Dentro de Hubei, zona cero del coronavirus chino: dos semanas entre la vida y la muerte
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Dentro de Hubei, zona cero del coronavirus chino: dos semanas entre la vida y la muerte

Durante dos semanas, Chen Yong hizo lo imposible por salvar a su esposa, víctima del coronavirus chino. Arruinado y sin esperanzas, al final aceptó que le retiraran el soporte vital. Hoy, se arrepiente

placeholder Foto: Una paciente ingresa en un hospital de Wuhan. (Reuters)
Una paciente ingresa en un hospital de Wuhan. (Reuters)

Weng Qiuqiu nunca supo qué fue lo que la mató.

La enfermedad se movió rápido. En tan solo 12 días, esta mujer de 32 años residente de Huanggang, en la céntrica provincia china de Hubei, pasó de quejarse por un dolor de cabeza y toser a ser diagnosticada con un tipo "desconocido" de neumonía y conectada a un respirador. Finalmente, el 21 de enero de 2020 y sin esperanzas de mejorar, su esposo Chen Yong aceptó que le retiraran el soporte vital. En dos semanas, había gastado 200.000 yuanes (26.000 euros) —todos sus ahorros más lo que pudieron pedir prestado a familia, amigos y a través de una campaña de ‘crowdfunding’— en el tratamiento.

Durante semanas, Hubei ha sido sacudida por una nueva epidemia de coronavirus que ha contagiado a más de 24.000 personas y ha dejado por el momento casi 500 muertos, según cifras oficiales. Pero incluso estos números no cuentan la historia completa. El 24 de enero, un grupo de investigación asociado a la Universidad de Wuhan advirtió a los doctores de que los numerosos síntomas del nuevo coronavirus lo hacían difícil de identificar y de tratar.

El certificado de muerte de Weng tan solo refleja que murió de un "shock' séptico, fallo respiratorio y neumonía severa”. Chen todavía no sabe si su esposa tuvo el coronavirus y, en ese caso, si un diagnóstico adecuado podría haberle salvado la vida. Huanggang se encuentra tan solo a 75 kilómetros de la capital de Wuhan, donde comenzó la epidemia, y ha estado entre las áreas más afectadas por la expansión del virus, con miles de infectados y más de una docena de muertos.

Foto: Foto: Reuters.

Mientras Weng se aferraba a la vida, funcionarios municipales y provinciales se demoraban en escalar la respuesta a la crisis y tardaron en pedir más kits de detección, en dar a los hospitales autoridad para confirmar casos por su cuenta y en cerrar el transporte público entre en varias ciudades. Y a las 17:00 horas del 21 de enero, poco después de que Weng falleciera, el gobierno de la ciudad de Wuhan anunciaba que cubriría las facturas médicas de todos los afectados.

Nada de eso ayuda a Chen cuando su joven hija pregunta dónde está su madre. Y tampoco alivia su sufrimiento por el segundo hijo que Weng estaba gestando cuando murió. Está abatido por la culpa: algunos pacientes que estaban con Weng comenzaron a recuperarse gradualmente, lo que le deja la duda de que habría pasado si hubiera sido capaz de esperar un poco más.

Esta es la historia en primera persona de Chen Yong, traducción de la versión publicada y editada por el medio digital 'Sixth Tone'.

Parte 1

El 7 de enero, mi esposa fue al mercado a comprar cabezas de pescado, pollo y algunas verduras para hacer un guiso. Cenamos todos juntos y su apetito era bueno. Comió a placer.

El día siguiente era el último día de clases de nuestra hija antes de las vacaciones del Año Nuevo Lunar. Mi esposa comenzó a sentirse mal y me pidió que recogiera a nuestra hija en el colegio. El día 9 de enero, las dos pasaron el día juntas en casa. En torno al mediodía, mi esposa me mandó un mensaje y me dijo que tenía un resfriado. Me pidió comprar algunas medicinas de regreso del trabajo, así como un test de embarazo.

Salí del trabajo un poco después de las 17:00 y llegué a casa con las cosas de la farmacia. Un poco después, en torno a las 18:00 o 19:00, me dijo que estaba embarazada. Estaba contento. Hice la cena esa noche: hígado de cerdo, vegetales salteados y ensalada.

