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Nikolai Patrushev, el espía conspiranoico que susurra al oído de Putin
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A la sombra de Putin

Nikolai Patrushev, el espía conspiranoico que susurra al oído de Putin

Definido como el segundo hombre más poderoso de Rusia, Patrushev es un miembro del círculo cercano de Putin cuyo papel puede ser clave para el futuro político del país

Foto: Nikolai Patrushev, en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)
Nikolai Patrushev, en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)

Corría el año 2000. Hacía pocos meses que Vladímir Putin había sido nombrado presidente de la Federación Rusa, y el ejército ruso se encontraba inmerso en la segunda guerra de Chechenia, que no terminaba de progresar como el Kremlin deseaba. Llegó la Nochevieja y Putin decidió elevar la moral de las tropas realizando un viaje sorpresa al frente con su mujer y otra pareja de amigos. Ante la mirada atónita de un grupo de soldados, el líder ruso y sus invitados bebieron champán y sobrevolaron en helicóptero la zona de combate. Una hora más tarde regresaron a Moscú. El gesto disparó la popularidad del presidente ruso, a la par que cimentó su relación con el otro gran protagonista del viaje. El varón que acompañó a Putin a Chechenia era nada menos que Nikolai Patrushev, quien acababa de sucederle al frente del FSB, el servicio de inteligencia interior de Rusia.

Actualmente, Patrushev es el director del Consejo Nacional de Seguridad ruso, siendo considerado por muchos como el gran “halcón de halcones” del sistema. La publicación 'Newlines Magazine' lo define como “el segundo hombre más poderoso” del Estado ruso, mientras que el británico Mark Galeotti, experto en los servicios de seguridad del país, le llama “el hombre más peligroso de Rusia”. Patrushev es uno de los miembros del círculo cercano de Putin, con quien comparte la misma visión del mundo. Eso le convierte en un personaje clave para el devenir político de Rusia, y más en los tiempos que corren.

Foto: Vladímir Putin se dirige a Rusia por la televisión nacional. (EFE/Sergei Ilnitsky)

Nikolai Patrushev nació en Leningrado (la actual San Petersburgo) en 1951. Su formación es la de ingeniero naval y doctor en ciencias jurídicas. Pero como muchos otros graduados superiores en la URSS, pronto se vio atraído por el estilo de vida y las prerrogativas que ofrecía el trabajo en el KGB, al que se unió en 1975. Recibió entrenamiento en la academia de inteligencia de Minsk, la segunda más importante de los servicios secretos soviéticos después de la de Moscú. Después fue enviado a la sección del KGB en Leningrado, donde coincidió con Putin (aunque ambos trabajaban en departamentos diferentes). Tras estar destinado unos años en Karelia en un cargo de alta responsabilidad, fue finalmente transferido a Moscú, donde empezó a escalar posiciones.

Algunos contemporáneos han asegurado que Patrushev tenía un enfoque humanista a la hora de lidiar con los disidentes reales o potenciales, cuyos expedientes trataba, en la medida de lo posible, de resolver sin represalias. Esta postura puede deberse a una profunda fe religiosa, que hoy día ya no trata de ocultar. En sus años como director del FSB, por ejemplo, Patrushev se ocupó de la renovación de la Iglesia de Sofía junto a la Lubyanka, el cuartel general del FSB en Moscú. Pero ahora esa fe alimenta una postura más oscura: la creencia de que Occidente es un ente decadente y descreído que ha perdido todos sus valores, y que debe ser combatido por todos los medios.

placeholder Nikolai Patrushev y Vladímir Putin. (EFE)
Nikolai Patrushev y Vladímir Putin. (EFE)

Y medios, desde luego, no han faltado. La investigación oficial del Reino Unido sobre el envenenamiento con polonio en Londres de Alexander Litvinenko, exagente del FSB, concluyó que la operación “fue probablemente aprobada por el señor Patrushev”. Y según fuentes diplomáticas citadas por el diario The Guardian, los operativos rusos que trataron de organizar un golpe de Estado en Montenegro en 2016 huyeron del país en el avión de Patrushev.

En tándem con Putin

¿Cómo llegó este espía a acumular tanto poder? La respuesta hay que buscarla en el propio Putin. Después de que ambos estrechasen lazos durante el gobierno de Boris Yeltsin —Putin como director del FSB y Patrushev como jefe de diferentes secciones clave y posteriormente como número dos del servicio— los dos hombres empezaron a operar en tándem. Cuando Putin fue designado heredero de Yeltsin, Patrushev ocupó su puesto al frente del FSB. Durante años fue un consejero clave de la nueva administración presidencial, hasta el punto de que empezó a rumorearse que Putin estaba preparando a Patrushev para sucederle al frente del país. Los rumores crecieron en torno a 2008, el momento en el que Putin, según la Constitución rusa de entonces, debía abandonar la presidencia. Pero, en el último momento, el elegido fue el hasta entonces primer ministro Dimitri Medvédev, mientras que a Patrushev se le puso al frente del Consejo de Seguridad Nacional, el cargo que ocupa hasta el día de hoy.

