PESE AL RACISMO, SON UN PILAR ESENCIAL

Historia oculta de los inmigrantes del NHS: héroes y arquitectos de la sanidad de UK

Hasta un tercio de los médicos que ejercen en el Reino Unido son extranjeros. Sin embargo, lo que la gran mayoría desconoce es que los inmigrantes fueron también los arquitectos del NHS

Foto: Médicos, en un hospital de Londres. (Reuters)
Médicos, en un hospital de Londres. (Reuters)

Amged el-Hawran tenía tan solo 11 años cuando llegó a Reino Unido. Su padre, un radiólogo que quería tener acceso a los últimos avances en su especialidad, decidió trasladar a toda la familia de Jartum (Sudán) a Taunton (suroeste de Inglaterra). Más tarde se mudarían de nuevo a Bristol. Corría el año 1975 y no era precisamente fácil vivir como inmigrante en suelo británico. En la década de los ochenta, los disturbios raciales estallaron en distintas ciudades de todo el país. Era complejo encontrar mezquitas para el rezo y en la escuela, donde los alumnos era casi exclusivamente blancos, no querían jugar al fútbol con niños de “piel marrón”.

Muchos médicos sudaneses viajaban al Reino Unido para ampliar su formación. Algunos regresaban luego a casa o se mudaban a los países del Golfo Pérsico en busca de salarios más altos. Pero la familia de El-Hawran decidió quedarse en Inglaterra. Es más, su hogar se convirtió en un centro neurálgico que acogía a todos los doctores y estudiantes que buscaban un sitio para comer y dormir. En ningún momento se cobraba alquiler a pesar de no tener ni demasiados recursos económicos ni tampoco demasiado espacio porque eran seis hermanos. Su madre siempre solía decir: “Cuantos más, mejor”. Casi inevitablemente El-Hawran heredó de su padre la pasión por la medicina y se especializó en otorrinolaringología.

Ahora, con 55 años, se ha convertido en uno de los primeros médicos del NHS (Sistema Nacional de Salud británico) en perder la vida por el Covid-19. Como el suyo, llama poderosamente la atención los nombres de los otros doctores que le han sucedido en la trágica lista: Adil El Tayar, de 64 años, de Sudán; Habib Zaidi, 76, de Pakistán; Alfa Sa’adu, 68, de Nigeria; Jitendra Rathod, 62, de la India; Anton Sebastianpillai, de unos 70 años, de Sri Lanka; Mohamed Sami Shousha, 79, de Egipto, y Syed Haider, de unos 80 años, de Pakistán.

Aunque muchos de ellos tenían pasaporte británico, habían nacido fuera del país o eran hijos de inmigrantes. Actualmente, hasta un tercio de los médicos que ejercen en el Reino Unido son extranjeros.

Tradicionalmente, el NHS siempre se ha visto como una institución típicamente británica, un símbolo de identidad nacional. Desde su creación en 1948, presume de ser uno de los más eficientes, igualitarios y completos. Sin embargo, la pandemia del coronavirus está reflejando hasta qué punto depende en gran medida de inmigrantes. El hecho de que las primeras palabras del primer ministro, Boris Johnson, al salir de la UCI fueran para “Jenny, de Nueva Zelanda, de Invercargill, en la Isla Sur, para ser exactos, y Luis, de Portugal, cerca de Oporto”, los dos enfermeros que le cuidaron durante las 48 horas más críticas, fue muy significativo.

El 13% de los sanitarios que trabajan en los hospitales públicos son nacidos fuera del Reino Unido (137.565). De estos, 62.000 procedentes de la UE. Con el Brexit, el papel de los extranjeros en el NHS ha sido una de las cuestiones protagonistas en el monodebate que ha dominado la opinión pública en los últimos cuatro años.

Sin embargo, lo que la gran mayoría desconoce es que los inmigrantes fueron también los arquitectos del sistema de salud universal al que los británicos rinden ahora cada jueves homenaje con sus aplausos a las ocho de la tarde. Hoy en día, hay 1.724 doctores con el apellido indio Patel registrados en el Consejo General de Colegios de Médicos comparado con los 1.750 que tienen el apellido Smith. Excluidos de las disciplinas más prestigiosas, los doctores nacidos en el extranjero —la gran mayoría provenientes de antiguas colonias— llegaron a dominar tras la II Guerra Mundial las llamadas “especialidades Cenicienta” —como la medicina de familia y geriatría— trabajando en los hospitales de los barrios más pobres, aquellos donde nadie quería mudarse.

“Fueron quienes construyeron el NHS, quienes lo mantuvieron unido, ejerciendo en las áreas más impopulares y difíciles, donde los médicos británicos blancos no querían ir”, asegura el doctor Aneez Esmail, profesor de práctica general en la Universidad de Manchester. “La suya es una historia desconocida”, afirma.

El libro “Arquitectos inmigrantes del NHS: médicos del sur de Asia y la reinvención de la medicina general británica (1940-1980)”, escrito por el doctor Julian M. Simpson, es uno de los pocos que existen donde se rinde homenaje a esta generación de sanitarios, tan clave para la historia del Reino Unido, pero a la vez tan poco reconocida.

“El 'establishment' médico era profundamente racista en aquella época. En algunas ofertas de trabajo se llegaba a especificar 'solo para graduados británicos’”, señala el autor. “Es importante recordar que el NHS se estableció para que la atención médica fuera accesible para aquellos que no podían pagarla. Y para millones de personas, particularmente en comunidades de clase obrera, eso se tradujo en tener un inmigrante como médico de cabecera”, añade.

