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Cinco claves para entender la radiografía anímica de la Unión Europea pospandemia
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más salud, menos opacidad

Cinco claves para entender la radiografía anímica de la Unión Europea pospandemia

El nuevo Eurobarómetro refleja el deseo de los ciudadanos de la UE de un aumento en las competencias europeas en materia de salud y de más información sobre los fondos NextGen

Foto: Banderas de la Unión Europea en la entrada de la Comisión en Bruselas. (Reuters/Yves Herman)
Banderas de la Unión Europea en la entrada de la Comisión en Bruselas. (Reuters/Yves Herman)

La inesperada y virulenta llegada de la peor crisis sanitaria del último siglo propició un cambio radical en cómo las personas se relacionan, viajan o trabajan, algo que, en última instancia, también está teniendo un impacto directo en la percepción de los ciudadanos comunitarios sobre el proyecto europeo. La pandemia ha tenido un efecto catalizador en la Unión Europea, ampliando su esfera de acción a competencias exclusivas de los Estados miembros. Bruselas orquestó la compra conjunta de vacunas, frenó la ortodoxia de las reglas fiscales y cocinó los fondos Next Generation EU, el mayor instrumento financiero de su historia.

"Europa se forjará en las crisis y será la suma de las soluciones adoptadas para afrontar esas crisis". La frase más célebre de Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la UE, es quizá la más reproducida en todo discurso que vincule 'crisis' con 'proyecto europeo', una asociación que en los últimos años parece haberse instalado de forma permanente en la agenda comunitaria: crisis financiera, de refugiados, el Brexit, Bielorrusia, Ucrania, Visegrado, la pandemia global.

En Bruselas, muchos esperan que el momento de alto voltaje vivido durante los últimos dos años refuerce sus argumentos para asumir más competencias en áreas como sanidad o defensa. Sin embargo, los ciudadanos de los Veintisiete encaran el principio de la pospandemia con prioridades y preocupaciones muy distintas. A continuación, cinco claves para entender el estado anímico de la UE según el Eurobarómetro del segundo semestre de 2021.

Foto: Foto de archivo de la sede de la Comisión Europea en Bruselas. (Reuters)

1. El sur reclama más sanidad

La asunción de que Europa toma sus grandes decisiones cuando no tiene más remedio es otra habitual. Y las páginas de historia le dan la razón: la reunificación alemana fue el preludio de la moneda común, la crisis de Afganistán aceleró el deseo de crear una autonomía estratégica y la crisis en la frontera bielorrusa produjo un cierre de filas con Polonia poco usual. La pandemia del coronavirus ha puesto de relieve las fallas de los sistemas sanitarios nacionales y los líderes europeos quieren capitalizar este 'momentum' para crear la Unión Europea de la Salud, algo impensable en el escenario precovid-19.

Los ciudadanos también se suben a esta ola. Especialmente en el sur, la región que más ha padecido los estragos socioeconómicos que está dejando el coronavirus. Portugueses (72%), chipriotas (61%), españoles (60%) e italianos (59%) son los europeos a los que más les preocupa la salud pública. Según los datos del último Eurobarómetro, los sureños son los ciudadanos que ven en ello una mayor prioridad, frente a la media europea que desciende a un 42%.

Por el contrario, son los países nórdicos los que más recelan de esta idea. Dinamarca, Suecia y Finlandia no superan el 20%. Y también escépticos son los alemanes, quienes a comienzos de la pandemia protagonizaron junto a los franceses uno de los capítulos más oscuros de la crisis sanitaria, prohibiendo la exportación a otros socios comunitarios de material médico como trajes de protección o respiradores.

Con todo, la salud pública es el asunto que más preocupa a los europeos en estos momentos. Le sigue de cerca la lucha contra la pobreza y la exclusión social (40%). La pandemia también está teniendo un impacto directo en la desigualdad. Los despidos, la inflación, la brecha digital o la falta de oportunidades ligadas a la situación de excepcionalidad provocada por el virus se han cebado con más fuerza sobre las personas más vulnerables. Son entre estos grupos los que, precisamente, más ha empeorado la imagen europea en los últimos años.

2. Más defensa medioambiental

La lucha contra el cambio climático ya era una de las banderas de la Comisión Von der Leyen antes del embate del coronavirus. Pero la crisis sanitaria ha multiplicado los fondos y las energías para frenar una crisis "ante la que no hay vacunas". Para el 39% de los ciudadanos europeos, la revolución verde debe ser una de las prioridades estratégicas de los próximos años.