Ella comió un tazón grande de arroz, pero parecía alicaída. Después, fui a lavar los platos y ella se fue al cuarto a dormir. Imaginé que tenía un resfriado y que solo necesitada descansar un poco. Al rato, me fui a la cama con ella.

placeholder Distribución de comida entre pacientes en cuarentena en Wuhan. (EFE)
Distribución de comida entre pacientes en cuarentena en Wuhan. (EFE)

Pero a eso de las tres de la madrugada, de repente me despertó y me dijo que no se encontraba bien. Que le dolía la cabeza y la garganta. Tenía 38º de fiebre. Rápidamente, la llevé al Hospital de Huanggang —una de las mejores instituciones médicas de la ciudad—. No teníamos a nadie para cuidar de nuestra hija, por lo que nos la llevamos con nosotros.

Los doctores nos dijeron que no podían darle a mi esposa terapia intravenosa hasta la mañana. Lo único que podía hacer era tomar algunas medicinas para el resfriado. En nuestro regreso a casa, comenzó a llover. Cuando llegamos, ya eran las cuatro. Mi esposa no paraba de toser y ninguno de los dos pudimos dormir. Solo mi hija logró descansar un poco.

Llovió todo el día 10 de enero. Nos despertamos a eso de las 7:00 y volvimos al hospital. Los médicos le hicieron varias pruebas y nos dijeron que tenía la garganta inflamada. Pero no pudieron darle ninguna medicina o inyección porque estaba embarazada. Terminaron a mediodía y decidimos pasar por casa primero antes de irnos al Hospital para Mujeres de Huanggang. Le preparé a mi esposa algo de avena para comer, pero apenas probó bocado.

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Esa misma tarde, fuimos al Hospital de Mujeres. Los doctores nos dijeron lo mismo: como estaba embarazada, no podían darle medicamentos o inyectarle. Así que volvimos al hospital de Huanggang —esta vez, a la unidad respiratoria—. En ese momento, mi esposa tenía mucha dificultad para respirar, estaba muy débil y apenas podía caminar. También tenía escalofríos.

Los doctores le hicieron un electrocardiograma antes de mandarnos al hospital municipal, en el centro de la ciudad. Pero fue imposible conseguir ver a un médico allí, así que nos fuimos al pequeño hospital Tongji. Ya era tarde y habíamos estado llevando a nuestra hija de un lugar a otro todo el día. Llamé a mi cuñado y le pedí que la llevara a casa de los abuelos. Después me senté en un taburete y le pregunté a mi esposa cómo se sentía sobre que la ingresaran en vez de dejarla pasar la noche en casa y volver al día siguiente. No podía hablar, pero asintió con la cabeza. Era doloroso de ver.

"Mi esposa fue transferida a un hospital de Wuhan. Había oído que había una nueva neumonía, pero que no había casos confirmados en Huanggang"

Fue un día largo. A las 23:00, mi esposa fue transferida a un gran hospital de Wuhan. Había escuchado unos días antes que había una nueva neumonía en Wuhan, pero que no había casos confirmados en Huanggang, por lo que no le di mucha importancia. Los doctores tampoco mencionaron nada al respecto. Mi única preocupación era ver cómo iba a poder pagar para mantener a mi esposa con vida y cómo llevarla al mejor hospital posible.

Después de que la ingresaran en el hospital de Wuhan, los doctores me dijeron que mi esposa tenía una infección por gérmenes. Su escáner de pulmones salió completamente blanco.

Parte 2

Mi esposa y yo nos habíamos mudado a Huanggang hacía seis meses desde el pueblo cercano de Qichun. Invertimos 30.000 yuanes (3.900 euros) y abrimos una tienda que vende ventanas y puertas con unos socios. Queríamos cambiar nuestras vidas, nunca pensamos que algo así sucedería.

La tienda acababa de abrir y todavía teníamos que hacerla rentable. Llevábamos a casa 3.000 yuanes al mes, pero con el alquiler, los gastos y la guardería de nuestra hija, estábamos en números rojos desde mediados de año.

En Wuhan, mi esposa fue primero ingresada en una clínica, pero a eso de la una o las dos del 11 de enero, fue trasferida a urgencias y después a observación para pacientes en condición crítica. Había mucha gente esa noche en el hospital. Algunos de los familiares no llevaban mascarillas, pero muchos de los doctores y enfermeras sí. Le pedí a una enfermera unas mascarillas.

