aumento de los riesgos".

"Podrían causar una ola migratoria desde Oriente Medio y el norte de África"

Así que la Comisión Europea habrá de presentar su plan antes del 20 de julio. Un plan que, seguramente, tendrá dos dimensiones fundamentales: una, emprender medidas de ahorro energético, y dos, un mecanismo de solidaridad para ayudar a las naciones que más lo necesiten.

Al mismo tiempo, las posibles hambrunas derivadas del bloqueo del grano ucraniano, que aguarda en silos y cargueros perdiendo calidad, o sale a cuentagotas por ferrocarril, de manera más lenta y costosa, podrían generar otro frente de presión contra los aliados occidentales: podrían causar una ola migratoria desde Oriente Medio y el norte de África, lo cual incentivaría, como la inflación, que los líderes europeos detuviesen la guerra cuanto antes. Un escenario que, a no ser que haya cambios importantes en el campo de batalla, podría dejar a Rusia en control del 20% del territorio de Ucrania, frente al 7% que tenía antes del 24 de febrero.

Aunque puede que el 20%, desde el punto de vista de los halcones del Kremlin, no sea suficiente. El jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Rusia y hombre que más susurra al oído de Vladímir Putin, Nikolai Pátrushev, ha repetido que los objetivos rusos siguen siendo los mismos que a finales de febrero: "desnazificar" y "desmilitarizar" Ucrania. Lo que implicaría descabezar el Gobierno de Volodímir Zelenski y controlar, si no toda, al menos una gran parte del país vecino. Frente a unas democracias sujetas a las fluctuantes opiniones populares, el Kremlin parece confiar en tener el tiempo de su lado. A no ser, como sucedió al inicio de su invasión a gran escala, que esté incurriendo en un nuevo error de cálculo.

Salvo por los llamados 'erizos checos', esas barras metálicas antitanque situadas a los lados de la avenida principal, los ocasionales uniformes verde olivo y las cicatrices psicológicas invisibles de sus habitantes, la ciudad de Kiev vive una relativa normalidad. Sus bares, tiendas y museos están casi todos abiertos, y el tráfico motorizado y peatonal es similar al de hace seis meses. Pero nadie se olvida del este y del sur de Ucrania: de esa lenta invasión rusa que avanza como una babosa destructiva, ganando en el Donbás, pero cediendo en algunas zonas ribereñas. Este es el resumen, a día 11 de julio, del teatro de la invasión a gran escala de Ucrania.

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