'la vacuna' contra los humanos

"La humanidad es el virus, no el Covid-19": ¿es el momento de hablar de ecofascismo?

Uno de los beneficiados de la pandemia global de coronavirus ha sido el medio ambiente. Algunas voces apuntan a que esto no es óbice para caer en lo que llaman ecofascismo

Foto: Aguas más claras en Venecia, fruto de la ausencia de barcos en los canales de la ciudad. (EFE)
Aguas más claras en Venecia, fruto de la ausencia de barcos en los canales de la ciudad. (EFE)

Uno de los inesperados beneficiados de la pandemia global de coronavirus, que ha infectado ya a casi 850.000 personas, se ha cobrado las vidas de otras 41.300, ha cerrado países enteros, quebrado las cadenas de producción y bloqueado economías, ha sido, curiosamente, el medio ambiente.

El cierre de fábricas, los miles de vuelos cancelados y la caída de la demanda del petróleo han mejorado la calidad del aire hasta límites insospechados. Las emisiones de dióxido de carbono de China cayeron en torno a un 25%, según un estudio de la revista especializada 'Carbon Brief', confirmado por imágenes de satélite. La caída del tráfico de vehículos en ciudades europeas, muchas de ellas con su población confinada, ha mejorado también la calidad del aire en el continente. Imágenes de la Agencia Espacial Europea destacan la disminución del dióxido de nitrógeno en el norte de Italia, donde desde principios de marzo hay 15 millones de personas en cuarentena. En España, imágenes del satélite Copernicus reflejan una reducción de las emisiones de efecto invernadero de hasta el 83% en el caso de Barcelona, del 73% en Madrid y del 64% en Valencia.

Paralelamente, miles de personas han compartido imágenes de las ahora casi transparentes aguas de Venecia, “limpias” después de que el acceso de barcos cargados de turistas al puerto haya sido prohibido, y las pintorescas góndolas amarradas. También en Italia se han visto delfines en el puerto de una ciudad costera. Imágenes (que resultaron ser falsas) de esos mismos delfines en Venecia o de cisnes en los canales de Burano (algo que no es inusual) también han sido masivamente compartidas.

Como resultado, ha emergido una nueva cantinela: “La humanidad es el virus, el coronavirus es la cura”. El virus es “la venganza de la naturaleza” contra los humanos. Comentarios por el estilo han sido masivamente compartidos en las últimas semanas.

"Los ciudadanos de Wuhan pueden finalmente oír los pájaros piar después de años. Los canales de Venecia están claros y llenos de peces, e incluso puedes ver las montañas de Tatra [los Cárpatos] desde Cracovia porque se ha levantado el 'smog' [niebla tóxica]". "Esto no es un apocalipsis. Es un despertar", concluye uno de los comentarios con miles de retuits en la red social.

Pese a la ingenuidad naíf de muchos de estos comentarios, algunos activistas climáticos han hecho sonar la voz de alarma y un término, que parecía relegado al debate sobre si Hitler era vegetariano y ecologista, ha regresado a la palestra: estamos hablando del 'ecofascismo'.

"Desear que un desastre [como el coronavirus] aplique los cambios a gran escala que los científicos dicen que son necesarios para evitar un colapso planetario es contraproducente. Hay que recordar que [los activistas climáticos] estamos haciendo esto para salvar vidas. Vitorear al coronavirus por el cambio climático no es progreso, es ecofascismo", afirma Eric Holthaus, meteorólogo y corresponsal climático para el medio 'The Correspondent'.

"Durante una crisis que ha matado a cientos de miles de personas, llamarlo 'un despertar' implica que la muerte y el sufrimiento a gran escala son necesarios para restaurar la naturaleza. Si bien carece del etnonacionalismo abierto del movimiento, esta retórica es innegablemente congruente con una cosmovisión ecofascista", sostiene por su parte Jennifer Johnson, analista en políticas energéticas y justicia climática.

Muchos activistas critican la "ligereza" de este tipo de comentarios, que sin embargo pueden, apuntan, alimentar la narrativa y llevar a posiciones más radicales. "[Decir que] 'los débiles morirán pero está bien porque eso ayuda al clima' no es justicia climática", ha defendido la activista climática colombo-estadounidense Jamie Margolin, que en 2019 fue incluida en la lista de '100 mujeres' de la BBC.

La polémica ha llegado incluso al grupo ecologista Extinction Rebellion (XR), conocido especialmente por las escenas de desobediencia civil en nombre del medio ambiente organizadas en Reino Unido, que les valieron varias detenciones y enfrentamientos con la policía británica. La sección local de XR en East Midlands publicó un mensaje con una imagen que rezaba: "La tierra se está curando. El aire y el agua se están limpiando. ¡Corona [virus] es la cura. Los humanos son la enfermedad!". En un contexto en el que han fallecido ya más de 41.200 personas con Covid-19 y la Organización Mundial de la Salud advierte de que serán muchas más si la pandemia se extiende en países menos desarrollados, el comentario no sentó muy bien.

'El corona [virus] es la cura, los humanos son la enfermedad'. Póster falso con logo de Extinction Rebellion.
'El corona [virus] es la cura, los humanos son la enfermedad'. Póster falso con logo de Extinction Rebellion.

La organización desde la sede nacional británica tuvo que salir a desdecirse y emitir un comunicado negando que esa fuera su posición sobre la pandemia, explicando que el cartel "era falso", que no correspondía con ningún equipo de XR local y que otros grupos, "probablemente radicales de derecha", había usado su logo para esparcir un mensaje que ellos mismos han catalogado de "peligroso" y "un paso en el camino hacia el ecofascismo".

