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Un millón y medio de muertos y sumando: la plaga de tiroteos en EEUU no va a acabar
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El país con más armas que personas

Un millón y medio de muertos y sumando: la plaga de tiroteos en EEUU no va a acabar

La masacre en una escuela primaria de Uvalde, en Texas, nos ha recordado por enésima vez la existencia de una lacra en EEUU sin visos de ser solucionada. De hecho, va a peor

Foto: Una mujer sostiene una pistola durante el foro anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) en 2019. (Reuters/Bryan Woolston)
Una mujer sostiene una pistola durante el foro anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) en 2019. (Reuters/Bryan Woolston)

La matanza en un supermercado de Búfalo, el 14 de mayo, batió el récord de víctimas de un tiroteo en lo que va de año en Estados Unidos. Un récord que no duró ni dos semanas. La masacre en una escuela primaria de Uvalde, en Texas, donde 19 niños y dos profesores murieron a manos de un adolescente completamente armado, nos ha recordado por enésima vez que este país tiene un grave problema. Una lacra puramente estadounidense, autóctona, particular y distintiva, con sus causas evidentes, pero sin visos de ser solucionada. De hecho, va a peor.

EEUU es el país más armado del planeta. De hecho, hay más armas de fuego que personas: 120,5 por cada 100. El doble que el siguiente país en la lista, las Islas Malvinas, y a mucha distancia de cualquier otra nación industrializada. En 2020, estas armas mataron a unos 45.000 estadounidenses, un 43% más que 10 años antes. Si sumamos todas las muertes por arma de fuego entre 1968 y 2017, la cifra ronda el millón y medio. Más que todos los soldados muertos en combate de la historia del país.

Lo que diferencia a este país de otros, por tanto, es la proliferación de armas de fuego y el número de incidentes en que se usan. La ecuación salta a la vista. Más allá de cuestiones socioeconómicas o de salud mental, lo que posibilita el número de tiroteos es el fácil acceso a rifles y pistolas. Solo 14 estados exigen licencia para comprar un arma. En 21, puedes llevarla por la calle también sin licencia.

Foto: Dos personas en una galería de tiro en El Paso, Texas. (Reuters/Julio Cesar Chávez)

De la misma forma que aumentan el número de armas y de tiroteos, disminuyen las leyes que limitan las ventas. Un ejemplo es Texas. El año pasado, el gobernador republicano, Greg Abbott, eliminó el requerimiento de mostrar un permiso para comprar un arma. Unos años antes, el estado rebajó la edad legal para poseer una de 21 a 18 años, de manera que, hoy en día, cualquier tejano de entre 18 y 20 años puede llevar por la calle una pistola, pero no, por ejemplo, beberse una cerveza. La relajación de las leyes de control de armas tiene un eco directo en tragedias como la de este martes. El tirador de Uvalde, Salvador Ramos, compró legalmente dos rifles el día después de cumplir 18 años. Pocos días más tarde, asesinó a 19 niños y dos profesores encerrados en la misma aula, antes de ser abatido por la policía.

Una parte del contexto nos lleva a las raíces de la cultura estadounidense, a esas ansias de defender la libertad por encima de todo. La libertad para tener o no seguro médico, o la libertad para llevar o no armas de fuego —incluyendo fusiles diseñados para combatir en la guerra de Vietnam— por la calle. Otra parte del contexto, en cambio, son los intereses puros y duros del 'lobby' de las armas. Una serie de organizaciones, encabezadas, aunque cada vez menos, por la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que cuidan su rentable mercado de las armas, organizando ferias y cursos de tiro, sacando revistas con cuantiosa publicidad y gastando parte de lo ahorrado en influir a quienes toman las decisiones en Washington. En concreto, al Partido Republicano.

Biden señala al 'lobby' de las armas tras el tiroteo masivo en una escuela de Texas

La NRA no siempre fue así. Fundada en 1871 por William Conant Church y George Wood, dos veteranos de la Guerra Civil que querían introducir un poco de orden y disciplina en el uso de las armas de fuego, la asociación era algo más parecido a un club de aficionados, como las personas que se reúnen los domingos por la mañana para escalar o andar en bicicleta. La organización fue creciendo, pero tardó más de un siglo en politizarse. En los años treinta empezó a promover leyes que beneficiaban su negocio, y en los setenta, tomó un decidido giro conservador.

Es gracias a la NRA que no existe un registro centralizado de armas en Estados Unidos, lo cual dificulta la investigación de determinados crímenes. También fueron sus litigios legales los que llevaron a Texas a rebajar la edad de posesión de 21 a 18 años. Pero más que el dinero, lo que da fuerza a esta asociación es su capacidad de movilización con fines políticos. Cuenta con más de tres millones de miembros (aunque las cifras bailan) dispuestos a movilizarse para mover la opinión pública en bloque y hundir la campaña de cualquier aspirante del Partido Republicano que se niegue a mostrar devoción por la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, que garantiza el derecho a portar armas.

Foto: El centro cívico Ssgt Willie de Leon, donde han sido trasladados los afectados del tiroteo en el colegio de Uvalde en Texas. (Reuters/Marco Bello)

El resultado es que, para los políticos de la formación conservadora estadounidense, el aliarse con la NRA supone quitarse un dolor de cabeza y, además, unos ingresos extra para su plataforma electoral. 'Win-win', como dicen los anglosajones. Por ejemplo, el expresidente (y previsible futuro candidato) republicano Donald Trump tiene previsto ofrecer un discurso en el Foro Anual de Liderazgo de la asociación este viernes en Houston, Texas. Irónicamente, los miembros de la audiencia en la reunión anual del grupo no podrán portar armas de fuego durante su alocución. El Servicio Secreto de los Estados Unidos no lo permite.

La tragedia de Uvalde, la mayor matanza en una escuela de EEUU desde el tiroteo de Sandy Hook en 2012, ha despertado una vez más los llamamientos para limitar el acceso a las armas de fuego. Pero la historia demuestra que esta indignación es transitoria y que, al final, cuando toca legislar, nada ocurre. Como pasa con casi cualquier tema últimamente en EEUU, la polarización dificulta cualquier tipo de acción política. De acuerdo con una encuesta realizada por el Pew Research Center en abril de 2021, solo el 48% de los estadounidenses considera que la violencia con armas de fuego es un problema muy grande en el país hoy en día. Se trata de una proporción prácticamente igual que la que existe para el déficit del presupuesto federal (49%), la inmigración ilegal (48%) o el coronavirus (47%). La división sigue creciendo. Los tiroteos también.

La matanza en un supermercado de Búfalo, el 14 de mayo, batió el récord de víctimas de un tiroteo en lo que va de año en Estados Unidos. Un récord que no duró ni dos semanas. La masacre en una escuela primaria de Uvalde, en Texas, donde 19 niños y dos profesores murieron a manos de un adolescente completamente armado, nos ha recordado por enésima vez que este país tiene un grave problema. Una lacra puramente estadounidense, autóctona, particular y distintiva, con sus causas evidentes, pero sin visos de ser solucionada. De hecho, va a peor.

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