el planeta, en vilo ante el coronavirus

La cuarentena, más allá de España: casi el 40% de la población mundial, bajo encierro

Más de 40 países mantienen la cuarentena obligatoria y una quincena lo hacen en algunas áreas, lo que eleva a 2.900 millones el número de personas confinadas en el mundo

Foto: Todos los locales no esenciales permanecen cerrados en el barrio de Brooklyn, en Nueva York, a causa de la pandemia del Covid-19. (Reuters)
Todos los locales no esenciales permanecen cerrados en el barrio de Brooklyn, en Nueva York, a causa de la pandemia del Covid-19. (Reuters)
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Hace casi tres meses que China empezaba a prepararse para algo que el resto del mundo tardó mucho más tiempo en ver: a finales de diciembre, el gigante asiático dedicó todos sus esfuerzos a poner freno a una enfermedad que se iba contagiando a gran velocidad entre la población de la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei, de donde se estima que salió. El primer mes, cuando el número de afectados aumentaba, pero solo en China, solo podía compararse la situación con otra similar vivida en 2003, momento en el que comenzó a hablarse del SARS: neumonía atípica, virus desconocido, fiebre, problemas para respirar y una propagación bastante veloz. La tercera semana de enero solo se contaban unos 80 muertos por esta enfermedad, con unos 2.700 infectados en China. Ahora, terminando la cuarta semana de marzo, la cifra de infectados es de más de medio millón, con unos 25.000 fallecidos por todo el planeta. Y el mundo entero, en vilo.

Cuando en Europa apenas sabíamos el nombre del virus que ponía en jaque a una importante parte de la población china, Wuhan decidía encerrarse en sí misma: una metrópolis de once millones de habitantes que impedía la entrada y salida de la ciudad. Aislamientos obligatorios, establecimientos cerrados y silencio eran los protagonistas en el kilómetro cero del virus, después en las ciudades del entorno. China era entonces la perfecta fábrica de epidemias a los ojos de Europa y toda Europa miraba a China, aunque de lejos. Pero a finales de enero, Francia confirmaba sus tres primeros contagios, los primeros casos de aquel coronavirus en la UE. Y todo se precipitó. Hay quien entonces ya aseguraba que la única manera de frenar el avance de los contagios era el aislamiento absoluto. "Faltan datos", decía a El Confidencial Isabel Sola, científica titular del CSIC y codirectora del Centro Nacional de Biotecnología, cuando España aún no había detectado ningún contagio. Aun así, en Wuhan, donde ya se había decretado, "el aislamiento del virus era la única solución final".

En España, en el mes de enero las autoridades sanitarias no hacían más que descartar casos, hasta que el último día del mes, Sanidad confirmó su primer contagio: un alemán de vacaciones que había estado en contacto con un infectado en su país. Apenas una semana después, Italia anunciaba su primer positivo: un italiano que había estado en Wuhan. Nada apuntaba a que un mes después los dos países iban a estar en riesgo de colapso hospitalario y con cifras de contagios e infectados tan altas. La medida que había aplicado el epicentro chino para frenar los contagios era ahora la única solución: el Gobierno italiano anunciaba a principios de marzo el aislamiento de 16 millones de personas, toda la región de Lombardía, la más afectada, tras haber alcanzado la cifra de 5.000 contagios. Veinticuatro horas después, la cuarentena ya era obligatoria en todo el país. "No hay tiempo (...), no hay más zona roja. Todo el país se tiene que quedar en casa". Cuatro días más tarde, y después de intentar frenar los contagios apelando a la responsabilidad de los ciudadanos y solicitando un distanciamiento social voluntario, España echó su propio cierre: estado de alarma de, al menos, 15 días. Y después, uno a uno, fueron cayendo otros. En la actualidad, casi el 40% de la población mundial se encuentra bajo encierro como medida para prevenir el crecimiento de los contagios por una enfermedad que, a día de hoy, no está controlada en ningún punto del globo.

