Producen más de 200.000 al día

8.000 mascarillas por hora: dentro de las fábricas chinas que viven del coronavirus

Las fábricas cancelan las vacaciones de Año Nuevo y las exportaciones de un elemento que el Gobierno considera vital para evitar la propagación de la epidemia. Visitamos una que no da abasto

Foto: Foto: Zigor Aldama
Foto: Zigor Aldama

Para evitar la propagación del coronavirus de Wuhan, China ha extendido las vacaciones del Año Nuevo hasta el domingo y Shanghái ha alargado el asueto hasta el día 9. Sin embargo, Dasheng ha cancelado el período de descanso, ha puesto en marcha las líneas de producción, y está llamando a sus 170 empleados para que regresen a la carrera. Cuarenta ya se han puesto manos a la obra y, por primera vez, se organizan en tres turnos que cubren las 24 horas del día.

[Última hora del coronavirus de China]

Dasheng tiene una razón imperiosa para estar exenta de los dictados del Gobierno en lo que se refiere a retomar la actividad: fabrica mascarillas de todo tipo, incluidas las que el personal sanitario que combate el 2019-nCoV necesita desesperadamente en la provincia de Hubei, el epicentro de la infección. Y también da forma a las más sencillas, que previenen la propagación de la epidemia. Aunque las Autoridades recomiendan a toda la población que utilice al menos esas últimas, es imposible encontrarlas en farmacias o tiendas 'online' del gigante asiático.

Por si fuese poco, abundan informaciones sobre mascarillas falsas —en Hong Kong retiraron 68.000 que se habían comercializado con una fecha de producción incorrecta— o incluso lavadas y revendidas como nuevas. En un vídeo que se ha viralizado en las redes sociales, la que lo ha grabado reprende a unas personas a las que sorprende metiéndolas en un cubo de agua para ponerlas a secar.

El desabastecimiento es tan acuciante que Shanghái ha puesto en marcha un programa para que las familias se registren con sus carnés de identidad y pidan cita para adquirir cinco. Ni una más. Si se aprueba su solicitud, se les envía un mensaje señalando el momento y el establecimiento al que pueden ir a recogerlas. "Nos dicen que nos protejamos, ¡pero no tenemos con qué!", se queja un anciano que ha recorrido ya multitud de establecimientos para encontrarse siempre con la misma nota en la puerta: 'No quedan ni mascarillas, ni líquido desinfectante'.

Foto: Zigor Aldama
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La fábrica del mundo

Consciente del reto al que se enfrenta el país, China ha decidido hacer valer su condición de 'fábrica del mundo' y se ha propuesto reiniciar la producción de mascarillas para alcanzar un 80% de la capacidad total, estimada en unos 8 millones al día, antes de que acabe la semana. Dasheng contribuirá con lo que pueda, en torno a 200.000 si logra que regresen todos sus trabajadores. Pero, aunque parezca que la epidemia marca un período dorado para compañías como esta, ubicada en el distrito shanghainés de Songjiang de la capital económica de China, lo cierto es que esta decisión va a suponer un quebradero de cabeza para sus directivos y puede provocar escasez en muchos otros países.

"Antes nos dedicábamos exclusivamente a la fabricación para la exportación. Tenemos 300 clientes en 72 países, incluidos varios de la Unión Europea, Australia y Japón. Pero, dadas las circunstancias, hemos detenido los pedidos en curso para abastecer al mercado local", cuenta el director ejecutivo de la empresa, Wu Shengrong, que nos atiende con un pin del Partido Comunista prendido en la solapa de la americana, como muchos otros trabajadores que han acudido al llamado del Gobierno. "Nos hemos comprometido a no subir los precios mientras los de la materia prima se mantengan estables, y la calidad está asegurada en todos los productos", añade.

Foto: Z. A.
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Wu asegura que predijo la situación hace ya diez días. "Tengo experiencia, porque he estado al frente de la empresa durante las epidemias del SARS en 2003, de la gripe aviar en 2005, y de la gripe porcina en 2008. Así que empecé a llamar a la plantilla el día 21 y ahora estamos en condiciones de producir la cantidad que pide el Gobierno", afirma. Dasheng es una de las doce empresas de Shanghái que están sacando chispas a sus instalaciones para alcanzar una producción 1,5 millones de mascarillas al día, el triple de las que fabricaban antes de la crisis sanitaria.

Aun así, si se tiene en cuenta que la población china suma 1.400 millones —de los cuales 24 millones residen en Shanghái—, la suma es aún totalmente insuficiente para abastecer a todo el territorio. "Vamos a sumar tres líneas de producción automáticas y contratar a 20 trabajadores adicionales", avanza Wu, para quien cumplir con los pedidos de Australia es otra gran prioridad "porque los fuegos que asolan el país también se han convertido en una crisis sanitaria y la demanda ha crecido mucho". Dasheng espera volver a abastecer a Oceanía en 20 días, cuando las nuevas líneas estén operativas.

Foto: Z. A.
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"Abonamos el trabajo al triple del precio normal"

Curiosamente, Wu habla sin protegerse con una de sus propias mascarillas. "Es que me han avisado de esta entrevista a todo correr cuando estaba en mi despacho, y así me escucháis mejor", se disculpa con una excusa que no resulta muy convincente. Pero niega con la cabeza cuando se le pregunta si cuestiona la efectividad de las mascarillas en la coyuntura actual, como han hecho algunos expertos. "Previenen el contacto con la saliva de infectados y, en el caso de esos últimos, también que la propaguen a gente sana. El Gobierno está tomando las decisiones adecuadas para proteger a la población", sentencia.

Foto: Z. A.
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En la fábrica, nadie habla. Por un lado, porque la planta en la que se fabrican las mascarillas es extremadamente ruidosa y todos los empleados se protegen del ruido con tapones en los oídos. Por otro lado, porque no hay tiempo que perder. Las máquinas escupen todo tipo de mascarillas sin descanso, y un ejército de mujeres las meten a toda velocidad en bolsas. Afortunadamente, el esfuerzo se recompensa. "Abonamos el trabajo al triple del precio normal", afirma Wu.

Las bobinas con el papel que sirve de filtro no paran de agotarse, y el almacén está lleno de cajas listas para ser distribuidas. El problema es que las empresas de transporte están bajo mínimos, y en muchos lugares ni siquiera se permite el acceso de personas que no sean residentes, por lo que hay que salir a la calle para recibir cualquier pedido. "Las empresas privadas estamos recibiendo muchas críticas porque la gente cree que aprovechamos la situación para hacer dinero. Pero es mentira. ¡'Fake news'! Los precios de nuestros suministros no han variado, y tengo clara una cosa: no haría nada que dañase a mi país", apostilla Wu. "Me siento orgulloso de lo que estamos haciendo", se despide.

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