Para Simpson, el papel de estos doctores “fue fundamental para el desarrollo del NHS y la medicina de familia”. “No sería lo que es ahora si no hubiera sido por ellos. Pero en algunos aspectos, se trata de una historia difícil, porque tuvieron que enfrentarse a experiencias realmente complejas”, recalca.

Las letras del NHS, iluminadas en Old Trafford, el estadio de fútbol del Manchester United. (EFE)
Las letras del NHS, iluminadas en Old Trafford, el estadio de fútbol del Manchester United. (EFE)

Sus vidas, en efecto, no fueron fáciles. Ya no solo porque no podían ejercer su especialidad o porque tenían turnos de lunes a domingo, sino porque al llegar al casa sus hijos les contaban que los niños no querían jugar al futbol con ellos porque tenían la piel marrón.

El doctor Hisham el-Khidir, cirujano en Norwich (este de Inglaterra) y de origen sudaní, no puede dejar de emocionarse cuando los ciudadanos salen ahora cada jueves a aplaudir para rendir tributo a los sanitarios. Pero, al mismo tiempo, recuerda que hace apenas un año, el país seguía absorto en el debate del Brexit y muchos de los británicos señalaban que los inmigrantes venían al Reino Unido para quitarles sus trabajos y aprovecharse del NHS. “Ahora son los mismos inmigrantes los que están tratando de salvar a los británicos, dejándose la propia vida en ello”, explicaba recientemente a 'The New York Times'. El-Khidir es primo del doctor Adil el-Tayar, un cirujano de trasplantes también de origen sudaní, que falleció el pasado 25 de marzo por covid-19 en el oeste de Londres.

En la década de los 80, alrededor del 16% de los médicos generalistas que trabajaban en el NHS habían nacido en India, Pakistán, Bangladesh o Sri Lanka. En algunas áreas constituían más de la mitad de la población de médicos de familia.

A día de hoy, el 20% de los más de 1.2 millones de empleados del NHS provienen de orígenes denominados BAME (negros, asiáticos, minorías étnicas). La proporción se sesga aún más cuando se trata de médicos: el 43% de los doctores senior y el 47% de los recién licenciados. En caso de enfermeros y matronas, se trata de uno de cada cinco. En algunas áreas de Londres, el porcentaje es de cuatro por cada diez.

Muchos de estos sanitarios son hijos de esa primera generación “arquitecta del NHS”, como era el caso de Amged el-Hawran. Después de haber vivido durante su infancia y adolescencia diferentes episodios racistas, le confesó a su hermano que no sabía hasta qué punto podría ser médico como su padre “debido a prejuicios”. Pero logró cumplir su sueño.

Los prejuicios y el racismo

El-Hawran nunca supo que tenía coronavirus. Fue sedado mucho antes de que la prueba diera positiva, después de haber dado negativo previamente hasta en dos ocasiones. Sus últimas palabras fueron “¿por qué están tardando tanto? necesitan intubarme”. Falleció el pasado 28 de marzo, tres semanas después de ingresar como paciente en el hospital que había estado trabajando como médico en primera línea de la guerra contra covid-19.

¿Continúan a día de hoy esos prejuicios? Marta (nombre ficticio), una enfermera española que trabaja en el hospital londinense de Charing Cross, asegura que ella jamás ha visto ningún signo de racismo en su equipo. “En mi departamento somos 25 enfermeros de los cuales 6 son ingleses, 2 italianos, una india, una española, una libanesa, una polaca y el resto filipinos”, explica a este diario.

Lleva 3 años trabajando para el NHS y asegura que nunca ha sentido que le trataran de manera diferente. “Al contrario, nos valoran mucho como profesionales y que tengamos tan buena formación. No he presenciado ningún trato racista en el trabajo, ni mucho menos discriminación entre médicos de distinta raza”, señala en uno de los pocos descansos que tiene en las jornadas frenéticas de estos días. “Obviamente, me gustaría estar en España, pero me siento bien al pensar que estoy ayudando y dejándome la piel cuidando a pacientes en esta situación tan crítica que nos ha tocado vivir”, añade.

El Reino Unido ahorra más de 247.000 euros a los contribuyentes al reclutar médicos extranjeros. A pesar de esto, los doctores inmigrantes no comunitarios tienen que pagar miles de euros para conseguir una visa que implica, entre otros, un pago anual de 456 euros para poder utilizar el propio sistema nacional de salud en el que trabajan. Una vez acabe el periodo de transición del Brexit (previsto ahora para diciembre) se aplicarán las mismas medidas también a los europeos.

Con todo, como muestra de reconocimiento a su trabajo durante la pandemia, el Gobierno ha anunciado que a los sanitarios extranjeros se les renovará sus visa automáticamente por un año sin coste alguno. El ministro de Sanidad, Matt Hancock, el mismo que el pasado noviembre declaraba que el NHS era “el Servicio Nacional de Salud, no el Servicio Internacional de Salud”, ha querido ahora rendirles homenaje: “Muchos de los que han fallecido son personas que vinieron a este país para marcar una diferencia, y lo hicieron, han dado sus vidas en sacrificio, y no podemos estar más agradecidos por ello”, señaló.

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