¿2.900 millones de personas en cuarentena?

Si bien todo empezó con los 11 millones de habitantes de Wuhan —que lleva casi 60 días de encierro obligatorio y que no prevé la reapertura de la ciudad hasta el 8 de abril—, el brote del coronavirus, que por el camino fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ha convertido en el mayor problema de salud a nivel global, afectando casi a la totalidad de los países. De los diez países con más casos activos, España se encuentra en tercer lugar, aunque ya ninguno supera a Estados Unidos, que después de haber tomado la buena decisión de cerrar las fronteras a los visitantes chinos en enero, acabó malgastando el tiempo ganado al no centrarse en la detección de casos —per cápita, el Gobierno de Trump realizó menos test de diagnóstico que la gran mayoría de países avanzados—. Y cuando los procedimientos preventivos de detección precoz fallan, solo queda cerrar la puerta. Así ha ocurrido (y sigue ocurriendo) en muchos países: la mayoría de los estados europeos han impuesto una cuarentena obligatoria —que prevé sanciones para quienes están en la calle sin ninguna justificación—, medida que cada vez se está extendiendo más por todo el planeta.

A comienzos de esta semana, cerca del 20% de la población mundial se encontraba bajo algún tipo de encierro en sus hogares, según los datos estimados por 'The Guardian'. A finales de esta semana el porcentaje de ciudadanos confinados por culpa del coronavirus ha crecido considerablemente, hasta alcanzar casi el 40% del total global: esto tiene una explicación lógica (y un brutal reto a nivel logístico) y es la decisión del Gobierno de India de confinar en sus viviendas a sus más de 1.300 millones de ciudadanos, una masa que supone casi el 18% de la población del mundo.

Varias personas haciendo cola para entrar en una farmacia en Srinagar, en el valle de Cachemira. (EFE)
Varias personas haciendo cola para entrar en una farmacia en Srinagar, en el valle de Cachemira. (EFE)

"El país entero se cierra por completo para salvar India (...). La única manera de protegernos del coronavirus es no salir de casa". Ningún país suma tanto como India, pero todos van sumando. Estados Unidos, donde la curva de contagio es la más pronunciada del planeta, no tenía ningún interés en enviar a sus ciudadanos a casa, pero al final y paulatinamente lo está haciendo: al menos un tercio de los estadounidenses se encuentran encerrados en sus viviendas por las numerosas órdenes estatales (y de algunas ciudades) que obligan a realizar una cuarentena domiciliaria para frenar la propagación: esto supone unos 110 de los 330 millones de ciudadanos que residen en el país.

Más de 40 países mantienen activada una orden que prohíbe salir a la calle salvo excepciones (ir a trabajar, a la farmacia o a hacer compra, por ejemplo), a lo que se le suman unas 15 regiones o áreas donde el confinamiento también es obligatorio, aunque no lo sea en todo el país. Y los que se van sumando. El último, el Gobierno de Viktor Orbán, que ha ordenado la cuarentena en Hungría durante al menos dos semanas desde este mismo sábado: los casi 10 millones de húngaros podrán salir a la calle únicamente para trabajar, o incluso para hacer deporte —algo que, en España por ejemplo, no está contemplado—, pero el Ejecutivo advierte de que el pico máximo en el país se espera entre los meses de junio y julio. Hasta la fecha, Hungría ha confirmado unos 300 casos y una decena de muertos, si bien ha realizado cerca de 10.000 test de diagnóstico.

Turquía no sabe; Rusia se contradice

Turquía, que comparte un pedazo de su frontera con Irán, un país que no solo ha visto en el coronavirus una importante crisis sanitaria sino que ha preferido pasarla sin tomar apenas medidas de contención, mantiene hasta la fecha una serie de preventivos, aunque más laxos que los de los países de la región, como el que prohíbe a las personas de más de 65 años y aquellos aquejados de enfermedades crónicas como asma, hipertensión o cualquier enfermedad que conlleve tratamientos de inmunosupresión la salida a las calles, pero no a los demás. Sin una orden de confinamiento, el 80% de la actividad económica del país se ha visto afectada, y el Ministerio del Interior ha emitido un nuevo paquete de medidas que entra en vigor este sábado y que impide toda actividad al aire libre en las regiones costeras, con toque de queda incluido.

