Magnicidio en la madrugada: nadie puede explicar por qué mataron al presidente de Haití
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Asesinado a tiros en su casa

Magnicidio en la madrugada: nadie puede explicar por qué mataron al presidente de Haití

Las autoridades haitianas han anunciado que cuatro supuestos asesinos del dirigente fueron abatidos y otros dos, detenidos. Pero, con un hombre que se había granjeado tantos enemigos, la pregunta es: ¿quién les pagó?

placeholder Foto: Agentes de seguridad vigilan la casa del difunto presidente haitiano. (EFE)
Agentes de seguridad vigilan la casa del difunto presidente haitiano. (EFE)

Poco después de la media noche del miércoles en Haití, un grupo de hombres armados y con pasamontañas merodeaban por la residencia privada del presidente Jovenel Moïse. Llegaron en vehículos SUV y se movían en formación militar por la exclusiva calle Pèlerin 5, en las arboladas colinas que flanquean Puerto Príncipe. Mediante un megáfono, los encapuchados avisan en criollo y en perfecto inglés con acento americano: “Operación de la DEA. Que todo el mundo se retire. Operación de la DEA”. Todo esto ocurría a pocos metros de una comisaría local.

A la 1:00 am, comenzaron los disparos. En algunos videos tomados por vecinos de la zona, que han circulado por redes y han sido replicados por medios internacionales, se puede ver a un grupo de hombres fuertemente armados rondando por el lujoso barrio supuestamente poco antes del ataque. En otro, se pueden escuchar violentas descargas de armas de fuego a la hora en la que se produjo el magnicidio. Algunos residentes informaron de drones y granadas. Moïse murió en el propio asalto. Su esposa, Martine, resultó gravemente herida y lucha por su vida en un hospital de Miami, donde fue trasladada de urgencia. En boca de todos los haitianos, una sola pregunta: ¿quién ha matado al presidente?

Veinticuatro horas más tarde, las autoridades haitianas anunciaron el arresto de una escuadra de mercenarios como “presuntos asesinos” del mandatario. Fuentes estadounidenses ya habían asegurado que no había ningún operativo de la agencia antidroga estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés) en marcha en el país caribeño. Desde primeras horas, voces como el ex primer ministro Laurent Salador Lamorthe, quien sirvió en la administración del anterior presidente, Joseph Michel Martelly, apuntaban a la teoría de un comando de paramilitares a sueldo. Pero, ¿a sueldo de quién?

Por el momento, los detalles oficiales son escuetos. No hay identidad de los detenidos, ni más datos sobre la operación. "Los presuntos asesinos del presidente Moise interceptados por la Policía en Pelerin poco antes de las seis de la tarde", anunció el secretario de Estado de Comunicación, Frantz Exantusa, través de Twitter. Posteriormente, el director general de la Policía, Léon Charles, concretó que cuatro fueron abatidos por la Policía y otros seis fueron detenidos este miércoles. Además, en la operación también se liberó a tres agentes de la Policía que habían sido secuestrados por los supuestos autores del magnicidio. El Gobierno asegura que las Fuerzas Armadas y la policía nacional tienen bajo control la situación; se ha ordenado el cierre del aeropuerto y la vecina República Dominicana ha cerrado y militarizado la frontera.

Previamente, las fuerzas del orden no habían dado ninguna información sobre los posibles perpetradores o sus motivos, salvo un inusual comentario sobre que algunos sospechosos en el escuadrón hablaban español. “Un grupo no identificado de individuos, algunos de los cuales hablaban español, atacaron la residencia privada del presidente de la República y lo hirieron mortalmente”, dijo el primer ministro interino, Claude Joseph, en un comunicado para anunciar el suceso. “La democracia y la República ganarán”, concluyó.

En el cargo desde 2017, este empresario agrícola de 53 años se había ganado muchos enemigos en la presidencia. Primero, con sus intentos reformistas y, más tarde, con su deriva autocrática. "Dirigía un Gobierno autoritario con control del Ejecutivo y los demás poderes. Uno de sus objetivos con la propuesta de reforma constitucional era buscar confirmar ese control férreo sobre las instituciones y también debilitar a la oposición, no solo política, sino también a la debilitada empresa privada y sectores de la sociedad civil", explica Mariano de Alba, analista internacional y asesor del centro de prevención de conflictos Crisis Group, a El Confidencial.

Sin teoría del crimen

A falta de una teoría del crimen, oficial u oficiosa, los observadores tratan de descifrar los puntos más llamativos del trágico episodio. El presidente contaba con un nutrido grupo de guardaespaldas y policías armados para protegerlo en sus desplazamientos, lo que hace que muchos se pregunten cómo fue posible para el grupo de asalto entrar en la vivienda sin oposición. Sorprende también que la operación se produzca a poco más de dos meses de las elecciones presidenciales y legislativas, previstas para el 26 de septiembre, a las que Moïse no se podía presentar.

La propia sucesión del mandatario también tiene varios elementos de intriga. Moïse había nombrado recientemente como primer ministro a Ariel Henry, quien iba a asumir el cargo este miércoles para llevar al país a los comicios, sustituyendo al interino Claude Joseph, nombrado -temporalmente y de forma interina- por el propio Moïse el pasado abril tras la dimisión del primer ministro anterior. Pero Henry no ha tenido tiempo de calzarse la banda ministerial, por lo que el gobierno 'de facto' ha recaído en Joseph, quien estaba a punto de salir de su puesto. Poco antes, el 23 de junio, el presidente del Tribunal Supremo -llamado por la Constitución a asumir la presidencia en un caso como este- había fallecido de covid-19 y todavía no había sido sustituido.

placeholder Casa del asesinado Jovenel Moïse este miércoles en Puerto Príncipe (Haití). (EFE)
Casa del asesinado Jovenel Moïse este miércoles en Puerto Príncipe (Haití). (EFE)

Según declaraciones del embajador haitiano en España, Louis Marie Montfort, será el primer ministro en funciones, y no el designado Henry, quien esté "al cargo del funcionamiento del país" por mandato constitucional. El Confidencial solicitó más detalles, pero fuentes de la Embajada haitiana han preferido “esperar” porque “todavía se está investigando". Ariel Henry, por su parte, se mantiene en silencio.