En estos momentos, la Unión camina por un difícil ejercicio de funambulismo para equilibrar las dimensiones energéticas, económicas, geopolíticas y sociales que lleva consigo la transición ecológica. La reciente incorporación del gas y la energía nuclear en la taxonomía verde ponen de relieve el complejo debate que está por llegar para convertir a la UE en la primera región neutralmente climática del mundo en 2050. Sin embargo, la preocupación por el planeta es diferente a lo largo del continente así como también lo es la situación sociopolítica de cada Estado miembro. Mientras el sur centra sus anhelos en fortalecer la sanidad pública, países con gran presencia y peso de los partidos verdes, como Luxemburgo, Alemania o Dinamarca, son los que ponen la batalla climática en lo más alto de su agenda.

3. Más detalles de los fondos europeos

A pesar del debate nacional desatado en España sobre la gestión y transparencia en torno a los fondos europeos, de los que el país espera recibir 69.500 millones de euros a fondo perdido en los próximos años, los españoles no son los que más reclaman información en torno a las ayudas anticrisis. Chipriotas, portugueses, griegos, letones, eslovenos, suecos y austriacos se encuentran por delante de los españoles. De media, el 43% de los encuestados pide más información sobre Next Generation, un porcentaje que sube hasta el 49% en el caso de los españoles.

Al final de la tabla se encuentran los polacos, cuyo interés se hunde al 29%. Polonia es junto a Hungría el país que todavía no cuenta con el beneplácito de Bruselas a sus planes de recuperación nacionales debido a la longeva disputa sobre los ataques 'iliberales' al Estado de derecho y a los derechos y valores europeos fundamentales.

4. ¿Europa me escucha?

Uno de los lastres de la UE es que continúa siendo percibida por muchos ciudadanos como un ente burocrático y gris que apenas escucha a los ciudadanos. Cómo involucrar la voz y las preocupaciones de 450 millones de personas de 27 países diferentes es el gran reto europeo y uno de los principales propósitos de la Conferencia sobre el futuro de Europa. En este sentido, existe una brecha norte y sur/este. Las personas procedentes de Suecia (66%), Dinamarca (65%), Países Bajos (62%) o Alemania (57%) sienten que sus opiniones se tienen en cuenta. Pero el porcentaje es mucho menor en España (34%) Italia (32%), Grecia (22%) o Letonia (15%).

Los españoles también están divididos en torno a la autoridad que dan a su país dentro de las Instituciones europeas. Más del 70% de ciudadanos del eje franco-alemán estiman que sus propuestas son bien escuchadas en la capital comunitaria, pero en las otras dos potencias como España e Italia el baremo oscila en torno al 50%.
Eso se traduce también en la predisposición a votar en las elecciones al Parlamento Europeo. De cara a los comicios que se celebrarán en 2024, los daneses y suecos están ya determinados a ejercer su derecho al voto, mientras que en Madrid y Roma lo harían un 28% y un 13%, respectivamente.

5. Semillas del euroescepticismo

La radiografía sobre la aprobación europea es, a su vez, es muy dispar a lo largo y ancho de la UE. Mientras que irlandeses, portugueses y luxemburgueses son los que miran con mejores ojos al proyecto europeo; eslovacos, griegos y austriacos son los que peor imagen tienen de las instituciones comunitarias. Los españoles se encuentran en la mitad de la tabla, en línea con el promedio europeo (41%): el 43% de los españoles cuentan con una visión "muy positiva" de la UE, la mejor percepción desde 2007. Durante el último año, los españoles que piensan que el país se ha beneficiado de pertenecer a la UE han pasado del 75% al 81%. Sin embargo, el porcentaje de encuestados que están totalmente a favor de la Unión ha bajado cinco puntos, hasta el 71%.

El proyecto europeo se recupera poco a poco de la crisis reputacional que gestó con la respuesta a la crisis financiera global de 2007. Sin embargo, el euroescepticismo también crece en Francia en un momento vital: cuando solo restan dos meses para las elecciones presidenciales en las que todo apunta a que Emmanuel Macron se batirá en duelo, de nuevo, con la ultraderecha.

Despiece

La inesperada y virulenta llegada de la peor crisis sanitaria del último siglo propició un cambio radical en cómo las personas se relacionan, viajan o trabajan, algo que, en última instancia, también está teniendo un impacto directo en la percepción de los ciudadanos comunitarios sobre el proyecto europeo. La pandemia ha tenido un efecto catalizador en la Unión Europea, ampliando su esfera de acción a competencias exclusivas de los Estados miembros. Bruselas orquestó la compra conjunta de vacunas, frenó la ortodoxia de las reglas fiscales y cocinó los fondos Next Generation EU, el mayor instrumento financiero de su historia.

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