El comité gubernamental creado para evaluar la situación en torno al coronavirus ha pedido a la población que opte por el aislamiento social, poniendo más presión aún sobre el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que sigue dudando sobre la aplicación de una cuarentena forzosa que, irremediablemente, llegará al país. En caso de que llegue, habrá que sumar otros casi 81 millones de habitantes.

Rusia sigue sin aprobar la cuarentena obligatoria, pero ha dado 'vacaciones pagadas' a todo el país para que se queden en casa

Entretanto, el presidente ruso envía mensajes contradictorios apenas una semana después de asegurar que la crisis del coronavirus, en su país, estaba "bajo control". Esta misma semana ordenaba la suspensión de todos los vuelos regulares y chárter que tuvieran como origen o destino cualquier punto del estado, salvo los enmarcados en el programa de repatriación de ciudadanos que se encuentren en otros países. Y este viernes hacía un anuncio mucho mayor: la semana del 28 de marzo al 5 de abril, vacaciones para todos: el Kremlin ha ordenado el cierre de todos los establecimientos —salvo los de productos esenciales y los de restauración, únicamente para entregas a domicilio—, ha declarado estos días como 'semana de vacaciones pagadas por Estado' y ha solicitado a todos los rusos que se queden en sus casas: 147 millones de personas con una semana sin trabajo y sin órdenes estrictas, más allá de las recomendaciones, que les aten a sus domicilios.

África, la gran excepción

En Sudáfrica, uno de los pocos países africanos con confinamiento obligatorio, el Gobierno ha prohibido la venta de alcohol durante los 21 días de cuarentena. (Reuters)
En Sudáfrica, uno de los pocos países africanos con confinamiento obligatorio, el Gobierno ha prohibido la venta de alcohol durante los 21 días de cuarentena. (Reuters)

La gran excepción sigue siendo el continente africano: salvo algún país del norte —Marruecos y Túnez tienen cuarentenas obligatorias, igual que en Sáhara Occidental, y Argelia ha decretado esta orden al menos en la provincia ('wilaya') de Blida—, con más proximidad a un país de alto contagio como es España, la mayoría de los estados se mantienen a la espera de los acontecimientos, pero siempre alerta, ante la enorme vulnerabilidad que existe en esta zona, donde el riesgo de contagio es mucho mayor. Solo dos países de África subsahariana han decidido no solo cerrar fronteras sino cerrar puertas: Ruanda fue el primero en hacerlo, cuando había confirmado 17 casos positivos dentro de sus frontera, y tanto los encuentros públicos, como los rezos en lugares de culto, ya estaban prohibidos.

Los intercambios comerciales con Sudáfrica también convertían al último país del continente en un importante foco de contagio: solución, cierre. Desde la medianoche del día 26 de marzo, el país sudafricano mantiene a sus 57 millones de habitantes bajo encierro durante al menos tres semanas. "La ley es quedarse en casa. La excepción, la supervivencia: comida y salud. Las autoridades se encargarán de que esa ley se cumple", ha advertido la ministra de Aplicación, Seguimiento y Evaluación del país —y ministra de Salud en tiempos de Nelson Mandela—, Nkosazana Dlamini-Zuma. Ahora bien, a esta ley se le suman restricciones que no vio el país ni siquiera en la época del Apartheid. El Gobierno sudafricano ha prohibido la venta de alcohol y tabaco, así como los paseos ligeros para sacar a pasear a las mascotas o el deporte en la vía pública, a riesgo de ser multado o incluso llevado a prisión.

*Información actualizada el 28 de marzo a las 10:00

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