Las inesperadas protestas en Cuba pillan a España en plena remodelación de Exteriores
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Las inesperadas protestas en Cuba pillan a España en plena remodelación de Exteriores

La diferencia de posturas con los países socialistas de Latinoamérica entre EEUU y el Gobierno de Sánchez vuelve a cristalizar meses después de los últimos roces por la situación en Venezuela

placeholder Foto: Protesta contra el Gobierno cubano en La Habana. (Reuters)
Protesta contra el Gobierno cubano en La Habana. (Reuters)

Apenas habían pasado 24 horas desde que José Manuel Albares fuera nombrado ministro de Asuntos Exteriores —como parte de una amplia remodelación del tren ejecutivo de Pedro Sánchez— cuando estalló el primer gran desafío para su gestión. Las históricas protestas en Cuba, en las que cientos de ciudadanos salieron el domingo a las calles en varias ciudades del país al grito de "abajo la dictadura", han pillado al flamante ministro recién aterrizando en el Palacio de Santa Cruz y con el equipo a medio armar. Esto, con el reto añadido de representar a un Gobierno de coalición en el que conviven visiones muy distintas hacia el país comunista.

Nada resume mejor esa sensación de 'mudanza' en Exteriores que la estampa del hasta ahora director de Gabinete del ministerio, Camilo Villarino, recogiendo el lunes las cosas de su despacho, del que ha salido con unos cuadernos, una bandera y un cuadro de un mapamundi, según han relatado a El Confidencial fuentes que presenciaron la escena. El fin de la etapa del veterano funcionario —hombre fuerte de la casa tras pasar por tres ministros distintos de PP y PSOE— adelanta que viene una remodelación de calado en un ministerio que lidia con varios frentes abiertos tras el accidentado paso de Arancha González Laya.

Para reemplazarlo ha elegido a Diego Martínez Belío, quien desde febrero de 2020 se venía desempeñando como jefe de Gabinete de la Secretaría de Estado para la Unión Europea, adelantan fuentes a El Confidencial. Anteriormente, Martínez Belío fue asesor senior de la Presidencia para asuntos europeos y del G20, y tuvo varios destinos en el servicio exterior (tres años en Casablanca y dos Guinea Ecuatorial). Su nombramiento está a la espera de ser confirmado por el Consejo de Ministros.

Cientos de personas salen a la calle en Cuba a protestar contra el Gobierno

Nada más llegar, Albares ya se ha puesto manos a la obra. Aunque su primer mensaje público ha estado dirigido al "gran amigo" Marruecos —el flanco más débil y urgente con el que debe lidiar—, también se ha puesto en contacto con el embajador español en La Habana, Ángel Martín Peccis, para conocer la situación de primera mano, asegura una fuente del servicio diplomático. Martín Peccis, quien dirigía una oficina regional de la Organización de Estados Iberoamericanos, asumió el cargo en diciembre de 2020 reemplazando a Juan Fernández Trigo, enviado a Venezuela como jefe de misión bajo el título de encargado de negocios. El nuevo jefe de la diplomacia española ha recurrido a los actuales equipos de Exteriores para analizar la situación de Cuba, pero no está claro que vaya a mantenerlos en sus puestos, agregan las fuentes.

"España reconoce el derecho a manifestarse libre y pacíficamente. Deseamos que el clima que reine sea pacífico"

"España, como país iberoamericano, sigue con mucho interés y muy de cerca la situación en Cuba. Estamos a la expectativa para ver cómo evoluciona en el día de hoy la situación", adelantó una fuente oficial de Exteriores a El Confidencial y confirmó esta mañana el ministerio en un comunicado.

"España reconoce el derecho a manifestarse libre y pacíficamente. Deseamos que el clima que reine sea pacífico", agregaron desde Exteriores. El Gobierno aboga por "incrementar el ritmo" de las reformas económicas en Cuba para hacer frente a la crisis del coronavirus, que ha desplomado los ingresos turísticos y azuzado la escasez de alimentos y otros productos básicos.

"Expresamos nuestra preocupación por las graves carestías a las que está haciendo frente su población [y] estudiaremos formas de ayuda que puedan aliviar la situación, como hemos hecho con otros países de la región", concluyeron.

Foto: Josep Borrell, tras el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE. (EFE)

Una cuestión doblemente delicada

Las manifestaciones callejeras que se vivieron en Cuba el domingo fueron la mayor muestra de descontento popular desde el episodio conocido como Maleconazo, en 1994, cuando miles salieron a protestar en La Habana por la crisis que siguió a la implosión del campo soviético —bautizada por las autoridades con el circunloquio de periodo especial—. No está claro si este movimiento de protesta crecerá en la isla o será silenciado por el Gobierno de Miguel Díaz-Canel, quien acusó a mercenarios a sueldo de Estados Unidos de estar detrás de las revueltas. Pero el episodio pone el foco sobre España, a la que la comunidad internacional presupone una influencia y capacidad de acción en la zona.