“El consejo es el lugar donde se formula la política de seguridad de Rusia, y es el centro donde se recibe la inteligencia de las fuentes y redes rusas. Patrushev es quien interpreta esa inteligencia”, explica Susanne Sternthal, especialista en Políticas y Gobiernos Postsoviéticos en la Universidad de Texas, en un incisivo perfil sobre este personaje. “Como académica que estudia a Putin y su círculo cercano, me resulta evidente que la estrecha relación de Patrushev con Putin, que empezó hace más de 50 años, le otorga una enorme influencia sobre el presidente. Ambos deploran el fin de la URSS, y ambos comparten una profunda desconfianza de Occidente alimentada por teorías de la conspiración sin sentido”, asegura Sternthal.

"El consejo es el lugar donde se formula la política de seguridad, y es el centro donde se recibe la inteligencia de las fuentes y redes rusas"

Esas teorías son evidentes en cada una de las entrevistas que este jefe de espías concede a los medios de su país. En septiembre de 2021, por ejemplo, le dijo a Radio Sputnik que EEUU estaba llevando a cabo operaciones de guerra biológica contra ciudadanos de la antigua URSS. “Los laboratorios biológicos abiertos por Washington son una amenaza para la salud de decenas de millones de personas”. Dos meses después aseguró que “la aparición de virus letales y pandemias son causadas por experimentos con patógenos en laboratorios”, dando a entender que esas instalaciones occidentales serían la verdadera causa del Covid-19.

Asimismo, en abril de este año declaró a 'Rossiskaya Gazeta' que Occidente “ha revivido el mercado negro de órganos humanos de los segmentos socialmente vulnerables de la población ucraniana para operaciones clandestinas de trasplantes para pacientes Europeos”. Y en esta cosmovisión, Patrushev alega que Occidente solo busca la destrucción de Rusia y sus aliados, para lo que no duda en apoyar a terroristas de todo signo, incluyendo a yihadistas en Oriente Medio y, por supuesto, a los “nazis” de Ucrania, que en este argumentario son todos aquellos ucranianos que se resisten a la dominación de Rusia.

Foto: '17 instantes de una primavera'.

“Patrushev a menudo da entrevistas a medios estatales sobre su visión conspirativa de Occidente y lo que el Kremlin describe como la ‘operación militar especial’ de Rusia en Ucrania, indica Sternthal. “No hay nada que contrarreste esta desinformación, dado que todos los medios independientes en Rusia han sido silenciados. Esto debería ser preocupante para EEUU y otros aliados occidentales”, afirma.

Un plan para volver a la URSS

En la visión de Patrushev, el Reino Unido ocupa un lugar especial en el panteón de los malvados, siempre jugando un papel clave en las conspiraciones anglosajonas contra Rusia. “Para incrementar la riqueza de un puñado de magnates en la City de Londres y Wall Street, los gobiernos de EEUU e Inglaterra, controlados por el gran capital, están creando una crisis económica en el mundo, condenando a millones de personas en África, Asia y Latinoamérica al hambre, limitando su acceso al grano, fertilizantes y recursos energéticos”, declaró a la publicación AiF a principios de junio, en una entrevista donde también aseguró que “los fondos de Clinton, Rockefeller, Soros y Biden estuvieron implicados” en la creación del coronavirus en los laboratorios del Pentágono.

Pero quizá más inquietante para el futuro de la propia Rusia sean las ideas de este alto cargo de seguridad sobre cómo debería administrarse el país. Patrushev asegura que Rusia no está en guerra con Ucrania, sino con toda la OTAN, y como tal, todos los recursos de la Federación deberían dedicarse a tratar de vencer. No solo decretando una movilización general —algo que Putin se resiste a hacer—, sino que también abandonando “la fe solo en los mecanismos de mercado, sin tener en cuenta las especificidades de nuestro país” y creando su propia economía, dirigida por un Estado ruso que haría cumplir “la disciplina de la implementación”, asegura el Consejero de Seguridad Nacional. Un programa que, como muchos observadores han señalado, supondría un regreso a la economía estatal soviética.

Foto: Víctor Terradellas, en mayo de este año. (EFE/Marta Pérez)

De momento, Putin no ha sucumbido a estas presiones. A la hora de administrar las finanzas del país, el presidente ruso sigue confiando en tecnócratas económicos, como la directora del Banco Central, Elvira Nabiúllina, cuyas acciones han logrado mitigar enormemente el impacto de las sanciones contra el país. Pero si en un futuro cercano Putin se ve obligado a abandonar el liderazgo del Estado ruso, sea por causas naturales o políticas, Patrushev, pese a la resistencia y el desprecio de algunas facciones del Kremlin, es una de las figuras mejor posicionadas para reemplazarle, y su nombre aparece en todas las quinielas sobre la sucesión. Visto lo visto, no son buenas noticias para Occidente.

Corría el año 2000. Hacía pocos meses que Vladímir Putin había sido nombrado presidente de la Federación Rusa, y el ejército ruso se encontraba inmerso en la segunda guerra de Chechenia, que no terminaba de progresar como el Kremlin deseaba. Llegó la Nochevieja y Putin decidió elevar la moral de las tropas realizando un viaje sorpresa al frente con su mujer y otra pareja de amigos. Ante la mirada atónita de un grupo de soldados, el líder ruso y sus invitados bebieron champán y sobrevolaron en helicóptero la zona de combate. Una hora más tarde regresaron a Moscú. El gesto disparó la popularidad del presidente ruso, a la par que cimentó su relación con el otro gran protagonista del viaje. El varón que acompañó a Putin a Chechenia era nada menos que Nikolai Patrushev, quien acababa de sucederle al frente del FSB, el servicio de inteligencia interior de Rusia.

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