Desde el momento en que mi esposa fue a la clínica, fue mantenida en aislamiento. Los doctores me dijeron que tenía un tipo desconocido de neumonía. Al día siguiente, dijeron que su condición era crítica y que revisarían su plan de tratamiento. Necesitaba algún tipo de máquina, dijeron. Todo lo que sabía era que iba a ser cara: 20.000 yuanes al día, e incluso con eso tan solo había un 10% de posibilidades de que sobreviviera. Estaba a punto de tocar fondo. No había descansado nada en varios días. Finalmente, la mañana del 12 de enero, encontré una silla en el hospital y pude dormir una hora.

Con los días, mi madre y yo alquilamos una habitación en un hostal cercano. Muchos de huéspedes eran también familiares tratados por la neumonía. No me permitían ver a mi esposa, por lo que pasaba el día en el hostal pensando formas de sacar dinero. Mientras todavía estábamos en Huanggang, pedí prestados 10.000 yuanes a mi hermano y más tarde pedí más a nuestras familias. Estaba asustado: solo sabía que no podía detener el tratamiento. Tenía que recuperarla.

"Su embarazo la hizo más vulnerable. Los doctores dijeron que sus manos se pusieron moradas y después sus pies. Era necrosis. Sucedió rápido"

Llamé a la línea de atención del ayuntamiento, a la del gobernador y a varios medios de comunicación. También lancé una campaña de ‘crowdfunding’ con la que recaudé unos 40.000 yuanes (5.200 euros). Pero no alcanzaba ni de lejos. En los tres primeros días de estar ingresada, su tratamiento costó entre 50.000 y 60.000 yuanes al día, y otros 20.000 diarios a partir de entonces.

Quería verla. Quería hablar con ella y preguntarle cómo estaba, qué le apetecía comer o si había algo que quisiera hacer. Pero no podía. Cada vez que hablé con sus doctores, me dijeron que no había recuperado la consciencia y que su condición, lejos de mejorar, estaba empeorando.

Su embarazo la hizo más vulnerable. Los doctores dijeron que sus manos se pusieron moradas y después sus pies. Era necrosis. Todo sucedió tan rápido. Después de ser puesta en observación el 11 de enero, no la volvería a ver hasta que recogí sus cenizas 11 días después.

Parte 3

Al mediodía del 21 de enero, ya había agotado todos mis recursos disponibles y mi esposa no mostraba signos de mejora. Completamente destrozado, hablé con mi familia política antes de firmar un acuerdo para detener el tratamiento. Una hora más tarde, a la 13:46, mi esposa murió. Fue cremada esa misma noche. Su certificado de muerte indica que murió de “shock' séptico, fallo respiratorio y neumonía severa”.

Me enteré después de que uno de los pacientes mayores que estaban con ella, uno cuya condición era muy seria, se había recuperado lentamente con el tratamiento, aunque no lo suficiente para salir de observación. Es difícil de procesar. Mis cuñados no me lo reprochan, pero yo me siento culpable.

Algunas veces pienso que podría haberse recuperado, pero en ese momento no había esperanza. Habíamos gastado casi 200.000 yuanes, prácticamente todo lo que habíamos pedido prestado. Habíamos vendido nuestra parte en la tienda y el seguro estatal para residentes rurales cubrió otros 60.000 yuanes.

"Lancé una campaña con la que recaudé 40.000 yuanes (5.200€). Pero en los tres primeros días, su tratamiento costó entre 50.000 y 60.000 al día"

Cuando fui un trabajador migrante, solía ganar entre 10.000 y 20.000 yuanes al año. Mi esposa se quedaba en casa y hacía cortinas o ropa. Habíamos estado casados durante siete años, pero no habíamos ahorrado mucho. No teníamos casa y vendimos nuestro coche. La única propiedad que nos quedaba era la vieja casa de mis padres.

El día después de que mi mujer muriera, fui al hospital a rellenar los papeles y después al crematorio a recoger sus cenizas. Había unas 10 personas o así allí. Después, tomé el autobús a mi pueblo natal. No he vuelto a Huanggang desde entonces.

No puedo dormir. Permanezco tumbado en la cama, despierto, mientras mi mente da vueltas a toda velocidad. No puedo poner palabras a este dolor. Todavía son las vacaciones del Año Nuevo Lunar, pero mi hogar se siente frío y sin alegría. Mis vecinos está aterrorizados y casi todo el mundo se esconde en sus casas. Mi hija es muy joven para entender qué ha sucedido. A veces me pregunta dónde está su madre y no sé qué decirle.

* Weng Qiuqiu y Chen Yong son pseudónimos.

** Este artículo apareció originalmente en 'Sixth Tone'. Puedes leer la versión original, editada por Yang Xiaozhou y Kilian O’Donnell, aquí.

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