"Es difícil saber qué sucederá con el proceso electoral, dependerá de cómo se desarrolle la situación en las próximas semanas", avisa De Alba. "Idealmente las elecciones se realizan en el plazo previsto, aunque es evidente que las condiciones para un proceso con condiciones mínimas no existen. Mi impresión es que Claude Joseph tratará de mantenerse en el poder y lograr que su movimiento político (GNB) salga beneficiado en las elecciones presidenciales y parlamentarias", concluye.

Un (nuevo) salto al vacío

Las calles de la capital, normalmente atiborradas de ciudadanos en su día a día, amanecieron inusualmente tranquilas. Comercios y bancos cerraron y los mercados de Puerto Príncipe estaban prácticamente desiertos. Algunas zonas de la capital haitiana, como el acomodado barrio de Pétionville -donde está ubicada la residencia del mandatario y otras familias pudientes- estaban protegidas por barricadas y un fuerte dispositivo policial.

“Nadie está saliendo a la calle, no hay tráfico, no hay nada. El país entero está en una calma tensa, no sabemos qué va a pasar ahora”, relata desde Puerto Príncipe Stevelson Edouard, un haitiano que trabaja en proyectos de cooperación. Como la mayoría de sus compatriotas, recibió las noticias del magnicidio en la madrugada. “No sabemos casi nada de lo que ha pasado. Apenas lo que ha dicho el primer ministro, que eran personas hispanohablantes y angloparlantes, se dice que pueden ser de Venezuela, de Colombia… El presidente tenía muchos enemigos, desde la clase alta a la clase política”, asegura.

Haití ha vivido 23 golpes de Estado, 15 de ellos exitosos, solo superado por Bolivia

Aunque para el último magnicidio en Haití hay que retrotraerse algo más de 100 años, con el asesinato del presidente Vilbrun Guillaume Sam en 1915, tampoco es que los cambios forzados de poder en el país sean una rareza. Entre 1945 y 2019, Haití ha vivido 23 golpes de Estado, 15 de ellos exitosos, una marca solo superada por Bolivia. Entre las numerosas reacciones internacionales al magnicidio, el presidente de Colombia, Iván Duque, ha pedido a la Organización de Estados Americanos (OEA) que envíe “una misión urgente para proteger el orden democrático”. Por el momento, el gobierno haitiano ha declarado el “estado de sitio”, que permite el toque de queda y ley marcial.

Moïse, quien llevaba casi un año gobernando por decreto, enfrentaba desde hacía varios meses una creciente oposición por su empeño en mantenerse en el poder más allá de su mandato, que sus adversarios denuncian finalizó en febrero -cinco años después de la renuncia de su predecesor Martelly-. Su renuencia a dejar el cargo generó multitudinarias protestas en las calles, a lo que su Gobierno respondió con el arresto de más de una veintena de personas -incluyendo policías y jueces- acusadas de tratar de dar un golpe de Estado. “El objetivo de esta gente era atentar contra mi vida”, dijo Moïse entonces. “Ese plan fue abortado”.

Corrupción y vértigo

El asesinato viene precedido de años especialmente turbulentos, macerados en la perenne crisis económica y política en la que vive el país antillano. El mandatario había sido acusado por sus rivales de permitir e incluso utilizar pandillas armadas para mantenerse en el poder, unas bandas que ahora siembran la violencia en los barrios en su guerra por el control del territorio y la venta de drogas en la capital. También había sido señalado en una investigación sobre cómo sucesivos gobiernos haitianos -el suyo incluido- habían dilapidado fondos de PetroCaribe, un programa del Gobierno venezolano que permitía a países de la región comprar crudo con condiciones preferenciales.

"El acuerdo permitía que Haití revendiera parte del petróleo para supuestamente financiar proyectos de infraestructura en el país. Justamente, en la ejecución de esos proyectos para supuestamente construir hospitales, colegios, etc. una comisión parlamentaria determinó que se había malversado aproximadamente 2.000 millones de dólares", explica De Alba. Ese fue, según el analista, el punto de inflexión en la presidencia del mandatario, quien se vio obligado a subir los precios del combustible y devaluar la moneda local, disparando el precio de los alimentos, e inició una deriva autoritaria para controlar los poderes del Estado.

Los observadores temen que la repentina desaparición de Moïse pueda acelerar las destructivas dinámicas internas en las que está sumido el país, especialmente castigado desde el devastador terremoto de 2010. La Constitución establece que en caso de ausencia presidencial en el cuarto año de mandato, la Asamblea Nacional debe reunirse para nombrar, antes de 60 días, un presidente provisional hasta las elecciones. El problema es que no hay parlamentarios para formar una Asamblea Nacional. El "vacío de poder" que se abre ante Haití es profundo y la población siente el vértigo.

“Al principio no nos lo podíamos creer, hasta que un conocido mío que vive más cerca de Pèlerin [la calle de la residencia del presidente] me confirmó lo que estaba pasando”, comenta Clifton Macenat, sociólogo haitiano, a El Confidencial. "Estamos viviendo un tiempo de suspenso. La gente se siente con miedo, estamos esperando", concluye.

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