ALERTA SANITARIA EN EL LEJANO ORIENTE

Las incógnitas sobre el virus de Wuhan que ponen en peligro el control de la epidemia

Las diferentes estimaciones arrojan que cada infectado por esta enfermedad estaría contagiando a otras tres personas. Sin embargo, hay que prestar atención a otros factores

Foto: Foto: Reuters.
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Las cifras del virus de Wuhan siguen su escalada. El número de afectados supera los 6.000 y la cifra de muertes a 132, según el recuento del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. Comparado con las otras epidemias de coronavirus, SARS y MERS, está creciendo muy rápido y quedan algunas dudas por resolver que pueden marcar la evolución del brote.

[Última hora del coronavirus de China]

Frente a las bajas cifras de mortalidad –puesto que el número de fallecimientos no llega a 3 por cada 100 casos–, la rápida propagación sí está llamando la atención. Para estimar la velocidad a la que una infección se transmite, los expertos recurren al número básico de reproducción (R0), que indica la cantidad de personas a las que infecta cada enfermo. Un informe del Imperial College London ha estimado que sería de 2,5, pero otros cálculos publicados en estos días lo elevan a 3,1. Es decir, que de media cada afectado estaría contagiando a más de tres personas.

Alta transmisión

“Esa cifra da una idea de la transmisibilidad de un patógeno, pero no es una propiedad del microorganismo, es decir, que no depende sólo del tipo de virus, sino también del periodo de incubación y de la existencia o no de medidas de prevención y control”, explica a Teknautas Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra.

Por eso, puede variar a lo largo del tiempo o en función de las condiciones de cada país. “Los datos van cambiando cada día, se están dando números que van desde 1,4 hasta 5,5 de R0, que es bastante alto”, asegura. En cualquier caso, este cálculo “no hace referencia a la gravedad de la enfermedad, sino que explica cómo se extiende. La gripe tiene un número R0 bajo pero infecta todos los años a millones de personas en todo el planeta. En cambio, el SARS está entre 2 y 5 y sólo llegó a 8.000 personas”, afirma.

Foto: Efe
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En cualquier caso, “estamos viendo números que alarman a la población de cómo el virus se va propagando, pero lo importante es cuánta gente está grave y está muriendo y cuánta gente se está recuperando”, añade.

En pocas semanas hemos visto que el virus ha sido capaz de diseminarse por China y dar saltos, así que hay que estar atentos para ver hasta dónde es capaz de llegar, aún estamos conociéndolo”, reconoce José Muñoz, jefe del servicio de salud internacional en el Hospital Clínic de Barcelona e investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por "la Caixa".

¿Hay casos de 'supercontagiadores'?

Además, esto no quiere decir que todos los enfermos tengan la misma capacidad de transmitir el virus. De hecho, se está hablando de posibles casos de “supercontagiadores” o “superpropagadores”, personas que tienen la capacidad de contagiar la enfermedad a muchas otras. No es nuevo, ocurrió en las otras epidemias de coronavirus, la del SARS y la del MERS, y también pasa con el ébola.

“No sabemos la razón, puede ser por su sistema inmune o por su genética, pero se detectan personas que actúan como superpropagadores de la epidemia. Son focos potentes de transmisión y si logras detectarlos, es más fácil controlar el brote”, señala el experto.

Foto: Efe.
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En la epidemia del SARS, una persona que estuvo en un hotel provocó hasta 35 contagios, pero esto es infrecuente, no se conocen los motivos y hasta ahora en este coronavirus no se ha caracterizado a ningún diseminador de este tipo, estamos pendientes de si se confirma o no”, afirma el responsable del Hospital Clínic.

Enfermos asintomáticos que contagian

Otro problema es que el virus es contagioso antes de que los enfermos presentan los síntomas, tal y como ha publicado la revista The Lancet. De ahí que entre las medidas previstas para el control de la enfermedad esté la cuarentena para quienes salen del confinamiento de Wuhan, como los repatriados que planea trasladar Europa, a pesar de que no parezcan estar contagiados.

La existencia de enfermos asintomáticos “es una mala noticia”, reconoce López Goñi, “hay enfermedades virales en las que uno sólo es contagioso cuando ya manifiesta los síntomas y eso, desde el punto de vista del control de la epidemia, lo hace todo más fácil”. Por el contrario, en este caso, supone una importante complicación e incluso podría explicar en parte la rápida transmisión.

Es extraño que una enfermedad infecciosa se transmita cuando no hay síntomas”, apunta José Muñoz, "esto complica las estrategias de identificación y aislamiento. Hasta ahora se busca gente que viene de la zona y tiene fiebre y tos. Se le hace el test a los que tienen estos síntomas en los primeros 14 días, según el protocolo del Ministerio de Sanidad”.

Incertidumbre sobre el pico de la epidemia

Todas estas dudas hacen más difícil prever cómo va a evolucionar la epidemia. Sin embargo, el científico chino Zhang Nanshan, neumólogo con gran experiencia en el SARS, calcula que el pico máximo se alcanzará en 10 días.

Creo que es un poco aventurado decirlo. Nosotros no tenemos datos para poder afirmar eso, depende sobre todo de los mecanismos de contención de la epidemia en China y nos queda una semana o dos para ver si han funcionado o no y ver hacia dónde va la epidemia”, comenta Muñoz.

No obstante, “hay modelos matemáticos que permiten predecir la evolución de una enfermedad”, apunta López Goñi, así que probablemente los científicos chinos estén utilizándolos junto con los datos más detallados que puedan conocer.

Buscar el origen

Foto: Efe.
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A estas alturas, con miles de casos confirmados, puede parecer que hablar sobre el origen del virus como una de las grandes preocupaciones está fuera de lugar, pero los expertos creen que acabar de localizarlo es esencial para evitar más contagios directos entre animales y humanos.

“Todo se centra en el mercado de animales y muy probablemente el virus parte de los murciélagos, aunque no sabemos si pasó por otra especie de mamífero antes de llegar al ser humano. Es importante controlar el foco y cortar la cadena de transmisión”, opina López Goñi.

Cuando un virus animal pasa al ser humano, al principio es probable que haya una alta frecuencia de mutación y que esto haga que sea virulento, pero con el tiempo esos virus van mutando. Y no mutan para hacerse más virulentos, sino lo contrario, se van adaptando al nuevo hospedador. La tendencia es que vaya disminuyendo esa agresividad porque en realidad al virus no le interesa matar a su hospedador, sino mantenerlo vivo y, de esa manera, tener más posibilidades de transmitirse”, explica el catedrático de Microbiología.

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