Los talibanes anuncian un gobierno provisional liderado por Muhammad Hassan Akhund
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un mes después de la caída de kabul

Los talibanes anuncian un gobierno provisional liderado por Muhammad Hassan Akhund

Casi cuatro semanas después de hacerse con el poder en Afganistán, los talibanes han presentado su esquema de gobierno con la intención de amasar suficiente reconocimiento internacional

placeholder Foto: Zabihullah Mujahid, portavoz taliban, durante una rueda de prensa en Kabul. (EFE)
Zabihullah Mujahid, portavoz taliban, durante una rueda de prensa en Kabul. (EFE)

El mulá Muhammad Hassan Akhund ha sido nombrado jefe del nuevo gobierno provisional en Afganistán "hasta que llegue un momento más estable", según ha anunciado en una sobria rueda de prensa un portavoz de los talibanes. El veterano líder talibán, ministro de exteriores y viceministro en los años 90, estará acompañado del mulá Abdul Ghani Baradar como segundo al mando. El anuncio se produce casi cuatro semanas después de que los talibanes se hicieran con la capital afgana tras la capitulación del Ejército y la huida del presidente, Ashraf Ghani, a Emiratos Árabes Unidos.

Akhund gobernó Kandahar —su región de origen—, formó parte del primer gobierno integrista en los 90 y ha liderado el consejo de liderazgo talibán que toma algunas de las decisiones más importantes del grupo durante 20 años. Se le considera una figura más religiosa que política, cercana a Haibatulá Akhundzada, lider talibán en la sombra. Además, el Consejo de Seguridad de la ONU incluyó a Akhund en 2001 en la lista de personas que configuraban una amenaza para la paz, la estabilidad y la seguridad de Afganistán. Baradar, cofundador de los talibanes y líder del buró político en Doha, ha sido la figura de referencia en las negociaciones con EEUU y voz cantante de las relaciones exteriores del grupo, reuniéndose con embajadores de países vecinos y potencias claves para el futuro del nuevo emirato, como China y Rusia.

El nuevo ministro del interior es Sirajuddin Haqqani, el jefe de la red Haqqani, un grupo semiautónomo designado por EEUU como terrorista. El FBI ofrecía cinco millones de dólares por cualquier tipo de información sobre el ahora ministro. "Rechazamos cualquier tipo de interferencia extranjera en los asuntos de nuestro país y nuestro Gobierno. Ahora o en el futuro", dijo el portavoz Zabihullah Mujahid. "Esperamos que todos los países del mundo reconozcan nuestra legitimidad", agregó.

Foto: Talibanes en Jalalabad (Afganistán). EFE

Haibatulá Akhundzada, 'comentador de los creyentes' y actual líder de los talibanes, se ha mantenido en la sombra del gobierno. Akhundzada será el nuevo Emir, líder teocrático, de manera similar al Ayatolá en Irán y por encima del resto del consejo. Oculto durante años, se sabe relativamente poco de Akhundzada, líder del grupo desde 2016, cuando se anunció su ascenso en la cúpula talibana tras la muerte, presuntamente en un bombardeo estadounidense, de Akhtar Mansour, el sucesor del mulá Omar. A Akhundzada se le ha considerado más líder religioso que militar, y bajo su mandato los talibanes superaron las luchas intestinas y de facciones que configuraron el tumultuoso mandato de Mansour. No se espera que Akhundzada participe en los devenires políticos del día a día tras confirmar su ausencia en el gobierno.

La forma de gobierno, un Consejo de líderes no electo (aunque provisional), es similar a la fórmula del primer Emirato talibán, entonces en manos del mulá Omar y tristemente célebre por su radical aplicación de la más brutal sharía, de 1996 a 2001, hasta la invasión estadounidense. En esta ocasión y en busca de un mayor reconocimiento internacional, los talibanes han prometido una versión más moderada del Emirato, con algunos derechos reconocidos para las mujeres, pero siempre "dentro de la ley islámica". No obstante, el gobierno no incluye ninguna mujer ni miembros de la administración anterior, sellando el rechazo de los talibanes a las peticiones de un “gobierno inclusivo de unidad”.

"Inclusividad" estilo talibán

El nuevo Gobierno talibán, que se enfrenta a una inminente crisis económica y humanitaria con la mayoría de los fondos del país bloqueados y los préstamos internacionales congelados, presenta su configuración con un mensaje de "inclusividad", en un intento de obtener el reconocimiento internacional.

"[El problema] es que los talibanes solo consideran la inclusividad étnica como la única petición legítima", sostiene Haroun Rahimi, profesor de Derecho en la Universidad Americana de Afganistán. Otras inclusividades, como políticas o, por su puesto, de género, no han sido tenidas en cuenta en el nuevo gobierno. En declaraciones previas al anuncio, el vicedirector del buró político del grupo en Doha (Qatar), Sher Mohammad Abbas Stanikzai, ya afirmó que "las mujeres tendrán una parte activa en el gobierno, no hay duda, pero no en las posiciones principales". El anuncio de gobierno ha confirmado esta estrategia de inclusividad étnica, al nombrar a un líder de las fuerzas armadas tayiko, Qari Fasihuddin, y un turcomano, Mawlawi Abdul Salam Hanafi, como segundo del Consejo Ministerial.

