LA ALERTA SACUDE AL GOBIERNO DE PEKÍN

Médicos silenciados y alerta tardía. ¿Pudo China evitar la epidemia del coronavirus?

Las críticas a la gestión inicial de la crisis y la posibilidad de un fuerte impacto económico pueden provocar el cuestionamiento del modelo político

Foto: Foto: Reuters.
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La Organización Mundial de la Salud y epidemiólogos de todo el mundo coinciden en un punto: la gestión de la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus de Wuhan a manos de China ha sido ejemplar. Siempre que se ha presentado la ocasión, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha alabado la rapidez con que los científicos chinos han secuenciado el genoma del 2019-nCoV, y la transparencia con que han compartido todos los datos en su poder. Eso ha permitido que los kits para hacer pruebas e identificar casos se hayan distribuido rápidamente por todo el planeta.

Por su parte, otros especialistas han aplaudido las drásticas medidas que el Gobierno ha tomado para evitar la propagación del contagio: la cuarentena de casi 60 millones de personas en la provincia de Hubei, epicentro de la epidemia, no tiene precedentes y ha logrado contener el número de infecciones en otras provincias; y el retraso a la hora de retomar la actividad empresarial y fabril, una orden que tendrá un elevado coste económico para la segunda potencia mundial, reducirá aún más la posibilidad de que la epidemia se descontrole.

También hay unanimidad a la hora de subrayar otro hecho: estas medidas serían de difícil implementación en otro país que no sea China. Y, en gran medida, eso se debe a su modelo autoritario y al gran poder que emana del Gobierno central en Pekín. No en vano, muchos hacen comparaciones con India, un país de población similar pero regido por un sistema federal democrático, y se preguntan qué habría sucedido allí, donde el Gobierno central tiene un poder mucho más limitado y los partidos políticos habitualmente utilizan catástrofes de todo tipo como arma arrojadiza.

No obstante, lo peor aún no ha pasado. El incremento del número de casos y de fallecidos continúa su escalada exponencial y supera ya ampliamente al de la crisis que el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés) dejó entre 2002 y 2004. Y el Partido Comunista de China está inquieto. “La epidemia ha supuesto un ‘shock’ para el sistema. Incluso dirigentes del partido están cuestionándose muchas cosas”, comenta a este diario un funcionario del aparato de la propaganda china que habla bajo condición de anonimato. “Tanto el Gobierno como el Centro para la Prevención de Enfermedades están decepcionados con la respuesta inicial”, añade.

Foto: Reuters.
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El problema está en la opacidad con que las autoridades locales actuaron después de que el pasado 11 de diciembre se identificó el coronavirus. De hecho, los ocho médicos que dieron la voz de alarma en un inicio fueron detenidos por ‘extender bulos’ en las redes sociales —aunque ahora son considerados poco menos que héroes— y pasó más de un mes hasta que se decretó la cuarentena de Wuhan, ciudad en la que se encuentra el mercado de abastos que se supone originó la infección.

Esa tardanza y la censura con que se afrentó la crisis en un inicio han sido ampliamente criticados en China y han provocado una gran desconfianza en las autoridades, a las que también se echa en cara que permitan sistemáticamente la venta ilegal de animales salvajes. “Todo el mundo sabe que ahí se vendían especies exóticas y conoce las lamentables condiciones higiénicas en las que eran sacrificados los animales. ¿Todos menos el Gobierno? Alguien se ha llevado un buen sobresueldo”, denuncia un internauta en Weibo, la red social en la que patriotismo y descontento fluyen por el mismo caudal.

La tardanza y la censura con que se ha enfrentado la crisis, principales críticas

Incluso medios de comunicación chinos, como 'Caixin', hacen referencia a las críticas que vierten los médicos que sí avisaron de lo que sucedía a finales de diciembre. En un extenso reportaje sobre la crisis, este periódico revela que antes de fin de año ya existía un chat grupal de médicos en el que se hablaba de una nueva epidemia parecida al SARS, y en el que se mostraba incredulidad ante la falta de acción del Gobierno provincial. El alcalde de Wuhan ha reconocido que la respuesta inicial fue inadecuada, ha puesto su cargo en manos del partido y más de 330 funcionarios de rango local han sido ya amonestados de una forma u otra.

El PIB, en el punto de mira

Pero lo que realmente preocupa en las esferas del poder chino es el impacto económico que puede tener la epidemia. “La legitimidad del partido depende del éxito económico. Si esta situación afecta mucho al PIB, la reforma política puede ser imparable. Si las restricciones a los movimientos se alargan durante dos meses, muchos pequeños negocios pueden quebrar. El precio de los errores para el partido puede ser muy elevado. La población exige transparencia y el fin de la censura, y el Gobierno no puede quedarse de brazos cruzados”, explica el funcionario.

Foto: EFE.
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Luis Galán, fundador de la empresa 2Open, también avanza que un prolongado retraso en la reapertura de los negocios puede terminar reflejándose en el paro. “Espero que no tengamos que terminar despidiendo a gente”, afirma. “Estoy muy preocupado”, apostilla, informando de que China Eastern ha cancelado su vuelo de Madrid a Shanghái con tres semanas de antelación. “No creo en conspiraciones, pero lo lógico es pensar que si el Gobierno estaba sujetando para que no quebrase alguna empresa gorda, ahora podría soltarla y culpar al virus. Es también un buen momento para hacer limpieza en la economía”, añade. Por si fuese poco, hoy la bolsa se ha hundido a pesar de las inyecciones de capital del Estado.

Médicos silenciados y alerta tardía. ¿Pudo China evitar la epidemia del coronavirus?

Incluso el periódico ultranacionalista 'Global Times', generalmente vocero del ala más conservadora del partido, critica otro elemento clave en esta crisis: la desigualdad existente entre zonas urbanas y rurales. “En ciudades de segundo y de tercer nivel de la provincia de Hubei, se han vivido dificultades debidas a una sanidad menos desarrollada, mecanismos de respuesta a la emergencia ineficientes y una falta de transparencia informativa, problemas que han resultado invisibles en la campaña nacional para combatir el coronavirus”, se lee en un artículo impensable en otras circunstancias. “Esta crisis impredecible es un test en todos los frentes para la gobernanza local”, añadió, citando a un experto que critica enraizados formalismos y falta de coordinación general.

Foto: EFE.
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El 'New York Times' se ha sumado también al linchamiento. “Los antiguos hábitos de China han retrasado el combate del virus”, titula un reportaje en el que denuncia que el secretismo y la opacidad iniciales dieron ventaja al coronavirus y han podido costar numerosas vidas. “Las autoridades silenciaron a los médicos e infravaloraron la amenaza que suponía para la ciudadanía”, escribe el diario estadounidense, que relaciona esta actitud con el congreso político anual que celebran los diferentes comités del partido antes del año nuevo lunar.

Es evidente que van a rodar cabezas. En cuanto la crisis sanitaria remita, el partido depurará responsabilidades a golpe de hoz y martillo. Es lo que hace habitualmente. “El problema está en que la crisis sanitaria se torne en económica —justo ahora que China crece al menor ritmo desde 1990— y que el castigo de cuadros provinciales no sea suficiente. El peligro está en que la gente comience a cuestionarse el sistema más allá de la respuesta al virus. Eso puede ser mucho más complicado de gestionar si el aumento del bienestar de la población cesa”, sentencia el funcionario.

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