'Lebensraum' y control de población

El ecofascismo como ideología, más allá del uso del término en los últimos años contra los activistas climáticos (al estilo de 'feminazi'), aúna ideas de los ambientalistas con las de la extrema derecha. Aunque hay discusión entre los expertos en el tema sobre su origen como tal, esta filosofía bebe también de conceptos nazis como la importancia del 'Lebensraum' (espacio vital) y el 'Blut und Boden' (sangre y suelo).

En la era de la crisis climática, los que comulgan con el pensamiento ecofascista no niegan que el medio ambiente esté colapsando, sino que abrazan ese colapso como una forma de construir un nuevo orden social que refleje sus ideas nacionalistas. "Aunque los ecofascistas se oponen a los ambientalistas contemporáneos, en muchas ocasiones se apropian de ideas del pasado del movimiento por el medio ambiente", afirma al respecto Jeff Sparrow, autor del libro 'Fascistas entre nosotros: Odio online y la masacre de Christchurch".

La ideología, en su versión más radical y violenta, ha dado luz a terroristas como el del tiroteo en El Paso (22 muertes), quien citó la "degradación ecológica" como motivación. "Si podemos librarnos de suficiente gente, entonces nuestro modo de vida será sostenible", se leía en su manifesto publicado en foros supremacistas. También fue una de las motivaciones del terrorista de Christchurch, en Nueva Zelanda.

En su versión menos radical, el ecofascismo bebería —y daría de beber— de posiciones que defienden que la reproducción de determinados grupos sociales y la sobrepoblación son la fuente de los males del planeta. Usualmente, las víctimas de esta línea de pensamiento ecofascista son siempre los países menos desarrollados, con sus alarmantes tasas de natalidad. Este neomalthusianismo va más allá de las ideas de Thomas Malthus, que en 1798 sostenía que un crecimiento poblacional incontrolado superaría la producción agrícola, y se aunaría con narrativas antiinmigración o de control poblacional de minorías y países en desarrollo.

"En el mejor de los casos, estos argumentos identifican correctamente la existencia de una dolencia societaria (escasez de recursos), y aun así llegan al diagnóstico equivocado (demasiada gente). En el peor, forman el pilar de las ideologías ecofascistas", sostiene Johnson en un artículo publicado en la revista estadounidense 'Verso'.

En el caso del coronavirus, serían necesarios cientos de miles de muertes para esa 'cura' del planeta.

"Es la misma lógica que usan los eugenistas para abogar por el control de la población, o los racistas para predicar el nacionalismo étnico y las políticas contra la inmigración en una era de emergencia climática. La discriminación y la muerte no son la forma de reducir las emisiones", asevera en este sentido Holthaus.

El coronavirus no va a salvar la Tierra

Pero ni siquiera los datos apoyarían esta versión de que una epidemia como el coronavirus sería buena para el medio ambiente. Las aguas de Venecia no están más claras porque estén más limpias, sino porque están menos turbias: la ausencia del movimiento de barcos ha permitido que las impurezas sedimenten en el fondo, pero siguen ahí. China se ahoga (y pronto lo hará Europa y Estados Unidos) en los residuos médicos —mascarillas de un solo uso, miles de batas protectoras— producidos por los hospitales donde se trata a los pacientes del virus. En la ciudad de Wuhan, la basura se cuadruplicó, con más de 200 toneladas al día, según un reporte de la revista 'Politico'.

"Las emisiones en China han disminuido porque la economía se ha detenido y la gente está muriendo, y porque las personas pobres no pueden obtener medicamentos ni alimentos. Esto no es una analogía de cómo queremos disminuir las emisiones del cambio climático", asevera Gernot Wagner, profesor asociado del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad de Nueva York, a la revista 'MIT Technology Review'.

Además de que, como ya se está viendo en China, tras la pandemia la producción vuelve a crecer en una brusca V. Estos esfuerzos productivos, en el contexto de tratar de evitar una crisis económica irremediable tras un parón de casi dos meses, podrían incluso socavar muchos de los avances en materia climática de los últimos años. "Controlar el brote y mantener el crecimiento económico será ahora la principal prioridad de China", ha declarado Li Shuo, asesor principal de políticas de Greenpeace Asia, al 'New York Times'. "Y como ya hemos visto en el pasado, cada vez que se debe priorizar el crecimiento económico, la agenda ambiental queda en segundo plano". En Estados Unidos, que está todavía entrando en su curva de la epidemia, ya se ha anunciado que se han suspendido muchas de las limitaciones medioambientales. Varios países europeos, encabezados por República Checa, ya han pedido a la UE que se olvide de los compromisos climáticos y del New Green Deal para priorizar el crecimiento tras la pandemia.

"Esto [el descenso en la contaminación] realmente no debería verse como un rayo de luz [en el contexto de la pandemia]", ha afirmado Jill Baumgartner, profesora de Epidemiología en la Universidad McGill, al 'New York Times', en un artículo sobre el coronavirus como forma de reducir la contaminación. "No es una forma sostenible de reducir la contaminación del aire, y los impactos económicos y de bienestar a largo plazo de esta crisis serán devastadores para muchas personas", añade.

Volviendo a los mensajes de Twitter. ¿Son entonces ecofascismo?

"Lo que importa aquí no es la simple mentira [los humanos son el virus y el coronavirus la cura para el medio ambiente] o la lógica defectuosa. Es el sentimiento lo que lleva a estas personas a aceptar felizmente que decenas de miles de cadáveres son un precio razonable a pagar", escribe Ketan Josi, comentarista especializado en medio ambiente de 'The Guardian'. "En esencia, es [una lógica] perezosa. En lugar de romper el yugo entre cómo vivimos los humanos hoy día y lo destructivo que es el daño ambiental, es más fácil someterse a ese acoplamiento y simplemente reducir el número de humanos vivos", añade Josi.

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