VAMOS A MORIR TODOS, ¿PERO DE ESTO?

Del ébola africano a la gripe común: ¿es más chungo el coronavirus que otras pandemias?

El mundo está asustado porque el virus que salió de un mercado de Wuhan ha matado ya a más de 200 personas en China. Mientras, en Barcelona han muerto 300 de gripe en una semana

Foto: (Montaje: EC)
(Montaje: EC)

Rocío Monasterio, diputada de Vox en la Asamblea de Madrid, comentaba recientemente que, como cada mes entran por Barajas casi 15.000 personas procedentes de China, "no tomar medidas inmediatamente en el aeropuerto es de una irresponsabilidad brutal". Al mismo tiempo, su partido aprobaba en Murcia que los padres pudieran aplicar el 'pin parental' a las charlas sobre vacunas en los colegios.

[Última hora del coronavirus de China]

Es una anécdota que ejemplifica muy bien la actual situación. El coronavirus de Wuhan mantiene en vilo a toda España tras llegar a nuestro país tras haber alcanzado las 305 muertes, todas de ciudadanos chinos, pero la gripe común —que según datos del Centro Nacional de Epidemiología empujó entre 2018 y 2019 a más de 6.300 españoles a la tumba, de los que 3.800 podrían haber salvado la vida de haberse vacunado— apenas inquieta a nadie pese a haber acabado con la vida de 300 barceloneses en una sola semana.

Motivos para la preocupación

El principal motivo para estar asustado ante el avance de esta nueva amenaza, declarada como "emergencia internacional" por la Organización Mundial de la Salud es que, en las pocas semanas que lleva creciendo, su morbilidad —capacidad de infectar a la población en un tiempo y un lugar determinado— está siendo mucho mayor que la de otras epidemias recientes como la gripe porcina (H1N1) de 2009 o el SARS de 2003, que además era también un virus procedente de murciélagos.

Así fue el primer mes de los tres brotes en cuanto a personas infectadas.

De momento los más de doscientos fallecidos son en su mayoría personas mayores y que ya contaban con algún tipo de inmunodeficiencia, lo cual en teoría limita su capacidad de matar. Sin embargo, el virus conocido como 2019-nCoV también está superando a las otras dos pandemias en cuanto a mortalidad, y todo ello en un número menor de días que el SARS o la gripe porcina en su primer mes de evolución.

En estos primeros 20 años del siglo XXI ha habido muchas otras pandemias —se denomina 'epidemia' cuando una enfermedad aumenta su prevalencia habitual y 'pandemia' cuando este brote se traslada a otros territorios— pero no estallaron como estas tres en sus primeros días. Por ejemplo, el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio o MERS estuvo pululando durante dos años hasta escalar vertiginosamente en la primavera de 2014 en Arabia Saudí.

O el brote de ébola de África Occidental, uno de los que más víctimas ha causado en lo que llevamos de siglo. Comenzó tímidamente en marzo de 2014 pero no fue hasta finales de ese año cuando comenzó a dispararse hasta alcanzar los 28.637 casos en noviembre de 2015. Incluso el segundo brote, que surgió el año pasado en la República Democrática del Congo y fue declarado "emergencia internacional" la semana pasada por la OMS sin que la noticia hiciera demasiado ruido, pese a haber alcanzado las cifras de 3.400 infectados y 2.200 muertos.

Así es como se compara de momento el virus de Wuhan con todos estos brotes recientes:

Caso aparte merece la gripe porcina. En su momento la OMS estimó el número de muertes producido en 2009 en unas 19.000, pero análisis posteriores muestran que se infravaloró y en realidad pudieron morir más de 203.000 personas en todo el mundo como consecuencia del virus influenza H1N1.

Motivos para no perder la calma

No consuela mucho saber que los coronavirus son, en el fondo, parientes lejanos de un resfriado. O más bien, un resfriado de murciélago al que una mutación ha hecho capaz de infectar a seres humanos e incluso matarlos. Es justo lo que pasó con el SARS, con el MERS y con este 2019-nCoV. Que en los últimos 18 años haya habido tres coronavirus protagonizando pandemias de este tipo no es común.

Esto es un motivo de preocupación, según cuentan los autores de un reciente trabajo en 'JAMA', pero al mismo tiempo uno de los pocos motivos para la esperanza. Ni el SARS ni el MERS pudieron mantener su capacidad de infección durante mucho tiempo, probablemente porque son virus de murciélago y aún no están totalmente acostumbrados a infectar humanos.

Turistas llevan mascarilla protectora en París. (EPA)
Turistas llevan mascarilla protectora en París. (EPA)

Hay muchas métricas para medir una enfermedad, pero quizá la más apropiada sea la tasa de letalidad (en inglés 'case-fatality rate') o dicho de otra forma, cuántos de los que contraen la enfermedad acaban muriendo.

Aunque el temible coronavirus chino ha ido aumentando en los últimos días desde un 2,8% de letalidad hasta un 4% aún sigue lejos de los registros del MERS o el SARS. Finalmente, la capacidad de devastación de una epidemia no se basa solamente en la letalidad, aunque esta ayuda a entender que muchas de estas enfermedades despierten el terror y otras la indiferencia.

La gripe común, por ejemplo. Solo un 0,1% de letalidad para una enfermedad que, año tras año, aumenta sus muertes en España. De 57 fallecimientos en 2010 a 1.175 en 2017 o 1.852 en 2018.

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