En su primer emirato, el gobierno talibán solo fue reconocido por tres países, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán y Arabia Saudí. En esta ocasión, varios países, incluida la UE y Estados Unidos, han mostrado su disposición de, al menos, sentarse a conversar con ellos. En las últimas semanas, miembros de la cúpula talibán se han reunido con representantes diplomáticos europeos, qataríes y chinos. El portavoz principal de los talibanes ha declarado que fondos chinos serán "la fundación del desarrollo afgano" y que "China será la puerta [del Afganistán de los talibanes] a los mercados internacionales". China, que cuenta con intereses tanto económicos (ampliación de la Nueva Ruta de la Seda, recursos mineros) como de seguridad (controlar el terrorismo islámico en su frontera), se ha mostrado dispuesta a negociar con los talibanes.

Tanto EEUU como la UE han supeditado un reconocimiento oficial a "las acciones, no las palabras" del nuevo gobierno talibán. "No vamos a confiar en su palabra, vamos a tener en cuenta sus actos", ha afirmado la vicesecretaria de estado de EEUU Victoria Nuland. "Si los talibanes quieren nuestro dinero, tienen que proteger los derechos de las mujeres", afirmaba a este periódico Hannah Neumann, eurodiputada alemana. Pero tanto como EEUU como varios países de la UE ya han establecido contactos "operativos" con los talibanes, especialmente para facilitar una "salida segura" para los colaboradores y nacionales que no han podido ser rescatados en la primera evacuación aérea.

Foto: Momento de la evacuación de España. (Reuters)

Tras la vertiginosa conquista militar del país y la huida del presidente fuera del país, los talibanes iniciaron ciertas consultas con el Consejo Superior para la Reconciliación y su líder, Abdulá Abdulá, y con el expresidente del país, Hamid Karzai. Sin embargo, la indiscutible victoria talibán ha facilitado que finalmente el modelo de gobierno sea a medida de los intereses del grupo y sin representación de la Administración anterior en un momento en el que el exvicepresidente del gobierno de Ashraf Ghani y autodeclarado presidente interino, Amrullah Saleh, todavía presenta resistencia armada en la única provincia que ha quedado fuera del control talibán, el Valle del Panjshir.

Crisis económica y el dinero de la droga

Una vez anunciado el nuevo gobierno y a la espera de que empiece a llegar el reconocimiento internacional, los talibanes se enfrentan ya a su primera crisis económica alimentada por el bloqueo de las reservas y los fondos internacionales, la galopante inflación de la moneda local (el afgani), falta de liquidez, imposibilidad de pagar salarios a los empleados públicos y el colapso de los servicios básicos. Por el momento, los talibanes ya han ordenado a los bancos limitar las extracciones de dinero que pueden realizar los afganos, un primer "corralito".

Foto: Un fajo de afganis, la moneda local de Afganistán. (Reuters)

Se espera que el PIB de Afganistán se hunda un 10% este año. A la crisis económica se unirá también una "catástrofe humanitaria", según ha advertido el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.

A lo largo de sus más de 20 años de insurgencia, los talibanes han demostrado ser capaces de generar recursos económicos para mantenerse, desde los ingresos del comercio de opio a la minería ilegal o las donaciones de simpatizantes (principalmente del golfo o Pakistán), pero sobre todo de los impuestos que aplicaban en las áreas bajo su control. En los años más boyantes, los ingresos de los talibanes ascendían a algo más de 1.000 millones de dólares, según estimaciones de Naciones Unidas.

Foto: Soldados estadounidenses ante un cultivo de amapolas. (Reuters)

En su afán de ser reconocidos por los países occidentales (y con la esperanza de que descongelen los fondos y las donaciones humanitarias), los talibanes han prometido poner fin a su dependencia del tráfico ilegal de drogas, con el consecuente golpe a la economía rural afgana. En 2020, los agricultores de la amapola afgana produjeron unas 2.300 toneladas de opio, según estimaciones de Naciones Unidos, más del 90% del suministro mundial ilícito. "Afganistán ya no será un país de cultivo de opio", declaró el portavoz principal de los talibanes, Zabihulá Mujahid, en la primerísima rueda de prensa tras la toma del poder. Pero la promesa, por su puesto, vino con truco: "La comunidad internacional debe ayudarnos".

Porque gestionar un país no es gestionar una insurgencia, como los talibanes saben en sus propias carnes. "Cuando gobernaron Afganistán del 1994 a 2001 fue un absoluto desastre de gestión. Por poner un ejemplo, durante su primer Emirato el mulá Omar mantuvo el Tesoro del Gobierno talibán en su propia casa en Kandahar, sin administrarlo para nada", cuenta a este diario Thomas Johnson, investigador de la Universidad de Monterey, California y autor del libro 'Narrativas de los talibanes'. Y, durante los últimos 20 años de intervención estadounidense, la economía de Afganistán también ha cambiado. El PIB del país, estimado 22.000 millones de dólares, se ha multiplicado casi por tres desde que los talibanes abandonaron el poder en 2001. Pero, al mismo tiempo, se trata de una economía especialmente frágil, muy dependiente de la ayuda internacional, que supone cerca del 40% del PIB del país.

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