"Somos un país atlántico, y el Atlántico nos lleva a América. A América latina, por supuesto, pero también a América del Norte. Hay una nueva Administración, la Administración Biden, que comparte una visión del multilateralismo, de los valores, del progreso del mundo exactamente igual que la que tiene el Gobierno del presidente Sánchez", dijo el propio Albares en su toma de posesión el lunes en el Salón de Audiencias del Palacio de la Zarzuela, donde recibió la cartera de manos de Laya frente a una nutrida concurrencia, incluyendo la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz; el nuevo responsable de Presidencia, Félix Bolaños, y el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

Foto: José Manuel Albares, secretario general de Asuntos Internacionales de la Moncloa, junto a Pedro Sánchez. (EFE)

Sin embargo, esa alineación no es tan 'exacta', como muestra la presente crisis cubana. Mientras el mandatario estadounidense ha publicado un contundente comunicado en el que aplaudía a la gente "que valientemente defendió sus derechos fundamentales y universales" frente al "régimen autoritario de Cuba", el presidente Sánchez no se ha pronunciado todavía sobre los eventos del domingo en más de una docena de ciudades cubanas —mientras que sí dedicó el 7 de julio un tuit de condena al asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse—.

La diferencia de posturas con los países socialistas de Latinoamérica entre Estados Unidos y el Gobierno de Sánchez vuelve a cristalizar meses después de los últimos roces por la situación en Venezuela. En una reciente conversación telefónica entre González Laya y Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional de Biden, el estadounidense mandó un recado a Madrid cuando hablaron de sus respetivas estrategias para lidiar con Caracas. “Nuestro plan no ha funcionado”, reconoció Sullivan sobre su política de "máxima presión" sobre Nicolás Maduro, narró una fuente conocedora de la llamada. “Pero vuestro enfoque de apaciguamiento tampoco ha servido para nada”, sentenció.

Una relación ambivalente

Los gobiernos de Madrid siempre han tenido una relación ambivalente con La Habana —tanto los socialistas como los populares—. Sin embargo, en la actual coalición, el tema Cuba puede acabar convirtiéndose en un punto de desgaste político y fuente inagotable de munición para sus adversarios. Por el momento, el Ejecutivo y el PSOE han optado por mantener perfil bajo, mientras Unidas Podemos e IU se han mostrado ambiguos o han evitado el asunto. El único miembro del Gobierno que se ha pronunciado hasta el momento ha sido Enrique Santiago, secretario de Estado de la Agenda 2030.

Foto: Un manifestante es detenido durante las manifestaciones del domingo. (Reuters)

“Cuba está aguantando el más duro bloqueo de la historia, medida contraria al derecho internacional que impide llegada de alimentos, material sanitario y recursos financieros”, escribió Santiago, secretario general del Partido Comunista, culpando a EEUU en su cuenta de Twitter. La cuenta del PCE, al que también pertenece el ministro Alberto Garzón, fue más tajante aún: “Contra el bloqueo y la injerencia imperialista: siempre con Cuba y su revolución”.

Otros miembros de Podemos también se han pronunciado al respecto, pero han evitado declaraciones altisonantes, encomendándose a los organismos internacionales. “España tiene una responsabilidad especial con los países de Latinoamérica”, aseguró este lunes Pablo Echenique, secretario de Programas de Podemos, en 'La hora', de Televisión Española. “En este caso, hay un bloqueo que, en situación de covid, tiene consecuencias en el país. No debemos convertir esto en un tema de política interna en España y debemos hacer caso a lo que dice la ONU sobre Cuba”, matizó.

Foto: Un integrante de las brigadas especiales, durante las protestas. (EFE)

En el PSOE, llaman a la calma ante una situación que puede cambiar por momentos y piden llevar la materia con visión de Estado. Algunos ironizan sobre cómo sus compañeros de coalición se posicionan de forma automática. “Hablar de Cuba para ellos es como insultar a su madre”, dijo un trabajador de Exteriores.

Mientras, toda la derecha ha cerrado filas al unísono con los manifestantes cubanos y sus gritos de "libertad".

“No puede ser que, 24 horas después del inicio de las protestas, el presidente del Gobierno siga mudo”, ha criticado tajante Pablo Hispán, responsable del área internacional del Partido Popular, en una conversación con El Confidencial. Para el popular, España debería “promover y liderar” iniciativas dentro de la Unión Europea que permitan “una transición pacífica a la democracia” en Cuba. “Es inaceptable, se ha puesto del lado de la dictadura y en contra del pueblo de Cuba”, agregó.

Apenas habían pasado 24 horas desde que José Manuel Albares fuera nombrado ministro de Asuntos Exteriores —como parte de una amplia remodelación del tren ejecutivo de Pedro Sánchez— cuando estalló el primer gran desafío para su gestión. Las históricas protestas en Cuba, en las que cientos de ciudadanos salieron el domingo a las calles en varias ciudades del país al grito de "abajo la dictadura", han pillado al flamante ministro recién aterrizando en el Palacio de Santa Cruz y con el equipo a medio armar. Esto, con el reto añadido de representar a un Gobierno de coalición en el que conviven visiones muy distintas hacia el país comunista.

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